El fin del espionaje

A lo largo de su larguísima historia de conspiraciones y acciones encubiertas para derrocar gobiernos, arruinar empresas y apoderarse de las riquezas de los países, el espionaje ha echado mano de las más diversas e inimaginables medios de intrusión y ataque, convirtiéndose en la última División Estratégica de todo el arsenal de agresión con que cuentan los Estados contemporáneos para alcanzar sus objetivos de protección de su seguridad interna, favorecer a sus aliados estratégicos y atacar los intereses de sus rivales y enemigos dentro de su propio territorio y fuera de el; lo que produjo no pocos enfrentamientos políticos y militares pero que, en la mayoría de los casos se resolvían con la mayor delicadeza en un intercambio de prisioneros en un puente fronterizo o una liberación concertada, teniendo a un tercer país como garante; salvo los casos de los espías nacionales, tachados de traidores que, desde las largas sentencias de prisión, incluso, la cadena perpetua hasta la pena de muerte.

Hace ya mucho tiempo que la actividad del espionaje dejó de ser una labor de agentes estatales asociada a la conspiración política y a la guerra entre Estados o fracciones dentro de un mismo Estado, para convertirse en una actividad que engloba la totalidad de la vida de una Nación y su gobierno, especialmente, lo relativo a la situación y proyección de su economía, sus alianzas estratégicas con otros Estados u organizaciones internacionales, el estado de sus movimientos sociales y partidos, los liderazgos y su incidencia en el escenario nacional y hasta las referencias personales y familiares de las elites con mayor nivel de decisión en el escenario nacional o que pudiera a futuro tener influencia en el mismo: todo ello con el fin de visionar a 20, 50 o más años, un escenario estratégico que permita prevenir el curso de su comportamiento como aliado, rival y enemigo y, como consecuencia de ello, producir los hechos políticos, económicos, tecnológicos y militares necesarios para neutralizarlo, incorporarlo a su esquema estratégico y atacarlo económicas, tecnológica y militarmente para modificar el cuadro de Poder y ponerlo en favor de sus intereses.

Desde la simple fuente humana que realiza la observación visual, la escucha discreta, el dibujo y la anotación sobre un objeto persona o hecho relevante, el espionaje ha ido escalando en su inagotable capacidad creativa para la recolección de información y de medios de intrusión y ataque, ayudado por el desarrollo científico técnico a partir de la segunda mitad del siglo XX, la cual ha permitido incorporar a la robótica, la computación, el satélite estacionario , la telefónica inalámbrica y tantos otros medios de recolección no autorizada de datos de interés de la potencia espía que, a diferencias de los antiguos instrumentos del espionaje clásico, ya no necesita tanto de la fuente humana, porque esa tecnología recorre distancia superlativa, penetra a lugares aparentemente inexpugnables, cantidades superlativas de datos de manera instantánea, ordenada y encriptada; las cuales serán sometidas al estudio, no del “ojo clínico” de es experto, sino de otras máquinas que decodificaran su contenido, lo asociaran con otras informaciones y podrán hacer un perfil de la persona buscada o una organización social, política, religiosa o étnicas o, el diseño de un mapa de comportamiento de hecho, proceso o fenómenos previsto o previsible, con posibilidades de afectar favorable o desfavorablemente el interés de una potencia o grupo de ellas.

Como era previsible, el espionaje, al dejar la figura del espía solitario, la fuente humana y el uso de los sentidos, habilidades y destrezas de sus agentes, convirtiéndose en una maquinaria tecnológica que articula a miles de personas y medios tecnológicos ubicados en cielo, mar y tierra, trabajando ininterrumpidamente las 24 horas del día y, abarcando ya no solo a individuos o lugares, sino la totalidad del espacio terrestre, irrespetando soberanías, traicionando amistades, lesionado lealtades; fue generando sus propios contradicciones, descubriendo sus bases, sus fuentes, sus medios y sus objetivos, hasta tener que asumir, como cínicamente lo acaba de confesar el presidente de los Estados Unidos de América, Barack Obama al afirmar que : “Todos los países espían….”.

De allí que las confesiones del general Keith Alexander, Director de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA por sus siglas en inglés) de los Estados Unidos, ante el Comité de Espionaje de la Cámara de Representantes de ese país, de que, efectivamente esa Agencia de Espionaje había colectado 30! Millones de Megadatos de España, en un solo mes, pero que tales informaciones le fueron suministradas por las propias agencias de ese país, pero, más grave aún, la difusión por los diarios El Mundo de España, The Guardian, del Reino Unido y Blind, de Alemania de las filtraciones del expespía de la ANS, Eduard Snowden, confirman que la actividad de espionaje de los Estados Unidos de América y sus aliados de la OTAN y otros del centro capitalista mundial, es una actividad definitivamente global, para la cual reclaman la legalidad y legitimidad de una actividad calificada en todos los países como acciones criminales castigadas con severas penas de prisión e incluso, de muerte, con el fin de apoderarse de todo el patrimonio informativo privado, social y, especialmente público, de los Estados y, de esa manera, reforzar la estrategia de reconquista y control mundial que el imperialismo norteamericano y sus aliados están desarrollando con el fin de preservar su hegemonía y salvar al sistema Capitalista de su actual crisis terminal.

Con ello, el espionaje de las grandes potencias pretende perder su condición criminal y de instrumento de agresión contra soberanía y la seguridad de los Estados para convertirse en una actividad legítima y legal más de la guerra de quinta generación que ya se encuentra en su fase inicial de desarrollo y cuyo objetivo estratégico es revertir la condición soberana de los Estados Nacionales y someter sus recursos al interés de las grandes corporaciones financieras e industriales de las potencias capitalistas, convirtiendo a los pequeños y medianos Estados en instrumentos de su reconquista mundial y recolonización política, económica y cultural, por lo que los Estados fuera del centro Capitalista mundial que dirige los Estados Unidos de América, en alianza con las otras potencias mundiales; deben asumir la tarea de frenar este nuevo intento de construcción del Estado Global, de desarrollo de la recolonización mundial y de legitimación de una actividad criminal que atenta contra la Independencia y la soberanía de los pueblos y el Derecho a la Privacidad de toda la Humanidad.


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Yoel Pérez Marcano


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