(Aventuras y desventuras de un Becario)

YO NO HE VISTO A LINDA

Nota de Aporrea: Segundo Premio en el Concurso de Cuentos APULA-2003

a Marilú Parra.




Yo no he visto a Linda,
parece mentira,
tantas esperanzas
que en su amor cifré.
No le ha escrito a nadie;
no dejó una huella.
nadie sabe de ella
desde que se fue.

Sabrá Dios cuántos
le estarán pintando ahora
pajaritos en el aire.
Yo no he querido
ni podré querer a nadie
con tan loco frenesí.
Menos el domingo,
todas las tardes,
salgo a ver al cartero
a ver si trajo algo para mí.
Oh, Virgen de Altagracia,
haz que se acuerde
algún día de mí.

Letra: Pedro Flores
Canta: Daniel Santos.




Becario 1:
YO NO HE VISTO A LINDA
a Teresita Mauro Castellarín.

Salgo al banco. Quiero saber si la Universidad, por fin, depositó la beca. Hace cuatro meses que, diariamente, consulto mi cuenta y nada aparece reflejado. Nada que no sean las deudas acumuladas. La semana pasada me suspendieron el servicio telefónico y me dejaron sin internet. Pese a la era de la globalización, estoy incomunicado. Ayer por la tarde fue el gas. Afortunadamente el invierno ya pasó y el frío primaveral no se siente tanto. De la Universidad seguimos sin noticias. Tal vez llame a Linda y le pida ayuda. Aún tenemos electricidad y por medio de una cocinilla nos calentamos algunas papas, unas zanahorias y un poco de arroz. La cosa es que a Linda no la he visto últimamente, nadie sabe nada de ella. Esta espera es muy larga y el dinero nada que llega. Mi mujer vive con cara de arrecha. No la culpo. Son cuatro meses languideciendo silencios. Y posiblemente sean más.
Regreso a casa. Mi hijo, que había decidido acompañarme, viene con esa cara de desencanto que se le dibuja cada tarde, después de clases, cuando sabe que aún no me han pagado y que no tenemos mayor cosa para compartir. Sí, debo llamar a Linda. En mi cuenta bancaria sólo siguen reflejadas las deudas pendientes. Si pudiera tomaba un tren y me iba para Bagdad.
Ahora el teléfono ha repicado, no tuve tiempo para llamar a Linda. Del otro lado, una voz áspera interrogó:
- ¿Señor Plata?
- ¿De parte?
- Disculpe, soy el Doctor Lorenzo. Carlos Lorenzo. Le llamo porque mi cliente me ha presentado su retraso de cuatro meses en el pago de la renta del piso. Le cito para mañana a la diez en mi despacho, tome nota por favor.
Tomo nota y cuelgo. Me queda un desconcierto perruno ladrándome desde algún resquicio.
¿Alguien ha visto a Linda?


Becario 2:
USTED ES LA CULPABLE
a Carlos Pérez.

Voy al banco a chequear mi cuenta. Siempre sostengo una esperanza lejana. Sin novedad. Esta plagada de facturas por cancelar. Nada que la Universidad o el gobierno se acuerde de nosotros, los becarios digo. Salgo furioso y le miento la madre al primer español con quien me topo. El fulano me mira y no entiende un carajo. Camino hasta la estación del metro en Quintana. Ahora sí estoy dispuesto a hablar con Linda, tal vez me la pegue en un bolero de esos de Daniel Santos o Felipe Pirela o Leo Marini, o de quien coños sea. Lo importante es pegármela y pulir hebilla un buen rato. Meterle de frente al cachondeo. En la patica de la oreja, mientras la bailo en un ladrillito, se lo voy a soltar por todo el cañón. "Usted es la culpable, de todas mis angustias y todos mis quebrantos"
- ¡Linda, estoy pelando bolas y vuelvo para que me ayudes!. Quizás también le declare lo otro, no lo sé todavía, y hasta le recite malamente el "Ne me quite pas". Linda es una jeva bien de pinga. Yo no sé cómo soporta a este negro güevón. Pero nada, le cantaré como Agustín Lara o como Pedro Infante o como Jorge Negrete le cantaba a su María Bonita María del alma, ella entornará los ojos, seguro, y luego se recostará sobre mi hombro. Bailaremos con Demys Rousso o José Luis Perales. Después podré llevarle unas manzanas a mi hijo y un poco de carne para que la mujer levante el ánimo y no me joda tanto. No si así es la vida. Por un lado te joden y por el otro tú jodes. ¡Joder con esta vida de paja!
Salgo del metro en la estación de Callao y camino tres o cuatro calles. Hay un tenderete recolectando firmas contra la guerra en Irak - y contra las aznaradas también, valga decirlo -. Descubro una lista en donde están los aspirantes a escudos humanos en Bagdad y sin pensarlo dos veces me apunto. Total no sé si veré a Linda. Nadie sabe dónde carajos está metida, "Sabrá Dios cuántos le estarán pintando ahora pajaritos en el aire". Quedaron en llamarme en dos días.
Recorro el triángulo de las Bermudas - Callao, Sol y Gran Vía - buscando a la hembra de mis sueños, pero nadie me da razón de ella. Sólo quería decirle "Usted es mi esperanza, mi última esperanza, comprenda de una vez", pero nada, que será en otra ocasión. Regreso a casa y mi mujer, muy seria, me dice:
- Bush, Blair y Aznar le declararon la guerra a Irak. Esta noche comienzan los bombardeos.
Joder, me digo. Así que nada, de seguro ya no habrá viaje a Bagdad. Le miento la madre a Bush, a Blair y a Aznar. ¡Cuerda de trastanutas!, les grito en mis adentros.
Mañana temprano vuelvo al banco a lo mejor la Universidad nos mandó una ñinguita de nada, a lo mejor...


Becarios 3:
PERFIDIA
a Mercedes García Alvarez.

Fui al banco precipitadamente por que soñé que finalmente nos habían pagado. Ni siquiera me lavé los dientes. Bueno, tampoco teníamos pasta. Ni de dientes ni de ninguna otra. El corazón me latía con frenesí cuando introduje la tarjeta. "Nadie, comprende lo que sufro yo". Era un sueño, desde luego, porque mi cuenta seguía en cero y mis deudas intactas. Dios me les dé larga vida y salud. Desde que cambiaron a Nancy, nos dejaron como huérfanos de información y esperanzas. La Universidad, por fin, se dignó escribirnos un papelito de nada, eso que absurdamente llaman "un emilio", para decirnos que ahora sí, que ya la cosa está lista, que en menos de un mes nos llegan los cobres. Carlos Lorenzo, el abogado de mi casero, me ha dicho que tengo dos semanas para ponerme al día con los cuatro meses de retraso, de lo contrario me pasará a "Asuntos Legales" y allí procederán con una demanda; "solo, temblando de ansiedad estoy, todos me miran y se van".
Regresé a mi casa más fruncido que antes y para deleítarme un poco con tanta asquerosidad, morbosamente abrí la nevera para contemplarla en toda la magnificidad y amplitud de su vacío. Saqué un par de hielos del freezer y me serví sendo trago de agua. Como no tenía teléfono decidí salir, una vez más, en busca de Linda - "te he buscado por doquiera que yo voy, y no te puedo hallar" -, en alguna calle tenía que encontrarla, la otra tarde, Lissette me dijo que la había visto por la calle Montera. Lissette está bien buena, pero no le gustan los boleros y para mí, como buen caribeño, una mujer que no baile boleros es sospechosa de algo, no sé, un crimen por ejemplo.
El Domingo César había llegado con una mochila cargada de arroz, aceite, verduras y pollo, y él mismo se puso a preparar la mejor comida que hemos ingerido en mucho tiempo. Oímos unos boleros de Julio Jaramillo, de Toña La Negra, de Olimpo Cárdenas, y hasta jugamos dominó. Ahora, como ya tomé la decisión y no me voy a echar para atrás, salgo en busca de Linda - "y tú, quién sabe por dónde andarás" -. Me voy silbando lentamente, deseando encontrarme con el asesino de la baraja, que sale por las noches y desanda por Madrid y se carga a quien primero se tope, dejándole sobre el rostro, tapándole el disparo, una carta de copas. Ya va por el diez. La policía está loca como debe estar el tipo ese. A lo mejor pueda desarmarlo y el gobierno español me condecore y me dé unos cobritos. O quizás el tipo me envíe al otro barrio, que tan poco es mala idea. Juro que si Linda no aparece no volveré a hacerle lo que sé que le gusta que le haga y que nadie tiene por qué enterarse así que no tengo ni siquiera por qué pensarlo. Cuerda de curiosos, como les gusta el cotilleo.
Cuando llego por Gran Vía y me meto por la calle Montera, siento un olor a maricones de esos de plumas y encajes de seda, y a putas también, que me invade cada resquicio del cerebro. Sólo que yo no ando dispuesto ni para maricones ni para putas. Linda es la posibilidad de supervivencia más cercana con que cuento o creo contar, antes que nos repatrien como los descendientes de aquel legendario héroe cadavérico de las comiquitas llamado Fantasmagórico. Pero de Linda no hay noticias. En La Puerta del Sol descubro al tenderete de la otra vez. Sólo que ahora están recolectando firmas contra las barbaridades de Castro y el castrismo. Yo no quiero ir a Cuba, prefiero irme a Bagdad porque sé que allí los aliados están repartiendo comida y sé por la prensa de algunos soldados libertadores que se han robado unos milloncejos de euros que buena falta me están haciendo.
Como no me aceptan decido asilarme en alguna embajada, que no sea la venezolana, por supuesto, pues ellos deben estar pelando más bolas que nosotros. Así que nada, tomo la decisión y me lanzo hacia la embajada China. En la puerta hay un cartel que dice "Cerrada a causa de la Neumonía". La puta madre, gruño. Porque hay una mujer muy muy especial que no se cansa de repetirme que soy muy gruñón. Nada, que ahora decido y me voy al Paseo del Prado, con esta cara de magrebí que me acompaña a todas partes quizás pueda atracar a un turista y llevarme su bolso y sus dólares. Cerca del museo veo venir a un moreno alto y me digo ahora o nunca. Me le aproximo sigilosamente y cuando estoy a punto de atacarlo, el tipo se da media vuelta y con una sonrisa me saluda. Es mi amigo Steven que supongo anda en lo mismo que yo.
Como las decisiones son difíciles de ejecutar, decido regresar a casa, es ya el anochecer. Mañana será otro día y seguro que ya tendré otras opciones. Desde el bar de la esquina sopla un aire preñado de callos a la madrileña. Transpiro profundamente y con una sonrisa angelical - mi mujer dijo que era una sonrisa estúpida, seguro que lo dijo por joder - me quedo dormido.


