El Papa debería entregar el Vaticano a Italia

No se trata de castigar a la Iglesia de sus culpas sino de proceder a analizar al Vaticano, en un contexto general a lo largo de estos milenios sin disfrazar o perdonar en lo más mínimo su confusión con la verdad ya expresada desde Lutero y otros.

La reverencia debe traer de vuelta otra reverencia al pueblo, no a costa de la verdad, que es la única con la que, en última reflexión la reverencia es compatible. Tampoco hay razón para ser tolerantes con la corrupción e inmoralidades que en el Vaticano abundan como cede de una mal llamada Iglesia universal que sostiene esas barbaridades sin hacerlas desaparecer en vez de resolverlas en el acto, disimuladas con varias interpretaciones de la Biblia.

2.000 Años de experiencia, la contradicción solo significa variedad, y esta a su vez, mentiras y abundancia de recursos a través del banco del espíritu santo convertido en la lavadora para la mafia más grande de Europa.

Esta atmosfera cálida y fanática publicitada con fiereza cada vez que se elige un Papa, sirve para que una multitud llena de histeria aplauda ese circo en San Pedro, permitiendo se continúe con esa práctica de estado trasmitida sin piedad al mundo manipulando un Dios crucificado, cientos de vírgenes y toneladas de santos, para una misma influencia de variada moralidad desde sus inicios.

Cuando el estado del Vaticano presenta este tipo de luz, sus contradicciones, corrupción y controversias se esconden momentáneamente tapadas por ese grupito jerárquico que ha escogido ese plano moral adaptándolo sucesivamente, así, el catolicismo nunca será mejor porque no hay de donde extraer inspiración divina. Hoy, la gente se salta la Iglesia para lograr esa inspiración.

Políticamente, el Vaticano como estado no existe porque carece de territorio, pueblo y soberanía, pilares básicos de un estado para organizar una sociedad. Los casi 1000 empleados no tienen nacionalidad vaticana tampoco son un pueblo, dependen del estado italiano.

Las 44 hectáreas enclavadas en Roma, fueron entregadas por Benito Mussolini a la santa cede en 1929 para poner fin a las disputas entre el estado italiano y el papado por la unificación italiana en 1870. Los pactos de Letrán permitieron la ficción del estado vaticano, su soberanía es discutible puesto que el Vaticano depende jurídicamente de Italia, no tiene tribunales ni judicaturas civiles ni penales.

Los intereses religiosos y económicos publicitan el estado del Vaticano pero no hay tal cosa, es una consideración al Papa que es el Obispo de Roma y jefe de las Iglesias católicas. Esta ficción es tolerada por la ONU que da un trato especial al Vaticano no como estado miembro sino como una misión observadora en la Asamblea General.

Los sermones y emociones vertidos en esa ficción llamada estado del vaticano por Obispos, Cardenales, Papas que, sin gran genio ni cultura viven una opulenta vida apartados de la práctica del evangelio, eso sí, manipulando firmemente el espíritu de Jesús.

Francisco I, no debe ser concebido como alguien que ha venido a aliviar las tradiciones de la Iglesia que en la densidad de la vida activa practica la esclavitud moderna estimulando la fantasía en vez de dominarla.

Francisco I no puede posponer por más tiempo una Iglesia acorde con los tiempos de los pueblos pobres que reclaman y encuentran sus derechos en procesos revolucionarios mientras la Iglesia sostiene el celibato ligado a las violaciones de infantes y niños sin que sean capaces de aceptar su falso machismo.

La Iglesia católica debe ser autónoma en cada país con líderes más laicos distantes de los poderes económicos y políticos y, más asertivos con la ciencia porque la tecnología les come todas las creencias y destapa todas sus corrupciones e inmoralidades.

La única verdad que tiene Francisco I con la Iglesia, viene de su interpretación de la vida, de su capacidad de estudiar si vale la pena conservar el Vaticano como un estado que ya no puede manejar a los pueblos como servidumbre producto del equivoco insidioso de 2.000 años que se adhiere las Curias, para sostener el negocio de la fe con cada papado.

Un nuevo concilio hace falta para tocar temas que ya ni pueden evitarse, las sociedades cambian rápidamente, sus concepciones y modos de vida, el resultado de ese concilio traerá la división definitiva de la Iglesia, tradicionalista, progresista, Opus Dei, masones, entonces, habrá llegado la hora de entregar el Vaticano a Italia y dedicarse a servir a Dios desde otra óptica fuera del poder político y económico que representa el Vaticano para la religión católica.

El evangelio no acepta palabras como santa cede, Papa y otras sandeces creadas para domesticar a las masas. La verdadera práctica del evangelio ayudara con la camaradería a las sociedades en su lucha contra la desigualdad y la inequidad en base al conocimiento y práctica de vida como una organización a fin al poder político que elija la gente.


rcpuma061@yahoo.com


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Raúl Crespo


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