Odio, venganza y violencia

Si la violencia fuese el procedimiento adecuado para solucionar los problemas el planeta Tierra debería ser un lugar de paz y sosiego. Los lectores de  historia y los que hemos vivido lo suficiente nos damos cuenta que no existe un siglo en el cual no se haya suscitado o se esté suscitando una conflagración entre dos naciones o una guerra civil. Esto no nos debe sorprender, los habitantes del globo, parece ser, que le rinden un culto apologético al odio consecuencia de las infranqueables diferencias entre las personas. Los odios, en su mayoría no son naturales, por lo general son inculcados. Tales animadversiones provienen de la diferencia de clases, de las discordias de sexos, por el color de la piel, por la desigualdad religiosa, por enfrentamientos ideológicos, por la militancia partidista, por fanatismos deportivos, etc. En fin, los seres humanos siempre encontraran un motivo para odiar a un semejante, infundido bien por la familia, o por la prensa, o por un sacerdote o pastor, o por los dirigentes políticos o bien, por alguien que concibe del odio una industria.

Ciertamente el odio no es nada nuevo. Este es un funesto y antiquísimo sentimiento que se remonta desde que el hombre comenzó a concebir el concepto de propiedad privada y su deseo de apoderarse de los ajeno. Por qué sorprendernos de lo que está sucediendo en Europa y en el Medio Oriente, si la repulsión entre las personas es instigada por seres perversos para obtener beneficios por esta aciaga emoción. Podemos remontamos a la antigüedad y descubriremos a seres humanos agrupados en sectas religiosas, partidos políticos, sindicatos, hermandades fascistas, etnias, en catervas racistas, en sectores sexuales hegemónicos, en asociaciones de fanáticos deportivos, etc. cuyos miembros se solazan con hacerle daño al prójimo que no se corresponde con su manera de pensar o de actuar.

A manera de ejemplo me remonto al siglo I de la era cristiana en cuyo período  sobresalieron los zelotes, un movimiento político nacionalista fundado por Judas de Galileo. Esta era una secta derivada del judaísmo enfrentado tanto a los saduceos, como a los fariseos, ambas sectas judías, así como también a los romanos que subyugaban las tierras de los hijos de David. Entre sus prácticas para resistir a sus opositores utilizaron el terrorismo y el sicariato. Fue tal la malquerencia, tanto del sanedrín como la del gobernador romano contra el Nazareno, que Judas Iscariote acusó a Jesús de zelote para agregar un delito más, junto a otros cargos supuestos (revolucionario, mago y astrólogo, estas dos últimas prohibidas por el judaísmo) por los cuales se sentenció al hijo de María. Como se ve, la práctica del terrorismo y el sicariato no es nada nuevo. 

La muerte de Jesús en la cruz, bajo falsas acusaciones de los sacerdotes y jueces del sanedrín, provocó una furia entre sus seguidores. Una vez que se fundó la iglesia católica (un invento de los sacerdotes y no de Jesús) se desató contra los judíos una ola de odio que perduró por más de dos mil años. Esta tirria, alimentada por los curas, se tradujo en la muerte de miles de judíos durante la edad media,  persecución, deportación y guetos, como recurso normal de los jerarcas de la iglesia para doblegar a los hijos de David. No cabe duda, este sentimiento de enemistad generó sed de venganza entre los vulnerados en su derecho de acatar la ley mosaica.  

Son muchos los ejemplos narrados por la historia sobre odios ancestrales que en algunos casos parecieran genéticos y trasmitidos de generación en generación. Es el caso del odio racial de los blancos hacia los negros, heredados desde la época de la esclavitud, cuando los ricos, blancos y cristianos sacaron de África a millones de negros para explotarlos y asesinarlos de la manera más vil. De esta animadversión de los blancos hacia los negros, homosexuales, judíos y comunistas surgió en EEUU el Ku klux klan  fundado en el 1865. Los miembros de esta aciaga cofradía promueven la xenofobia, basada en la supremacía de la raza blanca. Una de las prácticas más común de esta secta racista era y es el linchamiento y la quema de afroamericanos. En oportunidades recurren al terrorismo, a la violencia y los actos intimidatorios. Es sorprendente que tales procedimientos perduren, no como en el siglo XIX y en siglo XX, pero parece que la genética hace lo suyo. Estos bajos sentimientos de odio se mantienen en ciertos sectores de la policía blanca de los EEUU que derivan en el uso de la fuerza desmedida contra la población de color, causándoles la muerte a muchos de ellos por el abuso de los gendarmes. Después de siglos de despotismo de los blancos contras los afroamericanos cómo no esperar que surja de esta etnia un obstinado que descargue la sed de venganza contra otros, aquellos responsables de la aniquilación de sus congéneres de tez negra.

