(Comerciante a secas vs. Comerciante capitalista)

Conozcamos al Comerciante

14 de abril de 2011.-Los historiadores remontan los orígenes del comercio a los tiempos de la división del trabajo, los artesanos empezarían cambiar sus productos entre sí y con los campesinos.

Es un hecho que las regiones albergan características preferentes para la producción de unos bienes, y con menores opciones   para otros; se habla hasta de “ventajas comparativas”. Lo cierto es que a los fenicios, hoy libanes, se les atribuye el despliegue original del comercio formal de trueque y con dinero entre el Oriente Próximo hasta las islas anglosajonas. En su privilegiada posición intercambiaron productos del mundo conocido desde las fronteras del Oriente eurasiático hasta   las islas y riberas e islas del mundo mediterráneo. De comerciantes, terminaron en colonizadores y divulgadores de buena parte de la cultura que hoy manejamos.

La viabilidad del sistema capitalista, iniciado a comienzos del siglo XVI, bajo la modalidad de lo que hoy llamamos “Capitalismo Comercial”, fue la “actividad comercial primitiva”, ella permitió la formación de capital dinerario en cantidad suficiente para cubrir el ingente mercado que surge con el Descubrimiento de América y de nuevas rutas orientales[1].

Esos primitivos comerciantes, pioneros del capitalismo moderno, se hallaban al frente de las operaciones mercantiles, pero cuando se convierten en arrendatarios capitalistas estimulados por la mayor demanda de mercancías, acumulan riquezas a punta de la explotación de campesinos convertidos en asalariados, luego de que como siervos feudales fueron despojados de sus medios de producción.

Un vestigio perfeccionado de aquellos comerciantes pioneros los tenemos en el presente en las figuras de la “economía formal” y del “comercio formal”, o comerciantes a secas.  Efectivamente, tanto los llamados buhoneros, como los “tenderos” son personas dotadas de cierto capital dinerario, propio o ajeno, que realmente sí crean valores nuevos. Como estos nuevos valores los yuxtaponen a las mercancías por ellos traficadas, ellos deben figurar en el Producto Interno Bruto (PIB).

No es lo mismo adquirir bienes en la bodega de la esquina que trasladarse a varios cientos de metros o a kilómetros para la misma dotación. Este comerciante agrega valores en mano de obra comercial y demás costes por concepto de medios de producción, su propia mano de obra personal y directa, a diferencia del comerciante capitalista cuya participación en el PIB se limita la apropiación parcial de la plusvalía contenida en este, en su condición de capitalista.

De perogrullo, como los comerciantes a secas trafican con mercancías, y estas, por su naturaleza burguesa, contienen plusvalor, dichos comerciantes coparticipan en la explotación de los fabricantes de dichas mercancías. En este sentido, nuestros comerciantes a secas también son explotadores, y como eslabones imprescindibles y vitales puesto que enlazan el consumidor final con los fabricantes,

Ambos comerciantes terminan obteniendo una tasa media aproximada de todo el plusvalor extraído por el sistema mundial involucrado, y de allí que cuando un gobierno persiga y castigue las altas tasas de ganancia de estos comerciantes al detalleo, debe hacerlo al lado de castigos igualmente severos para los fabricantes y banqueros que, si a ver vamos, son   los principales explotadores   del sistema.

Hoy tenemos simples especialistas en la explotación de los trabajadores: unos se ocupan de fabricar mercancías con asalariados fabriles, otros fungen de intermediarios entre estos fabricantes y los consumidores ora de mercancías intermedias, ora de bienes de consumo final. Entre estos últimos se hallan los comerciantes a secas. Otros capitalistas se dedican a   operaciones financieras y bursátiles. Todos en común obtienen rentas “sin tirar un palo”, lo que los convierte en una de las clases sociales de este modo de producción, como el salario es el uniformante clasista del proletariado, segunda y más importante clase del sistema[2].

Todos esos capitalistas   explotan la masa activa  de proletarios, además de que estas clasificaciones entre comerciantes, fabricantes y banqueros es meramente pedagógica ya que todo aquel que disponga de dinero, tiene opciones para diversificar su colocación en una o varias de esas modalidades clasistas de explotación porque generalmente pagan una tasa media que fluctúa de una rama a otra, de una sector a otro, lo que explica las constantes migraciones de capital y, por supuestos, las corridas, los pánicos y hasta los alborozos que periódicamente mantienen la inestabilidad-estabilidad de un sistema que tiene  la curiosa particularidad de repotenciarse con cada desgracia, y hasta de perjudicarse cuando el equilibrio económico resulte duradero.




[1] Carlos Marx, El Capital, Libro I., Sección VIII.

[2] Obra citada, Libro III, Cap. LII.

marmac@cantv.net



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Manuel C. Martínez M.


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