La tercerización y privatización de la guerra

Bandas criminales mercenarios, paramilitares -terroristas del

gobierno Interino Juan Guaidó nos invaden

Eduardo Viloria Daboín, Resumen Latinoamericano

Doscientos millones de dólares fue el monto por el que Juan Guaidó contrató los servicios de Silvercorp Usa Inc, la empresa de Jordan Gordreau, el ex militar estadounidense que asumió la responsabilidad de la operación Gedeón -junto al ex-militar venezolano Javier Nieto Quintero- y que ratificó la veracidad de dicha operación que se desarrolla desde el domingo 3 de mayo en costas el centro de Venezuela. Según testimonios suyos en video, para el desarrollo de esa operación Gedeón fueron contratados sus servicios, y es la misma a la que se refirió un mes atrás el general retirado de la fuerza armada venezolana Cliver Alcalá. La operación, según han informado autoridades, periodistas y medios nacionales, viene siendo repelida por la FANB y los cuerpos de inteligencia y seguridad del país.

La empresa dirigida por Gordreau, según su publicitaria página web, brinda servicios de liderazgo en crisis severas, rescate de personal en situaciones críticas, recuperación de rehenes, desarrollo de planes de contingencia, entre otros servicios vinculados a tareas policiales o militares: «Estamos preparados para ayudar a las corporaciones en la formulación de planes de manejo de crisis para secuestros y otras extorsiones, pautas de control de bombas y procedimientos para evacuar a empleados de áreas inestables», dice literalmente. Aunque señalan reiteradamente que sus servicios son brindados a corporaciones, también se refieren a prestación de servicios a gobiernos.

Llama la atención un apartado en el que ofrecen sus servicios para actuar contra amenazas generadas por movimientos políticos, laborales, o por empleados descontentos o despedidos, «recurriendo a los recursos psiquiátricos cuando sea necesario».

El apartado que se refiere a recuperación de rehenes informa que la empresa tiene capacidad de despliegue inmediato con disponibilidad permanente para responder a un secuestro y actuar en todas las fases y procesos que implique el mismo, desde manejo de la negociación directamente, protección y entrega de los recursos y fondos para pago de rescate, hasta protección del rehén.

Silvercorp Usa Inc ofrece, además, servicio de respuesta rápida hacia cualquier parte del mundo para evacuar personal de áreas peligrosas: «Si es necesario, estamos preparados para emplear metodologías de extracción no convencionales».

Un párrafo resulta particularmente extraño: «Las empresas a menudo se encuentran sin preparación para hacer frente a aquellos que jugarían duro, especialmente en climas extranjeros desconocidos. Ayudamos a nivelar el campo de juego». ¿Qué sería en este caso «jugar duro»? ¿En qué consistiría esa ayuda para «nivelar el terreno»? La respuesta podría ser incorporación de poder de fuego concreto en un sitio y momento específico.

En la sección sobre sus servicios para actuar en desastres naturales se explica una larga enumeración de sus cualidades para desplegarse en cualquier terreno y en cualquier circunstancia climática, «incluyendo tormentas de invierno, inundaciones, tornados, huracanes, incendios forestales, terremotos o cualquier combinación de los mismos».

Además, la página web de la empresa de Jordan Gordreau, que no escatima en recursos publicitarios y de mercadeo, ofrece el servicio de liderazgo en situaciones de crisis. Allí literalmente dice: «Cuando surge una crisis, lo primero que la gente suele buscar es un líder: la persona que sabe cómo resolver el problema y tomará las medidas necesarias para hacerlo. Los líderes sin experiencia pueden tomar decisiones precipitadas, reaccionar demasiado rápido a la situación o, lo que es peor, no reaccionar en absoluto con la esperanza de que la situación se resuelva sola». ¿En el caso venezolano este servicio aplicaría a un conjunto de militares desertores sin jefatura ni liderazgo real que debe ser cohesionado para emplearlo en un fin puntual?

