Asesinos invisibles

En épocas remotas, mucho antes, durante y después del medioevo la gente moría a montones, como consecuencia de algunos seres que atacaban a los humanos a mansalva. Ejemplos de esto fueron los millones y millones de muertos que sembraron de terror, tanto a la vieja Europa, como América y Asia, durante la época medieval y parte del Renacimiento. Estos entes  arremetían contra las personas de todos los sexos, edades, color de piel, indiferentemente de la estirpe. Aquellos eran unos microrganismo  ocultos en cierto escondrijo que le iba minando alguna víscera u órgano del cuerpo. Eran y son uno verdaderos asesinos que para aquella época eran invisibles y solo se manifestaban por sus deletéreas consecuencias causadas por Dios o por el diablo, según las supersticiones de los remotos  pueblos ignorantes. Es decir, el padecimiento era provocado por la ira de la voluntad divina o por una maldición satánica.

Una vez que se inventó el microscopio los seres invisibles que menoscababan el cuerpo humano se hicieron palpables y aquellas calamidades endémicas, como la peste negra, el paludismo, el tifus, la parálisis, la sífilis entre tantas enfermedades, dejaron de ser un problema. Hoy se está al tanto que parte de aquellos microrganismos se identifican como bacterias, entre estas  la yersinia pestis, la causante de la peste negra o peste bubónica que acabó con más de 50 millones de europeos (1346-1361). Así mismo, se conocen otras bacterias nocivas como los estreptococos, la escherichia coli, la seudonomas aeroginosas, entre otras, o también los virus como el marburg, el ébola, la gripe aviar,  que atacaban y atacan las células. Por fortuna, todos estos bichitos insalubres se pueden visualizar a través de potentes y modernos microscopios.

Hoy por hoy los asesinos invisibles no se han extinguidos. Ya no son los microrganismo malsanos que se escondían o se esconden en algún intersticio del cuerpo. Modernamente son los macrorganismos que no dan la cara, que se ocultan o se apertrechan detrás de una institución nacional o internacional, protegidos por la ley, por una ONG, por la iglesia, entre tantas organizaciones que amparan a ciertos asesinos capaces de causarle a la humanidad tantos sufrimientos, similares o peores a los producidos por las antiguas pestes endémicas que asolaron al planeta.

Los asesinos invisibles no atacan de frente a sus enemigos o detractores, lo hacen a través de sicarios que podía o puede ser un solo criminal o un ejército de barbaros que arremete bajo la directriz de un comandante desconocido que representa los intereses de un grupo o de grandes corporaciones. 

Durante todas las épocas se conocen ejemplos de estos asesinos invisibles, los hay a montones. Voy a tomar los más recientes, es decir, algunas muestras representativas durante el siglo XX y lo que va del XXI. Me viene a mi cansina pensadora  uno de los peores, Harry Truman (1884-1972) ex presidente de EEUU. Este maligno personaje utilizó a dos sicarios, Paúl Tibbet  y Charles W Sweeney pilotos de los aviones bombarderos que lanzaron las bombas atómicas contra Hiroshima y Nagasaki (1945) que acabaron, en cuestión  de segundos, con más de 300 mil seres humanos. Ciertamente, en ningún periódico o emisora de radio de la época  trató a Harry Truman como un bárbaro asesino, capaz de destruir a dos poblaciones completas con la excusa de concluir la  guerra.

Otro de los asesinos invisibles, quien escondió su verdadero talante tras el ropaje militar para preservar los valores cristianos de los españoles, fue Francisco Franco. Su carrera criminal se inició con el golpe de estado contra la república. El referido bárbaro convirtió a España en un verdadero infierno, conocido como la guerra civil española (1936-1939) la cual produjo un saldo luctuoso de no menos 150 mil víctimas, bajo el amparo de la oligarquía española y el aval de la jerarquía de la Iglesia Católica. Durante muchos años el generalísimo Francisco Franco, a pesar de su dictadura feroz, fue uno de los mejores aliados de EEUU y de las “democracias” europeas.