Becario 4:
COMO UN RAYITO DE LUNA
A Steven Bermúdez.
Es fin de semana y decidí que no bajaba más al banco. Tanto mañanear para un carajo no tiene sentido. Hay muchos rumores circulando entre los becarios, Radio Bemba está más activa que nunca: que ya Cadivi aprobó; que no, que todavía no; que las nóminas de las universidades se perdieron porque asaltaron a un camión de los blindados; que nos van a enviar, todos juntos, los cobres de tres meses, pero que por favor no los gastemos de una buena vez - como si las deudas por pagar fueran fantasmas.
A mí me lo dijo Adela, que es ticher de Veterinaria en el Zulia, que sí, que ya los cobres vienen; yo supongo que han de venir por Canarias o por Jamaica, o quizás estén saliendo por Tazón. Si es para animarnos, pues sí, resulta que nos animamos, que entra un fresquito, mejor que este de las tardes primaverales, así puede uno entrarle de ello a la escribidera de la tesis, el pun pun la pajareta y las bolserías; yo, palabra que prefiero escucharme a Los Panchos, "Como un rayito de luna..."
Quizás eso fue lo que me llegó al cerebro cuando me fui de ronda por El Retiro, porque dizque Linda andaba por esos predios, y vengo y me encuentro con dos caribeñas sentadas en un banco, dándole al bembeteo, radio bemba en vivo y directo, metiéndole a la cotilla de la farándula española, que si Dinio lo tiene más largo y más grueso que el Conde Lequio, y que si Marujita Díaz ya tiene consuelo con un dominicano que fue beisbolista en las grandes ligas, y a quien no le importa el gallinero que alrededor de los ojos tiene la Marujita, y que si Boris Izaguirre es puro glamour... Así que vengo y me siento bastante cerca y me entretengo escuchando aquellas reflexiones filosóficas de la nadería, que eran las más simples, porque las otras prendían un fuego mejor que aquel que encendieron en Barcelona cuando las olimpíadas, y se reían con el "empreñamiento" de una tal Teresa por un tal Carlos Julio, que se había marchado "juyendo" para "Tulús" con Verónica; y después contaron lo de la fiesta aquella en donde apagaban la luz y cada quien metía mano a quien tuviera más cerca, y una de las dominicanas se reía de que fulano le había pellizcado en principio una teta, pero después ella se cambió y el tipo le estaba metiendo mano a un senegalés que andaba por allí también y éste medio arrecho le soltó un manazo que lo dejó como pez fuera del agua; así que la vaciladera era de espanto y brinco, y cuando ya pienso brincar para seguir por el parque buscando a la jeva que ando buscando, una de ellas viene y me dice:
- "Oye, moreno, y tú ¿Qué tal? Cargo del mejor"
- "¿Del mejor qué?" - vengo de bolsas y le pregunto, y me suelta en forma bajita y misteriosa:
"Ecstásis, panita. Del puro. ¿Ta`s interesao?".
Y allí se me alumbró el bombillo, el rayito de luna, y me dije que si controlaba a aquel par de caribeñas bembeteras, de seguro me dejaban entrar en el "negocio" y así podría ganarme los churupos que el gobierno o la universidad o Carlos Ortega o los Fernández o quien carajos sea, no nos ha enviado en todo este tiempo. Y poniendo cara de tragedia, para entrar en el asunto aquel, les cuento que "salvo el amor, el dinero, la salud, la política y las derrotas del Barça, todo lo demás estaba bien". Y una de ellas me miró con su cara de arrecha y me dijo:
- "Ah no, moreno, nosotras somos del Rial Madríz" - y se levantaron y se fueron.
Como no tuve más alternativa, seguí dando vueltas por El Retiro, silbando bajito con Los Panchos, "Como un rayito de luna... entre las sombras te vi...", y eso fue lo que me faltó, precisar entre las sombras, porque de pronto me interné por el área boscosa, solitaria y silenciosa, y yo con mi bolerito allí, arrastrando aquellas ganas de bailar pegaíto, de sentir resuellos, meneos pélvico, deslices eróticos, cuando de pronto me salieron tres putos magrebís, mirándome retadoramente y diciéndome algo que no alcancé a entender, tal vez de lo cagao que me puse, y uno de ellos volvió a decir entre dientes "¿Tiene un cigarrillo?", y yo como no tenía nada de nada, respiré lentamente y diciéndoles que no, seguí mi camino antes que decidieran hacer conmigo lo mismo que yo quería hacerle a Linda. Joder, sería lo último y todo porque desde Venezuela nada que nos mandan un rayito de luna.
Me regresé a casa y por el camino encontré un periódico viejo y como recordé que ya no había papel tualé, me lo llevé bajo el brazo, pero esta vez comencé a silbar, no sé si con Javier Solis o Felipe Pirela, "Sombras nada más bajo el temblor de mis brazos..."


