A propósito de ser ciego

El Estímulo: víctima de asalto y terrorismo

Ante la hegemonía por distorsionar la realidad del mal llamado Sistema Nacional de Medios Públicos controlado de manera partidista, en donde el gobierno niega  la crisis económica y  social que vive  el país,  sintetizadas en corrupción, inflación, escasez, pobreza, contrabando, bachaqueo, delincuencia, asesinatos, impunidad, caos penitenciario, persecución política y toda una red de anomia, portales alternativos de noticias, como por ejemplo, El Estímulo,  han trascendido al convertirse en factores esenciales en la generación de noticias y opinión, así como el  quehacer  en los análisis de los contextos políticos, económicos y sociales.

Por esa razón, los recientes hechos delictivos contra este portal, en el cual unos salvajes no sólo se llevaron valiosos y costosos equipos para la operatividad de sus labores informativas y comunicativas, sino que además emplearon todo su léxico y gestualidad de violencia con el propósito de amedrentar e intimidar a sus trabajadores y periodistas es la representación del asalto y el terrorismo.

Lo sucedido contra El Estímulo, no es un simple hecho que puede catalogarse como hampa “común” ¡No!  Banalizar estas alteraciones sociales sería como decir que somos un “país feliz”.  Esta acción, lo que busca es desestabilizar a un medio que se ha convertido en importante referencia de noticias dentro y fuera de Venezuela al ganarse lo que carecen los medios del Estado, es decir, credibilidad y confianza por parte de los lectores.  

En tal sentido, sería ingenuo pensar, que acciones de este tipo  nada tienen que ver con élites de poder. Resulta insólito que a plena luz del día,  se cometan situaciones vandálicas en espacios concurridos de la ciudad, sin que las autoridades policiales se den por enteradas.  Allí está el manto de la impunidad,  el cual en algunas ocasiones, hasta actúa con la complicidad de los propios cuerpos de seguridad del Estado,  quienes han otorgado a estos grupos, con el aval de funcionarios y militares inescrupulosos, licencia para delinquir con la finalidad de imponer sus códigos de ajusticiamiento a quienes ellos consideran enemigos de  su  “revolución”.

Lo sucedido contra El Estímulo, son los mismos ataques que han ocurrido contra otros medios, en donde incluso, existen referentes no sólo similares, sino de hasta editores de comunicación quienes han sido privados de su libertad, curiosamente un día después de informar noticias que no son toleradas por el régimen político; verbigracia, la detención arbitraria de Braulio Jatar, quien informó desde su conocido portal en Nueva Esparta, el cacerolazo del cual fue objeto el presidente de la República, el día de su visita en el populoso sector de Villa Rosa en la isla de Margarita.

Lo  que ha pasado con El Estímulo es la analogía del constante ataque de los llamados “hackers” en contra de Asamblea Popular Revolucionaria (Aporrea), sólo por disentir de la cúpula del gobierno, o en su defecto, la persecución que existe contra articulistas de ese portal en sus distintos puestos de trabajo o posiciones sociales, sólo por denunciar hechos de corrupción y abusos desde lo más alto del poder, o por el hecho de colocarse en sus líneas del lado del pueblo ante los desmanes que ejecuta el madurismo.

Las prácticas que grupos delictivos realizan contra los medios independientes en Venezuela, son la expresión de un gobierno totalitarista, el cual restringe y reprime a quienes sólo ejercen los principios de libertad de expresión y democracia contemplados en nuestros derechos constitucionales, razón por la cual,  debemos condenar y exigir al Estado quien debe definirse sí está en consonancia con seguir permitiendo la barbarie contra la verdad, o en su defecto continuar con su ambigüedad perniciosa de permitir a grupos paraestatales que sigan imponiendo lo que ellos consideran sería la “justicia”.

El sentido por informar y decir la verdad no es un delito. Es un derecho que nos asiste en el marco de la pluralidad, el respeto a la diversidad del pensamiento y la conjugación del tejido social de la democracia. Es el derecho irrenunciable por vivir en libertad. Y la libertad es el corazón del alma de los pueblos. No a la violencia, el asalto y el terrorismo contra El Estímulo y los medios informativos independientes de Venezuela. El Estado tiene la palabra. A propósito de ser ciego. Quien tenga ojos que vea.



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Javier Antonio Vivas Santana

Lic. en Educación en las menciones de Ciencias Sociales y Lengua (UNA) Maestría en Educación mención Enseñanza del Castellano (UDO) Dr. en Educación (UPEL) Profesor de la Misión Sucre (2003 -2012)

 jvivassantana@gmail.com      @jvivassantana

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