Alquimia Política

Terrorismo y barbarie

El Gobierno de los EE.UU., afronta una de las más cruentes guerras que en contraste con el pasado haya librado la humanidad. Las zonas de Iraq y Siria, controladas por el extremista del llamado Estado Islámico, asume una postura de ofensiva, dado que el Estado Islámico busca materializar un antiquísimo anhelo: la balcanización de la región, que posee los principales yacimientos de hidrocarburos del mundo. Con decenas de miles de hombres, armamento sofisticado y abundante financiamiento, el Daesh (acrónimo en árabe de ese grupo), pasó de una minúscula formación a representar una verdadera amenaza para Iraq y Siria.

Las decapitaciones, crucifixiones, violaciones sexuales, asesinatos masivos y otros crímenes en las zonas que controla, convierten a esa agrupación en sinónimo de terror; el Estado Islámico y el Frente al Nusra, brazo de Al Qaeda en Siria, fueron capaces de crecer gracias a las donaciones de los aliados de EE.UU., en el Golfo Pérsico. Damasco denunció el respaldo exterior a los grupos armados y advirtió el peligro que representaban para la región y el mundo, pero sus palabras fueron no fueron tomadas en cuenta. El argumento que sopesó, era que había una escalada terrorista que era necesario combatir, empezando por Iraq en el 2003, sin embargo, el radio de acción de estos grupos sediciosos ha estado bajo el protectorado de algunos Estados del Medio Oriente, lo cual ha permitido su fuerte brazo ejecutor y violento.

Las actuales fronteras de la región datan del fin de la I Guerra Mundial (1914-1918), cuando Gran Bretaña y Francia aplicaron el acuerdo secreto de Sykes-Picot para dividirse la zona. Esas demarcaciones impuestas por potencias extranjeras fueron siempre un elemento perturbador y de fricciones entre los países árabes durante décadas, azuzados convenientemente por Occidente. El empleo de diferencias políticas, religiosas, fronterizas y hasta económicas propiciaron los planes para balcanizar el Levante. El objetivo es lo que se conoce como la teoría del caos constructivo, que permitiría a las antiguas metrópolis y a EE.UU., remodelar nuevas fronteras e instaurar gobiernos afines en la región.

Siria e Iraq sufren hoy las políticas de las potencias occidentales que durante años cerraron los ojos y financiaron a organizaciones radicales con un objetivo claro, justificar la intervención con el argumento del combate al terrorismo. En un trabajo periodístico reciente (agosto, 2014), de Mariano Aguirre, director del Norwegian Peacebuidling Resource Centre (NOREF), aparecido en BBC Mundo, con el título “¿Cómo se financia Estado Islámico?”, el autor dice que no se trataría de un grupo terrorista, sino de un proyecto de Estado con armas sofisticadas, una ideología totalitaria, y abundante financiación que procede de apoyos externos y la toma de recursos para proseguir su ofensiva y sentar las bases de su califato. Hasta hace pocos meses ISIS, reitera el autor, era uno entre diversos grupos armados sunitas radicales que se oponían al régimen de Bashar al Assad en Siria, ganó notoriedad por separarse de al Qaeda, a la que acusó de no ser suficientemente radical. Ya convertido es Estado Islámico, es ahora la manifestación más violenta de la insurgencia sunita que pretende imponer una versión ultraconservadora del islam, contra lo que consideran una expansión del chiismo liderado por Irán, con fuerte influencia en Irak, en la región.

Ahora bien, el apoyo sostenido de Arabia Saudida y países del Golfo Pérsico a los sunitas frente a los chiitas y sus aliados está en el origen del éxito económico de EI y otros grupos yihadistas, afirman el periodista Patrick Cockburn y otros analistas. Riyad, Kuwait y otros países, e individuos, han canalizado cientos de millones de dólares a los grupos insurgentes sunitas en Siria. Como ocurrió en Afganistán con el apoyo que los insurgentes recibieron en los 80 de países occidentales, el Estado Islámico ha crecido gracias a la combinación de debilidad estatal, sectarismo por parte del Estado, y apoyo externo económico y militar a la insurgencia. El Estado Islámico podrá instaurar un Estado y consolidar una estructura económica, pero mantener esa economía estatal es complicado, en muchos casos, la infraestructura para explotar el petróleo y gas es antigua y necesita una renovación tecnológica que le será difícil obtener. El Estado Islámico y su modelo de economía política, y el papel de los actores externos, han complicado aún más la región, y tiende a seguir complicándola.

A todas estas, el Estado Islámico se manifestó de nuevo con su carga de violencia. El viernes 13 de noviembre de 2015, como ya fue de conocimiento público y notorio, varios lugares en la capital francesa fueron atacados. En Le Petit Cambodge y en Le Carillon, ubicados en la calle Alibert del Distrito 10, y en La Belle Equipe, ubicado en la calle de Charonne del Distrito 11, hubo ataques con armas de fuego. En los alrededores del Estadio de Francia, San Denís, al norte de París, se reportó un atentado suicida. mientras tenía lugar el partido de fútbol entre Francia y Alemania, donde estaba presente el presidente de Francia, François Hollande, quien fue sacado del lugar vía helicóptero. Los ataques fueron en el Concert hall, llamado Le Bataclan, ubicado en el del bulevar Voltaire del Distrito 11, durante un concierto de la banda estadounidense Eagles of Death Metal; allí los terroristas entraron asesinando a quemarropa a los espectadores, para luego tomar decenas de rehenes. El presidente Hollande, en rueda de prensa, anunció el Estado de Emergencia y el cierre de las fronteras, también comunicó que “…la circulación estaba prohibida dentro de la Isla de Francia”, en referencia al centro de París. Es decir, el efecto de pánico e inseguridad se apoderó de la sociedad francesa.

