Increíble, pero sucedió y...

Cuando te crees embarcado en un avión de Conviasa, para viajar a
Buenos Aires, no a raspar, sino a convivir por un mes más quince días
con un hijo, nietos y nietas, más yerna, residentes allá, se te cae el
mundo encima después, de calarte más de cinco horas en una cola
después de madrugar frente a una oficina de Conviasa por el reinicio
de las ventas de boletos entre ellos a Argentina y, una vez hecho
todos los trámites del vuelo, para el día indicado con un valor bien
alto por más de veintiún mil dólares, te llega días después, la mala
noticia que, te enfría la ilusión, la dicha y el compromiso de estar
con los tuyos que, cuando quisieron se largaron de este país, buscando
mejor situación económica de acuerdo a su conciencia y consecuencias
que valga la pena seguir viviendo a la buena de dios en otra parte del
planeta sin parasitar.

Noticia en puerta a través del celular de que, en Conviasa están
echando para atrás todos los pasajes vendidos para volar a Argentina
y, se te nubla la mente y, te resientes y te entristeces cuando en
espera te hallas de poder partir y reunirte con una parte de la
familia, pero lo más doloroso es que te confirman la noticia, pero sin
ninguna explicación, vuelo clausurado y punto, pase por la oficina más
cercana con su cédula de identidad laminada, boletos y un número de
cuenta, para transferirle su dinero y váyase al cipote viejo en otra
línea que, por ahora no existe y, quiera y pueda, muérase de rabia y
muerto el perro se acabó la rabia y así quedamos urdidos de rabia
interna con una sonrisa amarga.

A quién quejarse, ya que no tenemos a Supermán, no tenemos a Mandrake,
ni el hombre Araña, ni muchos menos a Bartman, entonces sólo nos queda
hacer nuestras colitas diarias, comprar caro, asolearnos de bondades y
a esperar que nuestra situación en general mejore y seguir siendo
chavistas sin dejar de ver a Diosdado como amo y señor del Psuv y,
entonar una canción de así es mi país que como él ninguno que para
morirse de un infarto no es nada productivo, además eso de viajar es
para los ricos y posiblemente también, para los que salen a raspar que
todavía los hay y, sino véanse las colas en Conviasa.

Un día malo tiene cualquiera y, si no se puede viajar queda la espera
sin desesperar que cuando soplen buenos aires en nuestro gobierno y se
enderecen los pareceres y decisiones “mal” tomadas podamos echar una
canita al aire en otra región antes de morirnos y, si no se puede no
se puede y punto que tampoco es para perder la razón ni maldecir a
nadie y, a lo mejor más adelante el presidente Maduro nos dé una
colita cuando otra vez vuelva a salir del país a trabajar afuera que,
como chavistas nos lo merecemos, por qué no.

Nuestra utopía de conocer otro país del Mercosur queda en el aire
aferrada a una esperanza que nunca es tarde cuando la dicha es buena,
pero sin crítica ninguna podemos afirmar tranquilamente que, en
nuestro país se ven unas cosas que el que no queda frío queda yerto y,
que conste que, no estoy respirando por la herida y, mis cinco
centavitos de salvaron.



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Esteban Rojas


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