El Extraño Caso De Julian Assange

Mi reino por un condón

Como sabemos, a través de la historia han sido los hechos –colectivos y particulares- de hombres y mujeres los que cambiaron su vida y la de muchas generaciones. Algunos de estos hechos comprobables sin mayores esfuerzos, otros no tanto, pues solo se sustentan en la palabra o la letra de quien los argumenta. En mi opinión, muchos de estos hechos se concretaron, gracias a la toma de decisiones forzadas por una realidad particular, una circunstancia, un momento, etc.

Lo vivimos a diario, a veces nosotros mismos tomamos decisiones no siempre sobre la base de lo necesario sino de lo conveniente, otras veces nos “montamos” sobre lo oportuno y así sucesivamente hasta llegar incluso a la incomprensible toma de decisiones por simple interés, lo cual de alguna manera no dejaría de ser una toma de decisiones por irresponsabilidad o peor aún por estupidez.

Estoy absolutamente convencido de que en más de cien oportunidades sino en miles, quienes han ejercido y ejercen funciones de poder han caído en ese dilema; pero que a diferencia del nuestro, puede la decisión tomada por estos, tener el peso específico necesario para cambiar (positiva o negativamente) la vida de millones de seres y/o del planeta.

Punto concreto y sobre la base del primer párrafo.

Recuerdo la historia del Rey Ricardo III de Inglaterra, por allá por el siglo 15 y a quien se le atribuye la famosa frase “Mi reino por un caballo”. La cual esgrimió en un acto de verdadero desespero y frustración, al sentir la caída inminente de su reinado.

Cuentan algunos, entre ellos W. Shakespeare, que dicho rey se preparaba una mañana para ir al campo de batalla en Bosworth para enfrentarse a Enrique Tudor, quien pretendía ser rey de Inglaterra. Ricardo III mandó a preparar urgentemente su caballo con el herrero y este, ante tal premura, no colocó bien uno de los clavos a una de las herraduras.

En plena batalla, el rey espoleó su caballo adentrándose en filas enemigas y es entonces cuando el caballo bota la herradura mal fijada haciéndolo caer.

Al alejarse el équido del lugar y al verse el rey solo y a merced de las tropas del Conde de Richmond, es cuando grita asustado, desesperado y blandiendo su espada: ¡Un Caballo! ¡Mi Reino Por Un Caballo!

¿Reflexiones? ¿Moralejas? Muchas… pero la más clásica es que “Por un clavo se perdió una herradura, por la herradura un caballo, por un caballo una batalla y por una batalla se perdió un reino”

Ahora bien, vayamos al otro punto, el del título de este artículo.

Quisiera hacer un paralelismo –y a lo mejor no es más que un atrevimiento de mi parte- pero no sé porque a mí se me parece la historia de este rey soberbio, urgido y al final en desgracia, a un gobierno (Imperio) de los Estados Unidos. Es menester recordar, que dicho rey no fue ningún caramelo precisamente, pues la historia lo refleja como un rey déspota, al cual no solo se le imputa un reinado injusto y cruel, sino que además se le acusa de la muerte de su propio hermano Eduardo IV, se le atribuye el asesinato de los hijos de este y por si fuera poco, también el de su propia esposa.

Pero entre el rey y los Estados Unidos, no solo esto los asemeja, aunque bastaría. Sino además por la soberbia, la cual le conocemos de sobra al imperio. También por lo urgido, pues entre otras cosas, se le desmoronó el sistema financiero al cual resucitaron como Lázaro a punta de papeles y dólares inorgánicos. Además, se le acaban las reservas de energía tan necesarias para mantener su derroche. Pero por si todo esto fuera poco, también se me parece en lo asustado, pues últimamente emergen por todos lados millones de consciencias, miles de movimientos sociales que indignados ante tanto crimen, tanta mentira y tanto cinismo, los condenan abiertamente y sin miedo. Aquí pues, tenemos un paralelismo, pues todo rey es un imperio que mantener y obviamente todo imperio es un rey al cual obedecer.

El rey Ricardo III pues, luchó desesperadamente por mantener su reinado, cayó en desgracia y pegó su famoso grito.

Así mismo, el imperio norteamericano lucha desde hace algún tiempo por mantenerse a pesar de sus tragedias y aquí es donde aparece WiKileaks, o mejor dicho Julian Assange, o mejor dicho mas de 300.000 informes clasificados que evidenciaron los hechos más abominables que mente alguna ha podido concebir, gracias a la toma de decisiones de estos enfermos aberrados que dominan el mundo.

