Periodistas Vs. Medios de Comunicación Social

I

El acontecer periodístico revela como se pretende desvirtuar la labor pedagógica que debe existir en la función profesional de un comunicador social; si es que éste quiere contribuir acertadamente en la formación de nuestra ciudadanía o pueblo; se busca por todos los medios despojar a los hechos de las relaciones causales que los explican, alejándose de la noticia como forma de conocimiento y de formación ciudadana.

Vale decir que la Constitución de la República de Venezuela, en su preámbulo, refiere que hay que “refundar la República” para establecer una sociedad democrática, participativa y protagónica en un Estado de justicia en el que prevalezca el imperio de la ley. Para esta encomiable misión el periodista juega un papel fundamental, por lo que no puede a ultranza asumir una posición conciliadora, mediática.


Un acontecimiento crece en importancia noticiosa, en la medida en que representa un cambio, introduzca una modificación significativa en la sociedad donde se produce. De este modo se dispone de un criterio para destacar aquellos hechos intrínsecamente valiosos, aunque carezca de espectacularidad, sobre aquellos anodinos, intrascendentes pero vistosos.

Asimismo, se entiende que los hechos adquieren valor noticioso en la medida que afectan al ser humano. El hombre, sin lugar a dudas, es la medida de todas las noticias hoy día. Eso explica que un hecho menor revista mayor importancia que otro intrínsicamente mayor por la circunstancia de afectar a mayor número de personas. En consecuencia los hechos no liberan al trabajo periodístico de las intromisiones de la subjetividad.


Un periodista, a diferencia de un historiador, trata simplemente de registrar cada acontecimiento singular cuando ocurre y se interesa en el pasado y en el futuro sólo hasta el punto en que estos elementos arrojen luz sobre lo que es real y presente. Es por ello que, en no pocas oportunidades, cuando estamos en presencia de un hecho noticioso aparentemente simple sólo estamos siendo víctimas de una ilusión, al no percibir toda la gama de relaciones que ese hecho tiene. De modo que, esa supuesta simplicidad de los hechos noticiosos viene a ser algo como una trampa en el trabajo periodístico, cuya consecuencia es la de reflejar parcialmente la realidad.

En la vida de una comunidad ocurren diariamente numerosos hechos. La doctrina de la objetividad erigió toda una mitología sobre el hecho, en el supuesto de que había encontrado un punto de referencia inconmovible, ajena a cualquier perturbación de carácter subjetivo. Ese hecho para determinar su condición potencial de noticia tiene ciertos atributos, los cuales son, esencialmente, cuatro: novedad, actualidad, significación social e interés público. Se tiende así a una simplificación excesiva de la realidad y a despojar a los hechos noticiosos de las relaciones causales que los explican.

Así como se elaboró una concepción de los hechos susceptible de servir de base a las noticias, también existe toda una formulación acerca de la naturaleza de la noticia y sobre la técnica de búsqueda, selección, redacción y presentación al público. Según esos criterios la noticia es una mercancía fungible, de vida efímera. De modo que, los actos normales de la vida humana, por grande que sea su valor intrínseco, no constituyen noticia, según el criterio del periodismo objetivo. Y sólo la anormalidad, lo que se sale de lo corriente, tiene cualidad noticiosa. El trabajo de los obreros, por ejemplo, sólo es noticia cuando se interrumpe.

Para tratar con una mercancía de naturaleza tan delicada no bastó con dominar los cuatro atributos que distinguen a los hechos con potencialidad noticiosa. Ese periodismo objetivo creo toda una técnica que, en resumen, consistió en limitar al máximo la libertad de reflexión y de criterio del periodista, a la hora de buscar, seleccionar, redactar o presentar las informaciones.

Pues bien, debido a esos imponderables tan frecuentes en el periodismo, hay un estilo, corriente o doctrina, que sí tiene importancia fundamental en el análisis de la noticia, y es el nacimiento de la información interpretada, en la cual se puede distinguir una fundamentación teórica y fórmulas de tratamiento técnico para las informaciones. Estos supuestos que sirven de base al periodismo interpretativo están diametralmente opuestos al periodismo objetivo. Se pudiera decir que estamos en presencia de otra posición doctrinaria, sólo que en esta oportunidad tenemos el compromiso de asumirla abiertamente.

