Al fin sepultaron al hombre. Para muchos, una mayoría significativa, estas dos últimas semanas han sido un verdadero calvario a propósito de la agonía y muerte del jefe de la iglesia católica, Karol Wojtyla. Nos inundaron con notas apologéticas sobre la vida y obra de un funcionario político que representa sólo una sensibilidad religiosa de las tantas existentes en Venezuela, una, lo repito; que si nos ponemos a meterle lupa al asunto encontraremos, posiblemente, mayor índice de militancia religiosa en otras congregaciones que, pese a abrazar el dogma cristiano, son distintos al de la iglesia católica. Sin contar musulmanes, judíos, entre otros.
Quisiera comprender que el movimiento del gobierno revolucionario, representante político legítimo del Estado y del pueblo venezolano, en esta coyuntura sólo obedeció a un movimiento táctico, puesto que casi todos los líderes mundiales y regionales fueron a fotografiarse al lado de la carroña. Y digo esto porque por allí desfiló todo el mundo. El jueves pasado (7 de abril de 2005) amanecieron casi todas las primeras de los diarios venezolanos con la patética foto del clan Bush, junto a Clinton y a Condolencia entorno a los despojos de Wojtyla. El comandante Fidel envió una carta de pésame en la cual se “exaltaba” al occiso hasta los umbrales de la perfección. Lula “castigó” a su pueblo con siete días de duelo oficial, aquí, para no quedarnos atrás, nos metieron cinco días de tortura y rematarmos, compitiendo con los escuálidos, por debatir adónde se hacía la misa, si en Don Bosco o en La Catedral. Finalmente, la jerarquía bolivariana hizo su vaina en La Catedral, con la asistencia de nuestro máximo jefe, el comandante Chávez. Los escuálidos se quedaron en los predios del golpista alcalde de Chacao.
Pero la cosa no se queda allí. Durante días se desperdiciaron millones de bolívares en notas de condolencia en la prensa. Cada institución del Estado, por pequeña que fuera, quiso expresar su “sensibilidad espiritual” y “su dolor” por tan “irreparable pérdida”. Una verdadera orgía de dinero para nada. Estábamos en lisa contra las instituciones escuálidas, léase las empresas e instituciones públicas, mixtas o privadas que están bajo el control de esos desaforados, al parecer queríamos demostrar quién era más papista. Lo cierto es que a ese gran contingente de ciudadanos que no comulgamos con la hipocresía y la mentira, o simplemente no creemos en ese tipo de espectáculos, nos mantuvieron acorralados, hostigados, confinados a la nada; bueno, de la nada muchos pudimos reafirmar nuestra convicción de que la construcción de una nueva sociedad, basada en principios socialistas, debe, fundamentalmente, ser laica, diversa, equilibrada, respetuosa de las ideas de todos, pero ante todo capaz de ir a contra corriente, rompedora de dogmas y de verdades preestablecidas, capaz de doblegar al pensamiento único, representado incluso por el catolicismo, el cristianismo, como creencia única. Todo el mundo sabe que nuestro presidente es católico, pero eso no le da potestad para meternos esos strikes que huelen a piconazos.
Pues, no. Lo que hagan los escuálidos, allá ellos.
Nosotros abrazamos a la bandera de la Revolución Bolivariana, que no es otra cosa que un crisol, la síntesis de las luchas de nuestros libertadores; comenzando por la liderada por los Padres de la Patria, Simón Bolívar, Miranda, Sucre pasando por Zamora, Sandino, Ernesto, el propio Fidel y nuestro Martin Luther King, inmolado por los que ese jueves 7 de abril de 2005 rendían tributo a la carroña; también algunos de nuestros mártires contemporáneos, por señalar algunos: Alberto Lovera, Américo Silva (a pesar de su hermano escuálido), me perdonan los tantos de miles anónimos, quienes también se sacrificaron por liberar nuestra patria. Todo ello sin olvidar a los precursores, dueños originarios de estas tierras que no eran cristianos, como fueron los pueblos indígenas y sus líderes como Guaicaipuro, Paramaconi, Tupac Amarú, Toro Sentado; igualmente nuestros ancestros africanos, martirizados desde sus orígenes, quienes tampoco eran cristianos, como José Leonardo Chirinos, sólo por
mencionar a grandes rasgos algunos de nuestros referentes lejanos y próximos.
Un revolucionario tiene que ser capaz de poner sobre el tapete sus propios dogmas, debe ser cuidadoso con ellos y a su vez valiente, para someterlos a debate. Necesariamente el revolucionario tiene ese rasgo de aventurero conciente.
Pero hay más. En medio del espectáculo, como decía, los medios nos sometieron a su particular dictadura, una carmonada más, la diferencia es que no estaban Tom y Jerry, sino Wojtyla como coartada para jodernos la paciencia. Nuestros medios impresos se impregnaron de apologías hacia el funcionario político fallecido. Reconozco que ayer viernes perdí la poca paciencia que me quedaba. Recordé a un cronista español del diario El Mundo de Madrid responsable de cubrir la fuente televisiva de ese país y que después de seguir todo el fin de semana el concurso de miss y mister España, confiesa que estuvo apunto de lanzar por la ventana su televisor, zarandeado por tanta mediocridad, atropello a la condición humana y demás estulticias, pero lo evitó el recordar que ese era su trabajo, cubrir esa fuente.
