LA POLARIZACIÓN ES ANTIDEMOCRATICA
Varias veces hemos tratado el tema de la crítica y la autocrítica, que es un asunto más complejo que el simple dilema bipolar de Gobierno y Oposición. La existencia de una sociedad plural y multicultural supone la existencia de distintas posiciones frente a la realidad, frente a las distintas organizaciones económicas, sociales y políticas, y, frente a la acción del Gobierno. De allí que resulte excluyente y antidemocrático colocar axiomáticamente a la sociedad como una realidad absolutamente polarizada entre los partidarios del Gobierno y los de la oposición. Es además una posición políticamente conservadora y filosóficamente mecánica, no dialéctica.
La vida política, cultural y social del país es muy rica para reducirla a la simpleza polarizante del binomio Gobierno-Oposición, de manera que cada extremo del bi-polo niega total o totalitariamente al otro. Incluso, podemos decir que lo niega de-vas-ta-do-ra-men-te. Es esa una posición que se corresponde con una concepción discriminatoria y liquidadora (aplastadora, exterminadora) de toda diferencia, condenándonos a la vana e injusta búsqueda de la uniformidad total. Prácticamente el racismo.
La descalificación sustituye a la reflexión y a la discusión.
Desde el Gobierno, con grave irresponsabilidad histórica, se califica de “guarimbero, escuálido y majunche” a todo el que disienta en todo o en parte de las posiciones expresadas por los voceros oficiales del gobierno y del PSUV. Con la mayor ligereza se usa y abusa de la descalificación contra todo el que ose opinar en privado o en público ejerciendo la crítica e incluso la autocrítica sobre las posiciones oficiales, las cuales se convierten en “santa palabra”, incluso aún cuando no hayan sido emitidas. Es decir, los ciudadanos venezolanos, para ser venezolanos y patriotas tienen que esperar que los voceros oficiales fijen una posición frente a determinados hechos para apoyar tal posición, sin que se les permita formar criterio propio sobre ello. En cuanto a la protesta social, laboral o política, desde la posición gubernamental se tiende a descalificarla apriorísticamente como guarimba o sabotaje. He llegado a observar y conocer que no se investiga sobre las causas y motivos reales de una protesta o exigencia de sectores laborales, sino que se averigua sobre las supuestas tendencias de los que la protagonizan, de manera que si son calificados de opositores se les rechaza porque no tienen derechos y si son calificados de oficialistas se le llama traidores por realizar la protesta o exigencia.
El método sectario es inconstitucional.
Este método avasallador de la conciencia y de la participación social y política es contrario al espíritu republicano y a nuestra condición de ciudadanos libres e iguales. Por ello mismo es también completamente contrario a los postulados, principios y valores de la Constitución que en su artículo 2 constituye a Venezuela en un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia, que propugna como algunos de los valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su actuación, entre otros; la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.
Ha surgido una oposición patriótica y revolucionaria
Son numerosas las oportunidades en las que he escuchado al Presidente Chávez y a varios de sus principales voceros gubernamentales, Nicolás Maduro, José Vicente Rangel y Alí Rodríguez Araque, entre otros, clamar por una oposición seria y democrática, responsable y patriótica.
Según entendemos, una oposición que no se proponga DERROCAR POR LAS ARMAS al Gobierno, ni la simple descalificación gratuita o la entrega del país a ningún interés extranjero en detrimento de los principios y normas que protegen los intereses nacionales, pero que tenga sus propias opiniones de acuerdo o de desacuerdo con los personeros u organismos directivos del PSUV y del Gobierno. Una oposición que no tiene que compartir todo con el gobierno y con el PSUV para que goce del respeto y del reconocimiento tanto del Gobierno como de las demás instituciones.
Dentro del PSUV y fuera de él ya existen corrientes y posiciones de ciudadanos venezolanos que cuestionan las decisiones y los métodos que utilizan tanto el partido como el gobierno para el tratamiento de muchos de los asuntos y que tampoco comparten las posiciones ni conductas de la oposición conservadora integrada en la MUD. Cuestionamiento que no es absoluto, ni apriorístico, sino fundamentado en hechos y argumentos, sin embargo esas no tienen cabida en los medios de comunicación del sistema público que están reducidos a hacer publicidad del gobierno y de acuerdo a las directrices oficiales, ni tampoco en muchos medios de propiedad privada porque priorizan sus intereses económicos y políticos particulares.
Contra el ventajismo y en favor de la proporcionalidad equitativa.
Esas corrientes necesitan expresarse con libertad y que existan reglas de juego claras, justas e iguales. Una sociedad que reclama su identidad y en consonancia un trato respetuoso y justo en el concierto de las naciones del mundo, es una sociedad que debe garantizar su pluralismo interno. Del mismo modo, un proyecto político que propone un mundo multipolar (es decir plural) que enfrente, tanto al reparto de las grandes potencias, como a la unipolaridad pretendida por los EEUU después de la desaparición del campo socialista europeo, es un proyecto que debe respetar la diversidad de posiciones políticas internas y la participación de la población en el ejercicio de la opinión crítica y de la protesta pública. Uno de los temas pendientes es el establecimiento de normas que reconozcan la proporcionalidad de manera real y equitativa en las contiendas electorales. Es una discusión inmediata y URGENTE.
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