Los pardos y mantuanos aliados instalan la Junta de Caracas el 19 de abril de 1810

Se Fragua la insurrección. De rumores y descontento

En la Casa de la Misericordia ubicada en Caracas, desde 1808 se concentraban las tropas milicianas en alerta ante la situación de inestabilidad y guerra que irradiaba de la península, así mismo, apoyaban la defensa del orden colonial y el poder de las autoridades españolas en la Capitanía. Desde marzo hasta el 19 de abril habían cuatro compañías de Granaderos concentradas allí, dos de blancos y dos de pardos de los Valles de Aragua y de Valencia.

Miguel Carabaño, quien se movía entre su compañía de veteranos y la Compañía de Granaderos de las Milicias Disciplinadas de Pardos de Aragua, jugaba un papel fundamental; al parecer, el oficial Miguel, era la pieza que engranaba la relación de la oficialidad blanca con la oficialidad parda. El Capitán Pedro Arévalo, quien comandaba, precisamente, la Compañía de Granaderos de las Milicias de Pardos de Aragua concentrada en la Casa de la Misericordia, mantenía la fidelidad de los pardos milicianos a las pretensiones, dado el momento, de la oficialidad blanca; su relación era privilegiada con Carabaño.

El Capitán Pantaleón Colón y su hijo Teniente Francisco Colón, eran los oficiales pardos que comandaban la compañía de Milicias de Pardos de Valencia, ellos habían sido ganados a los planes por Pedro Arévalo, en muy probable concierto con Rafael Páez, Teniente de la Compañía de Blancos de Valencia que estaba en el cuartel. Rafael pertenecía a los Páez que controlaban la milicia de Valencia como parte de una red familiar de suboficiales y oficiales en cuya cabeza se hallaba el Coronel Ramón Páez, gran hacendado de Valencia y los Valles de Aragua. El Coronel Páez tenía amistad con los hermanos Toro, afianzada por la identidad de cuerpo al pertenecer a la Milicia en la alta oficialidad y compartir intereses y relaciones como mantuanos. A su vez, Pantaleón y su hijo pertenecían a otra red familiar de pardos oficiales y suboficiales de la milicia de pardos de Valencia con una gran influencia no solo sobre la milicia parda sino sobre toda la comunidad de pardos valencianos y, en parte, de los valles de Aragua contiguo a su hinterland.

El Capitán de la Compañía Disciplinada de Milicias de Blancos de Aragua concentrada en la Misericordia era Don Feliciano Palacios y su Teniente don José Leandro Palacios; Feliciano permanecía más tiempo ausente que presente en el cuartel, Leandro era quien verdaderamente tenía más contacto con la tropa y en realidad funcionaba como el enlace para movilizar su fuerza según los planes comandados por el Inspector General de Milicias, que dicho sea de paso, era familiar de los Palacios de Caracas a los que pertenecían los oficiales de la Compañía de Blancos.

Sobre las tropas apostadas en el Cuartel San Carlos la ejecución del plan de los mantuanos y criollos era agenciado principalmente por Mariano Montilla, quien era oficial criollo con una carrera ejemplar desde España, el Alférez del cuerpo de veteranos Francisco Carabaño, hermano de Miguel, y por los hermanos Ayala: Manuel, Juan Pablo, Mauricio y Ramón. Los Ayala eran hijos de un, para entonces fallecido, Coronel de Milicias español que había sido Gobernador Interino de la Provincia Maracaibo en 1781, lo que les había permitido un posicionamiento importante en la sociedad caraqueña y en el ejército. Por su parte, Narciso Blanco, familiar de los Palacio, era Teniente de una Compañía del Batallón de Milicias Disciplinadas Blancas de Caracas, así mismo, Dionisio Palacios y Sojo era también Teniente de éste Batallón, entre los dos controlaban la fuerza de dos Compañías, ambos estaban complotados; no obstante, quien lograba dirigir a toda la oficialidad de las milicias de Blancos de Caracas era el Sargento Mayor Nicolás Castro, militar de carrera caraqueño quien había servido hasta hace poco en el Batallón de Veteranos, al estar a favor de los planes juntistas, era quien podía coordinar la acción entre el Batallón de milicias Blancas y Pardas de Caracas con las tropas del fijo. El Capitán de Granaderos de las Milicias Disciplinadas de Pardos de Caracas Carlos Sánchez, era la pieza, entre la oficialidad y las fuerzas pardas de Caracas, con la que contaban los oficiales blancos conspiradores.

