Exageraciones y equivocaciones del comisario Atahualpa Montes

"Temía a la verdad, hasta que descubrí la fealdad de las mentiras".  
Ernest Hemingway

Fue publicado recientemente un artículo atribuido al Comisario José Atahualpa Montes, sin duda, el mismo que durante la década de los años 60 quiso convertirse en un bárbaro cazador de mi padre. Objetivo propuesto que afortunadamente no logró, creo que de esa amargura se desprende su artículo titulado "Víctor Barráez, el hombre más valiente", donde el hoy Comisario Jefe (jubilado), (Digepol-Disip), asilado en Fourt Lauderlee (USA), expone un relato escrito en su obra "De Pérez Jiménez a Chávez", la cual no he leído pero me interesaría (mi gran amigo "el Ronco" Moisés Moleiro me aconsejaba: "cuanta vaina llegue a tus manos, venga de donde venga léela", tal vez por eso me he acostumbrado a ser nada sectario en cuanto a lectura se refiere), aun cuando me imagino de lo que tratan sus relatos; basta solo con leer unos cuantos libros de la abundante literatura editada en los últimos años sobre el tema de la lucha armada, donde en muchos casos se hace referencia a Montes, no precisamente por ser un policía formado en el marco del respeto y del decoro, propio de un sistema democrático.

En tal caso pudiéramos decir, que el Comisario Atahualpa Montes jugaba su natural papel de defensor de los intereses del régimen de la época presidido primero por Rómulo Betancourt y posteriormente por Raúl Leoni. Mi padre, Víctor Barráez, cuyo título es efectivamente el que le coloca el comisario a su artículo, pero en el estricto sentido de la frase,  sin las ironías que busca aderezarle el comisario, era para esa época (cuando fue herido y trasladado e incomunicado en el hospital Antonio María Pineda de Barquisimeto), Secretario General del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), en el estado Lara y diputado (principal) a la Asamblea Legislativa, era de los seres que venía cubierto del manto de gloria propio de los hombres y mujeres expuestos a la cárcel y a la tortura, de quien para los años 50 se desempeñó como secretario de organización de la entonces clandestina Acción Democrática en Lara, purgando cárcel en Ciudad Bolívar por dos años aproximadamente, saliendo en libertad el 24 de enero de 1958, además de aquellos adecos de la época negados a irse al exilio (a pesar de las órdenes emanadas de la alta dirección de AD), siguiendo su puesto de lucha clandestina en favor de cristalizar la gesta heroica cívico-militar del 23 de enero de 1958. Y es aquí la primera equivocación del comisario, confundir a mi padre con uno de los más brillantes corredores de autos de carrera de los años 40 y 50, mi tío Marcelo Barráez, hoy en el Salón de la Fama del deporte nacional.

Si ustedes leen el artículo del señor Comisario Montes encontraran toda una letania; quedando el autor como los cuentos del Rey Desnudo, aquella fabula atribuida al danés Hans Christian Andersen. Así Comisario, a pesar de los adláteres de entonces, siempre aparecerá el niño que grite: ¡El Rey va desnudo!

Nos remontamos al último trimestre del año 1963, el MIR y el PCV habían sido proscritos por el gobierno ordenando la detención de todos sus parlamentarios y dirigentes, mi padre se encontraba escondido a las afueras de Barquisimeto y creyendo burlar la vigilancia policial ingresó en horas de la noche del 7 de noviembre a la residencia de mi madre en Barquisimeto, donde estábamos junto a ella mi hermana y yo (éramos unos bebes), siendo delatada a la DIGEPOL su presencia, no por un infiltrado en las filas de la FALN como dice el comisario, fue gracias a un vecino "soplón" de la policía que entrego a mi padre. Los funcionarios policiales rodearon la casa y mi padre intentó huir saltando una pared posterior de la vivienda, siendo herido a tiros y trasladado posteriormente al hospital donde fue atendido por el médico Adalberto Barroeta Velasco, asesinado posteriormente por un agente policial en plena sala de emergencia.

Ni gafos que fueran mis padres para estar elaborando propaganda subversiva en nuestra propia casa, cuando, bien lo sabe el comisario, todos los días salían informaciones en los medios, referidas a la orden de detención que el gobierno había impartido contra mi padre. Lo hilarante de la parodia literaria del comisario, es que habían solicitado orden de un juez para el allanamiento, y lo mas subversivo encontrado en mi casa era la sempiterna biblioteca y lo menos, una pequeña máquina de escribir marca Remington perteneciente a mi hermano José Leonardo.

El prisionero durante los días que estuvo convaleciente fue aislado, sin visitas de familiares ni de amigos, ni de fiscales del Ministerio Público; sin acceso de la prensa para saber de su estado de salud. Total, mi padre fue operado, ya que la entrada "limpia" (a decir del comisario) del proyectil con orificio de salida en la muñeca del brazo izquierdo (en verdad fue la herida más destacada) produjo fracturas en los huesos cubito y radio así como en los huesos escafoides, semilunar y piramidal. Pregunto: ¿Es posible que un disparo hecho por un revolver calibre 38 o de pistola 9 mm. a la muñeca de un ser humano no deje lesionado algún hueso de la zona?     