Becario 5:
AMORCITO CORAZÓN
a Dilcia Fernández.
La verdad es que resulta bastante asqueroso ser un becario. Un becario pelabolas, quiero decir, porque la Mónica aquella que le hizo aquello al Bill Clinton aquel, no debe opinar lo mismo. A mí me hubiera gustado más ser un becario, por ejemplo, de una de las Infantas o de cualquiera de las muchas princesas de las europas, para ver si también podía hacerle aquello y lanzarme a la fama. Lo que pasa es que una buena acción de aquellas hay que saber hacerlas, por que no todo el mundo tiene la experiencia o la veteranía, no vaya a creer. Además, eso tiene su técnica, su truquito. Tienes que pensar que estás comiéndote una pepa de mango, y así ya la vaina cambia.
Aunque con esta peladera no queda mucho tiempo para andar pensando en lubricidades, si acaso para darse una vuelta por allí, intentando ver qué se encuentra, que no sea a la doctora esquizofrénica que en una de estas clínicas madrileñas le rajó el cuello a tres clientes mandándolos más allá del Mediterráneo; o al tipo aquel, un rumano, que mató al abogado, violó a la mujer y a la hija del difunto y después se fue tan campante. Yo, a lo más que aspiro, es a que desde mi país me manden mi beca para seguir con mi anodina vida de tesista y dejar de escribir tantas bolserías acerca de la peladera de bolas.
Por cierto, que una tarde de éstas, saliendo del metro, encontré a un gitano, con un acordeón tan viejo que seguramente debió ser aquel que usó Francisco el hombre en su contrapunteo con el diablo. El tipo tocaba divinamente, a pesar de la edad del acordeón, las canciones de las películas "Zorba, el griego" y "Nunca en domingo". Fue allí cuando me llegó la idea de bruces. Esto tenía que funcionar por qué sí, pues de lo contrario la cena sería un pedazo de suela de cualquiera de mis gastados zapatos.
Fui y busqué precipitadamente al panita Aldrin, le pedí prestado el micrófono, el radiocassette y una corneta, y me volví hasta la estación del metro en Quintana, aprovechando que no había un vigilante que me sacara corriendo, y con una cinta de Pedro Infante, puse la canción aquella que le canta a su chorreada; yo venía pensando que cuando escucharan las melodías que en rítmicas notas saldrían de mi garganta, la gente quedaría extasiada y me soltaría con facilidad cualquier cantidad de euros.
Así que vengo, pongo la cinta y comienzo a cantar esperando mi chorro de voz, y la puta madre, me salió una vocesita más pequeñita, sospechosa y chorreada que la de Armando Manzanero cantando "Adoro, el brillo de tus ojos...", y la gente me miraba y se reía y se burlaban y pasaban de largo y también de ancho, sin darme la mísera moneda que les estaba pidiendo, y yo que sí "Amorcito corazón, yo tengo tentación, de un beso...", con todas las afonías y disfonías habidas y por haber, y ni siquiera por qué pensé en los ojos negros de Linda, o en el rostro hermoso de aquella otra jeva que siempre vive ausente de mi lado, me pudo salir mi frustrado chorro de voz que encantaría al público.
Todo aquel martirio lo sufrí por unas monedas, hasta que llegó una jeva con cara de polaca y viendo mi triste papel de gilipollas, me dejó un trozo del bocata que se estaba comiendo. El hambre debía notarse en mi cara espantosamente para que hiciera aquello que hizo. Yo quise rechazarlo, por dignidad, pero como en verdad estaba hambriento, lo engullí de dos trancadas y agarré mis bártulos y me fui con mi música a otra parte, soñando con los besos de Linda, "En la dulce tentación, de un beso mordedor, quisiera...".
Había pensado que si todo salía bien, por la noche me llegaba hasta la casa de Linda y le daba su serenata para ver si así ya se dejaba ver por mí y me sacaba de mis apuros, le diría algo así como "Qué bonitos ojos tienes, debajo de esas dos cejas...", pero nada, que con aquel chorrito de voz a lo Fernández, a lo Ortega o a lo General Repollo, es decir, tan escuálido, no podía ir ni hasta la esquina, y resultó verdad, porque al rato comencé a sentir unos dolores espantosos, unos retortijones horribles, era un dolor de espanto y brinco, y comencé a sudar frío, y nada, tuve que pegar la carrera más desesperada de mi vida, hasta la casa, apretando fuerte las nalgas para no dejar el chorrito de agua amarilla, agarré El País que estaba tirado en el suelo, y que se deleitaba mostrándome en primera plana a la médica esquizofrénica, al asesino rumano y al misterioso sujeto de las cartas de copas; todos debajo de una espléndida sonrisa de Bush que intentaba preguntarse dónde carajos se habían metido Osama y Hussein, mientras a su lado se daba cuenta del naufragio de una patera y de la desaparición en las turbulentas aguas del Estrecho de Gibraltar de al menos diez subsaharianos, hombres y mujeres, indocumentados desde luego, que tuvieron la osadía de soñar con un futuro mejor.
Corrí bastante, seguramente ni Lewis me hubiera ganado si hubiese estado en las olimpíadas, ni siquiera quise esperar el ascensor, subí bruscamente todas las escaleras hasta el tercer piso, con la llave abrí precipitadamente el apartamento, un caldito sospechoso se deslizó por alguna parte, y yo con ganas de volver a cantar algo así como "reloj no marques las horas, porque voy a enloquecer..."
Cerca de una hora estuve duchándome con jabón en polvo, que afortunadamente aún teníamos, y lavando la ropa para sacarle aquel ingrato y traicionero olor.


Becario 6:
MAMÁ YO QUIERO SABER
A Santander Cabrera.

Había decidido no levantarme más de aquella cama, hasta tanto no tuviera conocimiento de que, finalmente, los cobres de la beca habían llegado a mi atiborrada cuenta de deudas. Es decir, quedarme en huelga de cuerpo caído, pero la cagueta que me dio a raíz del trozo de bocata aquel, me obligó a estar yendo y viniendo a cada rato al baño, con un dolorcito mínimo pero insistente, puntilloso, y un tufillo a güevo güero insoportable que ni yo mismo lo toleraba, porque cuando uno está en buen estado de salud, resulta hasta agradable sentir aquel olor de tus fluidos que se te escapan distraídamente, pero enfermo es otra vaina, aquello es insufrible y hasta más asqueroso, grotesco y abyecto; por otra parte, aquello no era más que la fuerte reacción de mi estómago, acostumbrado ya a las sopitas de papas de todos los días con la cual veníamos alimentándonos el último mes, y eso que mi mujer, para qué negarlo, hacía milagros con las papas, las zanahorias, el perejil y el puntico de sal, y los huesos del pollo que había traído César hacía más de quince días, y que ella, cuidadosamente, hervía y luego los metía al freezer para el día siguiente.
Otra de las cosas que logró levantarme de la cama fue la llamada que mi amiga Luz, toda angustiada, me hizo para saber si era cierto que el abogado aquel procedería con la demanda. Y yo diciéndole que sí, que el tipo me daba dos semanas. Y ella que si para esa fecha ya deben haber llegado los cobres, porque van a pagar febrero, marzo y abril, y yo diciéndole que ya debía mayo, junio y hasta la manera de caminar. No sé por qué me dio por pensar en la tal Mónica y el tal Clinton, y me dio también por tararear "Mamá yo quiero saber...", aunque le cambiaba los significados y jugaba con los significantes, o quizás fuera a la inversa, diciendo "Yo quiero saber, mamá...", fue entonces cuando repicó el teléfono, que aunque no podía hacer llamadas si podía recibirlas, y después que mi mujer atendió me dijo con todos sus desplantes:
- ¡Ahí te llama una tal Linda!
Yo estaba hecho polvo, pero aquella llamada me devolvió la vida y los sueños y las ilusiones y las esperanzas, y ya no me importó que el juez Garzón ilegalizara porque sí a un partido político, que cerrara porque sí, a un diario vasco, que se inmiscuyera por que sí, como un gringo más, en los asuntos internos de otros países, y que el gobierno español propusiera cárcel para quienes se opusieran a cualquier guerra que España apoyara, todo eso en plena democracia europea, pero a mí no me importaba nada de todo aquello, pues finalmente Linda hacía su aparición, y me fui dando saltitos hasta el teléfono, apretando bien fuerte donde todos saben para evitar alguna nueva mala jugada.
- ¡Epale mujer!!! - le digo todo emocionado y espero su cálida respuesta. La muy descarada comenzó a darme una descarga fenomenal, mejor que aquellas de Fania All Star en los setenta, que si ya no la buscaba, que si no confiaba en ella, que si patatín, que si blablabla, que si lerolerolero y aquel bembeteo interminable que no me permitía decirle palabra alguna, porque cada vez que lo intentaba me decía "¡Cállate y escúchame!", y más lerolerolero, y más blablabla y más patatínpatatán, y después colgó bruscamente.
Ni siquiera tuve tiempo de cantarle "Virgen de medianoche" o tal vez "Por el amor de una mujer...", aunque después me provocó bailarla y decirle "...mujer falacia impostora de caricias...". Pero colgó sin darme tiempo a nada, ni siquiera a pedirle encarecidamente aquello que quería pedirle con cierta urgencia. A todas éstas, mi mujer había permanecido con las parabólicas activas, y luego, como sospechando la vaina, me dijo irónicamente
- Qué, ¿te largaron pa`l carajo?
No quise caer en discusiones estériles y me fui a la cocina, saqué la borra del café que ya había colado por cuarta o quinta vez y en la greca monté un güarapito mientras tarareaba "¡Aayy Mamá Inés! ¡Aayy Mamá Inés! Nadie me jode otra vez".
Vuelvo a la cama y me echo como un condenado a muerte, sacándole la madre a todo el mundo, por la falta de la beca; por que ya no tenía ánimos para seguir escribiendo tesis alguna; por aquellos retortijones que de cuando en cuando me llegaban; por Mónica y Bill Clinton y hasta por mi canción de siempre, "¡Mamá yo quiero saber!, ¡Mamá yo quiero saber!, Dónde se aprende, mamaaa...", entonces mi hijo, que por las tardes solía acompañarme un rato, solidario con mis quebrantos de salud, se levantó de pronto como impulsado por un resorte, como si hubiera escuchado en alguna parte la voz melodiosa de Celia Cruz Cantando "Tongo le dio a Borondongo...", y se dispusiera echar un pie, me espetó:
- ¡Papi, yo no sé el alma, pero el cuerpo lo tienes perdido!
Y salió precipitadamente de la habitación.