Desde principios de 1810 se reunían en la casa de Fernando del Toro, los mandos mayores de la conspiración, mantuanos casi todos o altos mandos militares, con el propósito de acordar y planificar la forma de influir en la situación caótica y de inestabilidad que se irradiaba desde la península con el anuncio de noticias y rumores que llegaban por mar y tierra hasta Caracas. En la cabeza de un grupo de mantuanos y criollos comenzaron a prosperar ideas inclinadas a asumir el gobierno de su territorio con la conformación de una Junta, la cual, debía pasar por encima de la resistencia de las autoridades representantes del poder peninsular en la Capitanía, y para ello, era necesario el apoyo de las milicias, del ejército, de las castas y el pueblo llano.

El Marqués del Toro tenía el mando como Coronel de las tropas de Aragua y de Valencia acuarteladas en la Misericordia, ya los oficiales con mandos de tropa, blancos y pardos, habían sido ganados. Entre el 30 de marzo y 1 de abril se había planificado la movilización de tropas para deponer las autoridades coloniales peninsulares. El primero de abril en la noche, Pedro Arévalo estuvo esperando en la pulpería contigua en la esquina opuesta del cuartel de la Misericordia la llegada de los oficiales involucrados en el complot; se hicieron las once de la noche y nada pasó. No todos los oficiales que se suponían ganados se plegaron, para el día acordado, al intento de golpe militar en contra de Emparan y sus funcionarios, lo que hizo que se malograra todo lo planificado. Ante este fracaso, tal vez por el temor a ser descubiertos y condenados, la intentona fue denunciada a Emparan la misma noche. La respuesta del Capitán General se limitó en destinar, a algunos de los implicados, a lugares alejados de Caracas.

Las noticias se filtran…

La política de Emparan de restringir las informaciones llegadas de Europa cada vez era más inocua. El 16 de abril arribó a puerto la goleta Rosa procedente de Cádiz, con una carta escrita en tierras gaditanas por el Brigadier de la Real Armada Don Agustín de Figueroa, donde explicaba los últimos sucesos de disolución de la Junta y huida de la angustiosamente recién creada Regencia, la misma que termina jurando a la Junta de Cádiz; era una notificación más o menos oficial de los sucesos. El 17 de Abril dos representantes de la Regencia, ambos criollos y quiteños Antonio Villavicencio y Carlos de Montufar llegaron a la Guaira como emisarios de la Regencia que había, a su vez, dado paso a las convocatoria de Cortes en Cádiz para la promulgación de una Constitución; iban en realidad camino al Virreinato de la Nueva Granada. El 18 de abril, Emparan publica a través de bandos la información recibida sobre los sucesos ocurridos en la península a finales de enero de 1810. Anuncia la nueva autoridad constituida en Cádiz, la población confirma lo que por rumor había escuchado hace semanas. No solamente, había un Rey que en realidad, de facto, no lo era, sino que ahora al parecer tampoco había una metrópoli que pudiera ejercer un dominio sobre sus territorios ultramarinos. El mismo 18 de abril el Alcalde de segunda elección del Cabildo, Don Martín Tovar Ponte, hijo del Conde Tovar y miembro de una de las familias mantuanas más poderosas, y el regidor Don Nicolás Anzola, se reunieron con el Español Don José Llamosas, Alcalde de Primera Elección para convencerlo de la necesidad de convocar a un Cabildo Abierto para el siguiente día, ante los sucesos ocurridos en la península, consideraban como una obligación asumir un gobierno propio en la Provincia.