En el plano internacional, la postura de Occidente no se hizo esperar, en el caso de Venezuela, a través de un comunicado oficial en la página web de la cancillería venezolana, el presidente Nicolás Maduro expresó, en nombre del pueblo venezolano: “…su más enérgica condena ante los atentados perpetrados hoy, 13 de noviembre de 2015, en la República de Francia, que han dejado más de ciento cincuenta personas fallecidas, muchas otras víctimas lesionadas y al mundo entero dolido y conmocionado ante tan vil masacre”.

Ya en un plano de experticia judicial, se ha alcanzado develar que los atentados fueron perpetrados por el movimiento rebelde ubicado en Siria, denominado Estado Islámico, o “ISIS”, grupo que hizo público un comunicado en el cual asumía la responsabilidad en los atentados. ¿Qué mensaje deja esta situación límite de la violencia política del llamado mundo fundamentalista islámico contra los países de Occidente que participan en el ejercito de coalición de la OTAN para erradicar la violencia en Siria, que se está en condiciones de desigualdad frente a un enemigo muy poderoso porque utiliza grandes recursos económicos para moverse en la sombra y el anonimato? En Venezuela se ha sancionado, desde el 2012, un instrumento de Ley llamado Ley orgánica contra la delincuencia organizada y financiamiento al terrorismo, el cual ha atacado duramente la constelación de movimientos fascistas que buscan, a lo interno, desestabilizar el país en su lucha contra el orden establecido.

La norma en su artículo 4, define qué se entiende, en el contexto venezolano y mundial, por acto de terrorismo: “…es aquel acto intencionado que por su naturaleza o su contexto, pueda perjudicar gravemente a un país o a una organización internacional tipificado como delito según el ordenamiento jurídico venezolano, cometido con el fin de intimidar gravemente a una población; obligar indebidamente a los gobiernos o a una organización internacional a realizar un acto o a abstenerse de hacerlo; o desestabilizar gravemente o destruir las estructuras políticas fundamentales, constitucionales, económicas o sociales de un país o de una organización internacional…” En una palabra, todo aquello que atente contra la paz y la tranquilidad en la convivencia social e institucional. Por ejemplo, las llamadas “guarimbas” de la oposición, que es la quema de basura y la tranca de vías públicas con objetos contundentes, lejos de ser un acto de protesta civil, es un acto de terrorismo.

La Ley crea, en su Artículo 5, la Oficina Nacional Contra la Delincuencia Organizada y Financiamiento al Terrorismo, que viene a ser el “…órgano rector encargado de diseñar, planificar, estructurar, formular y ejecutar las políticas públicas y estrategias del Estado contra la delincuencia organizada y financiamiento al terrorismo, así como de la organización, control y supervisión en el ámbito nacional de todo lo relacionado con la prevención y represión de dichos delitos, y también la cooperación internacional en esta materia”. Es decir, se cuenta con una instancia de inteligencia que cuidará cualquier movimiento extraño que en el margen de los límites que la norma establece como “actos terroristas”, se puedan presentar en el territorio nacional.

En un ambicioso ensayo, titulado “El fénix islamista”, su autora Loretta (2015), expresa: “El Estado Islámico comparte los ambiciosos objetivos de los fundadores del estado-nación europeo y los articula de una manera contemporánea y moderna. A semejanza de Israel, el concepto de estado-nación del EI es étnico-religioso y no exclusivamente étnico…”. Sobre todo, es un Estado que busca cumplir los requisitos de un estado moderno: territorialidad, soberanía y burocracia; lejos de contenerse con modestos enclaves, busca crear una versión del siglo XXI del antiguo califato y rehúye el concepto de anarquía permanente, tiene, en el marco de su proyecto de Estado Islámico Fundamentalista, imponer la ley de la sharía, la cual es el cuerpo de Derecho islámico que constituye un código detallado de conducta, en el que se incluyen también las normas relativas a los modos del culto, los criterios de la moral y de la vida, las cosas permitidas o prohibidas, las reglas separadoras entre el bien y el mal.

En una palabra, Occidente enfrenta un enemigo astuto, con grandes recursos económicos y con una voluntad que va más allá de la racionalidad y los valores humanos; son entidades humanas construidas en razón de la manipulación y el culto, y todo aquello que parece malo para el ser humano común occidental, para ellos es trofeo de guerra, peldaños que se suben para escalar en el mundo espiritual que se han construido alrededor de su consciencia. Venezuela quizás hoy día no peligra en esta sintonía de violencia, porque se ha mantenido al margen y enfrentada a las potencias capitalistas que mueven el ataque hacia el Estado Islámico, pero eso no quiere decir que no estemos potencialmente expuestos, en cualquier momento, a otros grupos fundamentalistas que hagan daño a la convivencia en el territorio nacional. Es allí donde las autoridades deben estar atentas y aplicando estrategias de inteligencia y seguimiento, alcanzar anticipar cualquier vestigio de irregularidad que atente con la vida y los bienes de nuestros connacionales.



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Ramón Eduardo Azócar Añez

Doctor en Ciencias de la Educación/Politólogo/ Planificador. Docente Universitario, Conferencista y Asesor en Políticas Públicas y Planificación (Consejo Legislativo del Estado Portuguesa, Alcaldías de Guanare, Ospino y San Genaro de Boconoito).

 azocarramon1968@gmail.com

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