El culpable del viaducto

“Los códigos, los sistemas, los estatutos por sabios que sean, son obras muertas que poco influyen sobre las sociedades. Hombres virtuosos, hombres patriotas, hombres ilustrados, constituyen la República”

Simón Bolívar



Al leer estas reflexiones del Libertador

me hacen decir hoy más que nunca:

Soy Bolivariano..!

Un país se construye con la participación de todos y cada uno de sus ciudadanos, nacidos o asimilados… La patria está por encima de las pasiones políticas, de las ambiciones personales, de los sistemas de gobierno, de las instituciones, de los líderes, de los comerciantes, y de los partidos políticos; en fin, todo cambia, todo se transforma, evoluciona o involuciona según las circunstancia, mientras que el suelo y su gente queda para la eternidad... Como dijo Bolívar, lo importante no son los estatutos por sabios que sean, los hombres hacen la Patria… y es precisamente en este punto es donde debemos buscar la crisis del país, que nos separa en la abundancia y que nos une en las calamidades como el viaducto que une Caracas con el Litoral.

Es criminal, irresponsable y de ignorante, culpar al presidente Chávez del colapso del puente…

…y mucho menos recriminarle la falta de previsión que sorprendió hasta los más expertos y afamados ingenieros y calculistas que han venido trabajando en la obra, como hoy sábado nos dejó ver la Conferencia Episcopal Venezolana y su vocero, el monseñor Baltasar Porras… El viaducto colapsó por la improvisación, la desidia, la irresponsabilidad y la falta de previsión que ha imperado en el país desde que el Puntofijismo se convirtió en un estilo de gobernar, un estigma y una enfermedad que desangró a Venezuela para favorecer a un conglomerado egoísta y apátrida, que en su degradación social, engendró una clase política, gerencial, profesional, militar, religiosa y empresarial, que nunca vio más allá del día a día, que vivía de espalda a la injusticia social circundante, e hizo de la corrupción una manera de gobernar para hipotecar al país y exprimir los recursos petroleros.

Caracas, como saben los geólogos, sus rocas poseen una desproporcionada concentración de grafito muy superior a lo normal, stancia mineral que en su textura jabonosa, tiene la cualidad de actuar como una sustancia gelatinosa al contacto con las aguas negras… Es por esta razón, que durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, se limpiaron los cerros de ranchería y se hacían extraordinarios esfuerzos por sacar a la gente de las zonas marginales, ya que las aguas que se vierten sin canalización, se filtran por la tierra para combinarse con el grafito, que como una sustancia gelatinosa, permite el desplazamiento de las capas geológicas para favorecer los derrumbes, y aún más grave, el movimiento de la corteza terrestre…

En fin, el grafito es un problema latente que afecta a todo el valle de Caracas…

En cuanto al problema con el viaducto N° 1, todo comenzó cuando en una actitud irresponsable y hasta criminal, el Gobernador de Caracas, Diego Arrias, y socio de Carlos Andrés Pérez, utilizó la montaña para convertirla en un relleno sanitario, que poco a poco con la ayuda de la lluvia, fue drenando la putrefacción para combinarse con el grafito del subsuelo que aceleró el desplazamiento del terraplén… y finalmente, esa malsana e inconsciente dirigencia adeco-copeyana, repartieron tierras alrededor del cerro y sobre el relleno sanitario “Ojo de Agua”, para ganar votos, hasta convertir la zona circundante en un polvorín de aguas negras vertidas incontrolablemente, que aceleraron la presión del terreno sobre la sólida superficie de concreto del viaducto.

Nunca debemos olvidar, que para los gobiernos de Rómulo Betancourt, Raúl Leoni, Rafael Caldera, Carlos Andrés Pérez, Luis Herrera Campins, Jaime Lusinchi, nuevamente Rafael caldera y nuevamente Carlos Andrés Pérez, todo lo que recordaba a Pérez Jiménez era tabú y no sólo no se le hacía mantenimiento, sino que se aplicaba la política de la indolencia, la indiferencia y la desidia, para que el pueblo olvidara del extraordinario Plan Nacionalista del Perejimenismo, que tanto daño le hacía a la incompetencia adeco-copeyana… Uno de estos casos fue la autopista Caracas La Guaira, la cual fue abandonada al riesgo de los conductores, para luego entregarla al Banco Maracaibo para que dispusiera de ella a su antojo… Fueron 41 años de abandono y de grandes negocios como la famosa “mancha negra”, que todos recordarán, que por veinte años consistió en verter aceite quemado sobre la vía para ocasionar accidentes, y mantener un jugoso contrato de limpieza para los amigotes adeco-copeyanos, sin importar las docenas de muertos, lisiados y mutilados que causó esta morbosa y criminal práctica de la corrupción por veinte años, mancha que desapareció con el gobierno de Chávez.

También debemos reconocer que gracias al Gobierno Bolivariano, luego de 41 años, por primera vez se realizó un programa de mantenimiento general de la autopista, se hizo un estudio serio sobre el viaducto, se recuperó la Carretera Vieja en caso de contingencia, se inició la construcción de una vía paralela al viaducto, se contrataron los mejores equipos de ingenieros para salvar el viaducto, se licitó la construcción de un nuevo puente, se reforzó toda la vía que poco a poco se estaba derrumbando, se asfaltó el recorrido cambiando la vieja capa, se iluminaron los túneles, se intentó mover el viaducto a su punto original mediante un moderno sistema de anclajes que costó más de 24 millardos de bolívares, en fin, se hizo lo que no se había hecho en 41 años desde que un 23 de enero de 1958, un Golpe de Estado depusiera la dictadura de Pérez Jiménez.

El viaducto es un espejo del colapso que amenaza a Venezuela y que nos obliga a reflexionar..!

Es el momento de meditar sobre lo endeble de nuestra seguridad nacional que nos incomunica con los dos puntos neurálgicos de conexión nacional e internacional: el puerto el aeropuerto… Ya lo vivimos cuando colapsó la autopista de occidente por efecto de un inmenso hueco que se tragó el pavimento a la altura de Paracoto, como ahora la quebrada se traga el viaducto, y que nos alerta que nuestra seguridad nacional, nuestra tranquilidad social, nuestra economía, nuestra estabilidad política y nuestra integridad como nación, depende de una autopista y un puente para incomunicarnos y arrodillarnos ante un eventual enemigo.

Es lo que debemos aprender de estos dos hechos de contingencia que hemos sufrido en los últimos meses, y un tercero que amenaza con colapsar el túnel de las Cabreras que une Occidente con Caracas

Es verdad que en ambos casos todo es obra de la naturaleza… Pero que buena falta nos hace poner en práctica esas célebres palabras de Bolívar cuando dijo ante una catástrofe natural:

“Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”

Si de eficiencia y efectividad se trata, hay que buscar en los archivos de la Biblioteca Nacional, los planes de la dictadura de Pérez Jiménez, donde se podrán hallar los planos de la autopista de la costa que unía a Venezuela por todos los puntos del Caribe, desde el Zulia hasta Macuro, con una red ferroviaria alterna para el transporte rápido y económico; el túnel que atravesaba el Ávila para comunicar Caracas con el Litoral; la carretera turística por el antiguo camino de los españoles, como vía alterna y turística para comunicar Caracas con La Guaira; la moderna autopista de Oriente; y la impresionante red ferroviaria que unía todos los puntos equidistantes del país, como una cátedra de lo que significa hacer las cosas planificadas y con un verdadero sentido de patriotismo, profesionalismo y calidad que debemos tener todos los venezolanos, ya que la excelencia y buen servicio es una responsabilidad de todos.







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Jorge Mier Hoffman


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