XX – XY

La hembra de la raza humana posee dos cromosomas “X”. Mientras el hombre posee un cromosoma “X” y uno “Y”. Durante mucho tiempo algunos científicos pensaron que dada la duplicidad de cromosomas “X” en la mujer, uno de los dos estaba inactivo. Había en ese concepto, un sesgo machista que ha caído estrepitosamente, como toda la filosofía que propugnaba la supremacía del macho sobre la hembra de la especie.

Lamentablemente, ahora, una nueva raza de fascistas genéticos, apoyados en postulados pseudo-feministas, pretenden celebrar el referido hallazgo científico, como una prueba de la “pureza” y “supremacía” natural de la hembra sobre el macho. Finalmente, resulta que luego de librarse tantas luchas por la igualdad de oportunidades para los géneros, librada por las minorías sexuales y las mujeres, ahora estén a punto de cometer el mismo error desde la acera contraria.

El hombre y la mujer no son iguales. Son diferentes, pero absoluta y maravillosamente complementarios. Forman, al unirse, una pieza perfecta, evidente milagro de la creación. Encajan perfectamente en el rompecabezas de la vida. Aborrezco por antinatural la pretendida dominación del hombre sobre la hembra, y también lo contrario. Tanto como aborrezco la pretendida dominación de un ser humano sobre otro, de una raza o religión sobre la otra. Son estas razones, las esgrimidas desde siempre para avalar la guerra, la destrucción, el terrorismo y la violencia.

Las bases naturales de la solidaridad y la tolerancia humanas descansan sobre la complementariedad hombre-mujer, masculino-femenino, yin-yan. Las bases sólidas de una nueva sociedad, equilibrada, armónica, madura y sensible, con alto compromiso social y ecológico, están fundamentalmente ligadas al establecimiento de nuevas maneras de relacionarse genéricamente. Es allí donde debemos ser iguales, en el trato, el cariño, el respeto. El amor.

Son nuestras diferencias genéricas, majestuoso regalo de Dios, las que nos permiten construir el camino del encuentro, corporal, espiritual, amoroso, social. Es la belleza de nuestras diferencias físicas, psíquicas, sexuales, las que propician la maravillosa búsqueda del uno en el otro. Tiene además la mujer la tarea imponente de resguardar en su vientre de luz nuevos seres humanos. Es nuestro encuentro y complementariedad la que hace posible la continuación de la especie. Sino pereceremos. ¿No es suficiente razón el albergar en el vientre nuevos seres para justificar la presencia de cromosomas iguales en la constitución genética de la hembra? Aquí la matemática también se hace presente junto a las leyes de Mendel. Dos seres humanos iguales cromosómicamente no pueden aparearse. Se necesita y evidencia la razón de la diferencia. Es pues la hembra la base genética de nuestra raza. Es ella la que alberga los nuevos seres de nuestra especie. Pero es el encuentro amoroso el que hace
esplendido y milagroso la venida de un nuevo ser a la tierra.

Hay pues razones de sobra para empezar a comprendernos y complementarnos más que para competir salvajemente e individualizarnos. Vayamos pues al encuentro de ese otro universo que nos completa.

cedhotarias@yahoo.com.mx






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