Para Estados Unidos de Norteamérica y algunos de sus aliados más serviles, no fueron suficientes los videos filtrados por ese “clavo mal fijado en la herradura” que se llama Bradley Manning. En mi opinión, un verdadero ciudadano del mundo más allá de los conceptos militares. El soldado Manning, un jovencito norteamericano al cual la historia deberá reconocer, como una especie de mano valiente que se levanto, pero para mostrar su propia podredumbre.

Pero el protagonista principal del cuento es el señor Julian Assange, quien para efectos de esta escueta analogía lo llamaremos “El Condom”.

El Condom De Assange.

Julian Assange un joven Australiano, o Sueco o pronto Ecuatoriano, como quieran, el hecho es que es un caballero de 41 años, al cual se le ha perseguido durante años, se le ha amenazado de muerte a él y a su familia, se le ha asediado, mortificado, obviamente violándosele todos sus derechos humanos; solo porque se le ocurrió la brillante idea de publicar los informes clasificados filtrados por el “clavo” Manning” en su página web Wikileaks despertando la ira del rey Ricardo III, el cual se adentró furibundo en filas enemigas y amigas, en búsqueda del rabo de paja de J. Assange.

No es sino después de varios meses, que descubren que de las decenas o de las cientos de relaciones, romances y/o parejas que pudo tener este señor, en una de ellas, al tipo se le ocurrió tener sexo sin ponerse un condom.

¡¡¡Si, tuvo sexo sin preservativo. Fin de mundo!!!

Cuales crímenes de guerra? Que Abugraib? Que Guantánamo? Cuales desestabilizaciones de países en vías de desarrollo, ni que bombardeos a civiles y a periodistas inocentes? Cuales torturas? Que orinadera sobre iraquíes prisioneros? Cual uso de sustancias químicas prohibidas en Afganistan, ni que documentos comprometedores, ni que nada?

No señor, aquí el criminal es Julian Assange por no haberse puesto un condom!

Casi que puedo escuchar a este Ricardo III diciendo: ¡Como esas minucias publicadas por Assange en Wikileaks sobre mí van a ser más graves que lo que él hizo, no señor, mas criminal es él que yo!

Punto aparte para decirles que soy un hombre formado en las leyes y para las leyes, en consecuencia, respetuoso de ellas y de los pueblos que las originan y las ostentan con orgullo. Pero vamos a estar claros, si eso no fuera mas que una vulgar excusa, y en realidad fuera un imperdonable delito; yo solito fuera más criminal que el que lanzó la bomba en Hiroshima y Nagasaki, mas culpable que Osama Bin Laden y más cruel que Posada Carriles (al mismo tiempo).

Cinismo total, según el gobierno imperial de los Estados Unidos ahora resulta que hacer el amor de manera natural, como debe ser, como dios manda o mejor dicho “A Rin Pela’o” es un crimen de tal gravedad, que justifica la descalificación de quien puso en evidencia los más atroces crímenes cometidos por ellos y con el agravante del falso argumento, sobre la existencia de armas de destrucción masiva.

Por otra parte, no podía ser casual que en este “alocado” ejercicio de historias de reyes, imperios, caballos y condones, estuviese metido una vez más el llamado Reino Unido, o sea, como para terminarla de “Embarrar”, este imperio trasnochado pone la cómica internacional al pretender sacar al hoy asilado Julian Assange, asaltando la embajada de Ecuador. Locura total.

Será casualidad que uno de los pocos reinos que aun existen, aunque decadente, pero reino al fin, esté metido junto al imperio actual, en este triste capitulo del derecho internacional?

Como les comentaba, al ser hombre de leyes me preocupa el derecho, su respeto y justa aplicación y tan es así, que les confieso que un día de estos voy a tomarme otro atrevimiento. Les prometo que investigaré por todos los medios, cuantas hectáreas de arboles han podido ser taladas, vale decir; destrozadas y arrasadas junto a todos los impactos ambientales que esto haya podido causar, para determinar cuántos libros de derecho internacional público se han impreso desde que este derecho existe para la “sana convivencia internacional”. Y también sacaré la cuenta de cuantas hectáreas de árboles también fueron destruidas para poder imprimir los millones y millones de libritos que hablan sobre la convención de Viena y luego, en un ejercicio de sueño personal, demandaré a Reino Unido por los daños y perjuicios ocasionados a la humanidad por tal inútil sacrificio. Y seguro que ganaré la demanda.

Pero bueno, hubo una vez un rey soberbio que apurado mandò a herrar su caballo, un clavo le echó una tronco e´ vaina, se cayó y al verse perdido gritó en las ultimas: “Mi reino por un caballo”

Y Llego Estados Unidos, se ve en evidencia y cambia la cosa: “Mi reino por un Condón”

jcar2021@gmail.com


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Jorge Carles Acosta


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