Ideología insolvente y en quiebra

Históricamente, la ideología ha tropezado por argumentar partiendo de algo que es una dificultad metodológica, ha creado la apariencia de una aseveración llena de significado ocultando redundancias que sin embargo, para muchos, es el principio de una sabiduría filosófica ya que el descubrir, pensar, crear, conocer, significan la misma cosa.

En este contexto la ideología descansa sobre ambigüedades aun cuando hay otros argumentos a su favor que merecen respeto porque dependen de hechos materiales que en una u otras teorías todavía deben encontrar explicación, tema que se arrastra hace tiempo ya que los argumentos idealistas más antiguos son los que esas corrientes comparten con el escepticismo.

La ideología está apoyada en prejuicios emocionales como el deseo, hábitos, imitación, evolución social, proyección de las preferencias; es una posición que el proceso es lo que la persona piensa de él y varia de una persona a otra, de un momento a otro, de una promesa a otra, incluso, de una elección a otra.

Trascender la relatividad que produce el pensamiento con la realidad cuando se encuentran seria darle mayor fidelidad a una ideología menos impregnada de pasión y de color rojo, subjetividad profunda dotada de mayor autoridad frena la verdad del pensamiento creador.

Hay momentos en el ideal en el que especificaciones, relaciones y consecuencias, profundamente penetrantes como las cosas materiales se imponen, alguien puede pensar lo que desea, pero, después de hacerlo, se encuentran involucrados en una confusión de relaciones con dirección propia que también seguirán hasta establecer una verdad de las tantas que se ofrecen.

A la derecha le molesta la actitud de la izquierda que reclama para sí la licencia del cambio, pero, sin asumir las responsabilidades de la nueva cultura despreciando la experiencia del pueblo por pura apariencia siguiendo la tendencia de resolver problemas en línea de principios más que en sus particularidades, limitándose a subrayarlos con subtítulos presumiendo que lo absoluto solucionara los problemas de las manchas que el pensamiento tiene sobre las dificultades neoliberales no vencidas.

Esta guerra de liberación invadiendo propiedades enemigas no ha utilizado el arma principal del ideal, dando oportunidad en estos años para que la derecha se atrinchere, consolide y defienda su posición en su forma de pensar sosteniendo un sistema en crisis que en el país debería estar ya relegado, así, el idealismo socialista en el momento mismo de sus triunfos es objeto de contraataques por todos lados que si producen bajas en las líneas revolucionarias.

La ideología que se insinúa quedaría completa si no se mezclaran con el espiritualismo y la especulación, hábitos muy antiguos, hacen que el ideal no pueda satisfacerse más que por medio de una conciencia de sí mismo y, al aprenderse intuitivamente disipa las dificultades dialécticas que agobian a los temas como colectividad, igualdad, necesidad, libertad, autonomía, soberanía, cuando la realidad no superan los ideales de la mente.

Los triunfos revolucionarios en las elecciones evita la destrucción total de la ideología, estos ocasionales triunfos nos permiten recuperarnos aunque luego otra vez caigamos en las costumbres capitalistas.

Levantarse y caer no puede ser una costumbre revolucionaria infinita cuando se está administrando el país desde el gobierno, esta práctica indica que hay brechas abiertas en los poderes, en el sector público, en el partido, en los gobiernos seccionales porque no quieren entender que el color rojo es más que una franela, es un ideal.

La respuesta a esta falta de idealismo no puede ser larga por ser una historia revolucionaria reciente, además, no depende en forma exclusiva del chavismo por ser una confluencia de corrientes que hasta ahora habían seguido causes diferentes que el partido no termina de unir por viejas herencias sectaritas y por torpes mañas de la politiquería anclada en la mente de una mayoría de políticos revolucionarios llamadas experiencias, lineamientos, normas, acontecimientos cuyos conceptos o resultados deben su popularidad a la esperanza del pueblo no a la del político.

Político sumido en esa experiencia entrega la lealtad solo al despacho evita que la popular esperanza de salvar la distancia con el pasado se cristalice en cuerpo y alma con las ciencias políticas, soberanía, mecanismos de libertad y autonomía industrial y cultural, sin lugar a dudas, es una motivación unitiva y creadora, alimentos para una ideología revolucionaria.

Ahora estamos menos inclinados que antes a glorificar la acción del partido, las victorias polémicas y de ello estoy convencido como feliz porque los abismos doctrinales que separan en vez de unir a pesar de los cambios realizados en la sociedad, en parte se han superado por el creciente interés de mejorar la revolución tras la reelección del presidente Chávez, y por otra parte, el pedido de sacar a la luz la ineptitud de todas las direcciones anti revolución que dividen el pensamiento del pueblo ayudara a mejorar el proceso y la participación del pueblo en las alicaídas contralorías sociales.


rcpuma061@yahoo.com



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Raúl Crespo


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