La esquizofrenia de Pat

He decidido ilustrar lo que mi imaginación ha venido elucubrando a raíz del
escándalo originado por las criminales palabras que pronunció, y que luego
intentó enmendar en forma desafortunada y totalmente infructuosa, el
showman Pat Robertson, en sus programas de TV.

Con esa finalidad, les envío el siguiente diálogo, el cual, a pesar de que
es totalmente ficticio, solo Dios sabe cuán lejos de la verdad puede estar.
Sí, solo Dios y el mismo fascista Pat Robertson y sus allegados de la Casa
Blanca, la de Washington me refiero. Espero que les haga reflexionar. Ahí
les va:

En una reducida sala de la suntuosa mansión, entre rigurosas medidas de
seguridad de toda índole, varios sujetos ataviados como si fuesen a asistir
a una solemne recepción oficial, se hallaban sentados ante una mesa oval de
madera oscura. Eran los integrantes de “La Sociedad”, un selecto puñado de
influyentes personajes del mundo de la política y de las finanzas
estadounidenses. Salvo la mesa y las personas sentadas a ella, toda la
estancia permanecía en la más profunda penumbra. Una lámpara de pantalla
arrojaba un campo de luz que tan solo abarcaba la mesa y a las personas a su
alrededor. Era una forma de evitar que los ojos y las mentes de los
asistentes vagabundearan entre los objetos de la habitación, logrando con
ello minimizar las distracciones. Como ya se había hecho habitual desde poco
antes de la invasión a Afganistán, la reunión había sido presurosamente
convocada unas escasas dos horas antes y se había hecho el énfasis de rigor
sobre el carácter de la emergencia y de la obligatoriedad de la misma.
Frente a cada asistente, sobre la mesa, un montoncito ordenado de papeles
contenía la agenda de la reunión y las retorcidas explicaciones que
justificaban ésta. Tanto la agenda como las justificaciones para dichas
reuniones se habían tornado, sobre todo en los últimos tres años, cada vez
más descabelladas. La estrepitosa caída de la aceptación de la gestión del
gobierno de Washington por parte de la opinión pública, era ocasionado por
el tufillo que lograba escapar de los muros de la Casa Blanca y que tenía su
origen en el hedor que generaban las canallescas acciones de estos
individuos, quienes urdían las mismas con la intención de favorecer los
intereses de los propios miembros del gobierno y de sus empresas. La
situación, tal como se veía desde afuera, era desde adentro, sólo que
adentro era mucho más grave.

Tras los breves saludos y ceremoniales de costumbre, se dio inicio a la
reunión.
-Chávez se ha convertido en un verdadero problema- dijo con cierto desespero
uno de los asistentes desde dentro de su traje de militar de altísimo rango,
todo decorado con medallas e insignias multicolores.

-Sí, debemos "sacarlo" definitivamente- replicó con ira un calvo banquero de
aspecto repulsivo. Su cara era tan redonda como la luna llena, rosada y muy
grasosa. A pesar del aire acondicionado, sudaba copiosamente por lo que un
pañuelo no abandonaba su mano ni un instante. Con él se enjugaba el continuo
goteo de la frente, las sienes y la calva. Utilizó el término “sacarlo” (“to
take him out”, en Inglés), cumpliendo así con el requerimiento de La
Sociedad, la cual les exigía a todos utilizar dicho término en lugar de
expresiones como “asesinar” o “matar”, todo con el fin de intentar mitigar
la crudeza de una de las perversas prácticas que comúnmente utilizaba la
secta para lograr sus objetivos.

- Estoy de acuerdo –terció una mujer vestida toda de negro, lo cual
acentuaba aún más su natural aspecto siniestro. - Pero tú, George, -continuó
la mujer mirando al aludido con los ojos muy abiertos- no debes aparecer
involucrado en ese asunto en lo absoluto, la opinión pública está bien
alerta desde que el mismo Chávez te acusó de querer sacarlo… ¡No sé cómo ese
bastardo lo logra pero te juro que me tiene loca!
Todos la miraron con rostros severos y compungidos que indicaban que
albergaban sentimientos similares.

-Tranquila, Condo, -respondió George tras una breve pausa, tratando de
calmarla - no haré tal cosa. Ya tengo suficientes problemas para buscarme
otro más, y menos de tal calibre … El hombre es inteligente y ha obrado para
que en tal caso El Mundo entero se nos eche encima… Hay que actuar con
cautela. Aquí entre nosotros te confieso que también me desespera ese tipo,
es muy astuto. A veces pierdo el sueño cavilando cómo podríamos librarnos de
él.

- ¡Yo quisiera saber qué tan cierto es eso! –Gritó el pastor Pat de repente,
sorprendiendo a todos y saliendo de su ensimismamiento. Había adoptado
repentinamente una actitud amenazante. Miraba a todos con ojos que
recordaban los paroxismos propios de la esquizofrenia. Tenía las manos
crispadas a modo de garras y las mantenía sobre la mesa, arrugando los
papeles que estaban a su alcance.

