De la ética a la política y sus controversias…

De los principios de filosofía política;  la moral como virtud cívica o  autonomía personal y, algunos asuntos públicos controversiales

El peculiar y funesto ejemplo del nepotismo, la  incompetencia a dedo persistente e irresponsable a conciencia en algunos desempeños de los asuntos en la administración pública y privada referida a los hechos sociales económicos nacionales que no reconocen la complejidad cultural actual de la organización procedimental democrática, asociativa, redistributiva,  nacional e internacional , el neomaquiaveliano, peculiar, legal, y deshonesto enriquecimiento súbito evidentemente desproporcional a ingresos anuales percibidos, la razón pública y la razón política ¿ambas validas?

Una ética de convicción y una ética de responsabilidad política en contraposición radical con la conciencia moral controvertida y su asertiva acción comunicativa

¿La relación de la política con la moral y la ética?

De la argumentación ¿crítica? a la acción ético-política; el abismo es profundo, -por eso no soy político de oficio, carezco de virtudes-, son nefastas las variantes que le vigorizan –a la moral y la ética-  y dan categorías en los más disimiles estilos a las más diversas gamas comprendidas entre el fascismo liberal hasta el socialista en sus más amplias heterodoxias y ortodoxias, sin llegar a tocarse, pues para ello requerirían de mínimas dosis del mana de la ética política, y, de ello tratan éstas breves y críticas líneas.

Empezando por el decrecimiento económico nacional con la inflación y sus efectos nocivos inmediatos de escasez, en la pérdida del poder adquisitivo del salario real,  desempleo en los procesos y las alianzas contractuales más que limitados a las propiedades como capitalismo desarrollista de Estado de asociados comunitarios a los medios de producción, una repartición a granel de exigencias de prebendas y regalías, las capacidades de los ciudadanos como productores y portadores de conocimientos e ideas innovadoras y consumidores, con lucro o sin él, sin el correspondiente desempeño social actitudinal como meritos al progreso. ¿La verdad ciudadana nacional y la local? los privilegios anti-éticos y las virtudes políticas legales, honradas, pero deshonestas como espejos refractarios radicalmente opuestos de los principios universales por lo menos en teoría como fundamentos ejemplarizantes para los valores humanos de una exigida ética política, combustible del necesariamente urgente demandado “nuevo orden nacional e internacional”  en ciernes.

Constituyendo a su vez, especificas aristas implícitas en punto de quiebre en el ejercicio gerencial o subalterno organizacional administrativo como práctica política irresponsable de algunos miembros del los organismos del Estado y  diversos  sectores privados nacionales, es decir, de su anti-ética política en la práctica demostrada realmente con los hechos que fatalmente afectan al pueblo llano; reflejado en el alto costo de la vida, el desempleo, la inseguridad, todo  pagándolo el pueblo llano, sujeto a las causales y efectos de las controversias éticas actuales enquistadas como privilegios impunes, para otras formas de entender la relación entre ética y política, Estado y pueblo, en su sentido más bochornosamente práctico que no suma cada vez más  en un  subdesarrollo impuesto

¿La educación política de la ciudadanía basada en principios universales o en valores históricos; construidos, vividos y aspirados por la comunidad?

En su Carta sobre la Tolerancia 1689, John Locke, advertía:

“La tarea de las leyes no es la de procurar la verdad de las opiniones, sino la seguridad y la protección de la República, así como la de los bienes y la persona de cada hombre particular” 

La ética, como la libertad misma de buscar la verdad. Para propugnar cambios  que ocurran a igualdad de derechos por la justicia y respeto de principios y valores a cuyos miembros se adhieran libremente en una misma verdad diligente soberana nacional, es la distancia marcada entre eticidad y corruptela. No la unidad en torno a la diversidad manifiesta y materializada desde la verdad ética en deliberación permanentemente constante nacional, parafraseando a Hugo Chávez, 1, Dios lo bendiga. Una necesaria verdad mundial afianzada por la moral personal.

Una  administrativa ética como filosofía política  sin controversias patológicas que aquejan el dominio del funcionamiento de las democracias, es decir, de economía en desarrollo material y espiritual dirigida desde la justicia para el bienestar social, basada desde su sistema operativo distinguiendo su educación cívica de su educación filosófica; en la educación y la manufactura básica para al tránsito fecundo y sostenido en los múltiples servicios sustentados por industrias. Pues en contacto con la verdad ocupamos todos los órdenes o campos de la moral y nos orientamos a bien políticamente entre los múltiples conflictos, entre deberes y derechos como pautas para la cabal ocupación en el contexto de la complejidad moral

Rectificación de lo comunal ¿Cómo y por qué la ética  se constituye en condición moral de posibilidad persistentemente transparente para la eficiencia del Poder?

Reconociendo el principio de finitud; la destrucción de lo positivo por lo más positivo, de un deber en nombre de otro más extensiblemente y amplio, o de las exigencias de una posible forma de vida por las excelencias de la forma de vida también exigente pero que elegimos a capacidad.

