El fascismo semántico

Una vez más, me permito reproducir un artículo de opinión que extraje de un excelente ejemplar titulado EL LIBRO DEL BAÑO, cuyo autor es el ilustre JOSE FONT CASTRO, el cual se encuentra inserto en las páginas 252 y 253 y es del tenor siguiente: "El mundo se volvió ambidiestro.- Políticamente hablando ¿pertenece usted a la derecha o a la izquierda? Difícil respuesta, pues en estos finales de siglo todo anda patas arriba y ya no se sabe de qué lado está cada cosa. Lee uno en la prensa que los sectores ultra-derechistas de la antigua Unión Soviética –o sea los pocos comunistas que aún quedan- se oponen a los cambios propuestos por Boris Yeltsin. Se oponen, en otras palabras, a la implantación del capitalismo y propugnan porque las cosas sigan como estaban. Y uno queda loco. ¿Acaso los comunistas no representaron tradicionalmente a la izquierda y los capitalistas a la derecha? Un comunista irreductible, como es Fidel Castro, se menciona ahora como ultra-derechista. Y para confundirnos aún más, los conservadores europeos, con el señor Le Pen a la cabeza, proclaman que después del comunismo el futuro es propiedad de la derecha. ¿De cuál derecha –se pregunta uno- de la que se opone a los cambios en Rusia, de la de Fidel, Reagan y doña Margaret Thatcher?

En el agonizante reinado de Luis XVI, poco antes de que su cabeza rodara bajo la guillotina, esos términos –que allí nacieron- no establecían grandes diferencias. Se referían exclusivamente a un asunto de protocolo; a la colocación de las personalidades que acompañaban al monarca en los actos públicos. A su diestra se sentaba el clero y a su siniestra la aristocracia. Y allá abajo frente a ellos la burguesía, que llamaban peyorativamente "derechistas" a los curas e "izquierdistas" a los nobles. Cuando a raíz de la revolución esa burguesía se encaramó en el poder y se constituyó en asamblea popular, situarse a la derecha o a la izquierda de quien la presidía tuvo otro sentido. Fue una manera de votar. Quienes estaban a favor de tal o cual cambio. Y los que no, a la derecha. De un lado pues, estaban los revolucionarios y del otro los conservadores. Y ese es el moderno sentido semántico de esta terminología.

La revolución de Octubre polarizó aún más esos conceptos, los cuales se radicalizaron durante la Segunda Guerra Mundial con la insurgencia de una derecha activa, expansiva y agresiva que personificaron Hitler y Mussolini y sobrevivió varias décadas más a través del General Francisco Franco. Los tres se erigieron en defensores de los valores de la civilización occidental, amenazados, según ellos, por el comunismo. Pero en vista de que el remedio parecía ser peor que la enfermedad. Churchill y Roosevelt –huelga decir que insospechables de izquierdismo- tuvieron que aliarse con el santón de las izquierdas, José Stalin, para derrotar al nazi-fascismo, un enemigo que a la postre resultó ser común para todos. Y ahí los términos empezaron confundirse. La URSS era la izquierda. El Eje –Alemania, Italia, Japón y España- era la derecha. ¿Dónde quedaban entonces USA, Gran Bretaña y Francia? Digamos que en medio, en el centro, entre tanto se reivindicaba (mediante fumigaciones) el espacio de la derecha. Esto se hizo poco a poco y alcanzó su apoteosis durante el reinado del tándem Reagan-Thatcher. Hasta entonces ser derechista era un tanto vergonzante. Se asociaba a las dictaduras, al clero y al dinero. Lo moderno, lo avanzado, lo intelectual, lo snob era ser de izquierdas. Tan fue así que hasta hubo curas y millonarios que se pasaron de bando. Pero ahora, después de la caída del comunismo, ¡lo que avergüenza es ser de izquierda!

Sí, las cosas han dado un giro 180 grados. Y es por ello que a estas alturas, después de tantas volteretas que ha dado la historia en los últimos años, seguir hablando de derechas e izquierdas equivale a usar una terminología política y semánticamente aniquilada. En ese sentido el mundo se ha vuelto rabiosamente ambidiestro, pues la división dejó de ser vertical para volver a ser como en los tiempos de Luis XVI: horizontal, ente los de arriba y los de abajo. Entre ricos y pobres. Como siempre." Confieso que historias como esta, es lo que esta juventud moderna, necesita leer para que se vayan formando su propio criterio.



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Ysaac Jacobo Mosqueda

Representante de la Fundación Por La Dignidad de Aragua. Luchador Socialista. Militante del PSUV. Miembro de la vieja vanguardia del MBR (Paracaidista 76-86).

 yjmosqueda@gmail.com      @ysamosqueda

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