El mutis de la chilena, Verónica Michelle Bachelet, desde la comisión para los Derechos Humanos de la ONU

Existe, acaso esa comisionada como tal, en función del cargo que ocupa y representa por el bien de la humanidad si así se pudiera decir o, ella está allí como un coloquial instrumento de un pasatiempo que, la distrae suavemente de ver las relaciones entre los gobiernos y sus pueblos como una lisonja más que no atrae consideraciones y, si de consideraciones se trata: ha callado que ni su respiración se siente cuando su Chile natal: arde en la desesperanza de que nada es posible con un gobierno que tortura, persigue, encarcela y mata a diario la voluntad de un pueblo de ser libre y, de liberarse de la desgracia de todavía seguir bajo la constitución y las leyes del dictador Pinochet y, ella mira para otro lado sin apestarse del clamor de ese pueblo que necesita ahora más que nunca, de su orientación y de su paciencia de salir a manifestar a favor de ellos y, ha sido lo contrario ha mostrado cuando, calla y oculta la pesadilla que pesa y desfigura las intenciones de la gente que sale a diario a las calles a buscar un poco de consuelo a sus necesidades, y es atropellado de forma vil por un gobierno que hace tiempo dejó de ser democrático y como fascista actúa lleno de rencillas.

O es que acaso en Chile no se ha desatado una serie de circunstancias que han puesto de manifiesto que los derechos humanos son violados a diario a la vista de todo el mundo y, para qué se mantiene de pie un gobierno que ya no le sirve al pueblo al igual como fueron los dos períodos de ella, que ahora como comisionada se involucró de servil al informar irregularmente sobre Venezuela y, cuando el mundo espera porque asome sus atenciones por los menos en mostrar la forma inhumana que se está viviendo allá en su país, pero no, esconde su voz, su voz no existe y se ha cubierto de cómplice de un Sebastián Piñera que nadie le cree lo que dice, ni está interesado es solucionar el conjunto de problemas económicos y sociales que en general afectan la convivencia de esa nación latinoamérica que, depende del mismo libreto que desde la Casa Blanca le aplican a los pueblos que no se afilian a sus políticas injerencistas, que tienen en muerte lenta el progreso de los pueblos que quieren escapar de ellos.

Y el clamor popular se afianza en una Bachelet que parece que traicionó los principios básicos del ser humano para poder seguir subsistiendo y, que ella de forma tan cobarde e inhumana se ha hecho la desentendida y desde la ONU ha dejado de actuar como lo exige su cargo de comisionada y, ha tirado al barranco de su traición las ilusiones del pueblo de Chile y, del golpe de estado de Bolivia en contra de Evo de Morales, la ha silenciado de tal forma que pareciera que fuera una cómplice del secretario de la OEA, a quien ella debería poner en la lista de primero como un violador de los derechos humanos de nuestras regiones, de mentir a conciencia de hacer daño y, ella como una leona debe salir al frente a defender los principios de unión y tolerancia de toda democracia que deba perseverar el consentir del bien, que refuercen los derechos humanos en contra de la violencia de las personas que hoy día las padecen. ¿O será que ella está en la ONU para acabar con la vigilancia y perseverancia de los los derechos humanos de los pobres? ¡Vaya cinismo!

Pareciera y, lo más posible es que, doña Bachelet dentro de la ONU defiende las oligarquías mundiales y, que ella como una oligárquica más perdió el compás de velar por los derechos humanos de los pueblos y, quizás sea que los desmanes que a diario se ven contra los pueblos pobres fueran parte de su política de cómplice, en vez de salir adelante a defender a los oprimidos, a los olvidados, a los miserables, a los inocentes, y a los opresores ponerlos en el lugar que les corresponde como asesinos y portadores de violencia, violencia que se esfumó de su presencia, que ella no ve dentro de su ceguera mayúscula estructural que empobrece su mirada en tristeza hacia el mundo, en quela llama de su esperanza se perdió.

Y, Verónica Michelle Bachelet, una chilena más que debería tatuarse su piel y salir al mundo a mostrar su inconformidad que en su país Chile, se viola, se tortura y se asesina, y que, su inconformismo de mostrar lo que está pasando con Piñera, la silenció que más bien pareciera que es ella la que da las órdenes a los carabineros para que procedan indiscriminadamente como lo hacen a diario y, que ella después caerá del cielo gris como la Venus de Milo que, como una estatua llegaría cargada de paz en busca de su tercer mandato. ¿Es posible que ese pueblo pueda guardar algún sentimiento de aceptación hacia ella? Difícilmente, ese pueblo despertó y dejó de ser pendejo, y no será más nunca engañado y, ella lo percibe y de allí el malestar de dejarlos que se cocinen lentamente en su propio caldo de angustias.



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Esteban Rojas


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