Las claves del fracaso de la izquierda en Venezuela

La izquierda está muriendo en Venezuela.

Se mantenga la revolución o no, la izquierda venezolana está muy cerca de su fin y muy probablemente se acabará en los próximos años.

Un gobierno que poco a poco deja de creer en socialismo (para muchos nunca creyó) y una oposición que desde hace mucho no cree en este socialismo revolucionario le ponen fecha de defunción a la izquierda bolivariana.

¿Qué hizo que el pueblo perdiera la fe en la izquierda? ¿Existió realmente en algún momento fe en la izquierda?

Resumo las respuestas a estas preguntas y a la muerte de la izquierda venezolana en las siguientes causas.

Hay causas heredadas de síntomas generales de los gobiernos de izquierda en países subdesarrollados y hay otras especificas al caso venezolano.

  1. La peligrosa confusión entre populismo y socialismo.
  2. La batalla focalizada en el frente económico.
  3. La contradicción entre lo que representa el socialismo y la filosofía de vida de sus voceros y dirigentes.
  4. La militarización de un movimiento humanista.
  5. La desacertada idea de que hasta la más desastrosa gestión socialista es mejor que un gobierno capitalista.
  6. El falso criterio de pensar que un pueblo está dispuesto a morir para defender un movimiento que tiene hermosas palabras pero que no da resultados.
  7. La errónea estrategia de confrontación con los sectores de "derecha" en vez de inclusión y convencimiento progresivo.
  8. La inocente idea de pensar que la batalla entre la "izquierda" y la "derecha" todavía está vigente en la política internacional.
  9. La trágica lealtad a un movimiento por encima de la lealtad a un país.
  10. La fatal decisión de apostar completamente al rentismo petrolero y confrontar y acabar con la empresa privada.
  11. El uso de un contexto bélico como base moral y legal para la toma de decisiones.
  12. El uso de recursos naturales en vez del uso de impuestos como principal fuente de financiamiento para un movimiento social.
  13. El discurso irresponsable de odio de clases.

Para los que deseen leer más a profundidad mis argumentos, a continuación, los expongo.

  1. La peligrosa confusión entre populismo y socialismo.

El populismo NO es socialismo. Este es un gran problema de los gobiernos de izquierda en general. Socialismo es igualdad de oportunidades, no regalías con objetivos electorales. La campaña electoral es necesaria, pero basar un movimiento completamente en esto produce un camino condenado al fracaso. Jamás el populismo va a sacar a la gente de las malas condiciones. Generalmente las mantiene ahí y habitualmente produce vicios terribles de manipulación y falsas esperanzas a los menos privilegiados. En Venezuela la revolución no se encargó de crear oportunidades sólidas para que las personas tuvieran la oportunidad de surgir, sino más bien se dedicó a mejorar temporalmente la situación de los menos privilegiados sin acompañar con estrategias que pudieran lograr el mejoramiento permanente de sus condiciones.

  1. La batalla focalizada en el frente económico.

Focalizar la batalla sólo en lo económico es cómo tratar de erradicar una enfermedad solamente controlando los síntomas. El socialismo tiene que enfocarse en la educación y en la reprogramación moral de las personas. Regular el mercado y nacionalizar empresas no causa ningún efecto en un pueblo que es consumista y egoísta. En la revolución bolivariana esto se evidencia claramente con la corrupción desmedida en las empresas nacionalizadas y en las entidades del gobierno, con el bachaqueo y con todas las maneras con las que el pueblo venezolano y los dirigentes chavistas, de alguna manera u otra, lograron hacer funcionar el llamado capitalismo salvaje a pesar de las restricciones económicas. Un mercado neoliberal con un pueblo 100% noble, desinteresado y humanista funciona mejor para la causa socialista que un mercado regulado con un pueblo avaro y egoísta.