Los pardos y mantuanos listos para el golpe

Las redes de conspiración que habían quedado establecidas con Fernando del Toro y su hermano Francisco, en la Casa de la Misericordia y en el Cuartel de Caracas se reactivaron para entrar en operaciones en la mañana del 19 de abril. A las tres de la mañana del 19 de abril se reunieron en la casa de José Ángel Alamo, los hermanos Bolívar, los hermanos Montilla: Don Mariano y Don Tomás, Don José Félix Ribas, Don Nicolás Anzola, Don Martín Tovar, Don Dionisio Palacios y Sojo, Don Narciso Blanco, entre otros, para acordar y coordinar las acciones alrededor de la convocatoria a Cabildo para conformar la Junta.

El jueves santo 19 de abril de 1810 a las ocho de la mañana se reunió el ayuntamiento y declaró, en cabeza de Don José Llamosas, Cabildo Abierto. Se solicitó inmediatamente la presencia del Capitán General en el recinto para tratar sobre la situación crítica por la que atravesaba la Provincia y fue llamado para tal fin. Emparan accedió a asistir al Ayuntamiento. El Cabildo procedió a expresarle sus planes al Capitán General, quien después de escuchar las razones de los cabildantes, serenamente manifestó la necesidad de mantener la calma y considerar que hay un gobierno en España representado en la Regencia, al que le debían obediencia y sometimiento a su autoridad. Luego pidió permiso y salió a presidir los deberes religiosos planificados para ese día.

Cuando iba subiendo las escaleras hacia la catedral, Francisco Salías, uno de los criollos complotados lo agarró del brazo justo en frente de una guardia de granaderos del Regimiento de la Reina, formada en la puerta de la catedral que rendía honores, intimándolo a que regresara al Ayuntamiento mientras un grupo de criollos complotados trataba de impedirle el paso gritándole que regresara. La reacción inmediata de la guardia de granaderos fue de defender con sus bayonetas al Capitán General, sin embargo su Capitán de Compañía Don Luís Ponce los detuvo y ordeno romper filas. El ejército definitivamente estaba ganado para los juntistas. Emparan no tuvo otra alternativa que devolverse y volver a atravesar la Plaza hasta el Ayuntamiento. Mientras lo hacía, ninguna tropa se plegaba en su defensa, y la guardia no volvía a rendirle honores militares a su paso.

El Capitán Pedro Arévalo, el Capitán Carlos Sánchez y el Capitán Pantaleón Colón, movilizaron rápidamente a los hombres de sus Compañías y apresaron a los oidores de la Audiencia, así como al Intendente Basadre, al Asesor de la Capitanía José Vicente Anca, al Subinspector de Artillería Brigadier Don Agustín García, entre otros altos empleados y militares de la autoridad peninsular en la Provincia. Eran negros y pardos armados de bayonetas, fusil y sables conduciendo a la fuerza a las mayores autoridades coloniales, blancas, entre la multitud conglomerada en la Plaza principal de la ciudad de Caracas para presentarlos ante el Ayuntamiento. El orden de la segregación de los colores se había trastocado.

Ante la presión de los cabildantes y notables de Caracas, Emparan salió al balcón de la casa del Ayuntamiento y dirigiéndose a la multitud de militares y gente común, blancos y pardos la mayoría, les preguntó ¿si querían que él siguiera gobernando?, la respuesta en coro, que crecía en su voz, fue ¡no! Este fue el sello de su destino ya trazado entre las elites blancas que asumían de una vez por todas, el poder político de la Provincia. Gracias a los testigos de ese día, se podría calcular entre milicianos, militares, pardos de la ciudad, castas y blancos criollos aproximadamente por lo menos unas 1.500 a 2.000 personas concentradas en la plaza y sus adyacencias. Los jóvenes criollos y los pardos eran los que más movilización enseñaba.

