Socialismo, tradición y modernidad juntos

oda revolución resume una utopía realizable, en su historia reposan las huellas de querer otra matriz productiva que permita revitalizar la economía de la igualdad, de la equidad, ese el sueño, pero, la utopía está lejos de cumplirse porque este proceso reúne un conjunto de contradicciones sin consciencia revolucionaria solo los sobresaltos económicos conviven con la masa, con lo nuevo y lo viejo del neoliberalismo confundidos en un abrazo interesado y desequilibrado del dólar paralelo, mercado que cada año es más fuerte como fuerte se encuentra la empresa privada, las fuerzas armadas y la oposición.

En estos meses sobran los ejemplos de esta tragedia cultural y política por la falta de identidad revolucionaria y socialista a pesar de seguir una Constitución que supuestamente permite el camino a una transición siempre y cuando se la fortalezca con leyes habilitantes que son solo un entretenimiento, leyes que en nada enfocan el verdadero problema del país que es económico y su ineficacia para encausarlo.

Deslumbramos al planeta con nuestros logros sociales proclamando los derechos de la autodeterminación, vendemos los derechos del socialismo del siglo XXI y simultáneamente nos ahogamos con la inflación, corrupción e ineficacia en el tren ejecutivo, buro y partido que las más de 200 leyes habilitantes no han podido resolver.

A gritos sostenemos la política del buen vivir para nuestro pueblo y en paralelo continuamos con las estupideces que reviven a la oposición por un acuerdo hablado hace rato que permite la existencia de la empresa privada ratificado por Maduro meses atrás, lo peor de todo es, que continuamos con nuestra pobre política revolucionaria que no termina de convencer porque nunca habrá radicalismo, los acuerdos con la burguesía lo impiden. La libertad de Capriles, el acaparamiento y el desabastecimiento nos lo confirman.

Los chavistas hace poco los más rebeldes del país hoy con un conformismo preocupante, abanderados de la justicia social, la libertad y la soberanía cuando murió Chávez buscaron desaparecer, ya no tienen identidad revolucionaria.

Sin duda, en estos 7 meses estamos manejando la política del doble discurso en todos los poderes, dualidad que no nos sonroja pero que se expande y vuelve a formar parte de la cultura de los acuerdos de la IV República.

No quiero decir con esto que Nicolás sea el único culpable pues él ya tomó las riendas de los acuerdos cuando estos se encontraban galopando hacia la sobrevivencia de las empresas privadas, culpo a Nicolás por sostener a ineficaces y sectaristas en el gobierno mientras trata de luchar contra la corrupción y la guerra económica siendo coparticipes de esta situación y cuando el ejecutivo, la Asamblea, las gobernaciones y las alcaldías han caído en una especie de melancolía, crepúsculo que ya llega a las FFAA y ya vemos que el amor a Chávez no salva a este proceso, ahora piensan dos veces antes de alinearse con este gobierno y eso es un tremendo problema existencial para la revolución.

En este momento este proceso nos marca y revela lo que no es correcto para la revolución, la trama para eludir responsabilidades son una vergüenza, son parte de la cultura de este cambio, una rutina de todos los días como medias tintas revolucionarios, acumulamos ignorancia y deslealtad en los actos que quedan como tristes episodios.

La ineptitud, irresponsabilidad, corrupción, indiferencia de la cúpula son injustificables, pero, mucho más descubrir por qué nunca se entró en la radicalización de la revolución, se fueron por lo más fácil para existir como gobierno revolucionario elegido pacíficamente, devela lo lejos que estamos de un socialismo.

Nunca quisimos salir del libreto de los acuerdos ni para decir lo mismo con un pensar diferente de las bases, acostumbradas en todo este tiempo a creer que de allí no pueden salir cuadros políticos capaces de remozar el cansino martilleo de verdades a medias de los miembros del Buro, del tren ejecutivo, asambleístas, gobernadores y alcaldes repetidas de propaganda que no encuentran respuestas ni en la asambleas de calle.

Un socialismo moderno supone un cambio de enormes proporciones, al principio no sabíamos cómo afrontarlo, después, Fidel nos confió que su peor error fue pensar que sabía cómo construir un socialismo, ahí, nos quedamos sin una formula para una verdadera democracia en un estado poco soberano y de una libertad sin autodeterminación ni soberanía alimenticia, así, ¿qué transformación cultural, económica y política podríamos lograr cuando nos apartamos del marxismo-leninismo?

Me resisto a creer que en Latinoamérica podamos construir un socialismo con la oligarquía como socios porque la construcción de un socialismo es una empresa mayor que requiere nuevas tecnologías y un léxico revolucionario acorde con los tiempos pero que no puede apartarse de la igualdad, de la equidad, dignidad y humanismo como soportes para crear la vieja aspiración de la mujer y hombre nuevos.

Una cosa es lo que se diga del socialismo en los clásicos discursos e improvisaciones de los debates, conferencias, organizadas para decir que ideológicamente hacemos algo ignorando la justicia social, ignorando los monopolios y sin abolir los privilegios y las diferencias salariales.

El socialismo en la práctica defiende y fortalece la sociedad, el trabajo y los derechos en todas las formas para poder proponer la transición hacia una sociedad participativa en la que la vida en crecimiento es el bien máximo conectada con el bien común y la satisfacción individual alejados del materialismo y consumismo excesivo.

Explica un ideal socialista para cambiar los paradigmas superficiales, cansinos y tradicionales, siempre desmontados porque no entran en la práctica revolucionaria; proceso que ha quedado en una manipulación ideológica, en un ardid demagógico, lamentable, porque el socialismo del siglo XXI tiene un acumulado histórico y un peso ideológico que debe ser practicado.



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Raúl Crespo


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