La brújula de la discusión; la orienta el magnetismo de lo ético, la ética en su debate incesante de aplicación práctica posible ante la crisis de la modernidad, sin el sacerdocio conceptual dogmatico y sin interpretaciones intelectualistas de la autonomía personal por la colectiva, sino del ejemplo como pauta personal que le legitima porque  se implica como matriz psicosocioeconómica  articulada sobre una base contextual pertinente, entre la razón científica y la práctica que le estimula gratificante, buscando el mejoramiento en calidad de vida a expensas de todos y, por todos como filosofía democrática.

¿Democracia ética socialista?

Interpretando  a  J. Habermas: soberanía y globalización.

Afianzando la auto concepción normativa de la democracia constitucional protagónica como resultado de la razón existente, distinguiendo entre normas y valores. 

Una moral particular y una ética universal para una ¿ética política?

Reclamando a su vez para ello, una moral determinada por la conciencia de la persistencia humana como especie ética mística por el bien ante la crisis ecológica actual, como la asunción imprescindible de valores comunitarios universales en el ejercicio de la administración de la “cosa política”, para profundizar las democracias en representaciones participativas-protagónicas, sin puntos clasistas ni populistas, sin dilemas de identidad y, justificables en cuanto a su  concepción política como parte de la verdad del poder y su fin último, especificando los medios éticos que así le legitiman en conjunción con el principio de la motivación moral a la consolidación del Estado Ético de Justicia.

Desde las capacidades morales e intelectuales de sus ciudadanos e institucionales del Estado-República como cultura pública reflexiva de la idea de la verdad moral; trascendiendo religiones, más no su carácter místico virtuoso en conocimientos; todo pasando desde lo personal a lo colectivo nacional requerido para la ética política para mantener la paz en democracia realmente efectiva y concreta ¿“socialismo siglo XXI”? El árbol cristiano de la vida

El debate sobre la ética y  las razones morales políticas productivamente competitivas a través de sus instancias locales

El dicho al hecho de la radical oposición enfrentada en pluralidad de doctrinas sin colisión, por sus ordenes en principios opuestos pueden ser razonables si la ética interviene y establece las normas generales como métodos interactivos; más no, las normas de juicio, desde allí la dialéctica en principios acordados como ley moral ejerce su papel político legitimo en autoridad reconocida: el mismo principio que se impone a “A” se impone por igual a “ Z”, así, como lo intereses de clases son incomparables en ideologías y programas, también lo son iguales en atenerse a los deberes y voluntades públicas, pues los fines morales han de ser los mismos pautados comúnmente en  los acuerdos. El carácter humanista de la ética es así universalmente categórico indiscutible.

Si no entendemos la justificación racional nadie aprenderá a saber algo firme y profundamente

Pero, si solo se le atribuye  a la ética la prioridad de lo razonable como lo verdadero, John Rawls, entonces será inviable  como  posibilidad expedita nacional para realizar una sociedad bien ordenada, virtuosa, productiva, unificada por la “teoría de la justicia” pues ella requiere de motivaciones, esperanzas y fe materializadas como virtudes éticas para el materialismo histórico dialéctico; reconocidas como equidad concreta, actuada en  un marco de justo régimen constitucional; que es la conciencia coherentemente ejemplar nacional real de que nuestro conocimiento está en sintonía de  confianza a nuestras  instituciones y sus burocracias por tanto son circunstancias a superar con la conciencia de la eficiencia; no son intuiciones viciadas carentes de verdad moral trascendental, donde importa más salvar al utópico mundo aparente  que lo humano.

Si es así, entonces estaremos dejando de aceptar el reconocimiento del cuerpo político, del poder del Estado Comunal como eje transformado que le estructura como nación, como identidad del propio proyecto sensible, progresista, humanista, convirtiéndose en una ética patológica que repara en contenerse tradicionalmente a todo nacionalismo o comunitarismo y consecuentemente en fascismo libertario.

¿Cuál es la teoría de la justicia ideal aspirada? ¿Y, cuál es el carácter ético que atiende éstas exigencias?

La cultura política pública crece aritméticamente  proporcional en cuanto a la efectiva, concreta  solución de conflictos y problemas sociales públicos y privados, es cuándo y dónde la opinión pública empieza a carecer de elementos de juicio moral para el irrespeto institucional y personal, por ser la moral un valor consistente en su ineludible  feliz verdad vivida.

