La diabólica ambición del Imperio y su origen terrorista

Quien ha ordenado bombardeos que han dejado incontables muertos en varios países y hoy controla, desde la Casa Blanca, los ataques con drones que dejan cientos de víctimas, toma medidas contra Rusia por el referéndum de Crimea aprobado, en paz y libertad, por el 97% del pueblo.

El Kremlin, ayer ciudadela pomposa de terribles emperadores, hoy centro sensible de gobernantes antiimperialistas.

EL IMPERIO DE LA INSOLENCIA

Para castigar a Rusia por… el inmenso crimen de haber logrado que el pueblo de Crimea haya rechazado, con entera libertad y absoluta paz, a los asesinos neonazis que tomaron el poder en Kiev, Obama firma un úkase que penaliza al Banco Rosiya, con centro en Leningrado –sí, sí, Leningrado, la heroica Leningrado--, por lo que nadie que esté realizando operaciones bancarias o negocios con bancos o empresas de Estados Unidos puede hacerlos desde ese y hacia ese banco.

Es una medida inútil y ridícula porque el Rosiya está muy lejos de ser el banco más importante de Rusia y cualquiera que tenga una cuenta en ese banco la puede cambiar a cualquier otro de Rusia y hacer lo mismo que Obama no quiere que haga. Otra niñería de Barackito (no se insulten, ilustres lacayos de Miami, que a Zachary Taylor le decían Zac; a Roosevelt, Teddy –Teodorito--; a Calvin Coolidge, Cal –Calvinito--; a Eisenhower, Ike –por poco le dicen ¿y qué?--; a Kennedy, Jack –Juancho--; a Ford, Jerry –Geraldito--; a Carter, Jimmy –Jaimito--; a Clinton, Bill –Guille--; al vice Biden, Joe –Pepe--; al vice Gore, Al –Albertico--; al vice Quayle, Al –Alfredito--; al vice-genocida Cheney, Dick –Ricardito-- a Nixon, Dicky Tricky –Ricardito, el Tramposo--, y así a otros más)

El Imperio y sus cómplices hicieron todo lo posible para que la Unión Soviética renunciara a la economía socialista e instaurara la economía de mercado. Ahora que Rusia tiene ese sistema la siguen hostilizando no para que tenga otro tipo de economía, sino para que se convierta en dócil sirviente del Imperio y la Unión Europea, o sea para que coloque sus cuantiosas riquezas naturales, las mayores del mundo, al servicio del capitalismo foráneo, no de su pueblo.

Muchas instituciones capitalistas han criticado la acción dictatorial de Obama porque es primera vez que se le hace eso a un banco que ha estado operando de acuerdo a la ley. Eso se le hace a bancos delincuentes, que se prestan a operaciones ilegales, como lavar dinero y muchas otras.

Obama miente cuando dice que Rusia está sola en su apoyo al pueblo de Crimea ya que hay otros doce países que aceptan el referéndum del 16 de marzo: China, Siria, Bielorrusia, Kazajtan, Cuba, Venezuela, RDP de Corea, Sri Lanka, Nicaragua, Abjasia, Osetia del Sur, y Transnitria. Esos trece países tienen una población de casi 1,600 millones de habitantes, pero son invisibles para casi todos los ciudadanos de este país porque lo más probable es que no sepan ni que existen.

Este lunes, los gobernantes del Grupo de los 8 -G-8-, integrado por las ocho potencias más industrializadas del mundo, decidieron separar del grupo a Rusia. Hicieron bien. Rusia nunca debió pertenecer a ese club super-exclusivo de malvados explotadores de la riqueza mundial.

Obama puede hacerle la guerra económica a Rusia, pero Europa no. Rusia es la principal fuente de energía de diversos países europeos con los que mantiene activo comercio.

SIRIA Y VENEZUELA

En la guerra de Siria, este domingo día 23 un F-16 de Turquía derribó un Mig-23 de Siria. El régimen turco dijo que el avión sirio había violado su espacio aéreo y un portavoz de la Cancillería yanqui se apresuró a decir que los turcos habían obrado bien. Hace varios años que el Imperio y sus secuaces, sobre todo los sionistas, están buscando una guerra abierta entre Turquía y Siria. Eso es jugar con candela porque en esa guerra el Imperio apoyaría a Turquía y Rusia a Siria y puede convertirse en un conflicto nuclear.

