¿Qué es ser “pitiyanqui”?

Vale recordar de vez en cuando esta palabrita que bien le calza a algunos cuantos venezolanos de la llamada “sociedad civil” que más piensan en el norte que en su propio país y que hoy deben estar llorando a “moco tendido” con la creación de la CELAC, un paso trascendental e histórico que nos permitirá a los pueblos de esta América Latina y Caribeña, más temprano que tarde, decidir sobre nuestros propios destinos y zanjar todas aquellas diferencias que pudiéramos plantearnos en el tránsito hacia el desarrollo, en el marco de la mayor justicia social y en el ejercicio pleno del derecho a transitar el rumbo que decidamos, sin la condenable, irritante y repudiable injerencia gringa.  

Con la CELAC ya hemos comenzado a hacer una realidad el sueño de nuestro gran Bolívar, hemos retomado con la firme determinación la necesidad de la Unión Latinoamericana y Caribeña, como la única opción que tenemos para blindar la independencia absoluta de nuestros pueblos.

Pitiyanqui es un calificativo no inventado por las hordas del chavismo y ni siquiera por comunista alguno. Ser pitiyanqui es ser adorador del imperio norteamericano, es quien sueña  que la patria pueda llegar a ser algún día parte del mismo, sin importarle a semejante sujeto que pase a ser una estrella más de su bandera, o sólo un Estado Asociado o un Protectorado o, algo menos complicado geopolíticamente hablando, como lo sería un disfraz de “país libre” domeñado por él. Pero hay más, lo cual resulta increíble y más que eso, vergonzoso, es que el pitiyanqui dice y lo repite a voz en cuello: “quien debe gobernarnos tiene que ser un gringo y si marine, mucho mejor” (no olvidar que algo similar a eso lo dijo por la TV la inefable Angela Zago durante los días previos al golpe de Estado del 2002). Tengamos presente que a Puerto Rico ese imperio yanqui lo denomina, precisamente, Estado Libre Asociado…   

El término “pitiyanqui” no lo inventaron, efectivamente, los revoltosos marxistas leninistas castristas, sino para sorpresa seguramente de muchos de la llamada “sociedad civil”, lo fue el gran poeta costumbrista puertorriqueño, Luis Llorénz (1876/1944)*.

Dice Mario Briceño Irragorri en su libro “Aviso a los navegantes” (1953), que él lo utiliza como una excelente forma idiomática para distinguir a aquellos “compatriotas prestados a hacer juego a los intereses norteamericanos, en perjuicio de los sagrados intereses de Venezuela.

Agrega Don Mario Briceño en la misma obra, que “la voz piti, como alteración del francés petit, entra en la palabra pitimí (..) con la cual se designa (según el DRAE), el rosal de ramas trepadoras que echa rosas menudas y rizadas (..) Llórénz, más que en la rosas, debió pensar en la actitud trepadora de los compatriotas que se rindieron al colonialismo.”

 

(*) Su poema a Puerto Rico: A PUERTO RICO

oliverr@cantv.net


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Iván Oliver Rugeles


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