Consideraciones acerca de la dolarización que viene planteada por Nicmer Evans

Este artículo surge de la lectura de un escrito de Nicmer Evans titulado “La dolarización que viene y los caimanes del mismo pozo" en el cual el autor se refiere a lo que se ha venido discutiendo ampliamente sobre la posible venta de vehículos Ford en dólares, en el mercado nacional. Un tema al cual me he referido en un artículo mío reciente titulado “La dolarización del consumo una devaluación encubierta”.

El señor Evans ha señalado textualmente lo siguiente:

“Si es cierto que lo anterior no es una dolarización formal de nuestra economía, de facto lo es, porque apenas sería el inicio de un efecto dominó que parte del principio de que quien produce, al no tener disponibilidad de dólares para importar la materia prima, entonces puede vender en esta moneda para comprar su insumos y así producir en el país ya que el Estado no le garantiza la divisa.”

Me permito disentir del señor Evans cuando señala que esto es una dolarización de facto de la economía, a mi modo de ver no se trata de una dolarización de la economía, sino de un mecanismo mucho más perverso, se trata de la dolarización del consumo para los venezolanos de a pie. Una verdadera dolarización de la economía iría mucho más allá, una verdadera dolarización de la economía haría que el gobierno también tuviera que ajustarse a esta realidad, es decir, el gobierno tendría que abandonar completamente el mecanismo perverso de la devaluación continua del bolívar para cerrar la brecha fiscal que tiene, es decir, la diferencia entre los ingresos fiscales y el gasto público. El gasto del gobierno tendría que ajustarse a los ingresos en dólares que reciba de la explotación petrolera, el gobierno estaría imposibilitado de aumentar el circulante (monedas y billetes) en la economía por la vía de una emisión inorgánica de dinero. De hecho, el dólar sería unidad de cuenta, de transacción y de atesoramiento.

Es ampliamente sabido que el continuo incremento del circulante en una economía en recesión (decrecimiento del producto bruto interno) tiene como resultado el incremento de la inflación, por otra parte, si las reservas internacionales no aumentan y en nuestro caso, hasta decrecen, el resultado será un proceso continuo de devaluación que alimenta aún más la inflación en bolívares de los bienes importados, de los cuales depende en gran medida la economía venezolana.

Por lo tanto, la dolarización del consumo es un mecanismo perverso que promueve una hiperinflación que paga la ciudadanía totalmente indefensa mientras el gobierno no tiene restricción alguna para seguir emitiendo dinero inorgánico para ajustar sus cuentas y seguir alimentando la inflación en bolívares y seguir profundizando la devaluación del bolívar. Por esta vía estamos en un círculo vicioso de más inflación y devaluación.

No estoy de acuerdo con la dolarización de la economía y por una sencilla razón, por el hecho de que existen países en Latinoamérica que manteniendo su moneda nacional son capaces de tener inflaciones controladas de un dígito, mantener un producto bruto interno creciente, y tener tasas de pobreza inferiores a la venezolana. En términos generales son economías que tratan de mantener un sano equilibrio fiscal, es decir, los gobiernos gastan de acuerdo a los ingresos que reciben y no emiten dinero sin respaldo en las reservas internacionales alegremente como lo hace Venezuela.

Sin embargo, si se va a dolarizar el consumo para que los venezolanos paguen los platos rotos, mientras el gobierno no tenga freno en la emisión de dinero devaluado sería mejor una verdadera dolarización de la economía que le ponga restricciones al gobierno.

Alguien podría preguntarse la razón por la cual el gobierno coquetea con la idea de avalar la dolarización del consumo que de hecho ya existe y no hacer una dolarización total de la economía. La razón es básicamente de orden político y no de orden económico, y en este sentido, es lo que siempre ha ocurrido en estos años de revolución, siempre se ha privilegiado lo político sobre lo económico. El costo político de dolarizar la economía sería brutal para el gobierno y por supuesto también brutal para la población. Habría una maxidevaluación, un alza abrupta y brutal de los precios y de una sola vez. Lo más grave para el gobierno sería que tendría que cortar radicalmente el gasto social, muchas misiones que significan transferencias directas a la población tendrían que eliminarse y otras recortarse severamente. El gobierno tendría que arroparse hasta donde le llegara la cobija y por supuesto esta sería una cobija muy corta.

El que la dolarización del consumo en el sector automotriz se permita en un primer momento, tiene que ver con el hecho de que el gobierno se ahorraría unos dólares que ya no se le darían a las ensambladoras, que podrían usarse para alimentos y medicinas. Por otra parte, se salvarían los empleos del sector automotriz.

El sector más afectado sería la clase media venezolana, lo que en términos políticos al gobierno no le interesa porque es un sector de la población que definitivamente ya no comulga con la revolución desde hace mucho tiempo, o sea que ahí no habría costo político, y si esos dólares se usan para las importaciones de comida para Mercal, aliviando parcialmente la escasez, podría salvarse algo del apoyo político de las clases más humildes, apoyo que comienza a erosionarse rápidamente. Como es bien sabido, las clases populares gastan todo su ingreso en alimentos por lo tanto, es asunto de vida o muerte, esta es la razón para mantener una tasa de cambio a Bs. 6,30, una tasa ridículamente sobrevaluada, pero el apoyo político (clientelismo político), y más aún, en un año electoral se depende de esa tasa absurda.

Es bien sabido que el chorro oficial de dólares para los particulares y las importaciones distintas de alimentos y medicinas está cerrado, no hay acceso a los dólares por SICAD ni SIMADI. Estas importaciones deben hacerse a dólar paralelo.

En resumen, creo que la política económica que se está llevando a cabo (si es que puede llamarse política económica) tiene fundamentalmente un trasfondo político, se trata de un problema de supervivencia política, de llegar a las elecciones legislativas de fin de año sin perder más apoyo político. Se trata de ahorrar por parte del gobierno la mayor cantidad de dólares en importaciones distintas a alimentos y medicinas, afectando con esto a la clase media, la cual no interesa en términos políticos por estar del lado de la oposición, y usar los ahorros obtenidos para lanzarlos a la calle un poco antes de las elecciones, en la forma de un mayor abastecimiento de alimentos en la red de distribución estatal para dar la sensación de que la crisis se ha superado y mejorar las posibilidades electorales de los candidatos del gobierno.

Por supuesto, una vez pasadas las elecciones no podemos esperar otra cosa que una fuerte devaluación del bolívar, el incremento del precio de la gasolina, recortes en el gasto social, incremento del desempleo, hiperinflación y caída del producto bruto interno. A mi modo de ver, este escenario para el 2016 es igual para el caso que el gobierno gane la mayoría de la asamblea nacional o la pierda.

Por último, quiero señalar que en términos generales concuerdo con lo expresado por el señor Nicmer Evans, simplemente quise profundizar en el trasfondo de la situación planteada de acuerdo a mi óptica muy personal.



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Hernán Luis Torres Núñez


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