Clase obrera, campesinos, productores ¿Aceptan el reto?

Las nacionalizaciones de empresas que significan baluarte del capitalismo dependiente nacional no son un capricho,  tampoco una manera de atacar la economía nacional, menos aún hacer a Venezuela más dependiente de las importaciones; es simplemente la sincerización de las cosas desde el punto de vista de fortalecer la soberanía nacional, a la vez que se debilita al eterno enemigo del pueblo y de la nación. Y se le da cumplimiento al mandato constitucional de garantizar la soberanía y combatir los oligopolios. Jamás debemos sacar de nuestra mente el año 2002, 2003 y como el pueblo y el estado fueron acorralados por los empresarios maulas.

No se puede negar que el capitalismo criollo, en su interés de chuparle los recursos al estado, se ha convertido en una sanguijuela que poco a poco estaba matando al cuerpo del estado. En su loca ambición, ya hasta habían hecho que el estado venezolano asumiera sus deudas externas y las cargara sobre los hombros de los más golpeados y explotados, que no podían negarse a pagar lo que no habían adquirido. Para eso se impuso una ola de terrorismo de estado, por obra y gracias de unos gobiernos que defendieron siempre los intereses de los poderosos ladrones capitalistas que al tener en sus manos los aparatos de represión armada, no dudaron en ningún momento en usarlo contra los que paradójicamente estaban desvalidas. Masacres abiertas (el caracazo, el Porteñazo, el Carupanazo), muertes programadas (Cantaura, Yumare, el Amparo) muertes selectivas (Alberto Lovera, Jorge Rodríguez, Noel Rodríguez, Fabricio Ojeda, etc., etc., etc.)

En este momento, las bases de la revolución estamos exigiendo profundización: es decir los obreros, campesinos, clases medias, profesionales y técnicos, le estamos diciendo al presidente, cumpla con lo que prometimos. Eso significa, que le dé de frente al enemigo de clases, al capitalista explotador y sanguijuela. Pero esta acción necesita un compromiso serio y responsable por parte de las fuerzas productivas. No se trata de sustituir un patrón por varios patrones, se trata por convertirse en gerentes clasistas, administradores clasistas, en productores clasistas, en ser mas productivos, en el mismo tiempo y con la misma cantidad de materia prima, en abaratar los costos, en hacer que el pueblo en general, tenga acceso a los bienes y servicios necesarios para una vida holgada, para poder disfrutar del bienestar que promete la posesión de los medios de producción en manos de la clase trabajadora.  Este compromiso implica, una responsabilidad, ya no con uno  mismo, si no con el colectivo, con el país, con toda la clase obrera del mundo, es demostrar que se puede vivir decentemente, sin explotación, robo y discriminación, si derroche, en armonía con la naturaleza.

 No debemos creer que será fácil, nos pondrán tentaciones individuales, nos tacaran con esbirros contratados, nos acusaran de flojos, de fracasados, no vejaran la auto estima. Pero nuestra respuesta ha de ser siempre: más y mejor producción, hacer artículos y productos de excelente calidad, mayor esfuerzo, mayor compromiso y generar mayor bienestar social. Trataran de ahorcarnos económicamente, tal como en Cuba, pero habremos de responderles con imaginación, ingeniería, con creación de tecnología propia y eficiente. Si logramos la meta, tendremos el honor y el orgullo de haber derrotado a la mayor fuente de muerte y odio del planeta desde toda su historia. Seria una epopeya que quiérase o no, trastocaría toda la estructura organizativa del mundo. Seria el principio del comunismo globalizante, la verdadera esencia de las libertades humanas, seria el paso acertado para la recuperación del planeta como fuente de vida, influiríamos hasta en el equilibrio del sistema solar, pues al salvar al globo terráqueo, estaríamos sosteniendo el balance de las fuerzas electromagnéticas que sirven de equilibrio al sistema solar.

 Pedro Francke dice en la revista “perspectiva internacional”

 “¿Estoy viendo medio vacío un vaso que está medio lleno? Lo cierto es que hemos tenido, y tenemos, a la mano mejores alternativas para reducir la pobreza y mejorar la calidad de vida de los postergados de siempre.

Lo primero es no hacer daño. Primum non noscere, decía Hipócrates, padre de la medicina. Es también un principio básico de los derechos humanos: el progreso no puede atropellar a la gente, dejando muertos y heridos en el camino.

Al mismo tiempo, requerimos un crecimiento más inclusivo, donde los beneficios económicos se compartan más ampliamente. Las remuneraciones y los derechos laborales pueden y deben mejorar. El empleo digno tiene que ser una prioridad. Las enormes ganancias, que hoy concentran unos pocos, deben ser compartidas en obras públicas, educación y salud para todos, mediante una tributación equitativa y un Estado eficaz y limpio de corrupción.

¿Podemos tener crecimiento económico sin violación de derechos indígenas ni campesinos y con beneficios que lleguen a sectores mucho más amplios? Por supuesto que sí, sobre todo si consideramos las enormes ganancias de las mineras y las enormes posibilidades que tenemos de crecer en otros sectores menos dañinos como el turismo, la agroexportación y los bionegocios.” He aquí una verdad, verdad que debe hacer valer la clase trabajadora. No hay ningún factor humano en la tierra que pueda cumplir esa misión más que la clase trabajadora. Ese es nuestro gran reto, que debemos cumplirlo queramos o no queramos, si queremos seguir siendo vida, naturaleza y universo. En toda esta esperanza, los venezolanos estamos en posición privilegiada, no es jactancia, es reconocimiento de la responsabilidad ¿fallaremos?

                                    

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Javier Monagas Maita


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