Becario 7:
SOLAMENTE UNA VEZ
a Maylen Sosa.

Me habían llamado de la Universidad diciéndome que sí, que ya enviarían una parte del dinero para saldar la deuda del piso y evitar la demanda, que la próxima semana la tendría en mi cuenta bancaria, que ya no me preocupara más, y como yo soy medio bolsas, pues ya no me preocupé más. Pasó la "próxima semana" y la siguiente también y el dinero nada de llegar. En fin, que no llegó nunca. "Solamente una vez, amé en la vida..."
Entonces comencé a preocuparme una vez más y me dio por la pensadera, no sólo por el puto dinero que no llegaba o por la demanda del abogado, sino por los atentados que comenzaron esos días en Chechenia y en Arabia Saudí, pero cuando llegaron a Marruecos y destrozaron la Casa de España, allí si fue verdad que me cagué, porque con esta cara de marroquí que cargo encima, si la policía me agarraba una noche cualquiera, digamos por el barrio de Salamanca o por las cercanías del Palacio Oriental, no me iban a creer que andaba tratando de olvidar a Linda - "una vez nada más se realiza el prodigio de amar" -, por cuaima, pues había resultado una cuaima más como todas las cuaimas de este mundo, sino que me mirarían con recelo y antes de pedirme la documentación me darían una paliza, para después, cuando supieran que era venezolano, dejarme ir como si me hicieran un favor; ya una vez, hace muchos años, por allá en Carora, que es como decir donde el diablo perdió los calzones, me habían detenido dizque por guerrillero, pero había sido solamente una vez y en mi país en donde la policía no es tan salvaje, bueno eso creía yo entonces... "Bésame, bésame mucho..."
Así que no me atrevía a salir a la calle, ni siquiera al banco para ver si la Universidad había vuelto a ser seria y cumplía sus palabras, pero una tarde recibí una llamada y de todo corazón desee que no fuera Linda - "... ya no podré, ni perdonar ni darte, lo que tú me diste" -, prefería que fuera el loco de Bush, el anodino de Blair o el insípido de Aznar, pero Linda no, porque andaba arrecho con ella - "solamente una vez, se entrega el alma, con la dulce y total renunciación" -, y resultó que no, no era ella, sino el doctor Carlos Lorenzo que me citaba a los tribunales donde cursaba la demanda por mora en el pago de la renta del piso, y el juez decretó el desahucio del lugar, prohibición de salida del país y la confiscación de mis bienes, aunque en el fondo yo me reía, por que qué carajo de bienes podían quitarme, que no fueran mi diploma del DEA, la mujer y los dos hijos... "y tú, quién sabe por dónde andarás..."
Fue cuando me entró un friíto extraño que me recorrió todo el cuerpo haciéndome estremecer más de lo debido, eso fue también mientras la secretaria llenaba la planilla correspondiente a la notificación y me iba haciendo una serie de preguntas a cuál más estúpida, y me quedé pensando que si me quitaban la mujer y los dos hijos pues no me preocuparía mucho, pues así ya no tendría que mantenerlos, pero si me quitaban el DEA cómo carajos le demostraba a Cadivi y a la Universidad, que en verdad estaba estudiando en Madrid y que mis resultados eran óptimos. Aquello me hizo temblar y me puse a pensar si Cadivi y la Universidad me dejarían entonces como un asilado eterno en este país, fue también, en medio de la pensadera, cuando escuché lejanamente a la secretaria con una de sus preguntas estúpidas:
- Sexo - y como no sabía a que carajos se refería le respondí lo que le respondí:
- Sí, solámente una vez al mes, mi mujer anda arrecha.


Becario 8:
SÓLO CENIZAS HALLARÁS DE TODO
a Melva Márquez.

No sé si fue a causa de la demanda o de que mi mujer, por todo aquello que pasaba, cada día se estaba cuaimatizando más y más, que me dio por escuchar unos boleritos de la vieja guardia - Daniel Santos, Miguelito Valdez, Leo Marini, Bienvenido Granda, Toña La Negra, Los Panchos, Olimpo Cárdenas... -, quizás para intentar olvidar todas las angustias, todas las penas y desengaños, o tal vez para recordar, porque recordar es vivir, aunque sea para recordar a esa persona que suele rasguñarnos los sentimientos, los poros, los intersticios del alma...
El caso fue que me puse a escuchar también a Vitín Avilés - "Sólo rodando por el mundo, con un dolor profundo..." -, y a Lucho Gatica - "Reloj, no marques las horas, porque voy a enloquecer..." - y a toda aquella constelación de figuras del firmamento musical del despecho, que desfilaban mientras yo me tomaba mi botella de vino barato, y el guayabo y la nostalgia se hicieron presentes con Javier Solis - "... qué labios te cierran los ojos, los ojos que a besos cerré, auroras que son puñaladas, las rejas no matan pero sí tu maldito querer...", hasta que mi mujer, furiosa, me dijo, en vez de estar ahí llorando, ándate a buscar un trabajo. Como era domingo no le hice mucho caso y seguí con Bienvenido Granda, con Olimpo Cárdenas, con Toña La Negra, con Xiomarita Alfaro... Hasta que la cuerda se rompió y ya no supe más de mí.
Ese lunes me levanté bien temprano, con una resaca miserable, más miserable que la campaña electoral de Aznar; más miserable que el silencio de sus majestades; más miserable que el vozarrón del General Repollo intentando amedrentarnos cada vez que íbamos a la Embajada, pues sabíamos que estaba conspirando, en fin, más miserables que las derrotas del Barça y el largo silencio de Linda - "No le ha escrito a nadie; no dejó una huella; nadie sabe de ella, desde que se fue" - y luego de ducharme me fui por esas calles, pero no por esas calles de Venezuela, repletas de compatriotas y escuálidos en marchas y contramarchas, sino por estas calles de Madrid, que uno no sabe si está en Madrid o está en Quito o está en Tánger.
Llegué hasta La Puerta del Sol, me hice el loco cerca de un grupo de ecuatorianos que tenían un Segunda Mano y cuando se descuidaron se los chorié y me perdí hacia La Plaza Mayor donde me puse a revisar las ofertas de empleo. Había ofertas bien interesantes, de gerentes y oficinistas, casi todas por los alrededores, y cuando iba para allá me pedían la tarjeta de trabajo y como tengo la de estudiante nadie quería contratarme.
Finalmente vi dos ofertas que me interesaron, en donde no pedían más que las ganas de trabajar, ambas eran como vendedor ambulante, y cuando llego a la primera oficina, por La Castellana, cerca del Bernabeu, resulta que era para vender "Alargadores de penes", portátiles y efectivos, según decía con suspicacia la gerente, pues estaba probado, según ella, que la media del español es de 13.5 mirando pa`l cielo. Aquello, desde luego, no era lo mío y me fui para la segunda oficina, muy cerca de Legazpi, donde por cierto vive mi amiga Luz, y resultó que era para vender "Huequitos para regaderas y duchas de baño", de plástico, irrompibles y con la garantía de la Comunidad Europea, es decir, homologados.
Sentí que aquello era el acabose, pero recordé que en mi casa, no sé si por culpa de Chávez o de Ortega o de los fulanos Fernández o del rector de mi Universidad, ya no había comida, entonces me fui adonde tenía que haberme ido desde un principio, en la vía a Vicálvaro y allí sí, por fin, conseguí un empleo, como un subsahariano, es decir, como lo que soy, un negrito más. Así que nada, en la construcción me contrataron, me pagaban como a un ilegal, 100 euros semanales por cargar tierra y cemento desde las siete de la mañana hasta las cinco de la tarde. No sólo se me reventaron las manos y los pies, sino que las costillas se me pusieron coloradas de tanto esfuerzo que tenía que hacer; por las tardes regresaba a casa como un rumano más, vuelto añicos y hecho un asco. Supuse que no aguantaría mucho, pero me vi obligado a hacerlo para poder comer algo esos días.
Me olvidé de la tesis, ¿Cuál tesis?, de los amigos que por internet me increpaban mi silencio, y entre el polen de la primavera, el cemento y la arena, la nariz se me congestionó y creo que me dio principio de sinusitis, es decir, hasta los polvos me caían mal, claro que con aquella paliza diaria qué fuerzas iba a tener para nada de nada, y menos para eso de los polvos, si algunas veces ni sentía el manduco, llegué a pensar que se me había perdido en el tren, descascarado y lleno de cemento, por eso el domingo siguiente, luego de comprarme mis botellas de vino barato, para darme ánimos y prepararme para la semana que se me venía encima, me di mi banquete de boleros, con Felipe Pirela, Leo Marini, Benny Moré y todos los demás muchachos de la pata boleril, y en medio del guayabo me puse a pensar en Linda - "Mas si pretendes, remover las ruinas, que tú misma hiciste" -, en la amiga lejana por quien suspiraba entre copa y copa se acaba mi vida, claro que si me viera así, como andaba de desnutrido y arenoso, y me invitara una ronda de amor, creo que sólo cenizas hallarían sus ojos, porque de mí presencia ya no quedaban sino marchitos recuerdos - "todo se derrumbó, dentro de mí, dentro de mí..." -, y me vino de pronto, como una apremiante necesidad, el deseo de reunir los quinientos euros para ver si me compraba aquel alargador de penes y tratar de recuperar ciertas figuras, pues de lo contrario tendría que pedirle "arráncame la vida..."


