La pesadilla de la ortografía

Sin sentir ningún remordimiento por sus escritos, la mano y el bolígrafo tuvieron una pesadilla terrible. En el sueño, mientras caminaban juntos y a su propio antojo por el campo abierto de la hoja, la voz de la sílaba tónica les perseguía y les hablaba con fuerza y con la angustia de la desesperación; mientras que las palabras agudas, graves, esdrújulas y sobreesdrújulas se apostaban en los cuatro puntos cardinales para evitar la fuga de los "sujetos" que no respetaban ninguna regla elemental de la ortografía. En tanto y en cuanto, el punto y seguido y el punto y aparte, como uno solo, se pararon firmes en sus territorios; mientras le abrían paso a la coma, al punto y coma, a los dos puntos, a los signos de interrogación y exclamación, quienes se unieron a la feroz persecución contra los "sujetos descarriados". En el mundo del alfabeto, se guarda el estilo y la forma de los escritos, por ello ese bolígrafo y esa mano eran requeridos por la justicia para que rindieran cuentas por sus faltas de no respetar las reglas elementales de la ortografía. Precisamente, ante la imposibilidad de atraparlos por lo evasivo que eran, se llevaron a cabo reuniones de emergencia, donde los puntos suspensivos, los paréntesis, los corchetes, las comillas y la raya, hicieron llamados urgentes de unidad y lealtad a los signos auxiliares, quienes de inmediato acudieron al llamado, presentándose con disciplina, guiados por la tilde, como su primera comandante y al mando del pelotón de valientes soldados, entre los cuales destacan la diéresis, el apóstrofo, el asterisco, el guion y la llave. Usando las mejores estrategias y aplicando las mejores tácticas, se desplegaron por el terreno de la hoja, revisaron los densos bosques de los párrafos y oraciones, para finalmente atraparlos en un recodo del *pretérito imperfecto.

De inmediato y sin demora fueron llevados a la Gran Sala de la Ortografía, donde estaban presentes en primera línea las vocales y las consonantes. Allí se le leyeron los cargos a los procesados, donde el gran Juez de la Palabra, escuchó con atención a los diptongos y triptongos, quienes actuaron como los abogados defensores de los acusados; también el Gran Juez escuchó a los abogados acusadores, quienes presentaron pruebas acusatorias contundentes aportadas por las víctimas. Sin derecho a apelación ni mucho menos a fianza, se emitió el veredicto, donde los procesados deben cumplir un periodo de rehabilitación y repaso durante cuatro meses en los campos de aprendizaje de la primaria.

En el mundo de las letras el propósito debe ser siempre inspirarnos para buscar la melodía de las palabras, por ello debemos esforzarnos para adquirir las herramientas y consolidar las habilidades lingüísticas que nos permitan una correcta escritura. Hay que emplear todas las estrategias para evitar caer en el bajo mundo de los errores ortográficos y hacer buen uso de la acentuación y puntuación.

Las palabras están allí, son como el oxígeno que respiramos. No nos empeñemos en la contumacia del error de no querer respirar bien, en no querer pensar y repensar un poco. Tampoco nos rindamos sin haber hecho el esfuerzo de querer escribir bien. ¿Podemos lograrlo? Claro que podemos, sólo es cuestión de dedicarse a repasar esos conocimientos escondidos y encontrar la maceta de las palabras y recordar que en las fronteras del idioma, siempre está atenta y vigilante la legión de los signos ortográficos, dispuestos a ayudarnos en la redacción de nuestros escritos. ¡Qué así sea!



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Eduardo Marapacuto


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