Todos sin excepción voltearon a mirarlo. Algunos ya estaban acostumbrados a
sus arranques pero quienes no lo estaban, se habían sobresaltado.
- ¡¿Qué pasaría si de verdad lo hacemos?! –Rugió, mientras giraba su deforme
cabeza para mirar a todos con expresión desencajada- ¿Cómo reaccionaría la
opinión pública en verdad? ¿Acaso no sería una turbulencia pasajera?
Se produjo una pausa inquietante durante la que todos se miraban entre sí
para ver quién se enfrentaría en esta oportunidad al agresivo clérigo.
- No, Pat, -dijo al fin George- opino que reaccionaría Muy mal –Hacía
grandes esfuerzos para lucir convincente. Pero en esa reunión no tenía el
discurso preparado como sin excepción ocurría cuando hablaba en público. Y
todos lo sabían. Era un hombre torpe y solo gracias a la ayuda de “La
Sociedad” había podido llegar a su actual posición. Sí, mediante ese apoyo,
con las influencias de “Papi”, los discursos pre-elaborados por expertos en
imagen y unas cuantas trampas, para ser más exacto.
Poco a poco todos fueron recuperando la calma que tenían antes de la súbita
interrupción de Pat.

–¡El precio del petróleo superaría los ciento veinte dólares en un solo día,
quizás más! –Intervino el general en auxilio de George.

- ¿En serio? –Continuó el otro con cara de chiflado- ¿Por cuánto tiempo?
¿Acaso no volverán las cosas a la normalidad en poco tiempo, como siempre
sucede? –y se esforzó en acentuar aún más su expresión de lunático.
Muchos terminaron por sentirse afectados y sin fuerzas para resistir al
tele-pastor. Eso sucedía siempre que Pat les increpaba de ese modo. Y varios
se preguntaban si tal actitud era algo natural o se debía a que se le había
“corroído el panel principal”. Pero Pat, viejo zorro como era, sabía muy
bien el efecto que tenía sobre sus indefensos y crédulos fieles cuando los
presionaba empleando esas técnicas. Sacaba provecho de la necesidad que
tiene la gente de creer en alguna solución cuando se hallaba en problemas.
Justo como en aquella reunión. Quienes acudían a él en busca de ayuda,
pronto sucumbían dejándose hipnotizar como mansos borregos. Sin embargo, en
aquella reunión, no todos eran borregos, aunque hubiese alguno entre los
presentes que era incapaz de hablar coherentemente en público a menos que
leyera lo que estaba diciendo; nada que ver con los discursos del increíble
Chávez, a quien molestaban sobremanera los guiones escritos que nunca
respetaba y a quien el tiempo no alcanzaba para decir todo lo que quería
decir, y sin leer en ningún momento de sus largos discursos una sola línea.
- Bueno, creo que deberíamos hacer una encuesta –bromeó el banquero calvo
tratando de romper el silencio y la tensión que se produjo tras la
intervención del clérigo- ¡Ja-Ja!, ya me lo imagino -continuó- ¿Qué piensa
usted, señor X, si sacamos a Chávez definitivamente?

- ¡Pero sí! ¡En verdad sí podemos hacer una encuesta similar! –dijo Pat
mirando con el ceño fruncido al banquero, logrando con ello que se esfumara
de inmediato su sonrisa en un apretón de labios blanquecinos.
Satisfecho con la reacción del banquero, Pat miró triunfalmente a los demás
y añadió:
- Yo sé cómo hacer para probar la posible reacción de la opinión pública en
caso de que sacáramos a Chávez, sin necesidad de llegar a hacerlo realmente.

- ¿Cómo? –preguntaron todos casi a coro, queriendo saber qué se traía el
pastor dentro de su desfigurada y enorme cabezota.

- Bueno, ¿no dice el propio Chávez que queremos eliminarlo? O.K., yo , en mi
programa de TV de los 700, podría mencionar que Chávez ha dicho eso
exactamente, que queremos eliminarlo… como esas son sus propias palabras… y
luego, haciéndome el loco (en este punto el banquero dijo para sus adentros:
"no hace falta que te hagas el loco, ¡bastardo!..."), inmediatamente dejaría
colar que nosotros deberíamos llevarlo a la práctica. Total, ante la opinión
pública, fue él quien ha mencionado tal cosa y no se han presentado pruebas
de que nosotros hayamos hecho algo al respecto. Así no sería algo que viene
de nosotros y podríamos probar la temperatura del agua sin problemas… ¿Eh?
Además, nos conviene reavivar de nuevo el conflicto con Venezuela porque ha
estado calmándose demasiado últimamente y eso no cuadra con nuestros planes.

Se produjo un silencio durante el que todos parecían sopesar la propuesta
del tele-clérigo. Ante tal ofrecimiento, los más astutos de los presentes,
que habían permanecido callados y en segundo plano, consideraron que el
tonto clérigo asumiría él solo toda la responsabilidad con la propuesta que
él mismo había hecho, por lo que decidieron hacerse los suecos y dejar
transcurrir las cosas para ver qué pasaba.

- Me parece muy astuto –dijo al fin George con la sonrisa de retrasado
mental que tanto agradaba a Condo.

- Sí, me parece bien –aprobó ella- Y así tú, George, permanecerías al margen
de todo, me parece excelente –Y adoptó la conducta de perra recién parida
que siempre asumía cuando deseaba proteger a su benefactor…
Todos, a su propia conveniencia, asintieron, manifestando con ello su
conformidad con el plan del arrogante telepastor.

-¡Acordado! -dijeron todos al unísono, tal como siempre hacían cuando
alcanzaban consenso respecto a alguna decisión. Y pasaron a tratar el
siguiente tema de su diabólica agenda...

Cualquier parecido con la realidad es consecuencia de nuestra historia
reciente…


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