Partimos así de la premisa de que el periodista en sus relaciones con la realidad se comporta exactamente como los demás sujetos cognoscentes. Su versión de los hechos, llámese noticia o reportaje, estará necesariamente contaminada con una dosis de subjetividad. En la medida en que se tenga conciencia de esta limitación consustancial al conocimiento humano, cualquiera sea la esfera en que se produzca, podremos tomar las precauciones necesaria en el ámbito ético para no quebrantar la veracidad del relato periodístico. Esto no es contrario a la información veraz, ni tampoco se coloca al margen del derecho a la información, sin censura, que tiene la población. Constitucionalmente y en todo lo que tiene que ver con el derecho a la información, sencillamente se está a derecho con el periodismo interpretativo.

Cuando se admite la intervención de la subjetividad del periodista, no se está en modo alguno autorizando la introducción de la arbitrariedad y el capricho individualista en el ejercicio de la profesión de comunicador social. Pensar en algo como esto, implicaría convalidar un verdadero caos en el mundo de la información. No podemos olvidar que el relato de un periodista en particular va a ser cotejado con el de otros sobre el mismo asunto y que la deformación intencionada quedará fácilmente al descubierto.

En cada relato encontramos el sello personal de quien lo escribe, su estilo, su temperamento, su enfoque, el enriquecimiento de su formación cultural, en el momento en que informa.

El reconocimiento de los ingredientes subjetivo no involucra la confusión entre información y opinión directa u opinión redaccional, esto debe ser expresado en los editoriales, artículos, crónicas o columnas.

Entiéndase que al poner énfasis en esta distinción, no estamos admitiendo la validez del postulado de la doctrina de la objetividad, según el cual la separación de las informaciones y las opiniones en páginas distintas dentro del cuerpo del periódico constituye un certificado de imparcialidad. Pues, todo acercamiento a los hechos para transformarlos en información, todo tratamiento, encierra una dosis de opinión que se extiende desde la selección de los detalles hasta la estructuración, la redacción y la presentación de la noticia.

Asimismo, hay que destacar que la interpretación pone énfasis en el porqué, en la búsqueda de explicaciones para los acontecimientos; y agrega una pregunta más: para qué. Dentro de esta concepción, los hechos cuando se enfocan dentro de un proceso, no ocurren gratuitamente, llevan una finalidad abierta o solapada, conducen a algo de manera deliberada o no. De ahí, que siempre debemos preguntar o preguntarnos el para qué de las cosas. Por ejemplo, si el Gobierno propone una Ley especial de Cooperativas o decreta un aumento en las tarifas de los servicios públicos, no sólo es importante saber porqué lo hace, sino también para qué lo hace.

Entonces, el tratamiento interpretativo enseña a desconfiar de los hechos simples, así como insiste en las limitaciones que entraña al enfoque de los hechos aislados. El objetivo de quien escribe o hace periodismo, sigue siendo el hecho particular, sólo que ahora está consciente de que además, no es autónomo, que está consciente por circunstancias que lo preceden o lo rodean. No olvidar ese factor condicionante, no cercenar las vinculaciones de los hechos con el proceso a que pertenecen, eso es lo que se busca.

La interpretación no debe ser confundida con la emisión de opiniones directas. Postula la necesidad de enfocar los hechos en sus relaciones causales y en sus vinculaciones con el contexto que le es propio. Admite la necesaria e inevitable intervención de elementos subjetivos en el tratamiento informativo de la realidad, hace hincapié en el porqué, el para qué, la significación social y el interés público, trabaja sobre la base de una concepción de la actualidad menos restringida que la de la objetividad.

La interpretación es el sentido profundo de las noticias, que permite tener una visión más profunda de la realidad, de los hechos. Se va más allá de las apariencias superficiales. Por lo mismo, la interpretación es algo más que una explicación. Al estudiar los hechos a la luz de sus antecedentes y de los condicionamientos contextuales para buscar una respuesta a los porqué y para qué se está proponiendo una organización significativa de los acontecimientos que envuelven una valoración inevitable. Eso es algo más que una simple explicación, aunque también se proponga hacer comprensibles los hechos. La explicación puede ser fría y neutra, mecánica, limitarse a los elementos evidentes. La interpretación, en cambio, es cálida y valorativa, analiza y recompone.

