Venezuela rechaza las agresiones del diario " El pais" de España

Nota de Aporrea: Esta replica no quiso ser publicada en el diario español " El País", aduciendo que la misma era muy larga, en un claro ejemplo de manipulación informativa y del rechazo al más elemental derecho a la defensa que toda persona o institución tiene, cuando considera que ha sido objeto de difmación o injuria.
Madrid, 28 de octubre de 2004


Señora
Rosa Montero.
Madrid.-


Usted escribió el martes 26 de octubre en su habitual columna del Diario El País una nota para referirse a un caso que nos ha conmocionado a todos. Ocurrió en Venezuela, pero pudo pasar en cualquier parte. A veces uno piensa que la cotidianidad pudiera hacernos superar nuestra capacidad de asombro, pero la realidad nos supera y nos abruma siempre. Y termina uno sorprendiéndose. Lo que causó mi asombro ese día no fue el hecho reseñado por usted, pues ya lo conocía. (Eso me causó vergüenza ajena y frustración). Fue la facilidad con la que usted, una persona aguda, crítica, progresista y culta llega a la conclusión de que la insólita sentencia que absuelve al presunto (la ley me obliga a colocarlo así) violador y torturador de Linda Loaiza no es más que el perfecto retrato de “…la Venezuela de hoy: el machismo atroz de los militarotes como Hugo Cávez, el acomodaticio miedo de los jueces ante el poder, la estructura social caciquil y abusiva”. Esas fueron las terribles y admonitorias palabras con las que usted termina su artículo y que nos dejó de una sola pieza. Por su reduccionismo y por su elementalidad.

Es algo así como aquellos ejemplos con que nos enseñaban las premisas en las aulas escolares: si A es igual a B y B es igual a C, A y C son iguales. Chávez es militar. Los militares son machistas y dictadores. Ergo, Chávez es machista y dictador. Y Venezuela es una aldea dirigida por un monstruo. Esa es más o menos el esquema con que desarrolla su artículo. Tal vez, en su perfectamente válido empeño de pronunciarse en contra de la aberrante sentencia olvidó verificar que jamás hubo pronunciamiento alguno del Presidente Hugo Chávez Frías (antes o después del juicio) a favor del acusado. O de su padre, un científico venezolano que efectivamente alguna vez fue Rector de la Universidad Nacional Abierta y que hasta donde conozco a quienes siempre estuvo vinculado fue a los anteriores gobiernos.

Sentencias aberrantes de jueces trasnochados las hay en todas partes y no por ello debemos necesariamente presuponer “acomodaticios miedos de los jueces al poder”. Por ejemplo, monstruosa fue la sentencia de un juez español el año pasado que liberó a un pederasta alegando que no hubo violación porque la víctima, una niña de muy corta edad, fue penetrada con un dedo y no con el pene. O aquella, de otro juez en esta España europea y primermundista, que decidió que eran mentira los maltratos alegados por una doliente esposa porque su presencia, bien vestida y maquillada, no llenaba el perfil de mujer maltratada. Y debe haber muchas más igualmente desagradables. Pero jamás se me ocurriría pensar que esos jueces son el perfecto reflejo de la sociedad española.


Aberrante y lesiva de los más elementales derechos y de la dignidad nacional fue también la sentencia del Tribunal Supremo venezolano que absolvió a los autores del golpe de Estado del 11 de abril, desconociendo, ignorando y negando que en esas aciagas 47 horas se conculcaron todos los derechos civiles, se liquidaron de un plumazo todas las instituciones, se reprimió, se persiguió, se apresó y se torturó a muchísimas personas, reeditando -afortunadamente por poquísimas horas – aquel torvo cuartelazo que asesinó a Allende y sembró el terror en Chile por demasiados años. Y fíjese, señora Montero, que esa asonada fue contra Hugo Chávez y el pueblo de Venezuela y los jueces que los absolvieron forman parte de esa estructura social a la que usted descalifica a priori, acuñándole al Presidente los descalificativos de cacique y abusivo. Sin embargo, en ese momento no escuchamos su voz de protesta.