Becario 9:
BÉSAME, BÉSAME MUCHO
a Adel Mahmoud Hassanein

Los últimos días han estado llegando a cuenta gotas "buenas noticias". Pero hasta en eso me he vuelto incrédulo. Que si esta semana envían el dinero, que no que el miércoles, que mejor el viernes, que la próxima semana ya podrán cobrar, es decir, las mismas buenas noticias que nos vienen dando desde finales de enero; yo opto por no pararle mucho a esas noticias tendenciosas y decido salir a caminar sin rumbo aparente. De Linda no había vuelto a tener noticia alguna, "todas las tardes, salgo a ver al cartero, a ver si trajo algo para mi...".
Me recorro toda la calle de Alcalá, empalmo con Gran Vía, luego con Princesa y desde Moncloa sigo caminando hasta la Ciudad Universitaria, por allí, cerca de las once, nos vamos viendo la mayoría de los becarios, con nuestra cara de pelabolas, todos escurridos, con nuestras caras largas de no comer bien en muchos meses, nos hacemos algún chiste, que te pareces a Fantasmagórico, y tú a Plastilina Gigante, ayer llevé a mi familia a oler una paella valenciana, nosotros estuvimos viendo tomar helados; así nos vamos caminando por cada facultad, tarareando alguna canción de las nuestras - "Mujer, si puedes tú con Dios hablar..." -, saludando a los amigos, mosqueando a ver donde están los candidatos del PP o del PSOE repartiendo bolígrafos y bolsitas de patatas fritas con sabor a cebolla, que dizque son muy buenas para que no se te caiga lo que te conté por falta de vitaminas; evitando los grupos mayores de cinco españoles con caras de gamberros, para que no nos aborden y nos caigan a palos, como hicieron estos días pasados un grupo de cuatro alzadores de pesas, que le cayeron a palos a dos subsaharianos y no se conformaron con molerlos a golpes sino que mataron a uno de ellos, y el juez les ha dictado medida provisional de libertad - ¡de libertad! - por que el abogado defensor alegó que lo hicieron en "defensa propia", ¡joder!, así cualquiera se defiende.
Rato después, con dos o tres de aquellas bolsas de patatas, nos vamos despidiendo, sacándole la madre a todos los culpables en Venezuela de nuestra lejana peladeradebolas. No dejo de pensar en Linda e intento una vez más verla, "y tú, quién sabe por dónde andarás". Regreso hasta La Puerta del Sol y subo por la calle Montera, siquiera para verles desde lejos las caras a las putas, cuando desde la otra acera alguien, una voz femenina muy dulce, me llama, y ¡Madre de Cristo!, la veo venir, tan hermosa como siempre, con la pollera más corta que pueda existir en toda la bolita del mundo, que si al caminar alza el pie más de lo debido seguro que se le ve de refilón la pollera colorá, los sentidos se me disparan y como un eco me llega un bolero lejano, "Bésame, bésame mucho".
Llega, me abraza, y me estampa par de besos en cada mejilla, y yo no hallo qué hacer - "... bésame mucho. Que tengo miedo perderte, perderte después" -, y ella que si blablabla, como si nada, como si tuviéramos veinte mil años sin vernos, y más lerolerolero, hasta que me increpa:
- ¿Qué? ¿No vas a decir nada? - Me sonrío y le susurro, "Bésame, bésame mucho, como si fuera esta noche la última vez", y ni sé porqué se lo dije, porque en verdad lo que quería era meterle dos trompadas, así a lo macho, a lo Jorge Negrete, "pa`enseñarle que de un hombre no se burla una mujer", pero ella, siempre más lista, me dio un abrazo efusivo, hizo un movimiento extraño que no alcancé a entender y volvió a perderse entre la multitud - "Luna que se quiebra, sobre las tinieblas, de mi soledad, ¿a dónde vas?" -.
Esa era la vaina de Linda, que podía aparecer como por arte de magia pero desaparecer de la misma manera, tan fresca, como si nada hubiera pasado entre nosotros la última vez, desde la llamada aquella al menos. En la retina me queda su carita linda, aquella cortísima pollera y un guayabo de puta madre, "¡Ay, amor!, ya no me quieras tanto". Decido continuar mi camino, descubriendo la cantidad de carteristas que suelen habitar por el Centro y me propongo proteger con mi vida si es necesario, el par bolsas de patatas fritas como si se trataran del mejor de los diamantes, total, es lo único que me pueden robar.
Me voy casi por en medio de la calle, como si estuviera en un duelo en el viejo Oeste, imagino mi pistola a un lado, la mano nerviosa muy cerca del arma y hasta me creo Tim McCoy o Billy The Kid, al primero que se acerque le meto un pepazo en toda la frente, es entonces cuando reacciono y entiendo aquel movimiento extraño de Linda - "que me hizo comprender, todo el bien, todo el mal" -. ¡La puta madre! me digo. ¡Qué bolsas que soy!. ¡Más que bolsas, rebolsas!, y me llevo las manos a la cabeza como si acabara de perder toda mi fortuna a las cartas, Linda me ha robado las dos bolsas y ni cuenta me he dado, "Por el amor de una mujer, jugué con fuego sin saber...", pero cuando vuelva a verla, ¡ay, cuándo volveré a verla! y no me queda otra más que irme creyéndome el chavo o don Ramón, tarareando una de aquellas viejas canciones de Los Chavales de España, "Están clavadas dos cruces, en el monte del olvido..."


Becario 10:
DESPUÉS QUE UNO VIVA VEINTE DESENGAÑOS...
a Cristina Bravo.

