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Los procesos electorales de la contrarrevolución y las fuerzas revolucionarias acaecidos las dos últimas semanas son altamente ilustrativos de las propuestas políticas y éticas que ambos sectores del país están dispuestos a presentarle en las próximas elecciones a la Asamblea Nacional porque, más allá de los colores y los sabores, la trayectoria de los hombres y mujeres que representan las ideas y las conductas políticas, son las que dibujan los grupos y clases sociales que representan.

Entre las candidaturas victoriosas en las escuálidas elecciones de la contrarrevolución en el Estado Carabobo, destaca un personaje con pasada de luchador social y presente variopinto, talanquero, camaleónico ambicioso, cuya trayectoria resulta altamente demostrativa de que el populismo, el ultraizquierdismo y el “apoyo de las bases”, no son, en el campo de una revolución verdadera, garantía alcanzar la condición de ese raro espécimen de la Humanidad que el comandante Ernesto Che Guevara de la Serna, magistralmente calificó como “… la expresión superior de la especie humana”: el revolucionario

Me refiero a NOE. Evangélico, miembro de una familia proletaria, luchador social del Sur de Valencia. No fue difícil el encuentro de NOE con los bolivarianos para convertirse en un destacado dirigente político juvenil, detrás del cual se fueron adhiriendo cientos de hombres y mujeres que vieron en NOE un dirigente honesto, trabajador, consecuente y distante del liderazgo burocrático del Movimiento Quinta República pero, especialmente, uno del barrio, de sus luchas y de sus sueños, que los podría convertir en la fuerza determinante de la revolución bolivariana en el Estado Carabobo.

NOE no era hombre que “arrugaba” frente a la represión. Desafiaba las cargas de la policía de los gobiernos de la familia Salas Romer, dirigía trancas de calles y autopistas, cogió palizas y calabozos, se enfrentó a Paco Cabrera y su policías, apoyaba las luchas estudiantiles de la U.C., hasta enfrentó las mafias del Mercado de los Goajiros, y, hay que decirlo, estuvo entre quienes salieron de Valencia a defender la revolución en Puente Llaguno, aquel aciago 11 de abril de 2002 y, se movilizados durante el largo golpe petrolero.

Pero, más allá de su liderazgo social, su discurso teo-político radical y sus invocaciones de fidelidad al comandante Chávez y a la revolución bolivariana, era evidente que NOE no era un hombre de estudio, no entendía los giros del proceso revolucionario, la profundización necesaria del enfrentamiento con la burguesía y el imperialismo, la alianza estratégica con la revolución cubana, la solidaridad con los pueblos de Nuestra América y la definición socialista de la revolución bolivariana, por lo que comenzó a deslizar su antigua posición radical, hacia un discurso “responsable” y “democrático” que solo trataba de esconder su acelerada transición a su encuentro con los jefes de la contrarrevolución burguesa imperialista en el Estado Carabobo: la camarilla familiar de los Salas Romer.

Su conducta divisionista en el seno del MVR, su lanzamiento como diputado al margen de la decisión del partido, sus crecientes ataques a al liderazgo del comandante Chávez, su deserción para crear un partidito electorero y su reemplazo por un grupúsculo infrapersonalista llamado, NOE!, terminó acelerar la descomposición ética y política de quien aparecía como un líder social de gran futuro en las luchas del pueblo carabobeño.

Desenmascarado por sus antiguos compañeros bolivarianos, reducida su convocatoria social a su entorno familiar y de vecinos, NOE cruzó definitivamente el puente que lo separaba de su viejo pasado de luchador social, poniendo a la disposición de la contrarrevolución carabobeña su cargo de concejal y sus escuálidas bases clientelares para, finalmente, ponerse a las órdenes de antiguos enemigos políticos: la familia Salas Romer, como candidato en el circuito 5 – el más popular de Valencia – a la Asamblea Nacional, desde donde seguramente tratará de confundir al pueblo bolivariano con su falsete discurso de transfuga contrarevolucionario.

Hay que decirlo y repetirlo, especialmente a nuestros jovénes candidatos y candiatas a la Asamblea Nacional: ni el origen de clase define por si mismo, la condición revolucionaria, ni las acciones personales garantizan la fidelidad de los hombres y las mujeres luchadoras con las causas de los pueblos y de la Humanidad. Hace falta estudiar y formarse concienzudamente para adquirir, en la conciencia y en la disposición personal, la convicción de revolucionario y de revolucionaria, condición ésta que tiene que ser permanentemente validada en la práctica social y en el sacrificio en las luchas del pueblo por alcanzar el objetivo histórico de la Humanidad: la Sociedad de los Justos: El Socialismo.

yoelpmarcano@yahoo.com


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Yoel Pérez Marcano


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