Los “boliburgueses” y la corrupción

Simón Bolívar fue capaz de abordar la titánica tarea de echar abajo un imperio para liberar la patria, y lo logró. Pero jamás robó al Estado, y ni siquiera aceptó sueldo ni bonificación alguna, aún cuando estuviera “quebrado”. Rechazó, tanto al gobierno de Colombia como al de Perú, cualquier cantidad de dinero que se le ofreciera, aún siendo merecida, y a Santander le rechazó la propuesta de formar una empresa para construir el canal de Panamá, que sería tremendo negocio.

En relación a la corrupción administrativa, El libertador dijo: 

"Yo sé que las penas capitales participan de la crueldad; pero la existencia del Estado es preferente a todo. Así no he vacilado en mostrarme severo contra los delincuentes que se alimentan de la sangre de sus conciudadanos”.

"Las malas leyes y una administración deshonesta —escribe Bolívar en carta de 1827— han quebrado la República; ella estaba arruinada por la guerra; la corrupción ha venido después a envenenarla hasta la sangre y a quitarnos hasta la esperanza de mejora". Por eso aconseja que en la administración pública deben "emplear[se] hombres honrados aunque sean enemigos".

El año de 1824 dictó Bolívar otra disposición referida a los empleados de aduana, resguardos, capitanías de puertos o cualquiera otro destino en la Hacienda Pública, que sancionaba, tanto la comisión de fraudes contra el patrimonio nacional, como su ocultamiento. En ambos casos, el culpable "quedará sujeto a la pena capital que se le aplicaría irremisiblemente". Y todavía en 1827, en Caracas, legisla contra todo usurpador de bienes del Estado, quien "por pequeño que sea el montamiento incurrirá en la pena de muerte y confiscación de todos lo bienes si no tuviere hijos y la del tercio y quinto si los tuviere, indemnizando además el montamiento de las costas procesales y la cantidad sustraída".

La corrupción de los pueblos nace de la indulgencia de los tribunales y de la impunidad de los delitos. Sin fuerza no hay virtud, y sin virtud perece la República”

Estas y otras citas pueden encontrarse en las siguientes direcciones: http://www.simon-bolivar.org/Principal/bolivar/sb_ante_la_corrupcion.html y en el artículo de Elio Gómez Grillo que puede leerse en: http://www.simon-bolivar.org/Principal/bolivar/bolivar_y_la_corrup.html

Bolívar no solamente rechazó cualquier forma de enriquecimiento producto del erario nacional, sino que fue uno de los primeros en dar libertad a los esclavos de su familia e invirtió sus propios bienes en el proceso liberador, al extremo convertirse en un hombre pobre, que falleció en casa de un amigo y, según algunos historiadores, hasta con una camisa prestada.

Estos hechos demuestran que el término “boliburguesía” que se da a los corruptos de nuevo cuño, que han sido enjuiciados porque se enriquecieron, aprovechándose de nexos amistosos o familiares con altos funcionarios de gobierno, es una ofensa más contra la memoria del Libertador, un hombre que pensaba que a los corruptos, no sólo había que aplicarles la pena de muerte, sino que habían de responder con sus bienes por lo que se hubieran robado. Nada más lejos de la conducta de quienes, prevalidos de los altos cargos que lograron por estar en el momento apropiado en el lugar apropiado, y por haberse fingido revolucionarios y bolivarianos, por medio de diversas maniobras, entraron a saco en el tesoro nacional. Ya lo dijo el Che: Son los que tienen la revolución en la boca para vivir de ella (y enriquecerse, diría yo).

Queda claro: Ningún corrupto es bolivariano, ningún limpio que se hace rico a costillas del tesoro público es revolucionario. Son más bien enemigos embozados, burgueses infiltrados en las filas de la revolución para detenerla, como bien lo dijera Sun Tsu en “El Arte de la Guerra”. Los enemigos más feroces suelen colocarse lo más cerca posible del poder que quieren destruir, y desde allí no sólo se lucran, sino que procuran quebrar el alma misma del proceso revolucionario hasta derribarlo, como sucedió en la URSS, en la cual la oligarquía burocrática terminó con la Revolución de Octubre y fue la raíz de las actuales mafias rusas, que se dedican a los quehaceres más abyectos.

No debe extrañarnos que estas cosas ocurran, se trata de una realidad histórica. Estamos combatiendo un sistema que tiene siglos establecido, y apenas hemos logrado levantar embriones de socialismo, la mayoría de los cuales (Con la honrosa excepción de Cuba) terminaron absorbidos por el capitalismo imperante. La lucha por la transformación general de la sociedad tomará su tiempo; es ideológica, política, económica y militar, y ninguna revolución puede llegar a término sin que los adversarios sean derrotados en esos cuatro aspectos.

Como bien dijera el General Müller Rojas, refiriéndose al conflicto “colombo – venezolano”, el verdadero conflicto es entre el imperialismo y los pueblos del mundo. No está localizado en ninguna parte, sino que está allí donde el capital transnacional y sus lacayos sean enfrentados por los pueblos hambrientos de revolución. Y el objetivo final es la propiedad social de los medios de producción, sin lo cual no habrá socialismo. La violencia se producirá finalmente, porque ellos no están dispuestos a ceder el poder por las buenas; la historia ha demostrado que son capaces de los peores crímenes por dinero.

Finalmente, es bueno recordar que, en toda la historia de Venezuela, este es el primer gobierno que enjuicia a los corruptos de su propio seno, aún cuando algunos de ellos, cuando se vieron descubiertos, brincaron la talanquera para afirmar que no se les perseguía por ladrones sino por opositores, como es el caso del general Baduel, del ex gobernador de Sucre, de Manuitt y de tantos otros.


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Andrea Coa


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