Socialismo en los social, capitalismo en lo económico

El capitalismo es la base material de las clases privilegiadas, de los privilegios; es difícil sobre esa plataforma  construir el socialismo.

Hay dos cosas distintas dentro de la propuesta de (tratar de) desarrollar una economía socialista con empresarios privados. Una es invitarlos a trabajar para el beneficio de toda la sociedad, respetando normas; y otra es trabajar con sus reglas (dentro de la lógica del capital). Con relación a la primera, el respeto de normas y regulaciones para la ganancia y el mercado no tienen que ser ni siquiera dentro del estricto control  socialista, solo el respeto de normas y control de la ganancia, sin embargo la naturaleza de la actividad empresarial privada, las demandas de libertades económicas, es decir, la actividad capitalista (el gobierno se cuida de decir que son empresarios privados capitalistas… pero no hay de otra clase) no permite controles, no obliga al empresario a respetar controles, es libre, pero libre de todo, incluyendo de los nacionalismos. Sin un empresario no obtiene sino las ganancias a que lo obliga el Estado socialista se va, y si se queda se ancla en ese territorio, las ganancias no les son suficientes para vivir como su par en otro lugar donde puede explotar a sus anchas. El socialismo limita la ganancia particular en favor de la sociedad y limita los sueños pequeñoburgueses.

No obstante, de lo que habla y no muy claro el gobierno es de, no solo trabajar, sino entregarle el mando de la economía productiva y el mercado, nacional y de importación y exportación, a los privados, mientras el Estado solo se limitaría a recibir su renta, su participación en los negocios mixtos y a “proteger al pueblo hasta que se “equilibren” los procesos económicos con las demandas sociales”. Con esto quiere decir, hasta que los empresarios dejen de ser capitalista y sean socialistas, o sea, NUNCA. 

Esta “protección” es lo que llama Maduro (no Chávez) “socialismo en lo social”, y consiste en aumentos de sueldos, de pensiones, el carnet de la patria, el cual es una solución personalista egoista, nada socialista, los Claps, el programa de Chamba juvenil, hogares de la patria, y no sé cuántas migajas más sacadas de la renta del petróleo. Este “ínterin” que duraría hasta que se “equilibre” la economía de mercado con las demandas sociales es lo que se conoce como “la mano invisible del mercado”. Pero esta mano invisible, más que invisible es inexistente. El equilibrio tan anhelado no llegará nunca sin una revolución socialista que tenga un Estado fuerte que, a nombre de toda la sociedad, controle toda la economía y sus procesos, que produzca riqueza para invertirla en beneficio de toda la sociedad y no sea ganancia de unos pocos privilegiados; usar la tecnología y el aparato productivo para satisfacer las necesidades de la sociedad en su conjunto y no para los lujos, estatus y poder de unos pocos.

 “Los tiempos en economía son más lentos, por eso hay que proteger a nuestro pueblo” dice Maduro. Ese tiempo que necesita la economía para alcanzar ese  “equilibrio” que él desea, se detiene en un solo momento suspendido de explotación y ganancias descontroladas hasta que lo rompa una verdadera revolución socialista, o se acabe el mundo.

La verdadera solución a los males derivados del capitalismo es  demolerlo por completo desde sus raíces espirituales hasta su base material. El capitalismo es uno solo y su expresión concreta está en la actividad empresarial privada, la propiedad privada de la ganancia y de los medios de producción. O dicho al revés, todo empresario privado trabaja  acumulando capital bien sea producto de la explotación del trabajo en el proceso de producción o especulando en los mercados o simplemente robando, como lo han hecho la mayoría de los empresarios nacionales, esquilmando la renta petrolera. No hay manera que esto pueda ser diferente ahora, y esto Chávez lo sabía (basta con escucharlo en el programa de Diosdado). Por eso decimos que al presidente Maduro “el tiempo no le da” para que él vea, junto a nosotros ningún equilibrio entre mercado capitalista y satisfacciones sociales, lo más probable es que haya un estallido social y un régimen de fuerza que lo controle, con su consecuente fascismo que dé garantías a los capitalistas para su permanencia en el tiempo; ese tiempo que sí rinde, el tiempo del fascismo.

Nosotros somos optimistas respecto al socialismo, a la economía socialista como sustento de la revolución espiritual, a los cambios socialistas, pero muy pesimistas con las propuestas de soluciones capitalistas (trabajar con los empresarios capitalistas) como base material de la “revolución” de Maduro. Esta situación de tensión continuará: las conspiraciones financiadas y apoyadas por los  mismos empresarios, los pactos y las entregas de cada vez más espacios, las privatizaciones disfrazadas, disimulados en diálogos. Preparémonos para lo peor, el tiempo y el dinero se acaba. Hay que volver a Chávez, ¡Capitalismo es traición! 



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Marcos Luna


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