Señora Montero: El Poder Judicial en mi país no es de los mejores. Como en muchas partes. Venimos arrastrando una penosa herencia desde hace muchos años. Las dos sentencias referidas son prueba fehaciente de que mejorarlo es una asignatura pendiente. Pero de allí a pretender asignarle a nuestro Presidente la responsabilidad de esos hechos, circunscribiendo el análisis al absurdo reduccionismo de que esa sentencia refleja la realidad de mi país es, cuando menos, un irrespeto. Porque por si usted aún no se ha enterado, señora Montero, todo el país se ha volcado a criticar la decisión judicial. Los reproches y los comentarios han abundado. Y los Diputados de la Asamblea Nacional (cuya mayoría es oficialista) por primera vez desde su creación votaron de manera unánime un pronunciamiento lamentando el hecho en el marco del respeto, por supuesto, de la autonomía de los poderes. Y eso es una indiscutible señal de democracia.

Señora Montero, la invito a acercarse a mi país y a sus realidades sin preconceptos ni opiniones previamente elaboradas. Venezuela es un país pujante, civilizado y en permanente crecimiento. Que durante muchos años fue saqueado de manera inmisericorde por quienes detentaron el poder, generando cada vez más pobreza, insalubridad, corrupción e ignorancia, sin que los políticos y los intelectuales extranjeros expresaran su preocupación por lo que sucedía. Por el contrario, hubo quienes hicieron causa común con los saqueadores para contribuir a esquilmarnos.

Sin embargo, en estos últimos años hemos vivido un proceso revulsivo y convulsivo, intentando llevar a cabo una revolución pacífica, incruenta y con el menor costo posible. No nos ha resultado fácil. Los enemigos internos y externos cunden, se multiplican y acuden a métodos cada vez más sofisticados. Una buena manera de contrarrestarlos sería que gente pensante, con criterio propio y progresista se acerque a nosotros, despojados de prejuicios, y constate nuestras vivencias. Que observen las cosas que estamos haciendo. Que intenten comprender nuestras luchas. Que se acerquen a compartir nuestros sueños y nuestras esperanzas. Le pido señora Montero, que intente hacerlo. A lo mejor, es su capacidad de asombro la que se ve superada por una realidad sorprendente y estimulante.



Afectuosamente,


Yolanda Rojas Urbina
Cónsul General en Madrid


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A continuación la nota de Rosa Montero en El País



Linda


ROSA MONTERO

EL PAÍS - Última - 26-10-2004
A menudo, la crónica de sucesos de un país puede ofrecer un fiel retrato de la situación de esa sociedad y de su nivel democrático. En estos días, todas las personas decentes de Venezuela, que son muchas, se sienten horrorizadas y escandalizadas ante la historia de Linda Loayza, una chica de 21 años. Hace tres, fue secuestrada por un tipo, que la retuvo en un apartamento durante más de tres meses, violándola y torturándola sistemáticamente. Cuando la rescató la policía, mostraba mordeduras, quemaduras de cigarrillos, golpes, cortes y mutilaciones varias, fractura severa del maxilar, labios arrancados con un alicate, pabellones de las orejas destruidos, un ojo desviado, costillas rotas, pezones cercenados, desgarro vaginal. Le han tenido que hacer nueve operaciones y las secuelas aún son evidentes, empezando por sus dificultades para hablar por la falta de un pedazo de lengua.
Sin lengua y casi muerta, cuando fue rescatada denunció a un tal Luis Carrera Almoina como culpable de la atrocidad. Este tipo es un niño rico, hijo de un antiguo rector universitario, influyente y próximo al poder. Luis Carrera tuvo que admitir que, en efecto, el apartamento era suyo; pero sus abogados argumentaron que eran novios, que ella entraba y salía libremente, que era prostituta y que todas esas barbaridades se las hacían fuera. Ante el hecho de que la chica estuviera prisionera bajo llave, sostuvo que la encerraba para protegerla. Todo muy delirante.
Un delirio, y una pesadilla, que continuó en los tribunales: 29 jueces se inhibieron y no quisieron ni asomarse al caso. El juicio fue postergado decenas de veces durante tres años, hasta el punto de que Linda tuvo que hacer una huelga de hambre para reclamarlo. Al fin se celebró y acaba de salir la sentencia: Luis Carrera ha sido absuelto, pero Linda ha sido acusada de prostitución y será investigada, como si el hecho de ser prostituta (cosa que además ella niega) pudiera justificar que te arranquen los labios con alicates. Un caso terrible, en fin, que retrata a la perfección la Venezuela de hoy: el machismo atroz de los militarotes como Hugo Chávez, el acomodaticio miedo de los jueces ante el poder, la estructura social caciquil y abusiva








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