Por último, Silvercorp Usa Inc asegura haber ayudado a crear y mejorar la seguridad de instalaciones nucleares y aeroespaciales en todo EEUU. También haber planeado y dirigido equipos de seguridad internacional para el Presidente de los Estados Unidos y el Secretario de Defensa.

La cuenta de Instagram de SilverCorp Usa Inc abunda en videos y fotografías en los que se exhibe todo lo enunciado por escrito en la página web: hombres en proceso de entrenamiento físico y técnico, despliegue militar en distintos tipos de terreno e infraestructuras y con uso de armamento de guerra de alta tecnología, ejemplos de formas concretas de despliegue y uso específico de tecnología militar. Todo, con el permanente protagonismo de Jordan Gordreau, quien se muestra como una especie de súper comando al estilo Rambo o Jason Bourne. Una frase resalta entre todas las que acompañan los videos: "Wearen’tretiredmilitary. We are active duty risk mitigation". En castellano sería: "No somos militares retirados. Somos mitigación de riesgos en servicio activo". Es decir, una suerte de ejército de reserva dispuesto a actuar cuando haga falta. Por mucho dinero, claro está. Hay videos, además, que evidencian su actuación en relación con Venezuela desde hace al menos un año: el video en el que se relata cómo brindaron sus servicios de seguridad en el concierto de Cúcuta que se organizó para supuestamente recaudar fondos para la falsa ayuda humanitaria, y otro que publicita sus capacidades de actuación en tipos de crisis diversas en el que se ven imágenes de la violencia callejera de 2017 o 2014.

Todo esto se enmarca en la lógica privatizadora del capitalismo contemporáneo, según la cual incluso aspectos estratégicos de los Estados (desde seguridad de instalaciones hasta fabricación de armas) pueden ser asumidos por corporaciones privadas, y en la lógica según la cual la carrera militar suele ser un primer paso para luego pasar al sector de la seguridad privada de alto nivel. Una lógica que, aunque deforme, aprendemos a ver como correcta y natural a punta de series gringas de investigadores privados y agentes especiales o superhéroes como IronMan.

Ahora bien, todo esto cobra una dimensión distinta cuando vemos que, en una situación de conflicto político y agresión extranjera como la que vive Venezuela, una empresa de este tipo -y su principal representante-, aparece públicamente asumiendo la responsabilidad sobre una acción militar que implica la violación territorial del país y que tiene como objetivo explícito la captura del presidente y su derrocamiento, así como de otros dirigentes políticos.

Aquí todo aquello enunciado como servicios de una legítima empresa de seguridad pasa a ser nada más que una fachada legal para encubrir un cuerpo militar mercenario con alto poder de fuego, entrenamiento profesional especial, manejo de tecnología militar de primera línea y capacidad de despliegue en todo el planeta, que puede actuar al servicio de quien le pague para ejecutar operaciones de cualquier índole, más allá de jurisdicciones, leyes o soberanías nacionales. Cobran otro sentido, además, los expresos vínculos y cercanía de esta empresa con el gobierno de EEUU, que pretende aparecer en este caso sin responsabilidad alguna. Y cobran un sentido grave frases como: «Si es necesario, estamos preparados para emplear metodologías de extracción no convencionales», o «Ayudamos a nivelar el campo de juego».

Esto permite ver, con meridiana claridad, cómo se materializa ante nuestros ojos, en relación con la violación a la paz, la democracia y la soberanía de nuestro propio país, un aspecto oscuro pero frecuente de la realidad contemporánea: la tercerización y privatización de la guerra. Algo de lo que habíamos sabido hasta ahora en relación con Irak, Siria, Libia o Afganistán, o en relación con el uso de bandas criminales paramilitares con fines políticos, pero que ahora vemos incluso revestido y cubierto por la legalidad de un país como EEUU, y barnizado para efectos de la legislación internacional con argumentaciones en torno al TIAR a partir de la supuesta legalidad del llamado Gobierno Interino que encabeza Juan Guaido