La interpretación no es tampoco el resultado de una simple acumulación de datos y, en consecuencia, una noción cuantitativa. Se trata, como de escoger aquellos datos que tengan significación para la comprensión del hecho que tratemos. No se trata de apabullar al lector con una masa de información no seleccionada, sino de realizar una jerarquización rigurosa en el volumen de datos que encontremos en la investigación. En el periodismo interpretativo, al revés de lo que ocurre en el periodismo objetivo, la calidad tiene más importancia que la cantidad. La interpretación no es un problema de extensión sino de enfoque. En ese tipo de periodismo el profesional de la información recupera el uso del cerebro, no por culpa suya sino por las imposiciones, algunas veces, de una política editorial.

El pueblo, constitucionalmente, está en la búsqueda de refundar la República para la construcción de una sociedad democrática, participación y protagónica, multiétnica y pluricultural en un Estado de justicia, federal y descentralizado, en el que se consolide los valores de la libertad, la independencia, la paz, la solidaridad, el bien común, la integridad territorial, la convivencia y el imperio de la ley para ésta y las futuras generaciones.

Del mismo modo, ese pueblo, busca asegurar el derecho a la vida, al trabajo, a la cultura, a la educación, a la justicia social y a la igualdad sin discriminación ni subordinación alguna; e incluso, está empeñado en la promoción de la cooperación pacífica entre las naciones e impulsar y consolidar la integración latinoamericana de acuerdo con los principios de no intervención y autodeterminación de las naciones, la garantía universal e indivisible de los derechos humanos, la democratización de la sociedad internacional, el desarme nuclear, el equilibrio ecológico y los bienes jurídicos ambientales como patrimonio común e irrenunciable de la humanidad; y conforme al principio de progresividad estar abocado a la defensa de los derechos humanos.

Por todas estas consideraciones constitucionales inherentes al respeto del género humano y de las naciones hermanas, razón de la existencia de ser de nuestro pueblo venezolano y bolivariano, el norte en las informaciones deben estar sujetas a lo que ha sido denominado el periodismo interpretativo.

El artículo 108 de la Constitución refiere que: “Los medios de comunicación social, públicos y privados, deben contribuir a la formación ciudadana…”.

Igualmente, nos recuerda el artículo 130 del Texto Fundamental que: “Los venezolanos y venezolanas tienen el deber de honrar y defender a la patria, sus símbolos, valores culturales, resguardar y proteger la soberanía, la nacionalidad, la integridad territorial, la autodeterminación y los intereses de la Nación”.

Pero, además, reza el artículo 132 de la Carta Magna que: “Toda persona tiene el deber de cumplir sus responsabilidades sociales y participar solidariamente en la vida política, civil y comunitaria del país, promoviendo defendiendo los derechos humanos como fundamento de la convivencia democrática y de la paz social”.

El artículo 2º de la Constitución, asienta: “Venezuela se constituye en un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su actuación, la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social y en general, la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político”.

Estas normas constitucionales, que parecieran preceptos Bíblico, nos obligan más aún al dominio del periodismo interpretativo, para enaltecer, denunciar, educar, informar, pero por sobre todo realzar los valores constitucionales y patrios; por tanto, hoy hay que estar a la vanguardia de la defensa de los derechos e intereses de los excluidos que subyacen en los barrios.

II

Los hechos noticiosos hay que ponerlos al desnudo para darle un contenido concreto. Sobre la información periodística debe partirse de hechos reales y no de definiciones abstractas, sino de hechos objetivos vistos desde una perspectiva de una relación de causalidad, y, por medio del análisis de estos hechos, determinar el camino, y en ese ínterin servir enérgicamente al pueblo, en la medida en que es informado verazmente.

La prensa debe trabajar incansablemente para que nuestro pueblo despierte y sea elevado al mismo tiempo a niveles de conciencia que le permita unirse y luchar para cambiar su medio social. Por ejemplo, por una parte tenemos gente que sufre de hambre, miedo, con carencia de los derechos fundamentales; y por la otra existen hombres que explotan y oprimen a otros, contraste éste que existe en cualquier parte. Este indicador obliga a los periodistas a informar en función de contribuir hacia una ilustración que satisfagan las necesidades inmediatas de ese pueblo y que sean fácilmente aceptables y digeribles para ellos, que exalten su pasión por la lucha y su confianza en la victoria, que fortalezcan su solidaridad y los capaciten para combatir al enemigo con un solo impulso y un solo propósito. Si nos apartamos de estos objetivos, si lo que damos no puede ayudarlos a educar y orientar al pueblo, entonces nuestro trabajo de elevación será lo mismo que disparar sin apuntar, y nos habremos desviado de nuestro principio fundamental de servir a ese sacramental pueblo.