Las mejores trincheras donde se esconden los asesinos invisibles, cuando acontecen las innumerables guerras que asolan y han asolado a la humanidad, son las miserables corporaciones  económicas, las deleznables fábricas de armamentos y los rectores de las instituciones militares (OTAN). Estas son las encargadas de financiar, apertrechar y organizar los ejércitos, respectivamente, que invaden otras naciones para apoderase de sus recursos naturales y para arrasar con poblaciones completas. Por ejemplo, la prensa nunca ha identificado los nombres de los banqueros que financiaron y sufragaron la guerra del Estado Islámico contra el pueblo sirio. También se desconoce los nombres de los ejecutivos y los dueños de la fábrica de sofisticados armamentos entregados a los terroristas de ISIS, responsables de la barbarie contra Irak, Libia y Siria. Así mismo, de los actos terroristas contra Europa, Asia África. Tampoco aparecen en los medios de comunicación de masa los rostros de lo generales que se sientan en la mesa redonda para dirigir desde lejos las arremetidas contra los pueblos del medio oriente. Estos son los asesinos invisibles que no dan la cara, beneficiarios de la hecatombe   generada por la guerra.

Me voy a permitir un silogismo, aunque pudiera parecer una exageración, o alguna verdad rebuscada, pero lamentablemente así lo observo desde óptica difusa. Si Obama y su compañera de partido Hilary no hubiesen fijado su mirada en Siria, no había una razón para  la creación el estado islámico. Si esta maquinaria terrorista no se hubiese formado, era innecesario dotarlos de las poderosas armas para atacar a Siria. Si ISIS no hubiese arremetido contra Siria, junto con el poderoso ejército de la OTAN, estaba muy lejos la intervención de Rusia a petición del gobierno sirio. Si Rusia no hubiese terciado en las acciones de ISIS y la OTAN contra Siria, el mundo no se hubiese dado cuenta de los triunfos del ejército enviado a Siria por el presidente Putín contra la tropa preparada y financiada por EEUU. Si  el ejército ruso no hubiese combatido al estado islámico, al lado del regimiento sirio hasta obtener la victoria en Alepo, el planeta desconocería la labor de Putin para alcanzar la paz en Siria. Si todo esto no hubiese sucedido el embajador ruso en Turquía todavía estuviera vivo. Finalmente, después de todo este recorrido, el responsable del abominable asesinato del plenipotenciario ruso fue el presidente de EEUU junto con sus aliados de la OTAN. Los desnaturalizados, los verdaderos  asesinos invisibles,  los mismos que impulsaron la embestida de los criminales de ISIS contra Siria. Ha sido muy costoso, en víctimas, en infraestructura y en la tranquilidad de sus habitantes, el logro de la paz en Siria.

En los actuales sucesos de Venezuela sería bueno identificar algunos asesinos invisibles que se esconden, amparado bien por el gobierno de EEUU, la UE en especial España, la jerarquía eclesiástica, los dueños de los medios de comunicación de masa comprometidos con el capital, las corporaciones económicas, financieras y comerciales. En verdad, todos estos personajes, naturales y con personalidad jurídica,  constituyen una mafia que ataca sin tregua y sin dar la cara. En algunos casos contratan sicarios para asesinar dirigentes comprometidos con el gobierno socialista.  De esto no cabe duda, varios de esos homicidas aparecen retratados y abrazados con dirigentes de la rancia oligarquía criolla.

Estos asesinos invisibles actúan soterradamente sometiendo al pueblo venezolano, desde hace varios años, a diversos sufrimientos únicamente para llegar al poder para subastar las riquezas del país. Estos  criminales financian golpes de estados, guarimbas, huelgas, alteración del orden público, destrucción de la propiedad pública y privada,  desinformación en la prensa, mentiras en la “redes cloacales”, entre otras transgresiones. Aunado a todo lo anterior, los criminales invisibles acaparan y acrecientan el valor de los alimentos, acopian y aumentan el precio de las medicinas, crean problemas en el sistema financiero venezolanos (almacenando y escondiendo los billetes de Bs. 100), generan una inflación inducida, propician la intervención extranjera en Venezuela, ponen en tela de juicio nuestra democracia en sus declaraciones en el extranjero…Estos criminales, con sus tétricas actuaciones, son los responsables de numerosas muertes de varios venezolanos ajenos a las diatribas y las malas intenciones de los dirigentes de la oposición. Por suerte el gobierno ha puesto en evidencia algunos de estos criminales, en algún tiempo invisibles (no necesitó microscopio) y hoy se encuentran tras las rejas en Ramo Verde y en otras cárceles del país. Estos asesinos invisibles no podrán arrebatarles a la gran mayoría de los venezolanos sus sueños de paz y de progreso. Lee que algo queda.



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Enoc Sánchez


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