¡Manos a la obra!

Cada día, salimos a las calles venezolanas y encendemos el motor de la lucha patriótica revolucionaria, que ilumina el andar en la casa de Bolívar. Sin embargo, el fuego mañanero hace que ocultemos nuestras profundas verdades. Muchas veces, nos acostumbramos a negar lo que sentimos por la presión social que infunde el trabajo, la familia y la sociedad en que habitamos.

Mentimos al dar los buenos días, y decir que todo está bien, cuando realmente todo está mal. Damos un fuerte apretón de manos y obsequiamos una agradable sonrisa, cuando quisiéramos llorar y contar con una mano amiga que escuche nuestros problemas. Nos encanta rodearnos de personas y fingir interés común, cuando deseamos reflexionar en soledad y en absoluto silencio. Lo más triste, es que creemos hacer lo correcto, al encarar la vida reprimiendo nuestras emociones, sin pensar en las consecuencias de seguir enalteciendo esa mentira.

No importa si te encuentras visitando los Medanos de Coro. Ahogando las penas al ritmo del calipso, o fotografiando el gran Mural de Ciudad Ojeda. Estas palabras jamás se las llevará el viento, porque invocan la sátira del romance griego y de la traición romana. Toda esa confusión, es razón suficiente para caer presos de las garras que afilan la indiferencia social, ambiental y cultural. Algunos compatriotas pasan el tiempo viendo los antivalores que transmiten los medios privados nacionales, escuchando la politiquería que relata un taxista bajo la lluvia, o inventando llamadas por el celular que nunca existieron. Además, lidiamos con la sagrada luz del vandalismo, la criminalidad y la inseguridad, que no se cansa de acechar la mente de una gran paranoia llamada Venezuela.

En un abrir y cerrar de ojos, nos convertimos en seres conspiradores de nuestra propia vida. Odiamos mostrar debilidad ante los demás. Recuerda que debemos ser francos al expresar nuestras emociones, sin ofender ni dañar al prójimo, pero tampoco escondiendo lo que sentimos y razonamos durante una situación generada. De allí, que es importante rescatar el Sentido de pertenencia, visto como la necesidad que tiene cada individuo de sentirse con alegría dentro de un grupo social, una institución o comunidad. Buscando priorizar los valores afectivos que debería inculcar la familia, y que tendrían que afianzarse en el entorno. Así, la ciudadanía es capaz de fomentar saberes éticos, morales y ecológicos, en la cotidianidad de las actividades laborales, académicas y hogareñas que enfrentan a diario. Lo que permite establecer un clima de respeto, tolerancia y empatía entre todos.

El problema, es que el Sentido de pertenencia es corrompido frecuentemente, debido a la forma y el fondo del venezolano. Entre despidos injustificados en las empresas, la violencia de los padres en contra de sus hijos, la hipocresía que se vive en las calles, la televisión basura en alta definición, el frenético tráfico vehicular de las autopistas y el maltrato animal que escenifican los toros coleados, obligan a pagar los platos rotos con la primera persona que se cruce frente a tus ojos. Aunque después sientas un claro remordimiento, que no siempre encuentra de nuevo a la inocente víctima. Por eso es vital obrar bien, sin esperar la retribución de la gente. Se trata de un proceso abstracto de reflexión personal que debe aflorar una conciencia social por adoptar.

Una gran forma de cultivar el Sentido de Pertenencia, es practicando un estilo de vida pacífico que no perjudique el caminar de otros. Cuida los espacios públicos y de sano esparcimiento, como las plazas, parques y playas. No esperes el atardecer, para mirar de frente al Sol. Evita le ingesta de bebidas alcohólicas que destruyen la razón. Ayuda a quien nadie ayuda. No dejes que el sentimiento de venganza y desquite, se convierta en tu principal carta de presentación. Colabora en tareas de reciclaje junto a las comunidades, y rechaza alimentarte del chisme que comparten los pueblos.

Para lograrlo, debemos perdonar el pasado y custodiar el presente que vivimos. Pero, la inexcusable pregunta ¿Realmente existe el tiempo presente? Todo lo que ves, escuchas y sientes, ya habita en el pasado, por el simple hecho de que ya lo viste, sentiste y escuchaste. Es un pasado reciente, muy cerca de la realidad actual, pero que nuevamente se convierte en pasado, porque acaba de ocurrir y no hay señal de retorno. Parece que tan sólo tenemos un pasado reciente en nuestras manos, y el incierto futuro por descubrir en cada decisión que tomamos. Es desesperante, pues necesitamos aferrarnos a este momento, que nunca deja de ser un suspiro del ayer.

Estas palabras reflexivas que usted está leyendo, ya son parte del pasado reciente, porque las acaba de leer y apenas falta saber el final de la historia, que será el futuro por revelar. Pero absolutamente nada de lo que somos, queda atrapado en el tiempo presente. Mira el andar de las manecillas del reloj, aunque piensas estar viendo el presente, lo que observas es un pasado reciente, que nunca volverá, tal como sucede en los senderos benditos del alma. No te olvides que las horas, los minutos y los segundos, se los lleva esa implacable brisa veraniega que choca en las olas del riachuelo. Podrías ocultarte en un sueño inexplorado, en la retrospectiva del amor o en una pesadilla a blanco y negro, pero quieras o no, tendrás que tomar una decisión sobre el destino.

Es tiempo de cambiar y refrendar la dicha de ser venezolanos. Hoy es un gran día para autodescubrirnos y desnudar la incógnita del futuro. No importa lo que pienses, digas o hagas, porque cuando despiertes y te mires frente al espejo, seguro que hallarás la respuesta www.ekologia.com.ar

carlosfermin123@hotmail.com

 



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Carlos Fermín

Licenciado en Comunicación Social, mención Periodismo Impreso, LUZ. Ekologia.com.ve es su cibermedio ecológico en la Web.

 carlosfermin123@hotmail.com      @ecocidios

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