Los nazis, tal como los ricos blancos y cristianos lo hicieron  contra los negros, les inocularon a sus descendientes el odio hacia los judíos, el resultado de este sentimiento todo los sabemos. Pero los judíos sionistas no aprendieron de esta desdichada experiencia y están empeñados en exterminar a los palestinos. Se apoderan de sus territorios, derriban sus casas, acaban con sus escuelas y con sus hospitales. Pareciera que están en la espera de la solución final, es decir del eliminación total de pueblo palestino. No estoy de acuerdo con la violencia, ni con el terrorismo, ni con ningún procedimiento que conduzca hacia la muerte de un semejante. Así mismo, cómo se le puede pedir a un niño(a) palestino que ve morir a su padre y a su madre, que mira impasible a su casa derribada, a su escuela devastada, muchos de sus amigos y pariente desaparecidos y él mismo, en un futuro sin futuro, convertido en un paria o en refugiado. No cabe duda, este chico(a) albergará odio en su cerebro contra sus agresores y es improbable que su cerebro no desarrolle la aberrante sed de venganza contra los culpables de su desamparo. Un alumno(a) en potencia  para los extremistas del estado islámico.  

Los “cultos europeos” desde el siglo XVIII hasta mediados del siglo XX se apoderaron de las tierras del medio oriente, parte del norte áfrica donde se asentó la cultura árabe, en su mayoría de la religión musulmana. La presencia europea en esta zona se caracterizó por el robo, la explotación, la esclavitud, la imposición de una manera de vivir, el hurto de los patrimonios culturales, entre tantas de las barbaridades convertidas en opresión y la aniquilación del pueblo árabe. Superada la Segunda Guerra Mundial, después de mucha sangre derramada, por ejemplo en Argelia, Libia, Siria, Afganistán, Egipto, Sudán…los moros decidieron sacar a los opresores de sus tierras y administrar sus recursos para el beneficio de los pueblos. Actualmente los líderes europeos advierten que no cuentan con el patrimonio de los países árabes, robados y depreciados de otros tiempos, y así poder continuar el desarrollo depredador, por ejemplo del Reino Unido, Francia, España…. Todo esto es imposible sin el crudo regalado. Por esta razón se empeñaron en invadir a Libia, Irak, Afganistán, Siria y toda nación, por ejemplo Venezuela, que guarde en el subsuelo la fuente de energía necesaria para continuar su progreso voraz. Después de siglos de abusos los líderes europeos y estadunidenses, mediante el empleo de su arma de destrucción masiva (la OTAN), pretende restablecer el neocolonialismo. Por tal razón se dedica a bombardear y a destruir los pueblos del medio oriente en su afán de usurpar las riquezas energéticas ajenas. El resultado de estos métodos violentos es la destrucción de poblaciones enteras, de la muerte de millones de seres humanos, de gente mutilada, de niños huérfanos y refugiados que vagan por el mundo buscando un lugar donde los padres e hijos(as) tengan futuro. Ante estos brutales acontecimientos, actualmente la humanidad se sorprende (algo incomprensible) de que un fanático acumule odio en su pensadora y desarrolle la sed de venganza para aniquilar a los responsables de aquellas iniquidades. Por qué asombramos de que los vulnerados hijos de Alá utilicen las mismas prácticas de los zelotes para apaciguar la sed venganza. De igual modo, no debería sobrecogernos que un exaltado musulmán se dirija a una ciudad europea a cobrar en unos inocentes, aplicando el mismo método (el terrorismo)  empleado por la OTAN, el exterminio de sus congéneres. El odio conlleva a la venganza y esta deriva en  violencia. Seguramente si no se siembra odio no se recogerá venganza.

Leopoldo López y sus aliados de la MUD fueron responsables de actos violentos que generaron 43 muertes, decenas de heridos y destrucción de propiedades por sus acciones de odio contra las clases populares. No aspiro que de tales infaustas prácticas deriven en nuevas aversiones por parte de las víctimas y como consecuencia, la búsqueda de la aciaga venganza. Debemos exigir justicia y que el delito no quede impune. Si se esto se logra se podría evitar la violencia y enfrentamiento de las víctimas contra sus agresores.

Nos corresponde poner fin a la violencia de manera definitiva y si se desea un mundo donde los seres humanos vivan en paz debemos evitar los odios y por consiguiente, las sombrías venganzas entre los seres humanos.   



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Enoc Sánchez


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