Cipriano Castro, el mandatario venezolano que enfrentó a Estados Unidos, Colombia y las potencias europeas

El general Cipriano Castro quien gobernó a Venezuela durante nueve años, 1899-1908, se caracterizó su mandato por los duros enfrentamientos que tuvo con los Estados Unidos y potencias europeas, como Inglaterra, Alemania, Francia y Holanda, lo mismo que con la Colombia de la época de la hegemonía conservadora.

Castro quien llegó al poder después de una cruenta guerra civil, aunque de pensamiento liberal, gobernó a Venezuela de forma dictatorial, con constituyentes amañadas elegidas a su antoja y reformas constitucionales a su servicio como la 1905 que le prolonga su mandato presidencial por seis años más hasta 1911.

Como defensor de las ideas liberales fortalece la instrucción laica, la separación de la Iglesia y el Estado e instituye el divorcio en Venezuela. Apoya las fuerzas liberales que se enfrentaron a las conservadoras en la guerra civil de los Mil Días en Colombia. Se hace a la amistad del caudillo liberal general Rafael Uribe, al cual le entrega armas y municiones para su causa. El gobierno colombiano reacciona dando asilo a connotados dirigentes anticastristas y armando un poderoso ejército venezolano encabezado por el general conservador Rangel Garbiras quien desde territorio colombiano lanza una poderosa invasión militar contra Castro.

Pero donde más se caracterizará el gobierno de Cipriano Castro es en su acendrado nacionalismo. Como escribe el historiador Mariano Picón Salas en su libro Los Días de Cipriano Castro: "mostrará al mundo como un pequeño país explotado por los grandes, tiene el coraje para empezar a romper sus cadenas económicas".

Don Cipriano se enfrenta al asedio diplomático de Estados, Unidos, Inglaterra, Francia, Alemania e Italia por el pago inmediato de la deuda externa e intereses. El Ministro Residente de Gran Bretaña en Caracas le lanza la amenaza al expresar: "que será deber del Gobierno de Su Majestad considerar que medidas deben adoptarse para la protección de los intereses británicos" y el poderoso banco europeo, Norddeutsche Bank en un informe a las instituciones financieras internacionales prevé desde ya el asalto de las potencias europeas a la débil Venezuela: "Por fortuna que como todas las grandes potencias están sufriendo por igual en sus intereses venezolanos, pronto le será puesto un cese a esa insostenible situación".

El asalto no se hace esperar, el siete de diciembre de 1902 la flota inglesa se toma el principal puerto de Venezuela, La Guaira. Fuerzas navales conjuntas de ingleses y alemanes se apoderan de Puerto Cabello el segundo en importancia del país. Castro al enterarse de la invasión militar ordena la detención de todos los súbditos alemanes e ingleses residentes en la capital y lanza su famosa frase: "La planta insolente del extranjero ha profanado el sagrado suelo de la patria". Ante este hecho de piratería imperialista hay todo un eco de rechazo e indignación en Latinoamérica. Al final, el mandatario venezolano obliga a Estados Unidos y a las potencias europeas a aceptar unos protocolos para el pago de la deuda y vence su doctrina de la "potestad interior" que tiene Venezuela para que "se diriman en su suelo y bajo sus leyes, todas las reclamaciones que los súbditos extranjeros radicados en el país aleguen contra la República", como escribiera Picón Salas en su libro.

Con la intervención a la compañía norteamericana "New York & Bermúdez Company" beneficiaria de una jugosa concesión para explotar los recursos naturales del antiguo Estado Bermúdez y dueña del trust del asfalto en Venezuela, que por esa época se había convertido en el sistema de pavimento de las carreteras más usado en Estados Unidos, se enfrenta al gobierno estadounidense, al demandar a la empresa gringa y exigir la devolución a la nación de los ricos yacimientos. Ante tremendo peligro la compañía asfaltera decide apoyar con ciento cuarenta y cinco mil dólares los planes bélicos contra el general Castro del financista y general venezolano Manuel Antonio Matos.

Nacionaliza la compañía francesa del Cable, encargada de la línea submarina y de la comunicación con el interior del país, motivo por el cual Francia rompe relaciones diplomáticas con Venezuela.

Pero con la infección de un riñón y la necesidad de viajar a la ciudad de Berlín para poder curar su enfermedad se inicia la tragedia de Cipriano Castro. El 24 de noviembre de 1908 zarpa Castro del puerto de La Guaira hacia Europa, dejando encargado del poder a su vicepresidente y compadre, el general Juan Vicente Gómez. A los pocos días, el 19 de diciembre, Gómez, comete el mayor acto de felonía contra su compadre y amigo, convoca al gabinete castrista, los apresa y destituye, autoproclamándose inmediatamente el nuevo amo de Venezuela. Y para consolidar su traición y mostrar su sumisión al poder extranjero, remitirá un telegrama a Washington, solicitando el envío de algunas naves norteamericanas para resguardar su nación. El 27 de diciembre llegan a La Guaira el crucero North Carolina y los acorazados Maine y Des Moines para proteger los 27 años de dictadura de Gómez.

El general Cipriano Castro enterado de la traición de su compadre, aún con la herida de la operación sin sanar decide viajar a su tierra para luchar por el restablecimiento del poder perdido, pero ya Estados Unidos y las potencias europeas advertidas de las intenciones de Castro, deciden cercarlo e impedirle con sus naves cualquier acercamiento a Venezuela. A partir de ese momento Don Cipriano se convierte en una especie de judío errante siempre acosado por la flota y los espías norteamericanos. Al final de su vida recala en San Juan de Puerto Rico y un 5 de diciembre de 1924 muere en esa ciudad.



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