El mocho boxeador

Y disparo, disparo, disparo
a ver si mato alguna rata
pero como no veo muy claro
acabo metiendo la pata...
y me sale siempre el tiro
por la culata.

("Tiro por la culata", Luís Eduardo Aute)


Igualito le pasa a la coordinadora fascista. Ya lleva ocho disparos y NO aprende. Es que son tan brutos que con toda la plata que tienen, ni siquiera se les ocurre cambiar de escopeta.

El 15 de agosto quedó en evidencia, definitivamente, lo que era una verdad conocida por todos los venezolanos que no padecen del SITE, término acuñado por la profesora Judith Valencia, que identifica al Síndrome de Intransigentes Testarudos y Egoístas: dos de cada tres venezolanos respaldan la gestión del Presidente Chávez a la cabeza de lo que, con ignorancia supina, los dizque dirigentes de la ¡y que oposición! llaman "El Rrrégimen", como si tal denominación tuviera un sentido peyorativo. Es decir, que quienes apoyan al Presidente representan un 50% por encima de quienes lo rechazan, aunque algunos que aceptan la derrota prefieren decir que el NO estuvo sólo 20 puntos porcentuales por encima del SÍ.

Tercamente la coordinadora fascista se niega a reconocer la victoria, no del Presidente sino del pueblo venezolano y, en consecuencia, su propia derrota. Siguen buscando afanosa e infructuosamente coger un segundo aire para aplazar la novena derrota que se les avecina y en ese empeño tratan de inventar pruebas de la existencia de un supuesto fraude para enturbiar el ambiente de paz que anhela el país, pero sus esfuerzos se estrellan ante la realidad que sólo su miopía les impide ver claro: ¡Están Noqueados!. Recojan su gallo muerto y váyanse a llorar a El Valle.

El papel que está haciendo ese sector radicalizado de la oposición y los envenenados por algunos medios de comunicación puede compararse al del mocho de un brazo que, tercamente, provoca y arremete contra un rival sano y fuerte que no quiere hacerle daño, consciente de su superioridad física; pero el mocho insiste en sus provocaciones, también consciente de su tremenda limitación, porque se siente apoyado por un cómplice fuerte y tan taimado como él que está dispuesto a atacar al rival si éste intenta defenderse del ataque del mocho. Pero el mocho es tan bruto que no se da cuenta de que quienes observan la "pelea" que él quiere provocar, admiran la paciencia del provocado e internamente desearían que no fuera tan paciente y le diera al mocho "una buena patada por el culo", y que están dispuestos a salir en defensa del provocado en caso de que el cómplice del mocho intervenga a fin de impedir que sea agredido, reduciendo por la fuerza y encarcelando a los dos truhanes, si fuera necesario, tal como lo aconsejara un "honorable" fósil de la IV-R en cierta oportunidad


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Ño Leandro


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