Alimentación. La maldición de la grandeza

La concentración del poderío en pocos grupos, surge con el empleo de grandes monopolios de producción. Nos proponen una nostálgica retirada, una vuelta a la familia como genero de producción alimentaría.

La proposición se hace posible, por el hecho de la sobre vivencia básica, con la familia se puede lograr mejoras en la eficiencia, y la practica pura del socialismo, considerando que el mejor ejemplo socialista, es la actividad familiar. Así la familia volvería a ser la unidad básica de la producción social

La descentralización de grandes trasnacionales, organismos económicos, multinacionales, no se está dando asumiendo los problemas económicos por el alza del petróleo y sus derivados y por la baja del dólar, afectando al desempleo y la quiebra de estas empresas, para evitarlo se están fusionando, petroleras, biotecnológicas, alimenticias y automotrices, para sostener la maldición de la grandeza. Ahora un ataque a la maldición de la grandeza, no necesariamente presagiaría una mejor eficiencia técnica a las unidades de producción pequeñas, estas pueden ser técnicamente tan eficientes como las grandes, pero esta solo se sostiene en términos específicos.

Es verdad que ahora lavamos la ropa mecánicamente en casa, y muchos adelantos ayudan al hogar e individualmente y colectivamente en la educación, la información, la salud, al mismo tiempo también es cierto, que las operaciones grandes, no se pueden realizar en unidades familiares. Suministrar a cada familia, el equivalente en miniatura de la industria textil, del mueble, de la construcción, de la agricultura, automotriz, por mencionar algunas cuyos productos se consumen en familia, y que anteriormente eran producidos por grupos familiares, resultaría mucho mas costoso volver a los métodos manuales, considerando los servicios públicos necesarios en la interacción con la producción, mas todas las operaciones de la industria pesada, que también utilizan la luz, el transporte, ferrocarriles, y otras fabricas, necesarias para el abastecimiento logístico de algunos productos manufacturados.

En la actualidad no es posible, con todos los adelantos tecnológicos, que la familia se convierta en unidades de producción de cualquier artículo básico, con los monopolios liberales existentes. Lo cierto es que para conservar un pequeño negocio familiar, se depende en gran medida de otras estructuras y estas de otras, lo que acarrea especulación y manipulación, imaginen para conservar una granja agrícola pequeña, cuyo agricultor, utilice los servicios necesarios para su labor, sin subsidio, combustible, agua, luz, transporte, bodega, mercado, sea con el comunismo o el socialismo, habrá que crear grandes unidades de producción interdependientes entre si, despoblando las ciudades, si realmente queremos superar la maldición de la grandeza, creando dependencia entre la industria y el comercio de la ciudad, con la producción agrícola y social de las zonas rurales.

La actividad agrícola, debe ser sostenida por el gobierno, pero debe ser descentralizada y en manos de expertos, no de políticos. Directamente, en todos los pasos de su labor, desde la siembra hasta la venta al consumidor final, el proceso debe ser campesino, pasando por alto a los aficionados que todo lo saben, sin haber aprendido nada, pero que por sus cargos directivos, toman decisiones que involucran equivocaciones políticas, similares al neoliberalismo, beneficiando al intermediario del transporte, menospreciando al colectivo y al productor.

Los soviéticos en la ex URSS, llegaron mucho más allá del punto de eficiencia técnica, en la agricultura. No trataron de producir el máximo de alimentos por granja, pero si tomaban todos los alimentos para llevarlos a las zonas industriales. Bajo el actual sistema capitalista, de esta Rusia, gran parte de lo que el terrateniente produce, se pierde con la especulación, y sistemáticamente cansan a la tierra envenenándola con agro tóxicos.

El campesino debe volver masivamente al campo, con incentivos del gobierno central, con proyectos socialistas macros, así la zona rural adquirirá mayor estabilidad, tornándose democrático, de manera que el incremento de la cantidad total de siembra, con calidad total desde la cosecha hasta la venta, produzca beneficios sociales y pueda provocar el retorno en masa de los trabajadores al campo, y el cese de todo avance en la aplicación de la tecnología del capital.

Los sistemas actuales capitalistas, han amasado grandes concentraciones de poder sobre la producción alimenticia, “la maldición de la grandeza”, no es, en beneficio de la mayor producción agrícola o de la colectividad, ni siquiera de la eficiencia natural, solo privilegiando pequeños grupos exportadores, dueños de los monopolios de distribución de insumos agropecuarios. Es necesario reducir esos monopolios sin perdida de tiempo y sin perdida de eficacia, ese es el punto.

Muchas zonas de producción agrícolas deben seguir siendo grandes, pero en manos colectivas, no del individuo, heredero del hato. El mando del heredero propietario ha fracasado y desaparecido en todo sentido ético, moral y para todo fin productivo social, beneficiando el individualismo y el egoísmo, implantándolo con muchos pretextos y verdades del sistema capitalista, inevitable consecuencia de los imperios y sus formas anárquicas de las monarquías feudales. Este mando perdido, no se puede recuperar atacando el colectivismo, históricamente denigrado por el patrón, ni recitando canciones, contra las confabulaciones del mismo sistema neoliberal corrupto e individualista.

Debe concretarse la abolición feudal y terrateniente masificando la agricultura, los campesinos deben ser quienes aporten con soluciones a la problemática alimentaría, el proyecto debe considerar que el colono sea el productor y distribuidor de su producto, pasando por el transporte y el almacenamiento, solo así se frenara la especulación, para darle cuerpo a la seguridad alimentaría, antes de pasar a la soberanía alimenticia, no al revés. Para lograrlo se requiere controlar el costo del transporte, este aumenta a medida que las personas se separan de las comunidades agrícolas, los transportistas se vuelven especializados mezclando su actividad y su conocimiento capitalista, desde y hacia donde deben transportar los alimentos, surge la especulación, luego el acaparamiento, formándose las sociedades individuales, a los fines colectivos.

La comunidad debe bastarse a si misma, cubriendo la demanda alimenticia, asignándose todas las actividades del proyecto agroindustrial, en vez de buscar actividades especificas y limitadas, ajenas a su responsabilidad agrícola.

rcpuma061@yahoo.com




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Raúl Crespo


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