Hoy todavía existen medios de comunicación social que pertenecen a clases bien definidas y siguen lineamientos políticos definidos. Por tanto, el pueblo y la prensa deben constituirse en engranajes y tornillos pues forman parte constitutiva de la causa total de la revolución.

Ciertamente, estamos inmersos en un mundo en el que no existe ni el amor ni el odio sin que tenga una causa. El auténtico amor a la humanidad nacerá únicamente cuando las distinciones de clases hayan sido eliminadas. Esa predica del amor hacia nuestros semejantes nadie la práctica ni siquiera por muchos hombres conocidos por sabios, y todo porque es impracticable en una sociedad clasista. Las clases han provocado la división de la sociedad en muchos contrarios, y cuando ellas hayan sido eliminadas existirá el amor hacia el prójimo, pero no antes. Pero, hay quienes invierten el orden adecuado de las cosas, y sostienen, por ejemplo, que todo debería arrancar del amor; ahora bien, en lo que amor se refiere, en una sociedad dividida en clases sólo puede haber amor de clase. Sin embargo, éstos se empeñan en buscar un amor que trascienda las clases, un amor en abstracto, y también libertad en abstracto, verdad en abstracto, naturaleza humana en abstracto, etcétera. Lo cual demuestra que éstos han sido o están profundamente influidos por la burguesía.

Pues bien, --insistimos-- en cuanto al “amor a la humanidad”, no ha habido tal amor que lo abarque todo desde que la humanidad se dividió en clases. A todas las clases dominantes del pasado les placía defender ese amor, y muchos hombres conocidos como sabios y prudentes hicieron los mismo; pero nadie lo práctico realmente hasta ahora, porque es impracticable en una sociedad clasista. El auténtico amor a la humanidad nacerá cuando las distinciones de clase hayan sido eliminadas.

Los periodistas tienen que estudiar la sociedad, es decir, las diversas clases de sociedad, sus mutuas relaciones y sus respectivas condiciones, así como la fisonomía y la psicología que les son propias. Solo cuando estas cosas hayan sido captadas y comprendidas claramente tendrán nuestros prensa un rico contenido y una acertada orientación.

Es verdad que hay periodistas que no tienen ningún entusiasmo por la causa del pueblo y se mantienen apartados, contemplando con la fría indiferencia las luchas y las victorias del pueblo; periodistas que sólo manifiestan placer cuando entona interminables loas de si mismo y, a veces, también de algunas personas de su propia cofradía. Por supuesto, estos individualistas periodistas son reacios a encomiar los meritorios hechos del pueblo y a elogiar su coraje en la lucha y su confianza en la victoria. Periodistas así son las ovejas negras del pueblo y este pueblo no tiene ninguna necesidad, por cierto, de tales “cantores”.

El que tenga realmente buenas intención debe criticar con la mayor sinceridad sus propias faltas y las deficiencias de su trabajo, y proponerse corregirlas. Esta es la razón por la cual los socialistas revolucionarios han adoptado el método de autocrítica. Sólo una posición semejante es la acertada. Al propio tiempo, sólo a través de tal proceso de práctica realizada en forma concienzuda y responsable podemos comprender gradualmente cuál es el punto de vista justo y aprenderlo con firmeza. Si nos negamos a hacer esto en la práctica, demostraremos que realmente ignoramos la posición acertada, a pesar de nuestras presuntuosas afirmaciones en contra.

También asistimos hoy día a una nueva era política revolucionaria, la cual se diferencia entre una política vieja y otra política nueva, donde lo que es nuevo en este periodo histórico se torna viejo en otro. Por tanto, en esta nueva democracia la cual es científica, ésta se opone a todas las ideas imperialistas y avasallantes. Se busca la verdad a partir de los hechos: la verdad objetiva y la unidad entre la teoría y la práctica. Por tanto, al pueblo y a los estudiantes, lo esencial es dirigirlos, no para que miren hacia atrás, sino para que miren hacia delante. Esta lucha entre lo nuevo y lo viejo es una lucha entre la revolución y la contrarrevolución. La lucha entre lo nuevo y lo viejo es una lucha entre las nuevas fuerzas de las amplias masas del pueblo que lidera el Comandante Hugo Rafael Chávez Frías y las antiguas fuerzas –en decadencia—del imperialismo y la clase burguesa, que durante más de medio siglo se habían enquistado en nuestro país. El mástil del barco de la Nueva Venezuela aparece en el horizonte; lo aplaudimos y saludamos. ¡La Nueva Venezuela es nuestra!.

