Si el sombrero no le queda, no se lo ponga camarada

Uno de los aportes más importantes de Aporrea.org es, sin duda alguna, permitir el debate abierto sobre cualquier tema. Yo particularmente leo con detenimiento y respeto las confrontaciones dialécticas que a diario se presentan en este espacio. Cuando tengo que opinar lo hago libremente y sintiéndome como si estuviera en la sala de la casa de un amigo discutiendo sobre la realidad nacional… o en El Maní… o en El Gran Café de Sabana Grande… o en los Palafitos de Santa Rosa de Agua o en Santa Lucía, en Maracaibo. Pero, tanto en esos lugares como en Aporrea, expreso mi pensamiento haciendo uso del precepto revolucionario de la libertad… además respetando las posiciones contrarias y esperando respeto para las mías, porque no participo en discusiones en las que sienta que se me irrespeta mi credo. Ahora, lo que si es cierto es que cuando hablo o escribo, como expresión pública de mi pensamiento, lo hago asumiendo cada palabra de lo que digo y cuando critico a alguien o algo lo hago de manera directa y abierta, es decir… mi verbo tiene talla, no es unisex, ni se amolda a cualquiera, como la ropa elástica. Se parece más bien a la zapatilla de la Cenicienta, que solo le queda a ella.

Digo esto, porque cuando publiqué el artículo de opinión "Se vende título de periodista… precio negociable", varias personas me escribieron para reclamarme por qué atacaba al camarada Mario Silva, quien por cierto también comentó el artículo asumiéndose aludido. Debo reconocer que el comentario fue muy respetuoso y eso se lo agradezco porque, es verdad que somos amigos. Pero recuerdo que en el texto sólo menciono a Berenice Gómez y a Carlos Fernandes. No quise nombrar directamente a quienes específicamente escribí esas reflexiones porque hubiera extendido demasiado el texto que ya tiene siete mil caracteres. De hecho, tuve que llevarlo a la mitad para poder enviarlo al periódico para el que escribo dos veces por semana, ya que su extensión no permitía la publicación. Pero en virtud de la polémica, quiero que sepa el camarada Mario Silva, que el articulo fue dirigido entre muchas otras personas, por ejemplo a Leopoldo Castillo, que sin ser periodista usurpa ese papel para mentir descaradamente; a Napoleón Bravo que de locutor de farándula pasó -de la noche a la mañana- a ser periodista estrella… y demás está hablar del daño que hizo; a Marcel Granier, otro que a cuenta de dueño de medio se autoproclamó periodista para envenenar la conciencia de los venezolanos; a Eladio Lares, quien bastante explotó la miseria de la que era cómplice con el programa "Alerta". A Juan Carlos Fernández y otro grupo de aparecidos quienes han contratado espacios en la televisión zuliana y se hacen llamar periodistas para lanzar sus candidaturas a cuanto cargo público se les presente. Al tipo que hace el burdo reportaje "La calle y su gente" en Globovisión, de quien ni me interesa su nombre y que como bien lo ha bautizado el poder creador del venezolano debería llamarse "Lacayo y su gente". Sin hablar del sinfín que, como Penzini Fleury hacen lo mismo en las emisoras de radio de Caracas y el resto del país. En fin, me referí a un número bastante grande de falsos periodistas a los que, si el Estado no pone coto, va a tener que ponérselo el pueblo.

Además no entiendo, por qué si en el mencionado artículo defiendo a los medios alternativos y a quienes los hacen, el camarada Mario no se identificó con ellos. Si mal no recuerdo, vos venís de allí hermano... de los medios alternativos como Aporrea. Pues yo también y de eso me siento más orgulloso que de ser periodista. Yo egresé de una universidad con una mención extraña llamada "Desarrollo Comunal" y de eso hace quince años. Tengo estudios de cuarto nivel en lo que llaman "Comunicación no contingente", en sencillo: la comunicación al margen de los medios. Es decir, estudié para hacerme periodista alternativo y no envenenador de conciencias, ni divo. Fui director de la Radio Comunitaria "Coquivacoa" de Maracaibo y he trabajado muchas veces con los hermanos de ANMCLA, de quienes me siento parte. Es decir, soy y siempre he sido defensor de los medios y comunicadores alternativos. Soy de los que cree que la comunicación no es de exclusiva potestad de los periodistas, sino un derecho humano universal… por cierto reivindicado en esta revolución. Pero eso no me obliga a proponer o a avalar la usurpación de las profesiones... y el periodismo es y debe seguir siendo una profesión para estudiar. Creo en las revoluciones culturales y creo en la universidad como creía Jesús Enrique Lossada y como cree Fidel… no en la universidad actual, sino en la de verdad, en la que tenemos que ayudar a construir en Venezuela... en la que construyó Cuba. No en vano, la revolución cubana tiene como uno de sus grandes logros, que más del noventa por ciento de la población es universitaria. Por eso acompaño al Comandante Chávez en su empeño por impulsar la escolaridad… porque el deterioro no es culpa de la escuela, sino de quienes la pusieron al servicio del Imperio. Nuestro esfuerzo debe ser por rescatar su esencia y no por eliminarla. Por eso la Misión Sucre y la Universidad Bolivariana, que -para responderle a Rubén A. Pérez P- con todas sus fallas, deben seguir adelante hasta consolidar una estructura universitaria verdaderamente revolucionaria. Entre tanto tenemos que trabajar para rescatar las Universidades Autónomas… porque, prejuicio sería -camarada Pérez P.- seguirlas dejando en manos del enemigo… prejuicio -bastante peligroso por cierto- sería, promover la corriente que, mientras menos se estudie más revolucionario se es. Yo sé que de la universidad no se sale erudito, pero la tesis de que la calle es la mejor escuela me parece una excusa bastante neoliberal. Así que, camarada… si usted cree que el sombrero no le queda, pues no se lo ponga que no es para usted.

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Darvin Romero Montiel


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