No parece haber ya un sitio para Hugo Cabezas

Los hombres cambian y para bien o para mal, las conciencias de los hombres cambian inexorablemente, reza un principio filosófico. Es posible que ajuste este pensar existencial, en el comportamiento político de Hugo Cabezas para con  los destinos de la revolución bolivariana. Nutrido de ideas socialistas desde los tiempos de bachillerato y universitarios en la ULA, el ex gobernador Trujillano ha parecido más incorporarse a las lides del poder para usufructuarlo que para generar parabienes sociales. Pero la historia reciente, no todo en él lo señala de malo. Se le atribuye una buena postura, cuando atosigado por la realidad del descrédito en su pueblo, dimitió ante Chávez aquella posibilidad electoral que seguro hubiera incrementado la ganancia opositora aquella vez.

Solo la sabiduría enorme de Chávez pudo poner en Rangel Silva una victoria en aquellos tiempos que por cierto hoy, empieza a subir una cuesta inflada por los consabidos gusticos de Rangel a  juegos y bisuterías de carácter aburguesado.

Y entonces pues, Cabezas pudo haberse anotado bien entre las sombras del poder impulsado por un embrión de mando nacido en la ULA, desde los espacios trujillanos, y que a principios de la revolución sobre todo después de Golpe  de Abril, pudo amarrase en diferentes instancias gubernamentales y electorales. Para desventura de la revolución no todo allí se perfumó en rosas y varios personajes anotados en tales designios fueron avistados por Chávez en desafortunados hechos de corrupción.

En el  otrora Ministerio de Energía y Minas hubo muchos ejemplos. Y es probable que el impulso de Hugo Cabezas a las altas posiciones que ha exhibido, estén pigmentadas por el arrastre funcional de esos grupos de poder. Un colectivo de carácter local pero de atracción nacional, nacido en Trujillo y denominado con el iluminado nombre de Fabricio Ojeda, conoce al dedillo todas estas aseveraciones.

Y el PCV, ni se diga. En todos los casos, después de la gestión trujillana de Cabezas, éste partido de alta e incuestionable  calidad revolucionaria, se ha opuesto con fuerza a las posiciones del ex gobernador anunciadas por el alto gobierno revolucionario. Por eso cuando el presidente obrero lo designó hace tres meses como ministro de su despacho, no hubo voz expresa que no criticara tal cosa.

Pero  entonces duró muy poquito. Porque quien suscribe sostiene que los cambios rápidos del presidente no son por erráticas posiciones en un momento dado. Más bien son  por una sabiduría intrínseca que se orienta hacia el encuentro de los mejores conductores de la revolución.  Ojalá Carlos Osorio, después de no haber mostrado sus mejores éxitos en los labrantíos de la alimentación de los venezolanos, pueda congraciarse con el éxito en el despacho presidencial. Sino por lo visto tendrá su cuarto de año.  



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Neri La Cruz


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