De ahí que es necesario comprender que la burguesía entiende por libertad de prensa la libertad de los ricos de editar periódicos, el acaparamiento de la prensa por los capitalistas, lo cual ha conducido a la venalidad de la prensa. Es decir, esa prensa reaccionaria se ocupa de distraer la atención del pueblo sobre los problemas realmente serios, profundos y fundamentales de la vida. Y en este sentido debemos encarar de una manera distinta una tarea para cuya solución existen todas las premisas materiales y faltan solamente la conciencia de su necesidad y la disposición para resolverla. Nos referimos a la tarea de transforma la prensa, de órgano exclusivo de información de las noticias políticas del día, en un órgano serio para la educación económica y la lucha del pueblo. La prensa tendrá que ubicar en primer plano los problemas del trabajo en su enfoque inmediato y práctico. Debe convertirse en el órgano de los consejos comunales, en el sentido de hacer pública precisamente toda la información que los empresarios capitalistas procuran ocultarles a los trabajadores. Hay que revelar a todas luces la organización interna de las empresas lo cual constituye para el capitalista algo que debe ser protegido de los ojos ajenos, pues esto es algo en que él busca por todos los medios de ser el soberano único y todopoderoso, a cubierto no sólo de la crítica o de la intervención, sino también de las miradas indiscretas.

Venimos de un prolongado dominio de la burguesía, por tanto, el soberano está necesitado de una amplísima campaña de ilustración, este pueblo está ávido de poseer cultura, conocimientos, de saborear una prensa que satisfaga sus necesidades inmediatas y que sea fácilmente aceptable para ellos, que exalte su pasión por la lucha y su confianza en la victoria, que fortalezca su solidaridad y lo capacite para combatir al enemigo con un solo impulso y un solo propósito.

En ese sentido, pues, los medios de comunicación social deben constituirse en el primer y principal recurso para elevar la autodisciplina de los trabajadores y transformar los viejos e inservibles métodos de trabajo, métodos de rehuir el trabajo propio de la sociedad capitalista. La misión consiste en poner de manifiesto todos los defectos de la vida económica empresarial privada o capitalista, fustigarlo de manera implacable, revelar todas las llagas de esa vida económica capitalista y apelar con ello a la opinión pública de los trabajadores, para lograr la curación de tantos males capitalistas.

La prensa, y esto debe evitarse, le dedica demasiado espacio a la agitación política sobre los viejos temas (ya conocidos, ya apreciados), al estrépito político; y reserva espacios mínimos a la edificación de la nueva vida: a la reproducción de hechos que dan testimonio de ella. Nuestra prensa no cambia todavía tanto como debería en una sociedad que está pasando del capitalismo al socialismo. No seremos revolucionarios, sino traperos, mientras toleremos en silencio la situación reinante en el país, por culpa del malsano capitalista egoísta. La prensa, aún guarda silencio a propósito de esto. Y si habla de ello, en con un estilo administrativo, burocrático, no como una prensa revolucionaria, no como un órgano de un pueblo que gradual y progresivamente ha venido demostrando con sus actos que la resistencia capitalista y de quienes conservan los hábitos de parasitismo capitalista, serán destrozados con mano férrea. A manera de parábola, quien no hace nada, no se equivoca. ¡Patria, Socialismo o Muerte!.

III

Sin miedo y sin petulancia alguna debemos aceptar que el marxismo-leninismo es por tanto, la ciencia de las leyes que rigen el desarrollo de la sociedad, es decir, la ciencia de la revolución socialista, o sea, la ciencia de la construcción y ordenamiento de la sociedad socialista.

Marx desdibujo las fuerzas determinantes del desarrollo de la sociedad. En ese sentido comprobó que la producción de los bienes materiales es la base de la vida y del desarrollo de cualquier sociedad. De ahí que el proceso de producción de los bienes materiales que convergen en el trabajo del hombre sean: los medios de trabajo y el objeto que ha de ser elaborado.

El trabajo es pues, la actividad racional del hombre encaminada a la producción de bienes materiales. Pero, el proceso de la producción no se comprende sin los medios de trabajo, que son todas aquellas cosas que utiliza el hombre par proceder sobre los objetos que han de ser elaborados. A su vez, estos medios de trabajo están ligados inexorablemente a los instrumentos de producción. Marx dijo que las épocas económicas se diferencia unas de otras no por lo que se produce, sino por los instrumentos que se emplean en la producción de bienes materiales.