Las últimas noticias provenientes desde la Universidad seguían siendo tendenciosas: que ya está todo listo, que ahora si les vamos a pagar, que no que falta un recaudo, que la Comisión no pudo reunirse por que estaban celebrando el traslado de Daniel Santos al Panteón Nacional, en fin, cualquier pero de última hora, y nosotros con nuestras caras largas, por el hambre y el aburrimiento, hartos de asquerosidades, porque sales a la calle y todo sigue siendo asqueroso, por allí sientes, escapado, un olor a fabada asturiana con escalope y patata guisada, vino tinto y tarta de manzana y te resulta asqueroso no tener siete putos euros para deleitarte con aquel menú.
Te vas por estas calles de españoles y extranjeros y ves en las marquesinas que anuncian el estreno de El Señor Don Quijote y te parece asqueroso no tener para comprarte el boleto, todo te resulta tan asqueroso como que el PP siga diciendo que ganó las elecciones cuando le han arrimado la bola al mingo y si no le han clavado un boche es porque estos españoles no tienen coraje ni deseos de cambios, los mismos que sentí cuando me encontré en los bolsillos de mi pantalón con los últimos veinte euros que me ganara en la construcción y me dije que o los multiplicaba jugando a lo ciego en la Once, o me compraba algunos alimentos que volvían a escasear en nuestra despensa.
Sin saber qué carajos hacer, me fui caminando hasta Atocha, fingiendo que estaba alegre por cualquier motivo, silbándome una de aquellas viejas canciones de Lupe y Polo, que si "Chaparrita de mi vida ya vine y estoy aquí...", mientras le daba vuelta a los veinte euros en los bolsillos, de uno para el otro, sin saber qué hacer con tanto dinero; llegué hasta la venta de libros usados, curioseando, intentando descubrir algún tesoro, "para llevarte conmigo como te lo prometí", pero aquello me aburrió porque no podía concentrarme, entonces me adentré en la estación de trenes, me senté en el parque interior y me puse a pensar un millón de güevonadas, intentando ver cómo llegábamos vivos hasta junio.
De pronto me embargó la nostalgia cuando me pasó como una ráfaga de ametralladora la imagen bella de la traicionera de Linda, quizás fue por estar tarareando una de aquellas canciones de Nat King Cole, "Cachita, Cachita, Cachita mía...", o tal vez fuera "Ansiedad, de tenerte en mis brazos, musitando palabras de amor...", lo cierto es que me levanté y comencé a dar vueltas por el sitio, sin rumbo y sin motivo alguno, cuando vi un anuncio tirado en uno de los cestos de la basura, junto a diarios, potes de refrescos y de cuanto papel hay en esta vida. Voy, lo recojo y leí que decía que había un premio de seiscientos euros para el primer lugar en peleas callejeras, en el pueblo de Colmenar Viejo, como todavía estaba a tiempo, fui, me compré el boleto de ida y regreso, cinco euros, y me largué para allá intentando darle un mordisco a alguien, y para ver si era verdad que había aprendido algo de artes marciales en las cuales había estado metido algunos años, cuando era mozo y perdonen la distancia.
Una hora después, cuando llegué, las inscripciones se habían cerrado, pero rogando un poco, me aceptaron, diez euros y me creí listo ya para ganarme los pinches seiscientos euros aquellos del primer y único premio. Comencé a ver a los primeros gladiadores que se daban en la trompa, en las piernas, en el plexo y pensé que sí, que si podía. Cuando por fin me tocó, se apareció un tipo hosco, pero tan maula que me dije que en un dos por tres lo tiraría, con un golpe como un chorrito de pus estaría listo. Le di con los ojos, con la boca, con la nariz, con el estómago, hasta que sus manos y sus pies se le fueron hinchando, entonces ya no me pareció tan maula, y la imagen de Linda me volvió ingratamente, "Nosotros, que fuimos tan sinceros..."
Después me tuve que regresar a Atocha más aporreado que un gato en tiempo de celo, lamentando haber perdido de tan estúpida manera quince euros. Desde Atocha me regresé, casi sin aliento, al anochecer, por el Paseo del Prado y de pronto sentí un carajazo en la espalda, cuando voy a volverme para ver cuál es la vaina siento otro trancazo en la boca del estómago que me dejo temblando, comencé a caerme en cámara lenta, viendo borrosamente cómo dos magrebís, más veloces que Spiderman y Batman juntos, buscaban entre mis bolsillos, me arrancaban mis últimos cinco euros y se piraban corriendo.
Yo intentaba respirar hondo y esperaba ayuda de alguien, pero que va, nadie hizo ni dijo ni vio nada; así que, más destrozado aún y temblando como si tuviera el mal de sanvito, me fui hasta la estación del metro de Banco de España; di gracias por estar vivo y por haber invertido muy bien mis últimos veinte euros, total, me dije casi cantando con despecho, "después que uno viva veinte desengaños, qué importa uno más..."


Becario 11:
SORPRESAS TE DA LA VIDA...
a Alba Doris Mosquera Monroy

Tres días estuve encendido en fiebre, sin causa aparente ni motivo alguno, una fiebre que fue aumentando gradualmente y me condujo, al segundo día, a los abismos del delirio, en donde suelo soñar con una morena que no hace más que reírse mientras se va despidiendo, "te vas por que yo quiero que te vayas...", sin un medicamento cualquiera, con receta o sin receta, porque en las farmacias españolas no te venden un remedio si no está homologado por un médico, así que si no tienes dinero para ir al médico y en la farmacia no te dan un menjurje cualquiera, pues sencillamente te mueres, "si tu mueres primero yo te prometo..."; pero nada, que al tercer día la fiebre bajó, casi por inercia, y el cuarto día andaba ya como una uva, claro, como una uva exprimida y cada vez más seca y vieja, arrastrando los pies al caminar y una tos seca de fumador pasivo.
Al principio pensé que la fiebre me había dado a causa de las dos palizas recibidas el fin de semana, por una de las cuales yo incluso había pagado, "toma este puñal, ábreme las venas, quiero desangrarme hasta que me muera...", pero después descubrí que no, que ni de vaina, porque primero me comenzó así como una molestia, después una mínima arrecherita, y ya después si estallé, eso fue cuando confirmé la terrible gran noticia: el país todo se paralizaría una vez más, pero esta vez para siempre; los sindicatos dejarían de trabajar, si alguna vez lo habían hecho; los empresarios dejarían de producir, si realmente lo hacían sin los clásicos incentivos del gobierno; los partidos políticos, últimamente tan activos en pro de un carajazo o en contra de un referéndum, se cruzarían, como siempre, de brazos; las universidades cerrarían sus puertas obligatoriamente, negando con ello el saber y el conocimiento; la iglesia católica, tan dada a ofrecer sesgadas posiciones, siempre interesadas, se paralizaría; la ciencia en todos sus ámbitos, se detendría; la cultura en general, con sus zorros y camaleones, se paralizaría; la tecnología se paralizaría; en fin todo el país quedaría, una vez más, hecho añicos, vuelto ñoña, "salaos, salaos, siempre salaos", porque según decía la televisión española, muy dada a reafirmar las infamias de lo que sucedía en el país, en el nuestro no en el de ellos, por primera vez en 44 años no participaríamos en el Miss Universo, "En una noche tan linda como esta..."
Aquello me derrumbó por completo, "Madre mía de Guadalupe de la Villa de Jerez, dame licencia Señora, de levantarme otra vez", ya ni boleros quería cantar, no tenía guáramos para nada, todos hablaban de las maldades de un Ser muérgano y perverso que le negaba 70 mil míseros dólares a la chica para que asistiera al magno evento de la ciencia, la cultura, las bellas artes y el goce estético o el sifrineo corporal. Yo me pegaba a los noticieros de radio y televisión para ver si nos lanzaban un flaicito siquiera, "no hay quien le gane al Magallanes", que dijeran que por allí, repartidos por el mundo, miserablemente abandonados, hacedores de ciencia, de tecnología, de cultura, de arte, de música, de todo lo bueno y necesario para el país, existíamos unos miles de becarios que esperábamos ansiosamente los mil trescientos o a lo sumo dos mil dólares que muy generosamente el gobierno o las universidades o los Fernández y los Ortega o el mismísimo General Repollo, nos habían concedido desde el fondo de su corazón, "el gato que está triste y azul..."; sólo que ni Cadivi ni las universidades ni los Ortega, Fernández o General Repollo, ni nadie nos los hacían llegar; pero nada, los noticieros no decían una palabra, nadie se acordaba de nosotros.
Entonces me fui serpenteando "por la esquina del viejo barrio", con un tumbao de loco, de drogadicto o de pelabolas, así hasta llegar a un locutorio y pedí, con una navaja que relucía por sobre la correa, que me fiaran cinco llamadas, para llamar a los amigos más cercanos y saber si ellos se habían enterado de la misma vaina que yo, y si pues, estaban al tanto de la situación, y tan desmoralizados como yo andaban, "yo que pensaba, hoy no es mi día, pero tú estás peor no estás en ná...", sin embargo uno de ellos me dijo: "No vale, ya la presidenta de Panamá habló para que la Miss asista al concurso", entonces supusimos que alguien, de cierta envergadura en el país o en el exterior, hablaría por nosotros, quizás el Director General de ACNUR, o un representante diplomático cuando logren repatriar nuestros restos mortales, no sé alguien de peso, "Dicen que la distancia es el olvido, pero yo no concibo esa razón..."
Cómo carajo no iba a sufrir aquella fiebre tan grande. Me cubro la navaja cuidando de no cortarme ciertas partes vitales, y salgo del locutorio, "un carro pasa muy despacito, no lleva marcas pero todos saben que es policía", me quedo en la puerta haciéndome el sueco - o el policía de Valera que es la misma vaina aunque nadie sepa a ciencia cierta qué es -, por si al tipo del locutorio se le ocurre echarme el pajazo, cuando lo veo lejos me largo y comienzo a dar vueltas por los alrededores y un conocido del barrio me increpa: "Ehh, el Presidente de tu país está loco, no quiere dejar ir a la chica al Miss Universo si las venezolanas son las más bonitas del mundo", lo miro y no sé si meterle un coñazo o echarme a llorar a su lado y maldecir al presidente de mi país.
Me regreso a casa y mi mujer me dice que, ¡por fin!, alguien de mucho peso, hablará en Venezuela por los becarios; la alegría me dura poco, pues al rato me llama Steven y me dice que se trata de un robusto General, que fue ministro de la defensa y embajador en un país europeo. ¡Mierda!, digo decepcionado descubriendo que se trata del General Repollo con quien en más de una ocasión tuve la oportunidad de disentir, a causa de su permanente conspiración, siempre fallida, gracias a Dios; así que nada, "sorpresas te da la vida, la vida te da sorpresas...", ya conocía sus palabras de "apoyo a los becarios", pues una vez me las había soltado sin ambages de ningún tipo: Chico, todos los becarios deberían estar estudiando, con su propio dinero, en Venezuela, y no generarle tantas pérdidas al país. Los becarios no producen nada, sólo dolores de cabeza
Ahora si comenzaba a perfilar el que sería mi próximo y tal vez definitivo empleo: "Pedro Navaja, ladrón de esquina..."


