¡Desde aquel 13 de abril!

Preguntémonos ¿que hemos avanzado? Hoy trece de abril, 6 años después, la oligarquía sigue vivita y coleando, manteniendo una capacidad de ataque mediático reforzada y mejor estructurada, escogiendo estrategias que no se conforman con el efecto inmediato, si no que van a lo mas peligroso, mantener su efecto en el tiempo y en búsqueda de reacciones, que por un lado debilitan el proceso y, por otro refuerzan su posición antinacional y anti pueblo.

En el plano ideológico, se pretende hacerlo de manera virtual y dispersa. Por ejemplo el trabajo que hace el comandante Richard Izarra(sin desmeritar la intención), se diluye en escenarios cerrados, en ruedas de prensa y acompañado por gentes que se creen los todo omnipotentes sabios del tema. Siempre están las mismas caras, con los mismos argumentos y las mismas manías y costumbres, solo hablan de y del pueblo cuando comentan sus hazañas aisladas. El contacto con ese pueblo lo hacen cuando sienten la necesidad de pedirles un favor u usarlo para asuntos que tienen mas que ver con lo personal o con lo grupal. Si alguna vez logran cuajar en inicio de alguna acción reivindicativa, se convierten en los indispensables. No permiten que el pueblo tomen decisiones por iniciativa propia. Si lo hacen se molestan y empiezan las acusaciones habidas y por haber. Convierten el accionar del proyecto en torno a su única y exclusiva dirección. Solo éllos tienen la capacidad de vislumbrar lo que se debe hacer y lo que debe pasar. Luego se atribuyen el merito y potestad de todos los logros. El pueblo, solo colaboró y obedeció. No es invento, es una cadena de experiencias vividas y guardadas como muestra de lo anti pueblo que puede ser una elite revolucionaria toda sabia y paternalista.

Desde ese 13 de abril del 2002, todos los sectores que decimos ser revolucionarios, debimos haber emprendido una campaña permanente, directamente en el seno del pueblo, impulsando su nivel de conocimiento de las realidades que le rodean, apoyándolos en sus luchas reivindicativas, al margen de las dadivas mediatizadoras e individualizantes, impulsando sus creatividades innatas, permitiéndoles el desarrollo de sus facultades, aun por encima de los necesarios errores. Las plazas publicas debieron convertirse en centros públicos de discusión y promoción de la ideología. El aire acondicionado y las cuatro paredes con luz artificial, no permite el acceso del pueblo a los procesos de aprendizaje de su verdad ideológica. Para el pueblo, esos son predios de sus enemigos elitescos y sectarios, que se encierran para que no se sepa que dicen y que hacen. No se debe seguir subestimando la capacidad de comprensión y de respuesta del común popular. El ideólogo, solo debe ser instrumento, debe orientar y guiar el arranque, luego debe liberar las iniciativas y apartarse. Cuando el pueblo de muestras de poder caminar por su propia conciencia, las orientaciones a seguir después de esta etapa, han de nacer producto de la discusión abierta, donde los aportes colectivos sean la constante, no imponiendo criterios a priori y por creer saber que se sabe mas lo que les conviene. Se debe hacer observaciones por los posibles errores, mas si persiste la decisión autónoma, debe acompañarse la acción para sacar la experiencia del aprendizaje después de fallar y no convertirse en una maquinita de acusación. lo importante es hacer ver, que se falló actuando y no por inacción. La humildad es básica, sin ella no hay confianza para la interrelación. El cobro de honorarios por este deber, solo demuestra que no se cree de verdad en lo que se hace o se quiere hacer. El ejemplo es la mejor enseñanza, al pueblo hay que estimularlo en la fe de sus capacidades y posibilidades, a partir de la organización colectiva y lo conveniente de las batallas colectivas, por interese colectivos. Solo así haremos una revolución. Quien pretenda hacer una revolución de carácter clasista sin la participación del pueblo organizado y o pensante, no sabe en verdad lo que busca o, solo quiere engañar. Si la revolución no tiene el carácter de clase, no es revolución, es solo el peligroso reformismo, que quiere mantener las cosas como están; dándoles apariencia de cambio sin cambiar ( una ilusión mediatizadora) lo que a la larga es mas dañino que lo que estaba.

Entonces la tarea es en la calle, sin un caudillo súper sabio, repetidor de discurso y elitizador de conciencias. Para concientizar de verdad es necesario hacerlo desde la calle misma, a partir de la realidad y su comprensión. Las plazas nacieron para eso. Para ser centros públicos de encuentros de saberes y conciencias populares y para orientar lo necesario a partir de allí. Pero con el pueblo como protagonista, no como expectante mudo y sin ideas. No aporta mucho el discurso temporal y lejano. El contacto directo y continuo, es la verdadera escuela. ¿ lo asumimos?

javiermonagasmaita@yahoo.es


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Javier Monagas Maita


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