De Wallid Makled a Mazherane

No es discutible que el mundo capitalista de los negocios requieren de la realización de diversas operaciones dirigidas a promover el intercambio de bienes y servicios y, quienes intervienen, tienen como motivación alcanzar la mayor suma de ganancias posibles, no solo en la operación misma, sino en las que posteriormente se realizaran hasta que el producto o servicio llegue al consumidor final y, aunque para alcanzar tales ganancias los capitalistas realizan diversas maniobras que exceden, generalmente, el marco legal y ético de la vida económica de un país y,ello, forma parte de la naturaleza del comportamiento del Capital y pretenden que les sea aceptado como parte de la dinámica de los negocios privados.

Sin embargo, en el caso del Capitalismo dependiente y subalterno venezolano, construido a partir de la alianza entre el dictador Juan Vicente Gómez y los grupos comerciales y bancarios de Caracas y los productores agropecuarios de los Estados Andinos, la actividad económica , desde su propio origen, ha tenido un manifiesto comportamiento delictivo de fraude, corrupción, contrabando y uso criminal de la relación ventajosa con el Estado y las empresas trasnacionales, para el desarrollo de sus negocios, lo cual le permitió un proceso acelerado de acumulación de capital, sin generación de desarrollos industriales y agrícolas importantes en el país a través de un modelo económico de sustitución de importaciones y ensamble industrial, el cual condenó al país, a la dependencia de la producción externa y a la incapacidad tecnológica para el impulso de un desarrollo autónomo y soberano, integrado a la región y el mundo.

La oligarquía venezolana pasó de ser, un grupo de productores y exportadores agrícolas – fundamentalmente de cacao y café - en prósperos constructores de infraestructuras y comerciantes de importaciones de mercaderías necesarias para atender el creciente mercado generado por el desarrollo de la industria petrolera y el proceso de movilidad y concentración poblacional producida por la contratación de miles de trabajadores nacionales y extranjeros y, a pesar de que ese período histórico de la Venezuela petrolera (1928-1958) hubo importantes acontecimientos que modificaron la situación política del Estado y la sociedad venezolanas, (muerte de Gómez, la transición aperturista de López Contreras, el Golpe de Estado contra Medina Angarita, la Asamblea Constituyente del 47 y el derrocamiento de Gallegos en 1.948 y la dictadura perezjienista 1.948-1.958), los pequeños grupos integrantes de la vieja oligarquía y la incipiente burguesía comercial-bancaria-constructora-sustitutora, nunca vieron afectados sus intereses por cuanto, siempre sostuvieron su relación privilegiada con el Estado y el gobernante de turno y se desempeñaron como socios subalternos del capital petrolero y comercial extranjero, fundamentalmente norteamericano.

Fue ese marco de complicidades y acuerdos de poder entre los grupos económicos lo que produjo y condicionó el desarrollo de una burguesía sin conciencia nacional, absolutamente dependiente tecnológica y financieramente del Estado y asociada subalterna del capital monopolista internacional, cuyo modelo permitió que una inmensa riqueza petrolera, aún con precios envilecidos por las maniobras de la grandes empresas transnacionales del petróleo, no permitiera un desarrollo integral y autónomo del país, lo que finalmente tuvo que generar esa espantosa miseria del 80% de los venezolanos y las venezolanas, con una minoría de 5% con niveles de vida de país del primer mundo, existente para 1.992.

El intento modernista del desarrollismo capitalista dependiente intentado por Carlos Andrés Pérez en sus dos gobiernos y el populismo demagógico de los otros intentos de superar la crisis estructural de la economía nacional (Caldera I y II, Lusinchi y Luis Herrera), no pudieron superar los problemas de la economía y la sociedad venezolana, abriendo un proceso de crisis continua con el Caracazo de 1.989, las insurgencias cívico-militares de 1,992, la destitución de Carlos Andrés Pérez y el fraude electoral que llevó a Caldera a su segundo gobierno, quedando la burguesía venezolana y sus partido herida de muerte con la victoria de las fuerzas patrióticas, populares y democráticas del 6 de diciembre de 1998, bajo el liderazgo del comandante insurgente Hugo Rafael Chávez Frías.

En las consecuencias más importantes de esta crisis terminal el modelo rentista petrolero y de dependencia económica construido en la primera mitad del siglo XX, esta el surgimiento de una burguesía financiera rapaz, improductiva, especuladora y ambiciosa que sometería a su voluntad a los partidos tradicionales, controló los medios de comunicación para justificar sus fechorías y concentrando el dominio de los bancos con el fin de dominar la renta petrolera del Estado y ponerla al servicio de sus negocios privados, sacrificando las necesidades de inversión en el campo y dejando estancado el modesto parque industrial venezolano, mientras promovían y presionaban para la privatización de la industria petrolera nacional, en asociación subalterna con los capitales globales. De allí surgió la fracción financiera del emblemático “turco” Nelson Mazerhane del Banco Exterior, los bandidos de la quiebra fraudulenta de 1.993-1.994, los comerciantes contrabandistas de mercancías, los dueños de los “banquitos” quebrados del 2008-2010, los defraudadores de CADIVI, los “fugadores” de capitales de las Casas de Bolsas, los importadores-especuladores de vehículos y, los estafadores inmobiliarios que arruinaron los sectores medios de la sociedad y exportaron sus ganancias ilícitas.

La otra corriente de la descompuesta burguesía nacional la constituye el sector de la burguesía nacional y los arribistas que, deslumbrados por las “ganancias” rápidas, se dedicaron, a servir como intermediarios de la exportación de la agroindustria de la marihuana, y la cocaína colombiana, quienes se asociaron con elementos ambiciosos y corruptos del mundo político, policial y militar para proteger sus negocios, pero cuya ostentoso y rápido crecimiento de sus utilidades fueron inocultable a los ojos de la sociedad y el Estado, terminando siendo identificados como lo que son: mafias criminales al servicio del narcotráfico. De allí salieron Wallid Makled, cientos de policías y militares mayormente de niveles medios y bajos y, no pocos productores agropecuarios, comerciantes y empresarios del transporte, que prestaron la cobertura de sus negocios para transportar, almacenar y exportar grandes cantidades de drogas.

Mazherane y Wallid Makled, son dos versiones del mismo comportamiento criminal del sector dominante de la burguesía venezolana, que aliados con sectores incrustados al interior del Estado y la sociedad, han convertido la gestión económica en una trama criminal dirigida a saquear los recursos del Estado y los ahorristas, en el primer caso y en el segundo, convertir a la República Bolivariana de Venezuela, en una base fundamental de operaciones del narcotráfico, comprometiendo la seguridad nacional, afectando el desarrollo adecuado y legal de la economía y la cohesión y tranquilidad de la sociedad venezolana, por lo que son tales fracciones burguesas y sus sobrevivientes tentáculos funcionariales, políticos, empresariales, policiales y militares en la vida del país, contra los cuales es necesario lanzar toda la fuerza represiva del Estado, porque su existencia constituye un peligro permanente para el desarrollo y profundización de la revolución pacífica, bolivariana, democrática y latinamericanista, en tránsito al Socialismo.


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Yoel Pérez Marcano


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