Becario 12:
CAMINITO QUE ENTONCES ESTABAS
a Aldrin Uzcátegui y César Owens.

Eso de ser becario es la cosa más asquerosa que existe. Incluso si perteneces al sindicato de la Mónica Lewinski, por que si te toca, por ejemplo, hacerle aquello a la reina Isabel, ¡qué asco!, ni con dentadura postiza, pues los dientes igual se te caerían, y hasta tendríamos que cantar "¡Quién apagó la luz!, ¡Quién apagó la luz!", pues a nuestro alrededor todo se oscurecería para siempre. Y es que ser becario ha de ser la peor de las categorías sociales, suponiendo que exista como tal, porque muchas veces nos llegamos a considerar seres de otros espacios, habitantes de un mundo alterno, periférico, delgaducho y pálido.
A veces nos veíamos por ahí, escondidos entre las manadas de ecuatorianos y magrebís que solían recorrer Madrid, y nos reconocíamos de inmediato por nuestras caras lánguidas, el ahuecamiento de los pómulos, las sonrisas sesgadas y aquella mirada perdida en la nada, como preguntándonos si valía la pena seguir en aquellas condiciones tan miserables, preguntándonos si teníamos la culpa de que unos cuantos locos y estúpidos quisieran tumbar al gobierno, y otros más quisieran aferrarse a él, preguntándonos si era bueno continuar hasta el final o deberíamos tomar, por dignidad, unos pocos bártulos y largarnos por allí, tomar el tren de cercanías en Atocha y bajarnos, por ejemplo, en Propatria, y de allí cada cuál se iría para sus casas, arrastrando frustraciones y mascullando maldiciones.
Por las noches yo me había propuesto soñar cosas bonitas, es decir, olvidarme de aquellos gratos olores que impregnaban la noche madrileña y echarme a dormir, para soñar con un campo largo prendido de flores silvestres, "caminito que entonces estabas, cubierto de nardos y juncos en flor...", recuperando desde la memoria a los amigos que seguían una misma lucha allá en nuestra ciudad, a las mujeres que habíamos amado y que quizás también nos hubieran amado, intentando recordar las frías noches de nuestro pueblo, tachonadas de estrellas y luceros, queriendo olvidar tantas tardes grises de una primavera que no termina de arrastrar nubes de polen; pretendiendo superar la arrechera eterna de la mujer, por quien alguna vez salimos a comprar una pronapen para inyectársela en la nalga y ver si calmaba un poco tanta amargura junta y nos dejaba pensar en paz las santas bolserías que nos gustaba pensar.
Por las mañanas volvíamos a patear la ciudad, sacudiéndonos el polvo que arrastrábamos con nuestros desgastados zapatos, abrazándonos a Madrid, cantándole un verso cualquiera mientras bebíamos vino del más barato, "Madrid que te quiero Madrid", y allí, detrás de un rostro mediterráneo, detrás de un rostro árabe, de otro subsahariano, por allí descubríamos nuestros rostros tristes, lánguidos de esperanzas "Qué piensa la muchacha que pila y pila, qué piensa el hombre triste junto a la iglesia...", juntando nuestras manos para darnos ánimos y creer que en verdad hacían una lucha enorme en nuestra universidad y no abandonar nuestros huesos en tan lejanas tierras, "Yo tengo fe, que todo cambiará..."
Ya no soñábamos con ser los superhéroes a lo El Zorro, que desandábamos por la noche cazando al asesino del naipe, ni nos importaba la reunión del Grupo de los Ocho, o los disturbios antiglobalización, ni siquiera el cariz lingüístico que ahora le daban a ETA, durante los setenta lo llamaban "Grupo Separatista Vasco", desde que apareció el cerebro maravilloso de Bush "Grupo Terrorista Vasco", y no es que estuviera a favor de ETA, pero el día en que los vascos logren su independencia, no sólo España se va desmoronar, Europa toda se fragmentará llevándose consigo su famosa Comunidad Europea.
Quizás por ello comenzamos a vernos más seguido, para hablar del Grupo de los Becarios Pelabolas, porque ya sabíamos de la existencia del Grupo de los Becarios Hijos de Papá, quienes recibían dólares, religiosamente, mes a mes, desde cualquier rincón del mundo, y en nuestras reflexiones siempre llegábamos a lo mismo: reconocer las sabías y sagradas palabras de El Conde del Guácharo, ¡Machúcale la bola al perro! y éste jamás volverá a morderte.
Supongo que fue todo aquello lo que nos llevó a una dramática conclusión: habíamos perdido un tiempo maravilloso, que nada ni nadie nos devolvería y si bien no estábamos como en Biafra, sabíamos que a partir de ahora llevaríamos con nosotros una honda fisura, quizás la misma fisura que le ví a Julieta, una profesora compañera de Matemáticas, antes había sido una mujer hermosísima, ahora arrastraba consigo una vejez prematura que le había llegado de bruces y chocado contra sus narices, asentándosele por todo su rostro.
Supongo otra vez que ella vio lo mismo en mí, por eso cuando nos despedimos dándonos los ánimos de siempre, suponiendo que ahora sí, el lunes si pagarían, porque, una vez más, según nuestra universidad, ya habían depositado, no se me ocurrió más que tararear la canción aquella, "una sombra ya pronto serás, una sombra lo mismo que yo..."


Becario 13:
AHORA SEREMOS FELICES
a Elissa Lister y Alvaro Marulanda.

