A propósito de ser ciego

Diosdado Cabello: El único candado que le queda al madurismo

Hace 27 años el nombre de Diosdado Cabello fue uno de los insurgentes de aquella madrugada de un 4 de Febrero de 1992 cuando un intento de golpe de Estado liderado por Hugo Chávez, quiso derrocar al gobierno de Carlos Andrés Pérez que en aquel entonces atravesaba una profunda crisis política, económica y social, así como un mayoritario rechazo popular, historia que si la comparamos con la realidad que ahora vivimos con el madurismo, aquella resultaría una simple tormenta con el diluvio que este nefasto régimen neototalitario ha hundido a Venezuela.

Nicolás Maduro no tiene posibilidades de seguir gobernando al país. No sólo es el desconocimiento de la mayoría de los países de América Latina, así como prácticamente toda la Unión Europea, y los Estados Unidos, sino que financieramente con la quiebra de Petróleos de Venezuela (Pdvsa), está el embargo de sus activos en el exterior, y la inutilización de sus cuentas bancarias que ya no están bajo el control de los jerarcas del régimen, es decir, que los ingresos por renta petrolera ya no son parte de las cuentas de Miraflores, razón por la cual, incluso los cargamentos que son enviados para China y Rusia por concepto de deudas contraídas, no sería extraño que en cualquier momento también fueran suspendidos con la finalidad de redirigirlos hacia otros destinos que les permitiesen obtener ingresos que pudieran extender su agonía, aunque una acción de esa naturaleza terminaría por derrumbarles el poco apoyo que aún les queda por parte de tales naciones.

Ante esta realidad las cartas están echadas. El madurismo está caído de facto, aunque por todos los medios que tenga a su alcance intente mostrar una suerte de post-verdad política. No sólo han perdido el respaldo popular- por ello se niegan a realizar cuando menos un referendo consultivo – sino que los militares que todavía apoyan la bazofia política lo hacen por una cadena forzada de mando, cuyos generales saben que también, más temprano que tarde tendrán que rendirse, so pena de verse condenados junto con sus familias en un ostracismo mundial, que ni siquiera les permitirá un mínimo de oxígeno de convivencia humana, tanto en lo legal como de relaciones interpersonales.

La estructura madurista ha colapsado en todo su interior. La metástasis política se expande aceleradamente sin posibilidad alguna de recuperación. Por el contrario, el madurismo luce como aquel paciente afectado por cáncer que estando en una cama de terapia intensiva, ni siquiera la quimioterapia le permitirá mitigar el dolor, y menos evitar que la infección se multiplique en su organismo, lo que equivale a decir, que lo único seguro es su predecible fallecimiento en el contexto del lecho sobre el cual agoniza.

No obstante, eso no implica que a pesar de semejante realidad, la cúpula madurista deje de aferrarse al poder, y si bien Nicolás Maduro ya piensa en la forma más decorosa de abandonar la podredumbre política en la cual sumió a Venezuela, su "hermano del alma", y también autodenominado "hijo de Chávez", o sea, Diosdado Cabello jamás entregará la cúpula política, y menos conociendo de antemano que en su caso, existe un cártel identificado hasta con brillantes soles – que también son parte de generales - cuyas declaraciones en su contra vienen precisamente desde las cárceles de máxima seguridad que se encuentran en el norte.

Antes de que Maduro termine por entregar el poder, primero rodará la cabeza política de Diosdado Cabello, quien se ha convertido en el único candado para terminar de escribir esta historia. Esa es la razón que ha llevado a los grupos más radicales a pronunciarse en favor del madurismo en los últimos días. Verbigracia, ni lo que digan los colectivos armados, y menos la llamada "milicia" podrá evitar lo inevitable.

Diosdado Cabello desesperadamente recorre el país tratando de unir a los sectores radicales que aún acompañan el agonizante madurismo, y esa es la causa por la cual Nicolás Maduro trata de hacer lo mismo en los cuarteles. Es el ejemplo del afectado por cáncer en etapa terminal. Hagan lo que hagan. Digan lo que digan. Imploren a quien imploren. Nada ni nadie impedirá que se escriba el lamentable desenlace madurista, porque es simple: se quedaron sin pueblo, y la fuerza armada tampoco los acompañaría en una eventual aventura militar.

Venezuela está decidida a cambiar, y no precisamente hacia el empecinamiento de unos pocos que destruyeron el país más próspero de América Latina en una especie de Afganistán tropical, gobernada por unos especímenes políticos que poco les importó el sufrimiento de una nación entera, envuelta con el hambre de los niños, y la muerte de sus ancianos esperando cobrar una mísera pensión de cinco dólares mensuales.

Diosdado Cabello es el último reducto del radicalismo madurista. Sólo que en este caso, él prefirió tragarse la llave evitando que alguien pudiera abrir el candado de la traición, pero ni de esa manera podrá evitar que la puerta que conduce hacia el futuro de Venezuela pueda ser abierta con el candado que todavía la cierra, y por ende, eso es lo que todavía mantiene al madurismo luchando contra una corriente que sabe no podrá superar y menos vencerla, porque en definitiva el diluvio que ellos mismos generaron buscando eliminar a sus oponentes, terminó llevándolos hasta la cascada más profunda sin posibilidad de retorno ni salvación.

Diosdado Cabello: El único candado que le queda al madurismo. El fin del madurismo está cerca. A propósito de ser ciego. Quien tenga ojos que vea.



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Javier Antonio Vivas Santana

Lic. en Educación en las menciones de Ciencias Sociales y Lengua (UNA) Maestría en Educación mención Enseñanza del Castellano (UDO) Dr. en Educación (UPEL) Profesor de la Misión Sucre (2003 -2012)

 jvivassantana@gmail.com      @jvivassantana

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