  1. La contradicción entre lo que representa el socialismo y las filosofías de vida de sus voceros y dirigentes.

Esto tiene mucho que ver con la clave anterior pero más enfocado en que los dirigentes y voceros de una revolución deben representar sus mejores ejemplos. En el caso venezolano claramente no es así. ¿Cuándo hablo de jets privados, mansiones, viajes en el exterior y riquezas que es lo que viene a la mente? Es una contradicción muy grande dentro de la revolución, especialmente en estos momentos de crisis aguda, que sus máximos referentes compartan tantas características con la que ellos mismos llaman "la odiada oligarquía capitalista". Esto representa un costo político que poco a poco va pasando factura entre los que poco tienen y van dejando de creer. Algunos defensores preguntan ¿por qué los socialistas no pueden tener esta clase de vida? Es cierto si la pueden tener, pero partiendo de un discurso chavista en el que ser rico es malo y en el que la oligarquía es la enemiga, tus máximos referentes no pueden vivir una vida más capitalista que la propia oligarquía a la que te estas enfrentando. Aún más cuando son fortunas amasadas en cortos periodos de tiempo y que tienen mucho que ver con oportunismos extremamente capitalistas. Una revolución socialista con dirigentes capitalistas es una fórmula para el fracaso. En las palabras de Alí Primera, "No te dejes engañar cuando te hablen de progreso porque tú te quedas flaco y ellos aumentan de peso".

  1. La militarización de un movimiento humanista.

Chávez basó la revolución en la unión cívico militar. O más bien, en una dirigencia cívico militar. Esto, poco a poco transformó lo que había sido un debate entre dos sectores de la población en una lucha entre el grupo que tiene las armas y quiere imponer una doctrina contra un sector civil y desarmado que quiere otra cosa. La izquierda venezolana poco a poco ha ido perdiendo credibilidad al quedar opacada detrás de un régimen militar armado. Sea mayoría o no, el sector desarmado siempre le va a ganar la guerra moral al sector armado. El socialismo es un movimiento más humanista que político y en el caso venezolano pasó a convertirse en un movimiento dirigido por los que tienen las armas, perdiendo así poco a poco su carácter social.

  1. La desacertada idea de que hasta la más desastrosa gestión socialista es mejor que un gobierno capitalista.

He aquí otro error gravísimo de la izquierda que permite una justificada mediocridad, o en casos como el que vive Venezuela en estos momentos, un justificado colapso total. La idea de que cualquier gobierno de izquierda por muy malo que sea es mejor que un gobierno capitalista explica porque el capitalismo se mantiene todavía con tanta fuerza, inclusive cuando la conciencia global ha aceptado la primicia socialista de que hay que acabar con la pobreza y mejorar las condiciones de los menos privilegiados. La izquierda comete el error de ofrecer gobiernos mediocres y de muy mala calidad confiando que el pueblo va a seguir votando por ellos simplemente porque son socialistas. El pueblo por muy socialista o capitalista que piense que es, va a preferir un gobierno capitalista que funcione que un gobierno socialista que no funcione y viceversa. La ventaja que tiene el capitalismo es que no se puede proteger detrás de una imagen de protector del pueblo y siempre tiene que demostrar que funciona (así sea a través números crueles de crecimiento económico).

  1. El falso criterio de pensar que un pueblo está dispuesto a morir para defender un movimiento que tiene hermosas palabras pero que no da resultados.

Esto se relaciona mucho a la clave anterior. El pueblo no es idealista, los líderes son idealistas y el pueblo confía en que esos ideales le brinden un futuro mejor. Los movimientos empiezan con unos ideales, unos actores que transmiten los ideales y una esperanza en un pueblo creyente. A medida que pasa el tiempo, los ideales quedan sólo para los actores porque el pueblo es el que vive los resultados. Un pueblo está dispuesto a morir para implantar un ideal en el que cree firmemente, pero no está dispuesto a morir por un ideal implantado que no le funciona.

  1. La errónea estrategia de confrontación con los sectores de "derecha" en vez de inclusión y progresivo convencimiento.

Otra carrera que actualmente le tiene ganada el capitalismo al socialismo es en su trato por la contraparte. El socialismo basa mucha de su lucha en la confrontación y descalificación de la derecha. Una estrategia que (más allá de si están en lo correcto o no) no es acertada a la hora de gobernar un país y mantenerlo en la estabilidad. Es muy difícil gobernar un país confrontado (creo que Venezuela es el mejor ejemplo de esto, este año solamente van más de mil protestas). Y, es imposible convencer a una persona que previamente has descalificado. La izquierda mundial y especialmente la venezolana se ha encargado de descalificar y confrontar a un sector de la población que si cierto no era mayoría en la era de Chávez era igual un sector bastante grande y en crecimiento y que hoy en día se convirtió en mayoría. Es cierto que la llamada derecha ha caído en el juego de la confrontación y ha respondido de igual manera, pero recordemos que fue una estrategia que comenzó el presidente Chávez. Si se hubiese tomado el camino de la inclusión y el convencimiento respetuoso de ese sector que no estaba de acuerdo en el principio, probablemente hoy en día tuviéramos otra realidad.