La espera de los últimos días había sido la más terrible. Nos dijeron que el dinero ya estaba en Miami; no que aún lo tenía el Banco Central; que qué va, el dinero ya iba por New York, y yo preguntándome por qué razón o motivo a las personas, que somos entes vivientes, nos piden pasaportes y visas para andar de un lado para el otro y entrar en algunos países, y al dinero no le piden nada, incluso a nuestro dinero, es decir, éste se mueve libremente por el mundo sin visa alguna, mientras a nosotros nos frenan por ser inmigrantes de un tercer o cuarto mundo, pero claro estas son parte de las bolserías que se le ocurren a uno cuando no tiene oficio, y como los últimos días no tenía oficio, ni llegaba el dinero, que ya debería venir por Jamaica o por Senegal, pues me di a la tarea de conseguir un oficio nuevo, un empleo, algo en lo cual consiguiera unos duros para que la vida no siguiera siendo tan dura con nosotros y conseguí tres chambitas para matar el tiempo "porque matar el tiempo no es lo mismo que tiempo para matar".
Así, por la mañana salía bien temprano para encontrarme con el resto de los becarios, y hablar de nuestras vainas de pelabolas. Al comenzar la tarde, iba a reportarme en la dirección de mi primer trabajo, que había conseguido a través de un anuncio de prensa que solicitaba joven desocupado para sacar los perros a pasear. Efectivamente, por el barrio chic de Salamanca, me dieron el empleo aquel, todas las tardes de cuatro a cinco, con dos pares de bolsas para desechos y unos guantes, porque si los perros se cagaban tenía que recoger las deposiciones, meterlas en las bolsitas y echarlas en los cestos de la basura, para que Madrid siguiera tan limpio, porque Madrid limpio es tarea de todos, y esto tenía que hacerlo de lunes a sábado, y aunque me iba con aquel olor a mierda de perro, podía tararear un poco más despreocupado, "¡Ay, amor, ya no me quieras tanto".
Luego, en media hora, me trasladaba hasta Arguelles, para hacerle compañía a un anciano de ochenta y cuatro años, inválido, que había peleado del lado nacionalista, y que resultó muy buen conversador y no se cansaba de repetirme, es que ahora España si va a salir de abajo, si ya somos primer mundo, desde que nos unimos a Estados Unidos, a Alemania a Francia y a Inglaterra estamos equiparado con lo mejor del universo entero, estas son las cosas buenas de Aznar, "Ahora seremos felices, ahora podremos cantar", gracias a Dios que durante la guerra no ganaron los republicanos por que si no qué sería de este país, ojalá los rojos no vuelvan nunca más a ninguna parte del mundo, o por lo menos a España.
A las seis y media salía, tomando todas las precauciones del mundo, no fuera a encontrarme con la banda de cabezas rapadas que tenían aterrorizado al sector y que cada tarde apuñalaban a un par de latinoamericanos o subsaharianos, para trasladarme en cuarenta minutos hasta San Blas, un barrio obrero, y dedicarle otra hora a otro anciano, refunfuñón, huraño y poco conversador, que no hacía más que hablar contra Aznar y el PP, que España iba a la ruina, que no sabían lo que iba a pasar cuando despertara del espejismo europeo y tal y que se yo, que ahora todo era una mierda, y no de perro precisamente, "que amores como el tuyo, se encuentran en la calle".
Mi misión era escucharlos y asentir o negar según fuera la ocasión. Si, tenía razón el primer abuelo, cuando recibí la primera paga me dio por cantar, "Ahora seremos felices, ahora podremos cantar", porque cuando uno tiene la barriga llena el corazón se contenta y no le importan los espejismos, que va, a nadie le importa que la Guardia Civil atrape a tanto inmigrante subsahariano que llega en pateras, ahogándose más de la mitad al intentar cruzar el Estrecho, ahora gracias a aquellos empleos, nosotros, en mi casa de becario inmigrante pelabolas, que languidecíamos de silencios, podíamos comer un poquito más y dormir a pierna suelta; a quién le importa que el PP decida que a los latinoamericanos había que exigirle visa de entrada porque ya estaba bueno ya de llegar a hacer las Españas, como ellos habían hecho durante cientos de años las Américas, "Yo tengo ya la casita, que tanto te prometí; la cosa es que España es primer mundo y debemos tener contento al señor Bush, que se encarga de supervisar los dólares que viajan por el mundo para saber si se tratan de dólares blancos o dólares negros o dólares mestizos, aunque yo, por un puñado de dólares, ahora esté por las tardes recogiendo mierda de perro en vez de estar escribiendo mi tesis y pensando en la ingrata de Linda, "Nostalgia, de escuchar su risa loca y sentir junto a mi boca como un fuego su respiración..."
Nada, que mañana me compro un frasco de vetiver para quitarme este olor a mierda de perro que cargo encima. ¡Joder, cuándo llegará en verdad nuestro dinero!


Becarios14:
DOS ALMAS QUE EN EL MUNDO...
A Marilú Parra.

Yo, la verdad, es que estaba reacio a creer y aceptar aquella noticia. Nos habían engañado tanto las últimas semanas que ya no creía en nada ni en nadie, menos aún en la gente de mi Universidad. Los últimos días me había dedicado exclusivamente al paseo de los perros, cada atardecer, y a las conversaciones y prolongados silencios con mis dos ancianos clientes, a favor y en contra de Aznar, que ya es mucho decir, así que ya poco me importaba todo lo demás.
Una mañana, sin embargo, me llamó mi amigo Steven Bermúdez y me dijo "Sí, sí es verdad", pero yo seguía en mis trece; después fue mi amiga Luz Varela quien me reafirmó "Que sí, que ahora sí es cierto", y yo en mis catorce, no vaya a ser que en mi cuenta no hubiese nada de nada; después vinieron las llamadas, casi seguidas, una detrás de la otra, de Santander Cabrera, de Amparo Molina, de Carlos Pérez y hasta de Dilcia Fernández y Maylén Sosa, repitiendo lo mismo, "Que sí, chico, que ahora sí es verdad. Ya están pagando. Fulano, que es de la Central, ya cobró", y yo seguía en mis quince, paseando los perros, recogiendo la caca, apoyando o defenestrando de Aznar, y pensando en los ojos hermoso de Linda, qué a esas horas quizás dónde y con quién me engañaría, "En el lenguaje misterioso de tus ojos, hay un tema que destaca, sensibilidad...".
Por la noche, dubitativo aún, me acerqué hasta mi cuenta del banco y ¡joder! casi pego un grito, o mejor dicho, lo pegué y casi me da un patatús, ¡había dinero!, quizás llegado por inseminación artificial, o por duplicación de su adn, no lo sé, pero había algo, claro, una miseria, pues ya habían descontado parte de las deudas, con sus respectivos intereses y todo, no si es que robar a un banquero es más arrecho que tumbar la luna a pedradas, y pensé que ahora sí me iría por allí, con ese resto de vida que palpitaba en mi cuenta.
Ciertamente, al día siguiente me fui de despedida, "Vengo a decirle adiós a los muchachos", le dije a cada uno de mis viejitos, y esa última tarde me llevé a los perros cagones aquellos y por la escalera les di una soberana patada a cada uno que se quedaron chillando, y cuando el dueño vino a reclamarme por maltrato físico a los animales, me acordé de las sabias palabras que pronunciara el filósofo aquel, por las cámaras de la televisión venezolana, "¡Tú a mí no me jodes, güevón!", y le solté un coñazo en toda la jeta, preguntándole después que lo vi en el suelo, dónde carajos estaba cuando me maltrataron aquellos magrebís y por qué no salió en mi defensa.
Dejé a los perros y a su dueño aullando de dolor y me fui feliz, pateando las latas que conseguía por la calle y silbando, sin saber por qué, "Ligia Elena la cándida niña, de la sociedad..."; la mano comenzó a hinchárseme, pero tampoco me importó mucho, con una botella del mejor vino, mínimo un Rioja reserva del 95, se aliviaría todo mi dolor y mi escozor también; después llevaría a mi hijo al cine para que viera algo tan malo como Matrix, y a mi mujer le regalaría un perfume Cocó Chanel, Nº 5, para que ya dejara de joderme tanto la vida, y para mí, ¡ay para mí! iba pensando en la más hermosa de las hembras del universo, "Yo quiero esconderme nena, bajo de tus sayas, para huir del mundo...", esa misma noche la invitaría a bailar al Tropicana, nos tomaríamos un mojito cubano en La Negra Tomasa, luego nos iríamos por esas calles de heroinómanos, cerveceros, carteristas, buscando una estrella en medio de este gris y feo cielo europeo, tomados de la mano, casi al amanecer, cantando, "Vente conmigo al puerto que hay una barca para los dos..." y mentándole la madre a todo aquel que quisiera meterse con nosotros.
¡Ay, la tarde de esta tarde! Sería entonces feliz y silbaría y cantaría todas mis canciones, "Quién pudiera tener la dicha que tiene el gallo...", dicha que yo tendría por la madrugada, seguro. Así que decidí darme la mejor de las duchas, concienzudamente, jabón y agua por todas partes, después un poco de talco y colonia y cuando ya me creía listo para salir, furiosamente comenzó a repicar el teléfono y a que no saben quién carajo estaba del otro lado:
- Hola mi corazón, soy yo, Linda - "Yo no he querido, ni podré querer a nadie, con tan loco frenesí" -. Quedamos para esta noche, en mi piso, ¿vale?. Oye, qué bueno que ya todo se ha arreglado. Qué gente tan mala hay en tu país, echarles la vaina a ustedes, los becarios, por querer tumbar al Presidente. Pero nada mi amor, lo pasado pasado, que te espero esta noche en mi casa. Si es que somos como dos almas gemelas, uno para el otro. No te olvides. Te estaré esperando fogosamente... Hasta pronto, mi negro. "Y cuando ese milagro realiza el prodigio de amarte, hay campanas de fiesta que cantan en mi corazón"
Y colgó como si aquí no hubiera pasado nada. Claro, ahora sí éramos como "dos almas que en el mundo había unido Dios, dos almas que se amaban, eso éramos tú y yo", y la mandé a lavarse ese rabo, que bien bonito lo tenía, para que negarlo, pero que se fuera con su música - y su rabo, qué carajos - a otra parte, y me dije que al próximo que me llegara hablando de Linda, o que me dijera de algún supuesto y escuálido paro político en Venezuela, le iba a poner una silla por la costillas y yo mismo lo iba a amarrar por los pulgares, como un murciélago, desnudo y con una gotera de agua que le cayera en toda su entrepierna, para que respete de una puta vez, y aprovechando que no estaba mi mujer salí cantando, "besos, ternura, que derroche de amor, cuánta locura..."
Y me fui por esas calles de Dios, o del Diablo, a quién le importa, a vivir la vida que son dos días...
***

Madrid, abril-junio de 2003



enriquepr@mi.madritel.es


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