Y, ya que una sociedad  justa no se puede asentar solamente sobre la mera tolerancia, pues no puede persistir y ser siempre un modus vivendi eterno, ya que el principio de tolerancia se agota sin soluciones y deja de ser respetado si no se evitan las falacias de la unilateralidad, que requieren una activación colectiva de valores éticos –el sujeto político en acción- inmersos en la práctica política de acuerdo a la capacidad movilizada e interesada de sus ciudadanos; tornándose así, hacia la realización de la praxis en el consenso pactado en  leyes estipuladas constitucionalmente, más allá de un protocolo re interpretativo de sesgados intereses, se valida como un  principio ético para una filosofía política determinada

La ejemplar enseñanza ética como valor autónomo individual y comunitario nacional

No es desde una unanimidad mecanicista tradicional. Es desde la conciencia activa, casi que fusión entre ciencia y religión, provista en su espiritualidad moral con la autoridad legítima que le provee de valores decisivos, -de la vida buena- con  el valor de lo que la realiza como enseñanza ética central reconocida en la capacidad de conseguir los bienes necesarios internos a las actividades humanas de cooperación; fundamentales en principios y disposiciones morales ejemplares personales hacia el colectivo comunal nacional, y éstos subyacen redundando a voluntades afines del hombre y la mujer como célula social familiar de la Nación-Estado Comunal

Una filosofía política de facticidad y validez en el respeto civil deliberante e institucional, menos retorico e invertebrado y más auto determinado moralmente para imponer  límites basados en el catalogo de derechos humanos ante cualquier tiranía de las minorías o mayorías legitimas.

Experiencia moral y verdad de los principios éticos. De la verdad individual a la verdad común

La razón pública –en el Estado de partidos políticos- se concreta  en la concepción política de la justicia; de quienes hayan desarrollado sus facultades racionales  -de juicio, de pensamiento y de inferencia- , enlazadas al desarrollo también de  facultades morales, -el sentido de la justicia y el sentido del bien- como el grado mínimo requerido para ejercerlas socialmente como uniones sociales convenientes en justicia como equidad

La  igualdad ciudadana, como el mínimo grado requerido de facultades racionales y morales

  ¿Y, cuál ha de ser ésta concepción? ¿Qué se define por los derechos y libertades básicas de una democracia constitucional en el orden teórico de justicia moral para la efectiva prioridad asignada a derechos, como por ejemplo; del propugnado creciente grado de bienestar general nacional  meritorio, sin privilegios, en la medida activamente efectiva y no efectista del civismo como autonomía individual en equilibrio con su comunidad  y que le permitan a los ciudadanos los medios  no solo incluyentes teóricamente, sino del ejercicio de sus libertades en prácticas de sus derechos en virtud de la operatividad que le vincula necesariamente valido en fuerza para su justificación moral en materias de derecho y justicia.

Y, para ello  los principios doctrinarios de justicia  a poner en práctica, además de la concepción ideológica política, hacen falta directivas gerenciales que le ejemplaricen más allá del códice del “solidarismo” como modos de razonamientos e ideales básicos de la nueva legislación  como filosofía política, una “ideología” soberana ajustada a derecho para decidir sobre diversos sustantivos inherentes al proyecto concreto de realización de los derechos humanos y sus deberes.

¿La razón pública y la verdad?  ¿Cómo y por qué la ética  se constituye en condición de posibilidad eficiente del poder?

Los valores de una justicia política efectivamente eficiente persisten dada su satisfactoria certeza útil, que llegando a constituirse en hábito central de nuestra personalidad nacional y otra clase de valores políticos que además son incompatibles al violento egoísmo, pues están ligados a la actuación decisiva éticamente probada  y, son los emblemas religiosos, científicos, masónicos o iluminatis, entre otros de la razón pública en el sentido estricto de sus sistemas organizacionales como ejemplos consagrados de virtudes políticas; el deber moral del civismo para el progreso consagrado a la patria y la razonabilidad tendente al bien que le asisten, ayudando  al adelantado dialogo, haciendo posible  el parlamentarismo en toda la cuestión política.

Es compleja la relación entre razón pública y verdad ética; así pues que la protección de la verdad racional no garantiza siempre la verdad ética pero le desmitifica en cuanto a su igualdad legal e igualdad fáctica como en política de valores equitativos  y, para que sea consecuente exige no sacrificar a su verdad los derechos y libertades sectoriales sino extenderlos a la devoción por la dignidad humana, por la igualdad de derechos, por la justicia social y económica, por la paz, el civismo como verdad en dignidad humana creciente  y, por la tolerancia en convivencia de la diversidad como razón siempre existente. arteawao2003@yahoo.

Bibliografía:

Leer artículos relacionados en; Últimas Noticias 14 julio 2013, entrevista realizada por Roberto Malaver a la Dra. Luisa Ortega Díaz

: http://www.ultimasnoticias.com.ve/noticias/actualidad/politica/luisa-ortega-diaz-hemos-recibido-33-mil-denuncias-.aspx#ixzz2Z1dryTnM

 

Fernández Buy, Francisco.   Ética y filosofía política

Habermas, Jürgen.  Conciencia Moral y Acción Comunicativa.

Rawls, John.  Teoría de la Justicia

Locke, John. Carta de la Tolerancia

 



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Alejandro Álvarez Osuna


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