  1. La inocente idea de pensar que la batalla entre la "izquierda" y la "derecha" todavía está vigente en la política internacional.

Esta clave la voy a explicar con un par de preguntas. ¿Es China un gobierno de derecha o de izquierda? ¿Es Rusia un gobierno de derecha o de izquierda? ¿Alemania y la Unión Europea es una coalición mayoritariamente de derecha o de izquierda? ¿Es USA un gobierno más de derecha que China? Creo que con estas simples preguntas está claro que no es tan fácil descifrar quienes están del lado de la izquierda y quienes están del lado de la derecha. La realidad es que no hay un conflicto global entre la izquierda y la derecha, lo que hay es un conflicto global por simple control económico. La revolución apostó a unos aliados bajo una mentalidad de guerra fría de los años 80 y hoy en día se está dando cuenta que lo único que valen son los reales, no los ideales.

  1. La trágica lealtad a un movimiento por encima de la lealtad a un país.

Ser leal a un país es tener la capacidad de identificar y corregir cualquier daño que se le pueda estar generando, así venga desde tu propio movimiento político. Por ejemplo, la corrupción es uno de tantos ejemplos en los que la lealtad a un movimiento venció a la lealtad a un país en el caso Venezuela. La corrupción es un problema de todos independientemente de nuestra postura política, y debe ser rechazado de igual manera desde todos los sectores. En la revolución bolivariana, la lealtad al movimiento sobre la lealtad al país fue un síndrome que, si bien funciono al principio cuando las cosas se pusieron rudas en el paro y el golpe, fue una decisión tomada a corto plazo por el presidente Chávez que a la larga le fue pasando factura y con efectos muy negativos y notables. Tal así que su última campaña fue completamente dirigida al famoso "golpe de timón". La lealtad que logró comprar en sus difíciles años le hizo mucho daño a la larga en formas de obras inconclusas, corrupción desmedida, abandono de misiones, precarias condiciones y servicios, altísima impunidad, un sistema judicial incompetente, etc. Todos estos se convirtieron en costos políticos que la revolución ya no pudo soportar.

  1. La fatal decisión de apostar completamente al rentismo petrolero y confrontar y acabar con la empresa privada.

Esta es la principal razón por la que la izquierda va a terminar de acabar en los próximos años. La revolución bolivariana se caracterizó durante gran parte de sus años bajo el presidente Chávez como notorio adversario de la "represora y enemiga del pueblo" empresa privada (al menos desde lo que se quería demostrar con la propaganda). Postura que gracias a los altos precios del petróleo le permitió a Chávez hacer y deshacer lo que quiso con la empresa privada venezolana llevándola a un estado de precariedad probablemente nunca antes visto. Ahora pregunto, ¿es posible la continuidad de una izquierda venezolana chavista a la merced de la empresa privada, rompiendo con uno de los principales legados de Chávez y conduciendo la economía venezolana, junto a la corrupción y la naturaleza capitalista de sus dirigentes, a un muy posible capitalismo salvaje (al menos en los primeros años de apertura)? No hay duda que se viene una apertura económica derechista con revolución o con cambio de gobierno. Ya abrieron las importaciones, pero los costos son muy altos, y el tercer o cuarto control de precios no se lo cree ya nadie. La estrategia para la izquierda era mantener siempre una empresa privada saludable, pero con consciencia social (altos impuestos). Hoy en día este tema se le convirtió en un costo político haga o que haga (costo político para la izquierda no para el gobierno, el gobierno se podría convertir a derecha y modificar sus bases, como hizo el gobierno chino).