Logran instalar la Junta Suprema

En la Junta Suprema Conservadora de los Derechos de Fernando VII, que se estableció ese día, se desconocía la autoridad de la Regencia sobre la Provincia, y se planteaba la obediencia sólo al gobierno español que se estableciera con el regreso del Monarca. Por tanto, la junta serviría en la administración ejecutiva y legislativa y en la defensa de estos territorios preservando los derechos del Rey deseado mientras regresaba de su cautiverio y recuperaba su reino.

Al final ya constituida la Junta Suprema de Caracas el mismo 19 de abril, ya caía la tarde, las representaciones se establecieron más claramente, la participación destacada de los pardos en la jornada, ya fuera desde la milicia o como artesanos desde sus comunidades, obligó a romper la designación representativa colonial de pueblo llano que solo incluía a los blancos no nobles o notables, o la general de plebe, por una más específica que designara los intereses de un grupo socio-racial colonial, al cual, por primera vez se le reconocía representatividad. Así fuera un mantuano quien se le abrogara. José Félix Ribas fue designado para la Junta como diputado por el gremio de pardos.

Hacia el exilio

Mientras bajaban hacia la Guaira, la compañía al mando del Capitán Arévalo que llevaba a las principales, hasta hace dos días, autoridades de la Capitanía y Audiencia de Caracas, así como, a altos oficiales españoles hacia el destierro. Con el Capitán pardo iban otros oficiales pardos y blancos, entre ellos el Capitán Don Juan de Escalona del Batallón de Veteranos quien llevaba el oficio firmado por el mismo Emparan donde se le designaba como el nuevo Comandante de la fortaleza y puerto de la Guaira, no obstante la responsabilidad máxima con los reos destinados al exilio era de Pedro Arévalo.

El orden socio-racial se rompe

Además de haber duplicado el sueldo de las tropas veteranas y las milicias, la Junta, ocho días después asignó los ascensos correspondientes a todos los oficiales participantes el 19 de abril a favor de la conformación del nuevo gobierno. En total fueron casi setenta ascensos decretados que, a su vez, arrastrarían otras promociones inferiores. Además se crearon dos escuadrones de Caballería para Valencia y Aragua antes inexistentes, y se nombró para comandar cada uno respectivamente con el grado de Teniente Coronel de Milicias a Don Ramón de Ybarrolaburu y a Don Mariano Montilla. Se creó, a su vez, el Batallón de Pardos de Nirgua, pensando en la defensa de la parte occidental de la Provincia de Caracas. “También se han restituido las Comandancias de Pardos a los Oficiales naturales de estos Cuerpos nombrando para comandante del de Cracas a Don Carlos Sanchez; del de Aragua a Don Pedro Arévalo; y del de Aragua a Don Pedro Arévalo; y del de Valencia a Don Pantaleón Colón, todos con sueldo fixo de 60 pesos mensuales, el tratamiento anexo á este empleo; y el distintivo de una medalla de oro costeada por la Real Hacienda en que esta á gravado el Busto de S. M. el Señor. Don Fernando VII: y como insignia particular de su biozarra y entusiasmo patriotico se ha dado a Don Pedro Arévalo Comandante del Batallón de Aragua un escudo que llevará en la manga del brazo izquierdo con este mote— Virtud y patriotismo.”. De Capitanes de Compañías de milicias pardas, con noventa o cien hombres bajo su mando, pasaban a ser Comandantes de todo un Batallón cada uno con una fuerza superior a setecientos hombres; los Capitanes pardos han sido designados en puestos de mando que antes del 27 de abril, fecha en que se producen estos ascensos, estaban reservados a los blancos criollos, además reciben un sueldo como el de Capitanes de tropa veterana.

*Historiadora-Investigadora

Libro:Lucha por la Igualdad. La participación de los pardos en la Independencia de Venezuela 1808-1812


doroci2011@gmail.com


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