Es sumamente complejo, pero según las informaciones que hasta ahora circulan, estaríamos viendo cómo, luego de haber fracasado en el intento de generar un quiebre en la FANB que permitiera derrocar (capturar o asesinar) al presidente Maduro usando sólo fuerza interna, se da paso a una fase siguiente, alternativa, contemplada en el plan diseñado para el artefacto Guaidó, y que vendría a confirmar con mucha mayor contundencia varias cosas: 1) Guaidó es un agente al servicio de una fuerza extranjera que agrede nuestro país, 2) uno de los objetivos del robo de dinero y activos en el extranjero pertenecientes a la República es su uso para estos fines de contratación de fuerzas militares mercenarias, 3) Estados Unidos no está dispuesto al empleo de recursos propios, logísticos, financieros y militares en una invasión regular a nuestro país, 4) ha iniciado, de forma más visible, una fase de los planes de EEUU contra Venezuela en el cual la guerra pasa a ser tercerizada a través de actores privados y no sólo a través del uso de bandas paramilitares como Los Rastrojo

Estados Unidos, como ya lo hizo Colombia en comunicado de Cancillería, negará su participación en estos hechos, aunque declaraciones reciente de Pompeo y Abrams aludían a que estaba a punto de lograrse la caída de Maduro. También lo niegan y negarán Guaidó y sus secuaces. El énfasis puesto por Jordan Gordreau en dejar claro que se trata de venezolanos quienes ejecutan la acción y quienes lo contactan para la contratación busca dejar sin culpa a EEUU. El despliegue en redes sociales del aparato de propaganda guaidocista busca exculpar a Guaidó a pesar del señalamiento frontal que hace Gordreau. Aunque parezca increíble, para defenderse cita al propio Gordreau en sus referencias a Cliver Alcalá, obviando los pasajes en que lo incrimina a él como firmante del documento.

Queda, sin embargo, la pregunta: ¿puede un sujeto y una organización de estas características actuar y desplegarse, con los enormes costos que ello implica, sin que exista dinero de por medio (50, 100, 200 millones de $), como lo quiso dar a entender Jordan Gordreau en su entrevista con Patricia Poleo, es decir, que ante el incumplimiento del pago por parte de Guaidó la acción se realizó finalmente no más que por altruismo y compromiso por "la liberación de Venezuela"?

La respuesta es negativa. Todo apunta a que Venezuela deberá encarar una nueva fase de la agresión estadounidense, en la que al bloqueo económico y financiero, a la guerra mediática y psicológica, a la presión diplomática y la amenaza militar, se agregan de forma visible modalidades de guerra tercerizada y privatizada.

Funcionarios de seguridad del Estado venezolano capturaron la noche de este domingo al sobrino del desertor Clíver Alcalá Cordones, junto a otros 7 terroristas incluída una femenina, involucrados en la incursión paramilitar que tenía como objetivo ejecutar un golpe de Estado y asesinar al presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro.

La operación ejecutada por efectivos de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y el poder popular se llevó a cabo en la zona de Petaquirito, parroquia Carayaca, estado La Guaira.

Desde el pasado domingo 3 de mayo, los cuerpos de seguridad se mantienen desplegados en la búsqueda de todos los terroristas involucrados en este operativo paramilitar, en el que están vinculados los gobiernos de Colombia y Estados Unidos (EEUU), y que cuentan con el respaldo del diputado de derecha a la Asamblea Nacional – instancia que se encuentra en desacato desde 2016 – y autoproclamado "presidente encargado", Juan Guaidó.

Hasta los momentos, van más de 30 detenidos por estos hechos, entre ellos dos estadounidenses exboinas verdes.

Estados Unidos, Colombia y sectores de derecha pretendía atacar al país y asesinar de forma selectiva a altos funcionarios venezolanos, entre ellos al jefe de Estado venezolano.

 



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Antonio J. Rodríguez L.


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