  1. El uso de un entorno bélico como base moral y legal de la toma de decisiones.

Dentro del teatro de la guerra mundial entre la izquierda y la derecha (algo que no existe, ver punto 8), el gobierno se valió para justificar todo lo que hacía por muy desastroso que fuese como defensa de la guerra. Sí, puede haber muchos que creen en una guerra mediática, o de intereses políticos, pero más allá de que hay una guerra o no, el gobierno la perdió y la va a perder porque en gran parte la guerra viene de su propia estructura interna en forma de corrupción, amiguismo, impunidad, fallos administrativos, negocios con cambios de divisas, en fin, la corrupción como política de estado. Al ellos justificar estos errores como batallas perdidas ante la guerra y al ejecutar decisiones bélicas muy dudosas dentro de los parámetros democráticos (desconocimiento de la asamblea nacional, decisiones del TSJ, tribunales militares, etc.) el gobierno se ve muy posiblemente ante una caída abismal que opaque completamente la virtud democrática de lo que fue la revolución bolivariana en sus origines. Y al entrar en el juego bélico, sus reservas a tomar decisiones radicales cada vez son menos y cada vez se convierten en costos políticos más altos.

  1. El uso de recursos naturales en vez de impuestos como fuente de financiamiento para un movimiento social.

El uso de recursos naturales para el financiamiento de la revolución produjo dos efectos negativos, uno dentro de la conciencia del pueblo y otro en la sostenibilidad del movimiento. Financiar con el petróleo, por ejemplo, en vez de invertir esos ingresos y financiar con los impuestos generados de esa producción provocan dos sensaciones completamente diferentes en cuanto a de quien es la revolución y para quien. El objetivo del socialismo es que la sociedad en su totalidad conscientemente contribuya para el mejoramiento de la comunidad y que todos vivan en las mejores condiciones posibles. Esto crea un sentido de harmonía y hermandad entre los ciudadanos y los educa a creer que en conjunto es que pueden todos salir adelante y es lo que ocurre en los países nórdicos, Australia y otras referencias de socialismos funcionales. En Venezuela el socialismo se basó en unos ingresos exorbítales de un recurso natural que pasaron a ser administrados como mejor le parecía un presidente en torno a lograr que una revolución funcionara. El concepto es muy diferente. En Venezuela el objetivo era convencer a todos los venezolanos a contribuir por la igualdad y la justicia, no tomar unos reales que entraron y pasarlos de un lado a otro forzando una revolución a la gastadera. Eso, por un lado, por el otro está el error de sostenibilidad económica. Fácil, una revolución basada únicamente en precios petroleros sin proyecciones de crecimientos o "plan b", se desploma cuando bajan los precios (esto creo que ya todos los venezolanos lo entendemos muy bien).

  1. El discurso irresponsable de odio de clases.

Por último, el discurso de inclusión de la izquierda bolivariana fue un arma doble filo desde sus inicios. No se puede hablar de una revolución inclusiva si excluyes a la clase media y clase alta y los tomas como enemigos. ¿Que haces con las personas de clase baja que pasen a ser clase media o clase alta? Conviertes automáticamente a simpatizantes que eran tus aliados en enemigos, de victimas a victimarios, al brindarle mejores oportunidades. Como bien describe la ironía Héctor Rodríguez, "No vamos a sacarlos de la pobreza para que se vuelvan escuálidos". Creo que fue innecesario el discurso de odio de clases que nos hizo mucho daño como venezolanos y que va a ser muy difícil de recomponer. Odio que tristemente dividió a un país y que le ha hecho mucho daño a los propios dirigentes chavistas que ahora gozan de una mejor calidad de vida y pasaron a ser la clase privilegiada. Hablan de odio e intolerancia (con todo lo recientes escraches y le exposición en las redes de detalles de sus vidas personales) pero ¿por cuanto tiempo fue la clase media discriminada durante estos años de revolución sin justificación alguna? No apoyo la indiscriminación contra un lado ni el otro, pero en las palabras del Papa Francisco, "Si alguien dice una mala palabra en contra de mi mamá, puede esperarse un puñetazo". Lo que trato de decir es que fue un odio infundado por una revolución que fue inclusiva para algunos y excluyentes para otros. La estrategia de la izquierda era incluir a todos, educarlos y convencerlos no marginalizarlos y confrontarlos.

Para los que leyeron el articulo completo,

No estoy a favor de que haya fracasado la izquierda venezolana, estoy a favor de que haya funcionado. Pero los errores fueron muchos y la actual dirigencia no despierta en mi ningún sentido de confianza o afinidad hacia el socialismo verdadero ni hacia un país democrático, por eso soy crítico de ella. Seré crítico del gobierno que sea que no es fiel a sus principios. Y pienso que la dirigencia actual del gobierno significa el fin de la izquierda bolivariana en Venezuela.

 

cdleon88@msn.com



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