El comisario no cuenta que esa misma noche de la detención de mi padre se presentó en la emergencia del hospital solicitando  a los médicos curas rápidas para las heridas de mi padre ya que iba a ser trasladado a la sede de la DIGEPOL, pero los médicos se negaron a su petición, no quedándole otro remedio que reprender a sus oficiales por trasladar al detenido al centro de salud y no a la sede policial como él lo había ordenado. No cuenta además, que dos días después se presentó a la habitación donde estaba recluido mi padre comentándole que afuera se hallaban custodiándolo varios funcionarios policiales, todos ellos "desarmados". Cuando lo cierto y él lo reconoce en su fabula es que si lo estaban.

Ahora bien, viene lo mas cumbre del relato del comisario. Efectivamente unos cuatro días después de hallarse internado mi padre en una habitación del área de traumatología en el piso 2 del hospital, un grupo armado integrado por tres Unidades Tácticas de Combate (UTC) pertenecientes a las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN), toman por asalto el centro médico rescatando a mi padre bajo una acción denominada "Operación Dr. Barroeta", en la cual lamentablemente fallecieron dos agentes que custodiaban la habitación quedando un tercero gravemente herido.

El agente de la DIGEPOL herido de apellido Rojas, recibió 8 disparos y mi padre, según cuenta el comisario, lo remató,  propinándole un tiro de gracia en la cabeza, pero Rojas sobrevivió. Quiero comentar al respecto que todos absolutamente todos los seres humanos que conocieron a mi padre, tanto amigos como adversarios dan fe de su vocación y sensibilidad de respeto al prójimo, cosa que no dicen en su mayoría los textos y literaturas cuando refieren las andanzas del comisario Atahualpa Montes como jefe de la DIGEPOL en Lara y Falcón. Pero bueno para nosotros este ensañamiento del comisario, se parece a aquella frase de Federico García Lorca: “El hombre famoso tiene la amargura de llevar el pecho frío y traspasado por linternas sordas que dirigen sobre ellos otros”.

Finalmente, mi padre no huyó comisario, simplemente no se la puso fácil, después de la fuga del hospital el permaneció clandestino en Barquisimeto, en tanto usted (como siempre armaba fabulas) hacia correr "bolas", como por ejemplo, que él había huido a Cuba o había sido liquidado por sus propios compañeros de lucha. En mi libro "Crónicas de un Clandestino" (editorial Horizonte, 2015), referido a la vida de mi padre, el viejo señala al respecto: "Estas informaciones eran muy importantes, entre otras cosas porque los jefes policiales ante el ofrecimiento publico de que en cuestión de horas o de días seria aprehendido, optaron por informar a los medios cosas tales como que Víctor Barráez se encuentra en Curazao y pronto viajará a Cuba. El cuento ahora es que fue fusilado por sus propios compañeros en las montañas de Falcón porque es un estorbo para el proceso revolucionario; Víctor Barráez fue trasladado por ordenes del MIR a las montañas de El Bachiller; Víctor Barráez ya se encuentra en Cuba, etc, etc... De verdad, cuantas vainas, cuantos mitos. Para ese momento ninguna de esas informaciones eran ciertas yo permanecía en Barquisimeto vivito y coleando".

Finalmente, mi padre efectivamente, luego del indulto presidencial que le otorgara el entonces presidente Rafael Caldera (1969), decidió incorporarse a las filas del Movimiento Electoral del Pueblo (MEP), no como dice el comisario "...dando un salto acrobático digno de alguno de los atletas del Cirq du Soleil". Mi padre lo dice en el mencionado libro: "Celita y yo decidimos incorporarnos a las filas del MEP, organización que para esos tiempos escenificaba una gran debate interno, en cuanto a su concepción ideológica, hasta definirse plenamente como un partido más de la izquierda venezolana, una organización de los trabajadores manuales e intelectuales del campo y de la ciudad, teniendo como metas la conquista del poder para el logro de la Liberación Nacional y la construcción de la Democracia Socialista, tal y como reza su tesis política". Se trataba de una organización fiel a la vocación ética y honorable de ese gran venezolano llamado Luis Beltrán Prieto Figueroa.

Mi padre jamás huyo al compromiso, fue fiel militante de su causa, critico incluso en el campo de la izquierda, tolerante con el pensamiento político de los demás, apreciado por todos los sectores políticos del estado Táchira donde ejerció la política por más de 30 años. Basta con releer las opiniones de individualidades de todos los partidos posteriores a su fallecimiento, lo demás solo es el revanchismo de quien con saña y resentimiento pretende enlodar la vida de un auténtico luchador social. Dijo Cicerón: “La honestidad es siempre digna de elogio, aun cuando no reporte utilidad, ni recompensa, ni provecho”.



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Victor Barraez


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