En cuanto a Venezuela, reafirmo lo que dije en el artículo del viernes pasado: no se puede convivir con quienes quieren quitarle a uno la vida. Eso es de primer grado.

LA AGRESIÓN ORIGINAL

En el artículo anterior vimos que el teniente coronel George Washington, un joven terrateniente y esclavista de 22 años, al frente de cuarenta milicianos de Virginia, invadió territorio francés, apoyado por varios combatientes de la tribu Séneca al mando de su cacique Half King. Fue un ataque secreto al amanecer en que fueron acuchillados, mientras dormían, doce soldados franceses que protegían a Sieur de Jumonville en su misión diplomática que buscaba un acuerdo pacífico con los ambiciosos colonos británicos, sobre todo los de Virginia, que era la colonia más poblada y rica.

Unas horas después, mientras Washington hablaba con Jumonville, éste fue asesinado por Half King. Un soldado francés escapó, llegó a un fuerte de la Nueva Francia y, de tal forma, se conoció la masacre y el asesinato del diplomático. Otros prisioneros escaparon unos días después, llegaron al propio fuerte y relataron la misma historia. Ésta fue la causa inicial de la llamada Gran Guerra por el Imperio entre Francia y Gran Bretaña que devendría, dos años después, en una guerra mundial a la que se llamó Guerra de los Siete Anos.

El motivo real de la agresión fue la Compañía Ohio, propiedad de dos de los hermanos mayores de Washington, Lawrence y Augustine, en la cual el gobernador Dinwiddie, de Virginia, era uno de sus principales inversionistas. El objetivo de la empresa era ocupar y desarrollar las tierras que se hallaban en el fértil Valle de Ohio, al oeste de Pennsylvania, que pertenecía a la Nueva Francia.

(De esta forma vemos que ya desde los tiempos en que el imperio yanqui era sólo un proyecto, la riqueza de otros países ha sido la causa principal de sus guerras y en ese empeño no ha tenido reparos en matar no sólo a sus enemigos, sino hasta a su propio pueblo, como sucedió en el Maine y el Once de Septiembre. El Imperio nunca ha dejado de buscar tierras, oro, mercados, petróleo, poder. Hoy sigue haciendo lo mismo que en 1754, pero ya no se conforma con la riqueza de los países que ha invadido y dominado. Ahora quiere la de Rusia y, en su diabólica ambición irrefrenable, pone a la humanidad en un gravísimo peligro porque el arsenal nuclear activo de Rusia es casi el doble del que tiene el Imperio, no la mitad como en octubre de 1962. Sospecho que el Kremlin estaría dispuesto a usarlo para salvar a su patria. Las dos Grandes Guerras Patrias, la de junio a diciembre de 1812 contra Napoleón y la de junio de 1941 a abril de 1945 contra Hitler, pudieran convertirse en una sola guerra, pero miles de veces peor que todas las guerras juntas de la historia)

Unos historiadores afirman que Washington reprendió a Half King por aquel asesinato, pero otros dicen que el cacique actuó por órdenes del Teniente- coronel. La versión más creíble fue la que dieron los soldados franceses que escaparon, llegaron al fuerte francés y dijeron que Jumonville habia sobrevivido a la masacre, que vieron cuando hablaba con Washington y cuando sacaban, después, su cadáver con la cabeza ensangrentada. Todo lo demás es conjetura, pero es muy improbable que Half King hubiese perpetrado un crimen tan costoso sin la aquiescencia de Washington.

Al llegar las noticias a Quebec, el Marqués de Duquesne, Gobernador General de la Nueva Francia, culpó a Dinwiddie por la masacre. El Gobernador se defendió diciendo que la orden que le había dado a Washington era que desplazara a los franceses el valle de Ohio en un encuentro frontal, no que acuchillara soldados dormidos ni que asesinara a Jumonville. Esta declaración fue avalada por los funcionarios de Virginia.

