Grito llanero

¿Puede Earle Herrera gerenciar una arepera socialista?

La pregunta es de cuidado y sí, debemos admitirlo, tiene un birulillo, un piquete, que pretende atraer al lector (y a Earle, of course), pero no es frívola de ningún modo. Seguimos en afán interrogante: ¿Luis Britto García gerenciaría bien una siderúrgica? ¿Blanca Eekhout cumpliría o superaría las metas en una ensambladora de camiones? ¿Roberto Hernández Montoya sería bueno ordenando el ordeño y dirigiendo un hato ganadero? ¿Serán todos capaces?

Me gusta imaginarme a un vigoroso Earle estudiando las condiciones óptimas para amasar las arepas, asegurando una exacta ralladura del queso y actuando con firmeza y alegría para llevarle el solar condumio a la boca de miles de personas. Haría gala de su caballerosidad para tratar a sus compañeros subordinados; estudiaría al pelo la ciencia arepérica y (me quemo las manos en un caliente budare por ello) llevaría al éxito total, rotundo a tan solidario y estratégico emprendimiento socialista.

Luis Britto García, por su parte, con su enciclopédico saber no se dejaría meter coba ni labia por tirios ni troyanos que pretenden el control de nuestra industria estratégica; metería en cintura a los flojos y vagos; y en la cárcel a guisadores y tramposos. Con su estatura moral echaría a los mercaderes del metálico templo y, convirtiéndose en un personaje épico de sus lecturas y escritos, conduciría heroicamente patrióticas y extenuantes jornadas de trabajo productivo. No cumpliría las metas: estamos seguros que las rebasaría en largo trecho.

En una ensambladora de camiones la grácil Blanca Eekhout demostraría el temple de acero que se esconde bajo su dulce serenidad; convocaría de inmediato a los más diestros a compartir sus saberes, haría compromisos concretos con la producción como tarea estratégica; le chocaría de frente al estudio de la política y la ingeniería; releería a Owens, a Lenín, a Mao y produciría relucientes, potentes y correlones camiones para llenar a la Patria y para vender a la UNASUR.

Por su parte, Roberto Hernández Montoya, como buen mamador de gallo, tomaría la jefatura de la unidad agropecuaria con la mayor seriedad. Daría relecturas a los textos que definen la esencia del llano y los llaneros; madrugaría a supervisar personalmente el ordeño; aplicaría creativas innovaciones a los procesos de producción; se vincularía a las poblaciones aledañas impartiendo justicia social; quebraría el dominio de los señores feudales sin importar el color de la camisa que vistan y convocaría a descamisados a una gran cruzada por la producción que muy temprano cubriría todo el llano de reses, búfalos, caballos, burros, marranos, gallinas, cachamas y animales silvestres por montones. Descubriría, demostraría, que aquello de que "los llaneros son flojos" no es más que un malísimo chiste.

Todos estos camaradas, estoy seguro, en el supuesto de asumir esas responsabilidades, dejarían el pellejo pegao en sus sitios de trabajo para cumplir la tarea, por una simple y llanísima razón: son cuadros políticos en todo el sentido de la palabra, por tanto poseen el arsenal teórico para entender lo sistémico y lo dialéctico, la capacidad de aprendizaje y la moral militante revolucionaria.

Opera una subjetividad dicotómica que pretende establecer una separación entre la teoría y la práctica, entre lo técnico y lo político, entre las humanidades y las ciencias puras y duras. Una división del trabajo que, hija de atrabiliarios estereotipos coloniza las mentes de cualquier hijo de vecino que, al categorizar a alguien de teórico, por ejemplo, cree que se la está comiendo, y pretende calificar a la víctima de la invectiva como incapaz de hacer, de concretar, de construir absolutamente nada.

Suponen los sicofantes que la persona que trabaja las ideas aún no ha descendido del "Topos Uranos" platónico y se dedica gustoso a mirarse la barriga, a hablar pendejeras y a ejercer la "teorización" como una manera onanista de satisfacer su vida. Juzgan como "poetas" (y en esto sentimos una cada vez mayor derivación peyorativa), flojos o inútiles en lo práctico a los hombres y mujeres de ideas. ¡Hay que echarle bolas y más un coño!, gritan desde su médula espinal quienes desprecian a la teoría al confundir su ejercicio con la charlatanería o "habladera de guevonadas".

Por eso me cago de la risa (y perdónenseme las lunfardías) cuando recuerdo que la principal falacia ad hominem que proferían los escuálidos al Comandante Chávez para descalificarlo como Presidente de la República era que "tan sólo había administrado una cantina militar en su vida y hablaba mucho". Pues bien, ese "cantinero-hablador" no sólo administró con tino los recursos de la Patria, también los aumentó exponencialmente gracias a su sentido estratégico y descomunal sed del saber y se los dio al pueblo venezolano para cambiar positivamente el curso de su historia.

pegenie@hotmail.com



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Pedro Gerardo Nieves

Autodidacta. Comunicador popular, coordinador de la Brigada de Agitación, Propaganda y Comunicación Florentino del PSUV Barinas, vocero de la Guerrilla Comunicacional Florentino, delegado de formación de la Escuela Nacional de Formación Socialista "Hugo Chávez" del PSUV.

 pegenie@hotmail.com

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