Iglesia popular vs Iglesia institucional

Lo más grave es el concepto de Iglesia, su estructura profundamente sacramental por lo tanto jerárquica es sacudida permanentemente por una crisis de identidad por las muchas y graves hemorragias reduciéndola a vivir de crisis en crisis desorientando al pueblo de Cristo. Su actividad corrupta alejada del evangelio mata todos los días a Jesús, sobreviven por una gestión trasnochada, senil, de un equipo de extrema derecha incluso armado que sostiene al Vaticano.

El socialismo debe entrar en América Latina a través de la Iglesia, esta demostrado que es imposible olvidar la religiosidad del pueblo, estrategia que no se puede omitir adaptada a las condiciones de cada país. La dominación con la explotación, la opresión y la represión, se ejerce alrededor de lo económico y es tan solo el primer anillo de la cadena de esclavitudes que aprisionan al pueblo por el interés de las clases dominantes quienes ayudadas por la Iglesia transforman al pueblo en masas despreciadas, misma razón por la que el pueblo no tiene acceso a la participación económica-política a no ser por la vía revolucionaria, vía que debe ser considerada seriamente si queremos trabajar por La justicia social.

Hay un caso de Iglesia popular en Nicaragua, cuando la revolución armada del FSLN (frente sandinista de liberación nacional) triunfo con la participación mayoritaria del pueblo católico; a la Iglesia, con su jerarquía eclesiástica en voz del obispo Miguel Obando y Bravo, no le quedo mas remedio que declarar la legitimidad de la revolución con la participación de un grupo minoritario de sacerdotes liberacionistas entre ellos Ernesto Cardenal y del sacerdote guerrillero Gaspar García Laviana, y otros 15 a favor de la Iglesia popular de 912 sacerdotes que formaban el clero; posteriormente la Iglesia ante la amenaza del Vaticano, pasaron a engrosar la contrarrevolución armada por la CIA.

En el Salvador, sin llegar al grado de Iglesia popular el obispo Oscar Romero, el jesuita Rutilio Grande y otros 9 jesuitas de la UCA asesinados por querer una Iglesia mas justa alineada con los planteamientos del frente Farabundo Martí que contaba con mas de 15000 miembros y con el apoyo mayoritario de católicos salvadoreños. La CIA y la derecha convocaron a elecciones con un enorme ausentismo sembraron una ficticia democracia, una vez mas la Iglesia ayudo a las actividades contrarrevolucionarias.

Luego, ni los tupamaros uruguayos, ni los montoneros argentinos, ni el MIR chileno, los revolucionarios brasileños o Túpac Amaru en Perú, ni en Chiapas, ni Camilo Torres, Manuel Marulanda en Marquetalía, o Regis Debray, Che Guevara, Leonardo Boff, Frei Betto, Gustavo Gutiérrez, Leonidas Proaño, Luna Tovar, con la teología de la liberación y su fuerte apoyo al cambio social-religiosa pudieron sostener una Iglesia liberadora y popular.

No se hizo una preparación profunda para preparar al pueblo para que pudiera proclamar una Iglesia independiente y quitarle el imperio institucional que ostentan sobre las masas restándole legalidad, eso solo lo puede hacer un gobierno popular previa la concientización que, la separación del Vaticano para la Iglesia es un paso adelante no es un paso atrás.

Pero, mas allá de eso podemos escribir o hablar de religiosidad, de política o economía o cultura, si los hombres y mujeres no renovamos nuestro criterio que sentido le podemos dar al cambio y desarrollo humano para concretar una idea dando y recibiendo, aprendiendo y enseñando, es un desafío para uno mismo siguiendo un proceso revolucionario de orden practico contra la cultura y la religiosidad con otra visión del mundo, del hombre y de la mujer, con otra acción educativa, constructiva, y poder destruir el empeño de la gente por someter a otra gente. Por el ansia de tener mas se produce más miseria colectiva, es una injusticia que clama un cambio en la Iglesia.

Confundimos por nuestra educación recibida tener mas que ser mas; confundimos educación con capacitación e instrucción, así, la ignorancia es latente y el resultado es, muy poco lo que se hace por una educación autentica marginando de la cultura social millones de mujeres y hombres.

Un grupo de poder produce y controla el discurso oficial que sale del Vaticano, para ser reproducidos por las jerarquías eclesiásticas de cada país, otros consumen este producto, asiste y se asocia aceptando la institucionalidad de la Iglesia, provocando una enorme desigualdad. Ese poder detentan los medios para la producción religiosa por el que fracasan los procesos revolucionarios en América Latina por no atacar fuertemente la doctrina de la Iglesia.

El modelo disimétrico propio de las sociedades capitalistas origina una sociedad de clases que, por su posesión de los medios de producción en una minoría condiciona las actividades incluso las religiosas culturales que prácticamente son todo para esta sociedad sin importarles que la Iglesia esté con el capitalismo. La Iglesia católica como las religiones no está humanizada.

El poder religioso y político-económico continúa en manos del Papa, de los obispos y de la burguesía, esta clase superior se opone a la acción liberadora de las revoluciones y de la Iglesia popular para que el pueblo como los sacerdotes luche por condiciones de vida más igualitarias. Este monopolio político-religioso evita que la “clase subalterna en su mayoría fieles” estén a la altura de sus jerarquías.

Las oligarquías en su estrategia incorporan a la Iglesia al servicio de la domesticación y legitimización de su dominación sistema que durante siglos ha funcionado a la perfección, algo cambio a fines de la década de los 60, en los años 70 y 80 con la teología de la liberación, cuyos ideólogos en su gran mayoría Latinoamericanos con el tiempo fueron contrarrestados por el poder del Vaticano. Esta masa de fieles es un poderoso aliado electoral y político dominado generalmente por esa minoría de extrema derecha que arrastran tabús culturales promovido y sostenido por la Iglesia; pruebas de pobreza y desigualdad eternas al servicio de Dios.

Masas hipócritas que saben que no es así, sin embargo, en las ceremonias religiosas lideradas por sacerdotes inmorales aceptan que “todo se resolverá o se unirán para toda la vida” sin recursos y sin amor. Ceremonias apartadas del evangelio deforman la fe por interés político-económico.

La Iglesia católica contemporánea siempre ha sido controlada por la extrema derecha desde adentro y desde afuera de los muros para oponerse a todo intento revolucionario; los de la Iglesia saben que antes el comunismo ahora el socialismo son sistemas más humanos, pero, como todos los procesos en la historia pierden virulencia ideológica para ser digeridos o asimilados por la humanidad por la falta de formulas que concreten el socialismo sugieren en los sermones de las ceremonias religiosas la Asociación de Propaganda de la Iglesia.


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Raúl Crespo


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