Pues, mi profesión no es esa; sin embargo, desde que salió el primer ejemplar del Diario Vea lo sigo; es decir, de profesión lector del Diario Vea. El preferido de los lectores de ese diario es el Marciano, entre los que me incluyo. Reconozco que me provocó quemar esa vaina, porque ayer viernes ese diario, que en teoría, pensamos, lucha por consolidar una posición en ese profundo vacío que representa tener un medio impreso que enfoque el hecho noticioso desde otra perspectiva, más crítica, que le dé voz a lo silenciado por los grandes holdings mediáticos, defraudó a muchos, somos muchos en verdad, incluso cristianos católicos, que no compartimos esa visión tan acrítica, genuflexa, respecto a la coyuntura del fallecimiento de Wojtyla. A diferencia del mencionado periodista: no me la calo más.
Y es más grave cuando quien dirige nuestro Diario Vea, Don Guillermo García Ponce, es y ha sido un indiscutible hombre de convicciones revolucionarias, no sólo en el campo de la retórica, sino en el duro combate en la calle. Que no hace falta prodigarse en elogios en torno a su trayectoria para quedar bien, la historia está allí.
Sólo un recuerdo, una referencia, digo una más. Eran tiempos de golpes y saboteos, era ese tortuoso año de 2002, los escuálidos golpistas encumbrados por el apoyo del gobierno de Bush y la España de Aznar, nos correspondió vivir esa coyuntura en Barcelona (Catalunya). Allí como pudimos entonces nos organizamos los pocos bolivarianos que estábamos allá. Fueron los compañeros de Izquierda Unida, de la juventud de Esquerra Republicana de Catalunya, los movimientos sociales, Iniciativa per Catalunya- Els Verds y, sobre todo, los camaradas del Partido Socialista Unificado de Catalunya (PSUC) quienes nos brindaron apoyo para abrir una línea de trabajo, sobre todo informativa, relacionada con la situación de nuestro país. Allí nadie sabía nada de lo que pasaba aquí. Los escuálidos fuertemente atornillados en el consulado de la calle Provenza, con la hija de la Colomina como una de sus estrellas, Martita, algunos siguen allí, operaban como una delegación del golpismo.
Pues, nos ofreció el PSUC, en su profunda y poco valorada solidaridad, sus espacios para hablarle a su militancia e invitados sobre la situación de nuestro país. Uno de los asistentes era, nos cuentan, Gregorio López-Raimundo. Ya anciano, rondando quizá los noventa, se plantó allí, dos largas horas de documental y conversación. Pudo ver en las imágenes del vídeo a su viejo camarada Guillermo García Ponce, se emocionó. Se me acercó y me preguntó por él. Me habló de cuando ambos coincidieron exiliados en México, uno perseguido por la dictadura franquista, el otro por la perezjimenista.
Para los venezolanos, pocos por cierto, que estábamos allí fue una experiencia cargada de significados, que nos permitió comprender aún más la trascendencia del proceso del cual somos protagonistas. Que nos rompe mucho ver tanta cursilería acumulada en tan poco tiempo y, además, que se utilicen nuestros recursos y medios para apoyar e incentivar dichas iniciativas.
La joya de la corona, con distancia me parece, fue la publicidad pagada de FONCREI que dirige el comandante William Fariñas. A parte de la cursilería propia de este tipo de anuncios, usurpan la sabia poesía de Silvio Rodríguez, su “Canción del Elegido” para piropear a la iglesia católica y a ese papa que si tuvo una característica fue la de atropellar a los representantes de la teología de la liberación, ese puñado de cristianos valientes que intentan con sus obras hacer de la vida de los más humildes una vida más digna.
Por eso digo: se pasaron, se pasaron de la raya. Vulgar y desvergonzada relación entre la sublime historia que narra la canción y la trayectoria de un personaje lamentable para los revolucionarios del mundo, aliado de los poderes más retrógrados y reaccionarios. De ello daba testimonio el sacerdote Ernesto Cardenal en un artículo publicado en Aporrea, también, otro sacerdote, éste brasilero, Leonardo Boff a través de Rebelión.
Sólo me queda agregar que este triste espectáculo estuvo en los límites de la violación de los derechos constitucionales relativos al carácter aconfesional, laico, de nuestro Estado. Para el futuro, espero que le metan su dosis de Ley RESORTE a tanta indignidad y atropello al derecho de todos, no sólo de los cristeros. La constitución establece el carácter plural de nuestra sociedad, ello obliga a las instituciones públicas a diversificar y abrir opciones para todos, por ejemplo, de disfrutar de una televisión (pública) y de medios impresos que realmente sean de TODOS.
sam_upata@yahoo.com