Hablando de cantores y groserias

Entiendo que para algunos oídos muy finos les resulte grotesco y aberrante la presentación del grupo boricua Calle 13, en el concierto (Un canto por el Pueblo), en homenaje al 67 aniversario del natalicio de Alí Primera, realizado en la Carlota y presentado por el Sistema Nacional de Medios Públicos a través de TVES Y VTV. Ciertamente, las letras sexistas de las canciones del rapero boricua Residente, no son fácilmente digeribles para aquellos personajes revolucionarios o no que no están acostumbrados a ver el sexo con tanta crudeza, y obviamente prefieren el lenguaje culturalmente aceptado de los poetas, que ayer, hoy y mañana le han cantado y le seguirán cantado al acto de amor entre un hombre y una mujer, sin que eso no signifique, en las profundidades del Ser y en la intimidad de la Conciencia, un acto de represión de esa carga erótica sexual que expresa el artista.

A mi entender, la presentación de Calle 13 no pudo ser más acertada, aunque ahora, sirios y troyanos se rasguen las vestiduras, horrorizados por la presentación de este grupo en tan merecido homenaje al cantor que hizo de la honestidad una práctica consciente. Alí, el hombre, el revolucionario, el cantor, el panita, en su época era un grosero irreverente impresentable en la Televisión o en la Radio, era un renegado, un rechazado por el Status Quo, cuestionado por las disqueras, por el medio artístico y la alta sociedad venezolana, por el solo hecho de estar en contra de todo lo establecido, de ser diferente, de “cantar groserías”. El panita no le cantaba al sexo, ni satanizaba a la mujer, no hablaba de “hoyos ni lubricantes”, pero tampoco era un puritano, le cantaba a la hipocresía de una sociedad vulgar, grosera, rastrera, que se daba golpes de pecho en la misa de Domingo, y hacía de su moralidad un santuario, mientras, mataba, desaparecía, torturaba, robaba, y despreciaba al pobre quitándole su dignidad pretendiendo comprar junto con su fuerza de trabajo, su conciencia y su orgullo. René Pérez, por su parte es también honesto con su música, en sus letras hace una profunda crítica al mundo banal e impúdico de hoy día, es la expresión de la juventud actual, sin tapujos, con otro estilo, mas crudo, mas directo, mas violento, sin retórica, un modernismo donde el manejo de la información y la pornografía se ha hecho infinito, desde ese lenguaje, está expresando su desacuerdo con una sociedad, cada vez más vulgar y grosera que, como entonces, sigue siendo hipócrita, satánica y destructiva, donde “se vale todo”, desde justificar un genocidio en pro de la paz, hasta desaparecer al hombre del planeta en beneficio del consumo energético y el desarrollo biotecnológico, una sociedad que construyó una superautopista de la información por donde van de la mano la ciencia y la pornografía en beneficio del conocimiento, para desconocernos como seres humanos, una sociedad donde en este momento, aquí y ahora, hay un niño en la calle…

Basta de mentes hipócritas, cantaba Alí, no sigamos “perfumando el estiércol”, aquel “carajo” en las interpretaciones de Alí, que hacía voltear la cara a tantos moralistas, hizo de él un cantor del y por el pueblo, se convirtió en un coro revolucionario que al interpretarse, se inflaba en el aire como un globo rebelde que, a lo interno, rebotaba en cada uno de nosotros, como un hasta cuando nos calamos la silenciosa y mortal inferencia de una democracia grosera que está acabando con mi patria bella. La organización del concierto, la descoordinación, los largos momentos de espera entre un artista y otro, el haber silenciado a Dame pa´ matala, a Servando y Florentino, y a Paul Gitman, solo demuestra el saboteo interno dentro del equipo organizador y son temas para otras reflexiones.


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Rusalki Alvarado P


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