Otra crítica a la Colección Bicentenaria o al exabrupto del Ministerio

A la Colección Bicentenaria se le ha criticado de mil formas y maneras, hasta el actual Ministro de Educación Héctor Rodríguez recientemente declaró que los libros son buenos pero hay que mejorarlos.

Semanas atrás en colegios privados del Táchira cayeron en la vileza de incinerar libros de la Colección Bicentenaria, lo que muchos consideramos debió ser seriamente investigado para establecer los responsables del terrible hecho y aplicar las sanciones correspondientes.

En nuestro caso la crítica que haremos más que a los libros como tal está dirigida a esa política del Ministerio de Educación de cada año editar y entregar, al comienzo del período escolar, millones de libros de la Colección Bicentenaria desechando automáticamente los millones que el año anterior se entregaron. Si bien se valora el hecho de que el Ministerio garantice que absolutamente todos los niños y niñas reciban sus libros cada año, es altamente cuestionable que se desperdicie, cada fin de año, un material tan valioso para cada año reponerlo nuevamente.

Parece que quienes han puesto en marcha esta política de cada año entregar millones de libros han olvidado el impacto ecológico que tiene la producción de millones de libros anualmente, así como el impacto de desechar igual cantidad de libros. Sin dejar de lado la alta inversión financiera que genera anualmente la producción de los libros. Inversión que podría dirigirse a suplir algunas de las tantas necesidades de la educación pública.

Es poco comprensible que no se haya intentando, hasta ahora, instrumentar un esquema que promueva el uso de los libros ya editados, sin necesidad de que todos los niños y niñas deban recibir libros nuevos cada año. En la cuartarepública la dura realidad de los costos de los textos escolares impuso a las familias la práctica del canje de libros de textos y especialmente que éstos pasaran de manos de tíos, hermanos, primos, sobrinos, etc. a las sucesivas generaciones. Así la vida útil de muchos de estos ejemplares se prolongaba durante años, en muchos casos hasta que el propio Ministerio los sacaba de circulación.

En un país donde el asunto de la preservación del medio ambiente cada día gana adeptos, parece un contrasentido la política que ha puesto en marcha el Ministerio de Educación de editar y entregar millones de libros anualmente, mientras por otro lado se desecha igual cantidad de textos escolares.



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Carlos Luna Arvelo


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