Patricia Janiot: al desnudo

Patricia: estamos en verano pero te voy a desnudar, pieza por pieza, como si fuese primavera para tratar, aunque sea en pura imaginación, ver si por tu cuerpo tan frío entre un poquitico de calor y te haga decir algunas verdades que sobrepasen tus mentiras divulgadas por CNN. Eres alta como altas vuelan tus mentiras. Al ir desnudándote se va mostrando el verdadero rostro que guarda por dentro tu cuerpo, Patricia. Todos los movimientos de tus carnosos labios terminan en la hipotenusa de tus desfiguraciones conscientes. Te desnudo, Patricia, porque sin conocerte se te conoce todo tu odio vendido a la buena remuneración del periodismo perverso y salvaje que desfigura las realidades para que los pocos explotadores y opresores eleven, más allá de tu propia altura, sus arcas personales.

                Te sigo desnudando y ciertamente aún te queda parte de esa hermosa figura de cuando fuiste reina de belleza en Colombia y no tenías, todavía, tu mente tan carcomida por los principios de la degeneración social, esa que se presta para vender mentiras haciéndolas pasar por verdades.  Eso te afea, te afea tanto que ni por un puñado inmenso de oro o de diamantes sentiría una sola razón de amor por ti como -por supuesto- tu tampoco por mí. Tus formas de expresarte y, especialmente, de hacer un periodismo chabacano, mediático, morboso, inescrupuloso, farsante, mentiroso, engañoso, destruye a tu belleza del alma y la separa  de manera tan lejana que tu cuerpo pareciera se va deteriorando con el tiempo para desvalorizarse cuando ya los empresarios de medios de comunicación te consideren un estorbo que, de paso Patricia, no será muy tarde en el tiempo.

                Te sigo desnudando Patricia y es como si tu cuerpo se fuese estirando, alargando por cada una de las mentiras que de tu mente brota en los soplidos de tus ronquidos para servir al capital hiriendo, maltratando y burlándote de la verdad. Eso te afea, Patricia, te afea tanto que la primavera se vuelve invierno y alejas el otoño más allá de los colores del arcoíris rasgándole la piel a la propia madre naturaleza. Todo lo que pudiste tener de colombiana bolivariana lo pusiste en cuerpo y alma a favor de los leoninos intereses de esos monopolios capitalistas que explotan y saquean la propia sangre de la tierra en que naciste y que cambiaste por made in USA. Ni por mil puñados de oro sentiría alguna razón de amor ti, Patricia, aun cuando sigues teniendo algunos rasgos físicos de belleza que diariamente te los van pulverizando los deditos de tus manos contando cuantas verdades han sido creídas por tus mentiras. No, Patricia, ya es demasiado tu descaro y tu cinismo sirviéndole al viento lanzando rumores como objetividades, chismes como hechos, falacias como acontecimientos y mentiras por verdades. Ya no engañas, Patricia, más que a aquellos que te rodean en los escenarios de las guarimbas para demostrar un ideal que no poseen y una fuerza que no les ampara. CNN, tu canal, tu vehículo de desinformación, es la escalera de tus mentiras que ya no vuelan tan rápido por lo mucho que se te conoce ejerciendo el farso periodismo, ese que premia el engaño y niega el derecho a los pueblos a ser informados con veracidad de hechos y personajes.

                Ya no quiero seguir desnudándote, Patricia. Las arrugas de tu cuerpo son más consecuencia de las mentiras que vendes como verdades que rigores del tiempo que te va pasando de lado, por dentro y por fuera. Patricia, medita, contempla, analiza, estudia y reflexiona cada vez que mires el crecimiento de tus hijos o hijas o retoños o herederos de tu sangre. No dejes que se contaminen con tu odio hacia el bien y tu amor hacia el mal. No permitas que influya en tus seres queridos los dictámenes que te compran tu conciencia y la colocan al servicio de los más injustos de todos los intereses humanos: los del capitalista salvaje como son los amos de CNN, el canal donde laboras contrariando todos los principios éticos del periodismo y de las verdades.

                Se me hizo un invierno insoportable desnudándote Patricia. Demasiados grados bajo cero. Tu piel se puso como la del cocodrilo. Aspera, rotura cualquier piel humana que la tacte, la hace sangrar y la sangre son esas verdades que no soportan tus mentiras, tus malas intenciones, tu odio visceral a la emancipación del ser humano. Eres muy mala, Patricia, tan mala que ya tu mirada se extravía solitaria  pescando elixir para tratar de curarte de pesadillas que sólo cuando vuelvas y te armes de verdades para sólo decir verdades lograrás la sanación. Patricia: actúa rápido para que no se te haga demasiado tarde y ninguno de los dioses del bien te perdone.

                Patricia, por Dios, trata de volver a ser bella ahora -a tu edad- más por dentro que por fuera. Coloca un espejo de cristal azulado frente a ti. Mírate de frente y por cada uno de los lados. Te percatarás que chocarás con algunas nubes grises que no dejarán que tu cuerpo y menos tu alma se aprecien cristalinos. Entonces, da muy rápido una media vuelta y no mires sino que te veas con algún ojito clínico que te quede despierto en el corazón. Sólo así podrás apreciar la grandeza de decir verdades, de trabajar por las verdades, de ser una combatiente contra la mentira, de servir con lealtad y fidelidad a la causa de los más empobrecidos, de los más necesitados, de los que sólo tienen que perder las cadenas que les oprimen y les atan a un régimen injusto, perverso y salvaje de explotación de clases y del hombre por el hombre y de la mujer por la mujer. Sálvate, Patricia, sálvate para que tu alma no vaya al Infierno y el Diablo te aborrezca porque jamás va a creer que tú servirás a sus mentiras sin ninguna remuneración económica.

                Patricia: sin conocerte te he desnudado conociéndote. No es ofensa, no es burla, no es humillación de mi hacia tu persona. No, es por lo mucho que quisiera que fueses una periodista portadora de verdades y no de los virus mentirosos que tanto daño causan a las muchedumbres hambrientas de verdadera justicia social y paz. Cuando una masa de pueblo aplaude verdades y las recopila y reflexiona sobre ellas y elabora políticas sobre sus enseñanzas, el salario del periodista es lo que menos importancia tiene en su vida. Patricia: reduce tu salario pero hazte eco permanente de las verdades de los pueblos y no de las mentiras de los ricos que te explotan y te van desvalorizando aceleradamente toda el alma de tu vida.

                ¿Sabes lo que me hubiera gustado ver de tu cuerpo desnudo, Patricia?: una hermosísima alma latinoamericana diciendo verdades y no mentiras.



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Freddy Yépez


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