De modo que, todos los medios (la tierra constituye un medio universal de trabajo) y los objetos del trabajo forman en conjunto, los medios de producción. Pero, los medios de producción, no pueden por sí solos crear bienes materiales. En consecuencia, la maquinaria más perfecta es absolutamente ineficaz si no interviene el hombre. Por tanto, el factor decisivo de toda producción es el hombre, es decir, su fuerza de trabajo.

Asimismo, en cualquier fase de desarrollo que se encontrara, producción siempre ha tenido dos aspectos fundamentales: las fuerzas productivas y las relaciones de producción. Las fuerzas productivas las forman los medios de producción; mientras que, Marx llamó a las relaciones de producción o económicas las que surgen entre los hombres en el proceso de producción, el cambio y la distribución de los bienes materiales.

Es así que, cuando los medios de producción son propiedad privada, entonces se establecen relaciones de explotación del hombre por el hombre, es decir, relaciones de dominación y subordinación. Bajo el capitalismo los obreros no poseen medios de producción y por eso precisamente, se ven obligados a trabajar para los capitalistas. En el socialismo, por el contrario, los medios de producción pertenecen al pueblo. De ahí que, en el socialismo no haya explotación del hombre por el hombre, sino que las relaciones entre los ciudadanos y ciudadanas son de cooperación amistosa y ayuda mutua, es decir, socialista.

En consecuencia, en la sociedad capitalista, la burguesía, que es la propietaria de los medios de producción, dispone a su conveniencia de todos los productos del trabajo de los obreros, en tanto que la mayoría de esos obreros, pasan la vida sumida en la más fútil miseria.

En tanto que, en el socialismo los medios de producción pertenecen al soberano, la distribución de los bienes de consumo necesario se efectúa según el trabajo, y se asegura la elevación constante del nivel de vida material y cultural de todos los trabajadores. Este es, en ambos casos, el contenido de las relaciones de producción entre los hombres.

Sobre esto, precisamente, la historia del desarrollo de la sociedad humana registra cinco formas de relaciones de producción: el de la comunidad primitiva, el esclavista, el feudal, el capitalista y el socialista. Cada uno de estos estadios de la historia ha tenido una forma de propiedad, lo mismo de los instrumentos que de los medios de producción. Acerca de esto, la base de las relaciones de producción de los regímenes esclavista, feudal y capitalista, ha sido la propiedad privada de los medios de producción, propiedad que siempre ha originado y origina inexorablemente la división de la sociedad en clases hostiles, pues hay explotados y explotadores, por tanto, el rasgo de regímenes es la encarnizada lucha de clases. Únicamente no hay lucha de clases en el socialismo, en virtud de que la base de las relaciones de producción está sustentada en la propiedad social, socialista, sobre los medios de producción, pues la sociedad socialista está conformada por clases amigas: obreros, campesinos, indígenas y la capa social formada por los intelectuales.

A cada una de estas fases de formaciones económicas-sociales: la de la comunidad primitiva, la esclavista, la feudal, la capitalista y la socialista, le corresponde su propia economía, sus conceptos, ideas e institutos; en las que el avance de las formaciones económicas-sociales comienza por la fase inferior y progresa hacia la superior; así el feudalismo cedió su lugar al capitalismo, y éste al socialismo, fase inferior del comunismo; la raíz del surgimiento, desarrollo y destrucción de las formaciones económicas-sociales están precisamente en las leyes del desarrollo de la sociedad.

El Marxismo-Leninismo enseña que no se debe concebir la naturaleza y la sociedad como una aglomeración fortuita de fenómenos aislados, exentos de relaciones mutua. Por el contrario, debemos tener presente que todos los fenómenos de la naturaleza y la sociedad guarda relación entre sí y, por tanto, se condicionan mutuamente. Esa profunda relación entre los fenómenos se manifiesta en las leyes del desarrollo de la naturaleza y la sociedad. La misión de la ciencia estriba en descubrir dicha leyes. ¡Salud!

albertovargas30@hotmail.com


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Alberto Vargas

Abogado y periodista, egresado de la UCV, con posgrado en Derecho Tributario y Derecho Penal. Profesor universitario en la cátedra de Derechos Humanos

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