CASUS BELLI

Las noticias llegaron, también, a Londres y el historiador Horace Walpole, hijo del primer ministro Robert Walpole y amigo del monarca británico y su consorte, Carolina, escribió unos años después que Jorge II había culpado a Washington, no a Dinwiddie, por la sangrienta acción que puso fin a las cordiales relaciones que mantenían Francia e Inglaterra, provocando una de la guerra más terrible de la historia hasta ese momento, en la que murieron casi dos millones de seres humanos.

Después de la masacre, Washington construyó el Fuerte Necesidad (Fort Necessity), a unas siete millas al sur del lugar en que había ocurrido la masacre. Louis Coulon de Villiers, hermano de Jumonville, quedó al mando del Fuerte Duquesne.

El 3 de julio de aquel propio año, Louis y unos cien soldados franceses atacaron Fort Necessity. Half King y sus guerreros habían huido al monte, unos días antes, diciendo que Washington los había puesto en peligro por lo débil y vulnerable de la fortificación. En efecto, Louis probó que el cacique tenía razón y, en menos de una hora, venció a los milicianos, tomó el fuerte y Washington cayó prisionero. A pesar de que era responsable del asesinato de su hermano Joseph, Louis trató al joven oficial como prisionero de guerra y unos días después lo liberó, no sin antes lograr que firmara un documento en el que aceptaba su culpabilidad directa en el asesinato de Jumonville. Este documento llegó al Marqués de Duquesne, en Quebec, al rey Luis XV, en París, y al monarca Jorge II, en Londres, y, al igual que el ataque al campamento de los hombres dormidos, se convirtió en el casus belli de la guerra.

Unos años después, cuando ya se había convertido en jefe del imperio yanqui, pero aún no en presidente de la república imperial, Washington dijo que firmó ese documento porque, como no entendía francés, no supo el significado de una palabra. Esa palabra se escribe en español asesinato, en inglés assassination y en francés assassinat. Algunos historiadores dijeron que había sido una broma del recién estrenado emperador; otros, que no pudo relacionar esas simples palabras tan parecidas porque era casi analfabeta ya que había dejado la escuela en tercer grado de primaria. Algunos años después de su muerte, varios de sus ayudantes dijeron que solía ufanarse a menudo de no haber leído nunca un solo libro.

UN SUBIMPERIO MÁS IMPERIAL QUE UN IMPERIO

Después de los triunfos iniciales de Francia en Norteamérica, y Austria en Europa, la guerra tomó un rumbo opuesto, a partir de la llegada de William Pitt al gobierno de Londres, como Secretario de Estado. Como el ejército de Prusia era más fuerte y numeroso que el de Austria, Inglaterra no tuvo que apoyar a su aliado con tropas ni material de guerra y los pudo enviar a Norteamérica. Francia tuvo que apoyar con sus soldados a Austria, para evitar una temprana victoria de Prusia. Al mismo tiempo las naves de guerra británicas bloquearon las costas de Francia y le hundieron flotas enteras, por lo que ese país no pudo proteger sus extensos dominios en este continente. Los colonos británicos, como se ha dicho, sobrepasaban el millón; los franceses apenas llegaban a sesenta mil.

La guerra en Norteamérica se decidió en mayo de 1760, al llegar una gran flota británica con todo tipo de pertrechos de guerra, entre ellos los mayores cañones del mundo, casi todos prusianos. El mariscal Jeffrey Amherst, comandante en jefe de las tropas británicas integradas en su mayoría por soldados y milicianos angloamericanos, o sea futuros estadounidenses, sitió a Quebec con tres ejércitos y el gobierno de Nueva Francia se retiró a Montreal. En septiembre, el nuevo gobernador, Marqués de Vandreuil, entregó Canadá y los territorios al este del Mississippi a los británicos, pero las hostilidades en Europa se mantuvieron por dos años y medio.

Por el Tratado de París del 10 de febrero de 1763, Prusia obtuvo Silesia y el Imperio Británico, casi todas las posesiones francesas en el mundo: Canadá, los territorios del futuro Estados Unidos que van del Mississippi a las Appalachias --con excepción de New Orleans--; Dominica, Granada, San Vicente y Tobago, Menorca en el Mediterráneo, Senegal en Africa y sus colonias en India, con excepción de cinco plazas estratégicas. Inglaterra devolvió a Francia las islas de Guadalupe y Martinica. España, aliada de Austria y Francia, evacuó el norte de Portugal, aliada de Prusia, y recuperó La Habana, ocupada por los británicos, a cambio de la Florida, que volvería a ocupar unos años después. España además obtuvo la Luisiana, aunque por muy poco tiempo. Gran Bretaña se convirtió en el imperio más poderoso del mundo y Francia perdió casi todo el suyo.

