La apoteosis

Casi todo ser humano aun sin conocer el significado de la palabra que titula este artículo quisiera, o ha querido, tener, un momento de apoteosis. ¡Vanitas vanitatum!, o dicho en lenguaje vernáculo ¡vanidad de vanidades!, pero, ¿que le vamos a hacer?, somos vanidosos. Los romanos instituyeron la costumbre de deificar a sus héroes cuando regresaban triunfantes de sus batallas por conquistar otras tierras, aunque era una imitación de las hecatombes que los griegos hacían a sus dioses, que no se diferenciaban mucho de los humanos en cuanto a vicios y virtudes se refería.

Hoy en día esta palabra, a pesar de su abolengo, no se ha vulgarizado en el buen sentido de que todo el mundo la tenga incorporada a su léxico, sino que hasta quienes conocen su significado literal y figurado se cuidan bien de utilizarla, al contrario de otras palabras sin tanta prosapia, las cuales acogen sin profundizar, ni siquiera analizar, su significado. En todo caso esta palabra resume un momento culminante, tanto si se trata de una obra teatral como de la vida de una persona

El primero de mayo, día internacional del trabajador, se realizaron como es tradicional en casi todo el mundo, las marchas de los trabajadores con sus consignas tradicionales en solicitud de mejores salarios, condiciones laborales, etc. Venezuela no podía ser la excepción y tuvo no una si no dos marchas de trabajadores, de las cuales se esperaba que cada una tuviera un momento apoteósico, como es natural, pero contra todo lo esperado por el público esos momentos no se dieron en la forma acostumbrada, es decir, en el momento en que ocurre el acto y, por supuesto, que sea en el mismo sitio.

La apoteosis de una de las marchas, la identificada con el proceso que lidera el Presidente Chávez, habría sido en el momento de su intervención, la cual no pudo hacerse por tener que asistir a su compromiso de "Aló Presidente". De haberlo hecho habría sido vista por una manifestación multitudinaria, lo cual no es muy conveniente a la "salud" del Presidente por la presencia en el ambiente de virus exógenos, con dardos muy agresivos, contra los cuales no existen antivirus. Esta fue una apoteosis que muchos no pudieron ver en la manifestación, pero que fue vista con agrado por muchos otros en la televisión.

La otra apoteosis tuvo lugar en la tienda de los que adversan el proceso que vive el país, justo en el momento de mayor afluencia de participantes a la convocatoria, cuando el mandamás reclamaba al organizador airadamente y le espetaba: ¿dónde coño está la falla?, ya teníamos todo organizado y ¿saben cuánto nos costó todo esto?, y ¿dónde está la gente y la alegría?.

El organizador, ante aquella descarga, enmudeció un momento pero en seguida le respondió: señor, usted ha hecho tres preguntas. Yo no tengo respuesta a las dos primeras, pero en cuanto a la tercera sí: la gente y la alegría están en la otra marcha.

En ese momento se oyó un escándalo, proveniente de un cubículo adyacente al que en el cual se desarrollaba la conversación, lo que determinó que el mandamás se dirigiera al mismo tratando de averiguar lo que ocurría, encontrando a dos comparsas, con aliento etílico, cayéndose a coñazos y acusándose mutuamente del fracaso de la concentración que habían convocado.

Ese fue la apoteosis de la marcha de los que no están con el proceso. Muy pocos pudieron verla y los que no la vieron se sienten complacidos de no haberla visto.


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Ño Leandro


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