La educación se quedó sin futuro: nuestros jóvenes emigran de Venezuela

En cualquier país, la educación es el signo de la esperanza en la formación del ser humano en su concepción ciudadana y espiritual. La educación no es un simple concepto dentro de quehacer de una sociedad. La educación es el corazón y el alma hasta de los oprimidos de esa sociedad que Paulo Freire señalaba en una de sus obras.

Cuando un niño, niña, adolescente, joven y hasta adulto asiste a una escuela, liceo, universidad o centro de capacitación, está en su pensamiento, mirada y acción un oxigonio de sueños, acciones y realidades que se van materializando conforme avanza el tiempo, porque ese tiempo va generando la esperanza, el optimismo y la fuerza necesarias para enfrentar con éxito el presente y futuro. Esa es la razón porque la educación es la vitrina que refleja el cómo los conocimientos se convierten a fortiori en la cascada más alta del hecho individual, que multiplicado por cada uno de los habitantes que integran las distintas comunidades, se convierte en la cima más alta del hecho colectivo de una nación.

Cuando la praxis humana convierte a la educación en el centro de sus actividades sociales, apartando de ella cualquier implicación demagógica, y encontrando en los estadios del conocimiento la unión de las aristas que deben conformar la estructura de su desarrollo, y construyendo un currículo que valore las potencialidades socio-productivas de los ejes que conforman un país, respetando las culturas, costumbres, tradiciones y posibilidades fértiles de sus distintas regiones, es decir, sin que un gobierno imponga a sus ciudadanos, los que éstos consideran es vital para la producción agrícola, pecuaria, pesquera, industrial, científica y tecnológica, resultaría evidente un desarrollo más próspero, más equilibrado, que además, al estar apartado de cualquier "voluntad" conducida por estamentos del poder, esa educación iría más relacionada con las necesidades de sus habitantes.

En el caso de Venezuela, por ejemplo, sería irreal concebir un currículo de formación técnica y productiva al pretender estudiar los mismos conceptos y esquemas de latitudes o longitudes geográficas de estados como el Táchira o Nueva Esparta, porque el primero es un importante productor de café, mientras el segundo es pesquero. No obstante, si pudieran correlacionarse aspectos del área turística porque Venezuela como país, y con un máximo de bellezas geográficas, el turismo representa una actividad económica de importante preponderancia para el desarrollo integral, desde una economía local generada por las iniciativas de los ciudadanos, y a su vez, que éstos ejecuten una conciencia colectiva en cada rincón de nuestra geografía, o sea, un mismo lenguaje en la preservación y consolidación de nuestros espacios naturales, pero el logro de una conducta con tales características sólo es posible con la educación.

Desgraciadamente en Venezuela, tales condiciones de posicionamiento pensativo nunca han sido aplicadas por administración alguna, y lo que es peor, el actual gobierno, ha destruido por completo la valoración de la educación, porque ésta ha sido convertida en una chatarra ideológica, generada por la bazofia pensativa de quienes han controlado las "políticas educativas" de los últimos años.

Hoy, nuestra educación presenta elevados niveles de deserción desde bachillerato hasta la universidad porque nuestros jóvenes no encuentran en los estudios, cuando menos en Venezuela, una razón que los motive a ser autoconstructores de un presente y futuro, sobre el cual perdieron cualquier vestigio de lucha y necesidad de superación personal, y por ende, colectiva.

Nuestros liceos públicos no tienen una estructura programática ordenada y planificada (hecho que hemos denunciado desde hace varios años)¹, además que carecen de un visión desarticulada que vaya en consonancia con el desarrollo del país. Aquí seguimos "graduando bachilleres", sin que éstos, con sus respetadas excepciones, comprendan, analicen y sinteticen sus responsabilidades ante la educación como hecho social, más aún, cuando en tiempos de crisis, están pasando hambre y enfermedades, ante un Estado que no sólo niega semejante realidad, sino que las multiplica con sus destempladas acciones de persecución política y nefastas políticas económicas, que han desatado una hiperinflación que ha terminado por destruir a las familias venezolanas quienes no soportan esta despótica realidad.

En cuanto a nuestros estudiantes universitarios y jóvenes profesionales, la mayoría está emigrando del país porque no ven en Venezuela ese espacio para hacer realidad el signo de progreso y bienestar para ellos y sus familias, lo cual demuestra el fracaso en las políticas tanto educativas como de inclusión social y desarrollo económico.

La educación se quedó sin futuro en Venezuela porque quienes en el presente "controlan" tan vitales áreas del país, pretenden que nuestros niños, niñas, adolescentes y jóvenes, conformen un ejército neonazista y totalitarista del siglo XXI, que sólo levante en única voz: "Viva Maduro" y viva una "revolución" de hambre, miseria y muerte. A propósito de ser ciego. Quien tenga ojos que vea.

¹ https://www.aporrea.org/educacion/a80304.html



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Javier Antonio Vivas Santana

Lic. en Educación en las menciones de Ciencias Sociales y Lengua (UNA) Maestría en Educación mención Enseñanza del Castellano (UDO) Dr. en Educación (UPEL) Profesor de la Misión Sucre (2003 -2012)

 jvivassantana@gmail.com      @jvivassantana

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