Estados Unidos se vislumbraba ya como república imperial con trece colonias, dos territorios --Vermont y Maine-- y las tierras francesas al oeste de las Appalachias y este del Mississippi, que eran tan extensas como las trece colonias y formaron sus primeras posesiones imperiales.

La Gran Guerra por el Imperio fue peleada, en más de un 90%, por soldados y milicianos angloamericanos, nacidos en lo que después se llamó Estados Unidos de América, aunque casi toda la oficialidad era británica. Fue la guerra de un millón de norteamericanos de ascendencia, sobre todo, británica, apoyados por las tribus nativas más guerreras que pertenecían a la Confederación Iroquesa, contra sesenta mil canadienses y norteamericanos de ascendencia francesa, apoyados por todo el resto de la población nativa que era, sobre todo, pacífica.

Su ambición sería, unos años después, la independencia, la creación de su propio imperio para dominar otras tierras más allá de sus fronteras y, eventualmente, al mundo. Nada ha cambiado desde mayo de 1754… masacres, sangre, invasiones, bombardeos, auto-atentados, sanciones económicas, guerra bacteriológica, magnicidios, terrorismo, insolencia. La esencia del Imperio es la guerra y su proteína, la sangre.

TERRORISMO BACTERIOLÓGICO

Al concluir la guerra comenzó la Rebelión Pontiac, dirigida por el cacique Obwandiyag, de la tribu Otawa, conocido como Pontiac, quien se opuso a la ocupación británica en la región de los Grandes Lagos y con mil combatientes de varias tribus atacó, en mayo de 1763, al Fuerte Detroit, aunque sin éxito; pero después venció a los británicos en la Batalla del Curso Sangriento (Bloody Run Battle).

Unas semanas después, para crear el terror, el mariscal Amherst decidió asesinar en masa a la población autóctona mediante el terrorismo bacteriológico.

Durante el sitio de los combatientes de Pontiac a Fort Pitt, cercano a la actual ciudad de Pittsburgh, los británicos y angloamericanos infectaron con el germen de la viruela cientos de frazadas y se las entregaron a la población civil causando la muerte de muchos, sobre todo niños y mujeres.

Ése fue el inicio de una estrategia que el imperio yanqui ha seguido al pie de la letra: asesinar a la población civil para aterrorizar a los combatientes enemigos que pelean de frente. Filipinas, Dresde, Tokio, Hiroshima, Nagasaki, Corea, Vietnam, Irak y Libia serían ejemplos famosos de esa cobarde monstruosidad.

La Rebelión de Pontiac logró que el rey Jorge II firmara la Proclamación Real de 1763 por la que el Imperio Británico reconoció los derechos de la población nativa a sus tierras y demás posesiones al oeste de las Appalachias, y a respetarlas en los años futuros.

Una de las razones principales que tuvieron Washington y los “padres fundadores” para luchar por la independencia, unos años después, fue la de derogar ese edicto para expulsar a los nativos de las tierras en las que habían vivido sus antepasados por más de 20,000 años, desde aquellos tiempos en que aún el planeta estaba cubierto, en parte, por los inmensos hielos de la cuarta glaciación.

Esa violenta expulsión se comenzaría a efectuar en el gobierno de George Washington, se aumentaría en el de Thomas Jefferson y alcanzaría su cénit en el de Andrew Jackson, en lo que sería conocido como el Indian Removal Act –Acta de Remoción de la Población Nativa— y su trágico efecto, el Trail of Tears –Sendero de Lágrimas— en el que fueron asesinados decenas de miles de niños, ancianos, mujeres, y hombres adultos, y millones de seres humanos perdieron el país en el que habían vivido toda su vida.

A partir de 1763, el Imperio Británico protegió la vida y la hacienda, actual y futura, de la población nativa. El gobierno imperial de Estados Unidos significó para ella el despojo, el hambre, la explotación, la tortura, el encierro, la enfermedad y la muerte ☼


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Carlos Rivero Collado


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